¿Será gay el Papa?

¿Cómo si no explicar esta extraña campaña de odio?

George Monbiot
Jueves, 13 de julio de 2000
The Guardian

"Lo que un hombre cree basado en pruebas enormemente insuficientes", escribió Bertrand Russell, "indica sus propios deseos - deseos de los que él mismo muchas veces no es consciente." La actual obsesión del Vaticano con la homosexualidad sugiere que algo interesante podría estar pasando. ¿Están algunos de los cardenales más poderosos de la iglesia católica luchando con su sexualidad? ¿Podría el mismísimo Papa ser gay?

El domingo pasado el santo padre lanzó su ataque más feroz hasta la fecha contra los homosexuales, insistiendo que el festival mundial del orgullo gay, celebrado en Roma, era "un insulto para los valores cristianos" de la ciudad. Afirmó que la homosexualidad es "objetivamente un trastorno" y "contrario a la ley de la naturaleza".

El año pasado, la oscura agencia llamada Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) prohibió a un sacerdote y a una monja atender a homosexuales en Estados Unidos, después de que los dos se negaron a firmar una declaración que ponía que "los actos homosexuales son siempre objetivamente malos". Según el Vaticano, los homosexuales se traen sus propias desgracias. "Cuando se introduce legislación civil para proteger un comportamiento al que nadie tiene ningún derecho concebible", afirma la CDF, "ni la iglesia ni la sociedad en general deberían sorprenderse cuando . . . aumentan las reacciones violentas". Los activistas que defienden los derechos de los homosexuales afirman que entre 150 y 200 hombres homosexuales son asesinados en Italia cada año.

Aunque sólo fuera por esta razón, tenemos que tomarnos muy en serio esta bula papal. Por lo tanto, examinemos los dos principales temas de los edictos vaticanos: la homosexualidad es tanto inmoral como antinatural.

Seguramente el concepto de moralidad carece de sentido si no se refiere al impacto que tenemos sobre las demás personas. Resulta interesante que hasta el Vaticano parece incapaz de señalar ningún efecto adverso del sexo seguro practicado entre adultos homosexuales consentidos, aparte de sugerir que su aceptación podría "depravar" o "corromper" a terceros. Lo que esto aparentemente significa es que esos terceros podrían apartarse de las enseñanzas de la iglesia. La heterosexualidad es otra cosa completamente distinta. La reproducción entre personas prósperas tiene un impacto demostrable sobre el bienestar de los demás: gracias al agotamiento de los recursos y los efectos del cambio climático, cada niño nacido rico priva a los niños nacidos en otros lugares de los medios para sobrevivir. Se puede argumentar que en un mundo donde cada vez hay menos recursos, es más moral ser homosexual que ser heterosexual.

Es más interesante la afirmación de que la homosexualidad es "antinatural". Esto podría significar dos cosas. Quizá el Papa esté sugiriendo que la homosexualidad está más allá de los límites del comportamiento humano "normal". Si es el caso, su postura tiene implicaciones un tanto incómodas para una asociación de ancianos que llevan vestidos, oyen voces y practican el canibalismo ritual.

En cambio, quizá esté diciendo que el comportamiento homosexual está reñido con el mundo no humano. Pero aquí también hay un problema para la iglesia. Biological Exuberance (Exuberancia biológica), un libro escrito por el escritor científico Bruce Bagemihl, documenta la homosexualidad en nada menos que 470 especies animales. Demuestra que grupos de manatíes montan orgías homosexuales, que los machos de la jirafa empiezan a entrelazar sus cuellos y terminan fornicando, y que las hembras del macaco japonés forman parejas durante semanas, tocándose y practicando el sexo.

La revista New Scientist cuenta que a principios del siglo pasado los pobres cuidadores del zoo de Edimburgo tuvieron que cambiar los nombres de sus pingüinos tras observar que las parejitas enamoradas no eran todo lo que aparentaban ser. Las hembras de una especie de golondrina de mar a veces forman parejas para toda la vida, recurriendo a los machos para la fertilización pero construyendo nidos y criando los polluelos juntas. Me da corte describir, incluso en un periódico liberal como éste, lo que hacen los chimpancés bonobo, los orangutanes o los erizos de oreja larga.

En otras palabras, la fauna mundial es depravada. Pero nos resultaría difícil decir que es antinatural. El celibato autoimpuesto, en cambio, es virtualmente desconocido entre las otras especies animales. Por consiguiente, si algún comportamiento desentona con el mundo natural, será más bien el del sacerdocio.

Yo opino que el Papa no es gay, sino que ha encontrado en los homosexuales un enemigo necesario, una amenaza externa que le permite justificar su control férreo sobre las vidas de los creyentes. Aunque algunos curas y obispos valientes han intentado resistir sus excesos, el Vaticano lleva siglos metiéndose con las víctimas de los prejuicios y persecuciones existentes. Ya no le está permitido quemar a los herejes y las brujas en la hoguera, así que ahora tiene que acechar a los homosexuales y a las madres solteras, abusar violentamente de los homosexuales, hacer campaña en contra del uso del preservativo e incluso intentar prevenir que las mujeres violadas de Kosovo puedan tomar la píldora del día después.

Seguro que la homosexualidad es tanto natural como moral. ¿Puede decirse lo mismo del Papa?