Amado Nervo

PLENITUD

Semper gaudere.

(¡Estad siempre gozosos!)

SAN PABLO.

1ª Tesal. 5-16.

 

 

 

I

DENTRO DE TI ESTÁ EL SECRETO

Busca dentro de ti la solución de todos los problemas hasta de aquellos que creas más exteriores y materiales.

Dentro de ti está siempre el secreto; dentro de ti están todos los secretos.

Aun para abrirte camino en la selva virgen, aun para levantar un muro, aun para tender un puente, has de buscar antes, en ti, el secreto.

Dentro de ti hay tendidos ya todos los puentes.

Están cortadas dentro de ti las malezas y lianas que cierran los caminos.

Todas las arquitecturas están ya levantadas, dentro de ti.

Pregunta al arquitecto escondido; él te dará sus fórmulas.

Antes de ir a buscar el hacha de más filo, la piqueta más dura, la pala más resistente, entra en tu interior y pregunta...

Y sabrás lo esencial de todos los problemas, y se te enseñará la mejor de todas las fórmulas y se te dará la más sólida de todas las herramientas.

Y acertarás constantemente, pues dentro de ti llevas la luz misteriosa de todos los secretos.

 

 

II

LLÉNALO DE AMOR

Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor.

Adolescente, joven, viejo: siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor.

En cuanto sepas que tienes delante de ti un tiempo baldío, ve a buscar al amor.

No pienses: «sufriré».

No pienses: «me engañarán».

No pienses: «dudaré».

Ve, simplemente, diáfanamente, regocijadamente, en busca del amor.

¿Qué índole de amor? No importa: todo amor está lleno de excelencia y de nobleza.

Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas... pero ama siempre.

No te preocupes de la finalidad de tu amor.

Él lleva en sí mismo su finalidad.

No te juzgues incompleto porque no responden a tus ternuras: el amor lleva en sí su propia plenitud.

Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor.

 

 

III

LA MUJER

El proverbio persa dice: «no hieras a la mujer ni con el pétalo de una rosa».

Yo te digo: «no la hieras ni con el pensamientos».

Joven o vieja, fea o bella, frívola o austera, mala o buena, la mujer sabe siempre el secreto de Dios.

Si el Universo tiene un fin claro, evidente, innegable, que está al margen de las filosofías, ese fin es la Vida, la Vida: única doctora que explicará el Misterio; y la perpetuación de la Vida fue confiada por el Ser de los Seres a la mujer.

La mujer es la sola colaboradora efectiva de Dios.

Su carne no es como nuestra carne.

Incluso en la más vil de las mujeres hay algo divino.

Dios mismo ha encendido las estrellas de sus ojos irresistibles.

El Destino encarna en su voluntad, y si el Amor de Dios se parece a algo en este mundo es, sin duda semejante, al amor de las madres.

 

 

IV

ENCIENDE TU LÁMPARA

En cuanto caiga la noche, enciende tu lámpara. No permanezcas en la oscuridad.

Enciende cuidadosamente tu lámpara.

El viajero que pase dirá: «cuánto reposo, cuánta paz debe haber cerca de esa luz».

La mujer solitaria que la distinga de lejos, pensará: «allí debe anidar el amor: dos que se quieren son bañados por el mismo fulgor blando...»

El niño que la contemple, exclamará: «tal vez hay niños en redor de la mesa y leen bellos cuentos y miran maravillosas estampas».

El ladrón furtivo murmurará con recelo: «allí vive un hombre prevenido a quien no se puede atacar a mansalva».

Muchos, al internarse en la selva, se sentirán confortados por tu luz.

En verdad te digo que es misericordioso, a las primeras sombras, encender nuestra lámpara; la buena lámpara de que el Padre ha provisto a los caminantes de la vida.

 

 

V

EL SIGNO

No hables a todos de las cosas bellas y esenciales.

No arrojes margaritas a los cerdos.

Desciende al nivel de tu interlocutor, para no humillarle o desorientarle.

Sé frívolo con los frívolos...; pero de vez en cuando, como sin querer, como sin pensarlo, deja caer en su copa, sobre la espuma de su frivolidad, el pétalo de rosa del Ensueño.

Si no reparan en él, recógelo y vete de su lado, sonriente siempre: es que para ellos aún no llega la hora.

Mas, si alguien coge el pétalo, como a hurtadillas, y lo acaricia, y aspira su blando aroma, hazle en seguida un discreto signo de inteligencia...

Llévale después aparte; muéstrale alguna o algunas de las flores milagrosas de tu jardín; háblale de la Divinidad invisible que nos rodea... y dale la palabra del conjuro, el ¡Sésamo ábrete! de la verdadera Libertad.

 

 

VI

DAR

Todo hombre que te busca va a pedirte algo. El rico aburrido, la amenidad de tu conversación; el pobre, tu dinero; el triste, un consuelo; el débil, un estímulo; el que lucha, una ayuda moral.

Todo hombre que te busca, de seguro va a pedirte algo.

¡Y tú osas impacientarte ¡Y tú osas pensar: «qué fastidio»!

¡Infeliz! ¡La LEY escondida que reparte misteriosamente las excelencias, se ha dignado otorgarte el privilegio de los privilegios, el bien de los bienes, la prerrogativa de las prerrogativas: ¡DAR!; ¡tú puedes DAR!

¡En cuantas horas tiene el día, tú das, aunque sea una sonrisa, aunque sea un apretón de manos, aunque sea una palabra de aliento!

¡En cuantas hora tiene el día, te pareces a ÉL, que no es sino dación perpetua, difusión perpetua y regalo perpetuo!

Debieras caer de rodillas ante el Padre y decirle: «¡Gracias porque puedo dar, Padre mío!; ¡nunca más pasará por mi semblante la sombra de una impaciencia!»

«¡En verdad os digo que vale más dar que recibir!»

 

 

VII

PIDE LO QUE QUIERAS

Si en este momento se presentase ante ti un Ser milagroso, vestido de blanco, resplandeciente de luz magnífica, y te dijese: «¡Pide lo que quieras! Te será concedido», tú, sin duda, te apresurarías a pedir las cosas mejores.

Pues bien: ese Ser milagroso existe dentro de ti y tiene el poder de darte cuanto le pidas.

Sólo que antes debes saber bien qué es lo que quieres..., conocimiento al parecer fácil, mas que se realiza en muy pocos hombres.

Y después que lo sepas, debes pedirlo al dios interior, con seguridad tal, cual si lo pidieras al hombre milagroso vestido de blanco, que sedujese tu fe con el prestigio de su presencia externa.

Piensa en que eres desgraciado porque ignoras lo que puedes.

Todo es tuyo y te estás muriendo de anhelos...

Las estrellas te pertenecen y no tienes lumbre en tu hogar...

La naturaleza entera quiere entregársete como a su dueño y señor, ¡y tú lloras desdenes de una mujer!

Pide lo que quieras, que todo te será concedido.

 

 

VIII

AYUDA A LOS OTROS A LIBERARSE

Soñamos que mil ligaduras nos impiden todo movimiento.

(«Yo sueño que estoy aquí

destas prisiones cargado... »)

Soñamos que hemos perdido las alas.

Ayuda tú a tus hermanos a encontrar dentro de ellos lo que juzgan que han perdido.

¿Quieres contribuir a la liberación del mundo?

Pues comienza por libertar a cada hombre de su preocupación, de su aprensión, de su prejuicio.

No hay dos seres humanos que lleven igual cadena...

Nosotros mismos nos vamos forjando a diario, perseverantemente, nuestros grillos...

Si bien lo pensamos, nada puede esclavizarnos: ni este cuerpo mismo; porque este cuerpo no es prisión: es arma, es instrumento, es agente.

El hombre, dice William Crookes, es un cerebro que se ha creado órganos.

¿Piensas tú que un cerebro se crearía órganos sólo para aprisionarse?

¡De qué ave has sabido que teja sus propias redes!

(Sabemos, en cambio, de orugas que si se fabrican una prisión es justamente para tener alas).

¡Y quién ha podido hacerte creer que el alma no vuela porque está encarnada!

El alma no está encarnada...

Es como si dijeras que la electricidad está presa en el carrete de Ruhmkorff y encerrada en el flexible metálico.

Aprende, pues, a saber que eres libre y enseña a los otros que lo son.

 

 

IX

TODOS TENEMOS HAMBRE

Bien sabes que todos tenemos hambre: hambre de pan, hambre de amor, hambre de conocimiento, hambre de paz...

Este mundo es un mundo de hambrientos.

El hambre de pan, melodramático, soflamero, ostentoso, es el que más nos conmueve; pero no es el más digno de conmovernos.

¿Qué me dices del hambre de amor? ¿Qué me dices de aquél que quiere que le quieran y pasa por la vida viendo en todas partes mujeres hermosas, sin que ninguna le dé una migaja de cariño?

¿Pues y el hambre de conocimiento?

¿El hambre del pobre espíritu que ansía saber y choca brutalmente contra el zócalo de granito de la Esfinge?

¿Y el hambre de paz que atormenta al peregrino inquieto, obligado a desgarrarse los pies y el corazón en los caminos?

Todos tenemos hambre, sí, y todos, por lo tanto, podemos hacer caridad.

Aprende a conocer el hambre del que te habla... en el concepto de que, fuera del hambre de pan, todas se esconden. Cuanto más inmensas, más escondidas

 

 

X

ALMAS RECATADAS

Si recatas demasiado tu alma, sólo tú cosecharás la experiencia de tu vida. Ni abreviarás la faena de los otros ni aumentarás con tu aceite la luz de su lámpara. Más bien será como si escondieses tu candil bajo el celemín. El orgullo no dejará de cuchichearle: «tu secreto es una aristocracia. Los otros no tienen el derecho de saberlo».

Pero tú combatirás este sentimiento, huraño y exclusivo, porque aspiras a más: aspiras a que tu experiencia sea mano que guía, brújula que conduce, timonel que salva de las sirtes.

Date todo a todos, que cada uno, según su tamaño, tomará de ti lo que le convenga. Como cada raíz busca en la misma tierra morena sus jugos y encuentra la divina sustancia para sus flores.

¿Acaso crees que el agua, el aire, el sol, se vulgarizan porque se dan con esa copiosa y opulenta liberalidad?

¿Pierde, por fortuna, su aristocracia la piadosa estrella?

 

 

XI

LAS MÁSCARAS

Cada año pone en tu faz una nueva máscara. Éste, alegre; aquél, indiferente; el otro, triste; el venidero, acaso gesticulante y ridícula.

Cada año pone en tu faz una nueva máscara y se va...

Pero tu yo impasible, cuya fisonomía sólo conocen los dioses, sabe que él no es la máscara; que él ni sonríe, ni llora, ni gesticula.

Tu yo, al verse en el espejo a través de las ventanas cada vez menos luminosas de los ojos, se dice a sí mismo:

«He aquí el antifaz nuevo que me ha puesto la vida».

... Y sigue pensando en otra cosa.

Muchas de tus máscaras han quedado para largo tiempo en las fotografías. Durarán más de lo que merecen. Pero ninguna ha sido en ningún momento la expresión exacta de tu yo.

Que esto te enseñe a buscar en los hombres la fisonomía interior, la fisonomía escondida. Alguna vez podrás decir: «aquí hubo un ángel y yo no lo sabía».

 

 

XII

LA DULCE TIRANÍA

»Te dices: «yo, filósofo maduro, si fuera solo, podría conquistar el bien más preciado de la tierra: la libertad.

Tendría una modesta y limpia casita, llena de claridad; con grandes ventanas que como ojos jubilosos se abriesen al sol y al campo. La rodearían un pequeño jardín, un huerto minúsculo. (POR MI MANO PLANTADO TENGO UN HUERTO...).

»Me acompañarían en mi rincón muchos libros in angello (cum libello...)», «un gran perro cordial, un gato elegante y enigmático».

»Y envejecería en paz, en medio de la silenciosa y hospitalaria amistad de mis árboles y de mis autores favoritos».

»...Pero los que amo carecerían de ciertos goces y de esas cosas superfluas y deliciosas, que son para tantos seres delicados lo más esencial de la vida!»

»En mi casita sería libre mi EGOÍSMO. En este triste, vacuo y frívolo ir y venir mundano, es esclava mi TERNURA».

»¡Prefiero la esclavitud!»

Y susurra una voz displicente:

«Los que amas ignoran tu sacrificio y no te lo agradecerán jamás».

Y tú respondes: «No sabía que mi sacrificio fuese aún más precioso merced a tal ignorancia... ¡Ahora sí que no tendré veleidades de libertad!»

 

 

XIII

LA CORTESÍA

La vida, por breve que sea, nos deja siempre tiempo para la cortesía, o como dijo Emerson: «LIFE IS NOT SO SHORT BUT THAT THERE IS ALWAYS TIME FOR COURTESY.»

Huye de las gentes que te dicen: «Yo no tengo tiempo para gastarlo en etiquetas». Su trato te rebajaría. Estas gentes están más cerca de la animalidad que las otras. ¡Qué digo! La animalidad se ofendería... El perro jamás te dejará entrar a tu casa sin hacerte fiestas con ese meneo de cola «tan honrado», como ha dicho Schopenhauer. El gato mimoso y elástico, en cuanto te vea, irá a frotarse contra ti. El pájaro parecerá escuchar con un grave movimiento de cabeza lo que le dices, y si percibe en el metal de tu voz la cariñosa inflexión que él conoce, romperá a cantar.

Dante en la Vida Nueva llama a Dios SEÑOR DE LA CORTESÍA. La cortesía es el más exquisito perfume de la vida y tiene tal nobleza y generosidad, que todos la podemos dar; hasta a aquellos que nada poseen en el mundo, EL SEÑOR DE LA CORTESÍA les concede el gracioso privilegio de otorgarla.

El hombre feliz, que no tenía camisa, sí tuvo cortesía para recibir a los emisarios del Sultán enfermo.

¿En qué abismo de pobreza, de desnudez, no puede caber la amable divinidad de una sonrisa, de una palabra suave, de un apretón de manos?

La Caridad, opulenta o humilde, lleva siempre el ropaje de la cortesía, y la santidad más alta no podemos ni imaginárnosla sino infinitamente cortés.

¿Os acordáis de San Francisco de Asís?

 

 

XIV

LOS ENIGMAS

¿Por qué te inquietas y preocupas de los enigmas del Universo si pronto vas a morir y te dará la muerte respuesta a todos ellos?

¿Cuántos años te separan aún del fin?

¿Diez, veinte, medio siglo? Qué corto es, de todas suertes, el plazo.

Día a día marchas hacia el inmenso misterio, que, como gran estatua negra, te aguarda inmóvil al final del camino, con los brazos cruzados y los grandes ojos llameantes de respuestas.

¿Por qué, pues, tanta impaciencia?

Deja tus dilemas dormir, con sus aceradas tenazas, que rematan en puntas crueles.

Te dices: «Tiene que ser esto, o tiene que ser aquello; pero esto es absurdo, y aquello... también».

Deja tus dilemas dormir, como tenazas de alacranes ponzoñosos.

Él, que todo lo sabe, está, con los enormes brazos cruzados, en medio de cada dilema.

Entre el Sí y el No, están sus inmensas pupilas radiantes.

Se alza como un coloso antiguo en los límites de la Noche y el Día.

Cada hora volandera, en sus brazos impalpables, te lleva hacia Él. Y cuando llegues a lo que aquellos que te sobrevivan llamarán el Silencio absoluto, su gran boca se abrirá para decir las cosas definitivas.

Quién sabe si entonces verás que esa gran boca (¡oh, dulce milagro!...) sonríe.

 

 

XV

YO NO TE DIGO...

Yo no te digo que la Esfinge no se levante en la desembocadura de todos los caminos: lo que te digo es que, aunque aparentemente torva, la Esfinge tiene piedad de nosotros.

Yo no te digo que no haya más dolores que alegrías: lo que te digo es que los dolores nos hacen crecer de tal manera y nos dan un concepto tan alto del Universo, que después de sufridos no los cambiaríamos por todas las alegrías de la tierra.

Yo no te digo que no haya hombres malos y mezquinos: lo que te digo es que son hombres inferiores, hombres que no comprenden todavía, almas subalternas a quienes debemos elevar, seres oscuros que no saben dónde está la luz y con los cuales una caridad lúcida, paciente, blanda, todo lo puede.

Yo no te digo que la riqueza sea un mal: lo que te digo es que quien vive simplemente, en divorcio total de las vanidades, siente que le nacen alas.

Yo no te digo que el amor no haga daño: lo que te digo es que estoy resuelto a amar mientras viva, a amar siempre, siempre..., siempre.

 

 

XVI

EL FIEL

No pienses nunca: «Fulano tiene más de lo que merece».

Jamás exclames: «injusticias de la suerte».

En verdad te afirmo que no hay fiel, que no hay balanza de precisión más delicados y perfectos que los de la justicia distributiva.

Dios no tiene por qué intervenir en las sanciones de los actos. Cada acto lleva en su germen mismo el premio y el castigo, como en cada bellota están la encina o el roble con todas sus posibilidades, su majestuosa sombra futura y hasta los pájaros que anidarán en sus ramas.

La invisible fuerza que distribuye los bienes y los males es una Ley; y así como es imposible que se equivoque la Ley de la atracción universal, así lo es que yerre esta ley portentosa. Cuando Newton formulaba ya in mente su famoso principio, parecíale que determinados movimientos de los cuerpos celestes no se ajustaban a él. ¿Estaba el error en la Ley? ¿Estaba en los cuerpos, rebeldes?

El error estaba en las observaciones, en los cálculos de las distancias, en ciertas medidas terrestres inexactas.

Cuando se pudieron rectificar, merced a nuevas medidas y cálculos, los anteriores, se vio que la ley era infalible.

De María Antonieta decíase que en todo era graciosa, pero que no bailaba a compás.

Y un cortesano, lleno de ingenio, la defendió con aquella célebre frase: «dicen que no baila al compás; pero, en este caso, la culpa será del compás». «Cest la mesure qui a tort...».

Pues así es la justicia distributiva: tu mirada, tu observación, tu juicio, tu compás, se equivocan. Ella, nunca.

Lo que te acontezca es lo único que debe acontecerte, y el universo entero no aplastará sin razón a la más pequeña hormiga.

 

 

XVII

EL ORGULLO DE LA IMPOTENCIA

Tu cerebro canaliza, configura, condiciona, por decirlo así, una energía consciente de la cual apenas puede presentir la magnificencia.

Cuanto más inteligente eres, más encauzas, y por lo tanto, limitas más ese espíritu, esa conciencia desmesurada que es la totalidad de tu yo.

¿Por qué enorgullecerte, pues, de tu inteligencia? ¿Te imaginas un estanque, una alberca, que recibiendo un poco de agua del océano, dijese:

«Yo vuelvo al mar ovalado, yo le doy una profundidad de diez metros: yo le quito su flujo y reflujo. Gracias a mí, sus aguas reflejan los árboles del paseo cercano...»?

Pues análogamente pensaría un cerebro orgulloso, y su vanidad sería tan absurda como la de la alberca.

«La inteligencia, dice un sabio, no aparece sino como un PEOR ES NADA, como un instrumento que traiciona la inadaptación del organismo al medio que lo rodea, como una técnica que revela un estado de impotencia.»

Enorgullecernos de nuestro talento es, pues, en suma, enorgullecernos de una impotencia, de una limitación.

 

 

XVIII

LA FE

No temas nunca, en los casos angustiosos, decir una palabra optimista. No receles que el destino te contradiga; el destino jamás contradice a los hombres que esperan en él, y siempre cumple las promesas que en su nombre hacen los fuertes.

Tu buen deseo ayuda, por otra parte, a manifestarse a todas las bellas posibilidades de la existencia.

Las hadas propicias, con los cofres invisibles llenos de mercedes, están siempre esperando la voz segura y tierna que las solicita en favor de una vida cara, de un ser querido y precioso.

Pero es indispensable que esa voz, al llamarlas, no tiemble desconfiada...

¿Cómo quieres que la buena fortuna se detenga a tus puertas si no crees en ella?

Tu fe le abre los caminos de tu morada.

La duda es un malezal inextricable por entre el cual no pueden pasar los genios del bien.

Coge tu hacha y corta enérgicamente las rnalezas: hablo del hacha de tu fe. Verás cuán espaciosa se vuelve la ruta y cómo convida a recorrerla a todas las venturas.

 

 

XIX

LAS POSIBILIDADES

(Continuación del anterior)

La vida es como un arca inmensa llena de posibilidades. Es más bien como un enorme río lleno de posibilidades.

No es aventurado esperarlo todo. No le cuesta más trabajo a esa corriente formidable, en que están las causas y los efectos, llenar una ánfora grande que una ánfora pequeña.

La aventura más extraordinaria puede, lo mismo que la más insignificante, venir en esas crespas olas que brotan de la fuente misteriosa del Ser y a ella vuelven fecundando el infinito universo.

Revela, por tanto, gran desconocimiento de la magnitud de la vida y gran mezquindad de espíritu la desconfianza de que llegue una cosa, simplemente porque es muy bella. La cantidad de cosas bellas que diariamente se otorgan al mundo y en las cuales el mundo suele no fijar la atención, distraído y atormentado por ansiedades vanas y egoísmos tristes, es incontable, es formidable, es pasmosa.

«Las cosas, dice un pensador, nos parecen imposibles hasta el día en que se realizan».

No creas, pues, jamás que la excelencia de un bien es condición negativa para su advenimiento.

Abre con tu confianza todas las capacidades de tu espíritu, ante la posibilidad de recibirlo. No sea que, cerradas tus puertas interiores por las llaves de tu escepticismo, cuando llegue la felicidad suma que te tocaba en suerte, no pueda entrar.. y se aleje para siempre.

 

 

XX

LA SORPRESA

Por lo demás, es acaso oportuno nada pedir, pero esperarlo todo.

Si a diario te levantas con el propósito de no reclamar mercedes a la Vida, no habrá jornada sin bella sorpresa, porque la vida te otorgará siempre algún don.

Tú te dirás: «Hoy aceptaré todos los dolores, todas las fatigas y dificultades del día con ánimo igual».

No pensarás en ningún placer. Verás sólo el surco que debes abrir, bajo el chorro de fuego del sol.

Ningún espejismo engañará tu camino.

Estarás de antemano resignado a todos los golpes.

No atisbarás ni atalayarás el horizonte para ver si se acerca alguna dicha.

Y así pasarán los días, monótonos, con pocas satisfacciones y muchos deberes.

Como nada pides y todo lo aceptas, tú estarás ensimismado y distraído en tu labor.

... Mas de pronto, la Vida, que te preparaba su sorpresa, te mandará su enviado: el esclavo nubio de las ajorcas de oro llevará sobre sus manos de ébano la bandeja de malaquita, y sobre ella brillará el presente mágico, el presente inesperado y, por inesperado, maravilloso.

 

 

XXI

ORO SOBRE ACERO

Oro sobre acero -Eibar y Toledo- han de ser tus amores.

Oro sobre acero tu voluntad.

Oro sobre acero tus actos.

Sobre el acero del mejor temple de tus resoluciones brillará el oro puro y aristocrático de tu cortesía.

Sobre el acero de tus pensamientos ha de lucir el arabesco de oro de la forma pura y ágil.

Tu don de gentes será capa de oro fino que ha de recubrir el acero de tus propósitos.

Serán tus sonrisas como minúsculas estrellas áureas incrustadas en el acero de tus intentos.

Tu amor firme tendrá el oro de tu ternura sobre su acero imperioso.

Sobre el acero de tu aspereza, la placidez con que sabes aguardar será también oro. El áncora de la diosa estará damasquinado por ese oro de tu apacibilidad expectante.

Oro y acero -Eibar y Toledo- será tu vida, serán tus propósitos, serán tus actos...

 

 

XXII

LA LLAVE

¡Qué admirable es la llave de oro que cierra, cuidadosamente, la puerta del castillo donde viven los fantasmas!...

Si sabes usarla, si tienes cuidado de que esta puerta en determinados momentos no se abra, por más que desde adentro el tumulto de las tristezas, de los temores, de las preocupaciones, de la pasión de ánimo, quiera forzarla, ¡cuánta será tu paz y cuán permanente tu alegría!

Al principio es muy difícil cerrar esta puerta: los fantasmas negros tiran de las hojas con toda su fuerza; logran mantenerlas entreabiertas y se van colando por allí e invaden el campo de tu alma y arrancan de él las santas flores de la alegría.

Pero la gimnasia vase haciendo cada vez más fácil y segura. Adquiérese una gran agilidad; sorprendes en seguida los movimientos astutos de la turba negra y acabas por confinarla definitivamente en el castillo de la Pena, de las Imaginaciones dolorosas, de los Miedos sin razón, de las Angustias sin objeto...

Lo esencial es ser rápido en los movimientos. En cuanto notes que se quiere colar algún fantasma, examina la cerradura, da dos vueltas a la llave y vuelve la espalda.

El fantasma será insinuante, expresivo.

Pretenderá decirte muchas cosas. No hagas caso de sus invitaciones, de sus solicitudes, de sus argucias, de su llanto: lo que él quiere es envenenarte el día.

Dirás acaso que con tener condenada la puerta del castillo escaparías para siempre... Mas debo advertirte que en ese castillo moran también las imaginaciones alegres, los pensamientos joviales que nos hacen llevadero el camino, y la ciencia está en dejar a éstos libre la puerta y en impedir a los otros la salida...

¡Qué admirable es la llave de oro que cierra cuidadosamente y a su tiempo la puerta del castillo donde viven los fantasmas!

 

 

XXIII

NADA ESTÁ LEJOS DE TI

Nada está lejos de ti.

¡Las distancias!

¿Qué importan las distancias?

Bien sabes que las distancias sólo son para tu cuerpo.

Tu alma se halla cerca de todas las cosas.

Más aún, tu alma está en la esencia misma de todas las cosas.

Sin tu cuerpo, ni la luz con sus trescientos mil kilómetros por segundo de velocidad igualaría al vuelo de tu pensamiento.

Si bien se mira, todo se encuentra a tu alcance.

No hay estrella a la que no puedas llamar tuya.

Mueve tu pensamiento con libertad absoluta. Acostúmbralo a los altos vuelos progresivos. Intenta el récord de altura...

Déjale ir y venir a través del universo.

Cada día te darás así más cuenta de la apariencia y la mentira de tu jaula.

Con la noción de tu libertad inmensa, aumentará tu apetito de posesiones eternas.

Y hay, por cierto, una posesión que se te ofrece a cada instante y que no tiene límites: la posesión de Dios.

Acéptala.

 

 

XXIV

¿LE BUSCAS? ES QUE LE TIENES

Oirás decir frecuentemente a muchos que no encuentran a Dios.

Pregúntales si le buscan y hasta dónde llega su anhelo de hallarle.

Si le buscan con mucho ahínco, tranquilízalos, porque ya le han encontrado...

Dios dice admirablemente a Pascal en las Meditaciones:

«Console-toi, tu ne me chercherais pas si tu ne m'avais trouvé».

Pensamiento admirable, capaz de inundar de consuelo al espíritu más árido y desolado.

Pensamiento, por otra parte, de una sorprendente exactitud.

El que busca, en efecto, a Dios con ahínco, es porque le ama, y el que le ama, ya le posee.

Amar a Dios y poseerle es todo uno.

Por eso el autor de estas líneas ha dicho en unos versos, glosando la frase del divino pensador francés:

«Alma, sigue hasta el final -en pos del Bien de los Bienes- y consuélate en tu mal -pensando como Pascal:--«¿Le buscas? Es que le tienes...»

 

 

XXV

SI AMAS A DIOS

Si amas a Dios, en ninguna parte has de sentirte extranjero, porque Él estará en todas las regiones, en lo más dulce de todos los paisajes, en el límite indeciso de todos los horizontes.

Si amas a Dios, en ninguna parte estarás triste, porque, a pesar de la diaria tragedia, Él llena de júbilo el universo.

Si amas a Dios, no tendrás miedo de nada ni de nadie; porque nada puedes perder y todas las fuerzas del cosmos serían impotentes para quitarte tu heredad.

Si amas a Dios, ya tienes alta ocupación para todos los instantes, porque no habrá acto que no ejecutes en su nombre, ni el más humilde ni el más elevado.

Si amas a Dios, ya no querrás investigar los enigmas, porque le llevas a Él, que es la clave y resolución de todos.

Si amas a Dios, ya no podrás establecer con angustia una diferencia entre la vida y la muerte; porque en Él estás y Él permanece incólume a través de todos los cambios.

 

 

XXVI

EL SUPREMO TRIUNFO

Si vuelves los ojos a casi todos los que te rodean; si sabes contemplarlos y considerarlos, verás que han obtenido algunos aparentes favores de la vida, pero que ninguno ha logrado el bien por excelencia, a saber, la conquista de sí mismo.

Este anhela; el otro se encoleriza; el de más allá es víctima de un vicio.

Yo, aquí donde me ves, no he realizado tampoco esta conquista.

Si tú acertaras a realizarla, si tú fueses el señor absoluto de ti mismo, ya nada te seria difícil.

Donde pusieses tu intento, cuajaría la realización.

Donde sembrases tu voluntad, fructificaría el milagro.

Querrías ser rey, y lo serias; querrías ser millonario, y lo serías; querrías ser dueño del mundo, y lo serías.

... ¡Pero, seguramente, una vez que hubieses logrado la plena conquista de ti mismo, ya no querrías nada y tendrías un desprecio inmenso por todas las cosas!

 

 

XXVII

¿CÓMO ES?

¿Es Dios personal? ¿Es impersonal? ¿Tiene forma? ¿No tiene forma? ¿Es esencia? ¿Es substancia? ¿Es uno? ¿Es múltiple? ¿Es la conciencia del Universo? ¿Es Voluntad sin conciencia y sin fin? ¿Es todo lo que existe? ¿Es distinto de todo lo que existe? ¿Es como el alma de la naturaleza? ¿Es una LEY? ¿Es, simplemente, la armonía de las fuerzas? ¿Está en nosotros mismos? ¿Es nosotros mismos?

¿Está fuera de nosotros?

Alma mía, hace tiempo que tú ya no te preguntas estas cosas. Tiempo ha que estas cosas ya no te interesan.

Lo único que tú sabes es que Le amas...

 

 

XXVIII

EL BIEN QUE PODEMOS HACER

Los males que no puedes remediar son infinitos.

Pero los que puedes remediar son tantos que, si en conjunto estudias el bien que has hecho en el año, por ejemplo, la labor resulta enorme para tus fuerzas y te parece un sueño haberla realizado.

También en esto un grano produce una espiga.

La capacidad de bien que hay en el alma humana es desconcertante por su grandeza.

El poder que para el bien nos fue concedido es de una enormidad que pasma.

Así vemos hombres destituidos de todo recurso, que realizan milagros de caridad, que cambian la organización de las sociedades, que sacan de quicio al mundo y lo renuevan.

Asombra pensar lo que sería nuestro planeta si todos los humanos estuviesen educados para el amor en vez de estar educados para el egoísmo y aun para el odio.

El eje moral del mundo sería, como si dijéramos, perpendicular al plano de la eclíptica del Deber, y una divina primavera reinaría en las moradas de los hombres...

 

 

XXIX

NO DISMINUYAS LA LIBERTAD DE LOS DEMÁS

Dichoso aquel que puede decir al fin de su existencia lo que el español Séneca dijo en sus altas máximas morales: «Saldré de la vida protestando que amé la buena conciencia y las buenas ocupaciones, y que NO DISMINUÍ LA LIBERTAD DE NADIE y ninguno disminuyó la mía». Siendo tan relativa como lo es, tan condicionada por los hombres y los sucesos, la libertad constituye, sin embargo, el sumo bien de la tierra. Schopenhauer afirmó que la Salud, la Juventud y la Libertad eran los tres bienes humanos por excelencia.

Pero la Salud muchos no la tienen; pasa la Juventud como la verdura del verano, y si la Libertad no nos resta cual postrera novia, nuestra indigencia moral es infinita.

Hay amigos de un egoísmo feroz: los llamados amigos íntimos, los que se dicen «afectuosos».

-«¡Se está tan bien con usted!» exclaman, y os abruman con sus visitas.

jamás en su conciencia menguada se preguntaron si tú estás bien con ellos, y te esclavizan con las propias cadenas de tu cortesía, tu generosidad y tu paciencia.

Piensa, en cambio, tú, cuán preciosa es la libertad de los otros. Deja más bien a todos con deseo de verte de nuevo.

Sean tus visitas parvas y tu cordialidad espaciosa.

Ve donde te necesiten. No busques mucho las compañías que te diviertan, pensando que acaso tú no las diviertas a ellas, y ten un sagrado respeto por el pobre y mermado bien que, al quitarnos la salud y la mocedad, nos dejan, compasivos, los dioses.

 

 

XXX

TODO NOS HACE MAL

Todo nos hace mal, dices desconsolado. El calor nos tuesta, el frío nos hiela, el viento y el polvo nos importunan.

Si buscamos la sombra hospitalaria de los árboles, los insectos se encarnizan en nosotros. Si recorremos los sitios agrestes en demanda de salud y de paz, las malezas nos estorban el paso, las espinas nos pinchan.

La mayor parte de los hombres está aún en los limbos de la animalidad y es cruel con nosotros.

La descortesía de los grandes nos azota el espíritu.

La necedad de los pequeños nos produce náuseas.

La incomprensión de los que amamos nos entristece...

Muy bien, no prosigas y escúchame:

Todo en el mundo te hace mal; pero tú, en cambio, a todo y a todos haces bien. Al levantarte llevas ya en tu voluntad afectuosa el santo designio escondido: «Haré a todos bien. Por lo menos procuraré serles grato...»

«Y ante aquellas cosas, aquellos seres y aquellos fenómenos con los cuales no quepa el beneficio, seré paciente. Seré paciente si el frío me hiela y el calor me tuesta; si el polvo me importuna, y si los insectos se encarnizan en mi piel y los espinos me pinchan».

En un mundo que parece conjurarse contra mí, yo seré una sonrisa, una dádiva, una bondad siempre dispuesta, una acción siempre afectuosa.

Si todo es negro, yo seré blanco.

¡Qué merced mayor puede hacerme el destino!

Y hasta sería posible que Aquel que, a pesar de todos los pesimismos que no saben verle, es el Padre, me escogiese por instrumento de su amor, y el bien que yo represento no fuese más que el bien que Él derrama por mis manos, como lo derrama y seguirá derramándolo siempre.

 

 

XXXI

«BUENO, ¡Y QUÉ!»

Me dices que a pesar de toda tu filosofía y de tu resolución de permanecer serena, muchas cosas te conturban y entristecen; estás inquieta y tienes aprensiones continuas.

Voy a darte una pequeña receta, vulgar e ingenua, para que te tranquilices de todo temor, de toda inquietud.

En cuanto un recelo, un miedo, una aprensión quieran turbar los cristales de tu alma, repite dentro de ti estas palabras: «BUENO, ¡Y QUÉ!»

-«Vas a agravarte de tus dolencias».

-«BUENO, ¡Y QUÉ!»

-«Vas a morirte...»

-«BUENO, ¡Y QUÉ!»

-«Tu fortuna está minada, y si viene un posible pánico de bolsa, te arruinará».

-«BUENO, ¡Y QUÉ!»

-«Tu amiga Fulana no te quiere: es una solapada enemiga, que te causará grandes males».

- «BUENO, ¡Y QUÉ!...»

Si incrustas esta frase en tu alma, te inundará una gran paz. Si penetras en el fondo de este «Y QUÉ», verás que es infinitamente tranquilizador.

En lo más hondo de todas las catástrofes, por espantosas que las supongas, quedará siempre tu yo, inmortal, inaccesible, al cual nada ni nadie puede hacer mal.

 

 

XXXII

IRÁS POR EL CAMINO

Irás por el camino buscando a Dios, pero atento a las necesidades de tus hermanos.

En cualquier momento, en cualquier lugar, entre cualquier compañía, te formularás la admirable pregunta de Franklin:

«¿Qué bien puedo hacer yo aquí?»

Y siempre encontrarás una respuesta en lo hondo de tu corazón.

Apareja el oído, los ojos y las manos, para que ninguna necesidad, ninguna angustia, ningún desamparo, pasen de largo.

Y cuando a nadie veas en la carretera llena de huellas, que relumbra al sol; cuando el camino esté ya solitario, vuélvete inmediatamente hacia tu Dios escondido.

Si Él te pregunta dentro de ti mismo:

-¿Cómo es que no me buscabas, hijo mío?

Le dirás:

-Te buscaba, Señor, pero en los otros.

-¿Y me habías encontrado?

-Sí, Señor; estabas en la angustia, en la necesidad, en el desvalimiento de los otros.

Y Él, por toda respuesta, sonreirá dulcemente.

 

 

XXXIII

CUENTA LO QUE POSEES

No enumeres jamás en tu imaginación lo que te falta.

Cuenta, por el contrario, todo lo que posees; detállalo si es preciso hasta con nimiedad, y verás que, en suma, la Vida ha sido espléndida contigo.

Las cosas bellas se adueñan tan suavemente de nosotros, y nosotros con tal blandura entramos en su paraíso, que casi no advertimos su presencia.

De allí que nunca les hagamos la justicia que merecen.

La menor espina, en cambio, como araña, nos sacude la atención con un dolor y nos deja la firma de este dolor en la cicatriz. De allí que seamos tan parciales al contar las espinas.

Pero la Vida es liberal en sumo grado; haz inventario estricto de sus dones y te convencerás.

Imaginemos, por ejemplo, que un hombre joven, inteligente, simpático a todos, tuviese una enfermedad crónica. No debía decir: «Tengo este mal, o aquél, o me duele siempre esto o aquello, o no puedo gustar de este manjar o de aquél...»

Debería decir: «Soy joven, mi cerebro es lúcido, me aman; poseo esto, aquello, lo de más allá; gozo con tales y cuales espectáculos, tengo una comprensión honda y deliciosa de la naturaleza..., etc.».

Vería entonces el enfermo aquel que lo que le daña se diluiría como una gota de tinta en el mar...

 

 

XXXIV

ESTE PENSAMIENTO TE CONSOLARÁ

En los momentos de mayor desamparo, de mayor abandono APARENTE de lo invisible; en esos momentos que hicieron gritar al propio Cristo, sí, gritar de dolor, diciendo:

Deus meus, Deus meus, ut quid dereliquisti me? -Cuando te parezca que estás solo en un infinito hostil y no tienes ni asidero ni refugio, piensa este pensamiento capital:

«Por mucho que yo me ame a mí mismo, Dios me ama infinitamente más».

«Yo no me amo a mí mismo sino desde la edad de la razón: Dios, en cambio, ya me amaba antes de nacer. ¡Qué digo!, en Sí mismo me amaba ya desde toda la eternidad, desde todas las eternidades.

»Yo he estado siempre en Él (sea Él lo que fuere, personal o impersonal, esencia, substancia, o ley), y Él, al amarse con un amor infinito, con el propio amor me amaba a mí, pues no podía amarse totalmente sin amarme.

»¿Por qué, pues, imaginar ni un solo momento que estoy desamparado, que nadie me quiere, que algo malo ha de acontecerme? ¿Puede, por ventura, acontecerle algo malo a Dios, en quien VIVIMOS, NOS MOVEMOS Y SOMOS?

»Él me ama infinitamente: lo que me acontezca, pues, por áspero e inexplicable que sea en apariencia, tiene por fuerza que acontecerme para mi bien...»

Este pensamiento te consolará.

 

 

XXXV

ORGANIZADO PARA CREER

El hombre es un ser organizado especialmente para creer. Cuando no puede creer en Dios (por indigestión de ciencia), cree en cualquier otra cosa: en un tabú, en un número, en un augurio, en la espuma del café...

Después de la erupción del volcán, volverá a edificar en la falda. Después de la infidelidad de una mujer, pondrá en manos de otra su honor y su fortuna. Después de la suspensión de pagos de un Banco, reincidirá en confiarles sus caudales. Después de la infidencia de un amigo, tornará a invitarle a su casa y a su mesa.

La naturaleza en esto es, como en todo, muy sabia. El escéptico pirrónico sería un monstruo, no podría subsistir.

La fe en algo es tan necesaria como la respiración. Es el punto de apoyo de la vida.

No os fiéis de quienes dicen que no creen en nada: o son unos pobres de espíritu, o seres incapaces de una sola noble acción.

Cree, pues, sin rubor, amigo. Si te engañan, cuando menos tuviste la dicha de haber creído.

Y si crees muy firmemente, será tu fe una coraza tal que no habrá quien pueda burlarla.

 

 

XXXVI

AMOR VEDADO

La riqueza no te está vedada; pero la desdeñas.

El poder no te está vedado; pero no lo buscas.

En cambio te está vedado ya el Amor.

Las puertas del amor se cerraron para ti hace muchos años. Y en vano llamas y llamas. El aldabón resuena misteriosamente en la noche.

Pegas el oído a la cerradura y oyes tumulto alegre, risas de oro y de plata; convulso chasquear de besos.

Miras por el ojo de la gran cerradura y ves pasar túnicas blancas, rosadas, azules, que mal encubren formas estatuarias. Todo allí es promesa o realización, bajo la luz azulosa de la luna o los blandos clarores de los crepúsculos.

Pasa la rubia, pasa la morena, y se llevan prendidos tus anhelos. Te miran los ojos azules, los ojos verdes, los ojos negros, los ojos castaños, y tú imploras lo que parecen ofrecer esas miradas... Pero un fallo enigmático de tu destino mantiene lejos de ti -el enamorado del amor- toda posibilidad de realizar lo que los hados parecían ofrecerte al elegir tu nombre. Y comprendes que tus ansias son imposibles y anhelas el término de ellas.

Empero, por resuelto que esté tu Dios a impedir que te amen, no puede impedir que ames tú a todos los seres y todas las cosas. ¡Qué más!

No puede impedir que le ames a ti.

Cabe, pues, que repitas con el poeta francés:

«Mon Dieu, tout puissant que vous êtes, vous ne pouvez pas empecher que je vous aime!»

 

 

XXXVII

LA PREGUNTA

En los días de mayores agitaciones dolorosas en que hayas sufrido más choques de tus semejantes, más rozamientos penosos; en que hayas tratado más negocios difíciles y ásperos; en que hayas, en suma, sufrido más contrariedades y disgustos; en que a pesar de tu esfuerzo y de tu voluntad de dominio sobre ti mismo, hayas sentido en tu interior el aguijón de la impaciencia, aun cuando nada dejases ver en tu rostro; en esos días en que toda la cosecha de espinas de la jornada parece haber sido para ti sólo, pregúntate simplemente, en el silencio del atardecer y después de inventariar tus dolores:

«¿He hecho, por desgracia, mal a alguien?»

Y si por ventura no lo has hecho, si la sola víctima has sido tú, si los únicos desgarramientos producidos por las malezas han sido los de tu carne, regocíjate cuanto puedas; pon en tu cara la más luminosa de tus sonrisas, y vete a dormir con el corazón sereno y reposado.

... Pero, si no solamente no has hecho ningún mal, sino que en medio de la tormenta has acertado a hacer algún bien, que tu regocijo no tenga limites y tu alma esté más luminosa que el crepúsculo.

 

 

XXXVIII

FACILITA LA VIDA DE LOS DEMÁS

Bella tarea es aquella que facilita la vida de los demás.

Gentil acto es aquel que facilita la vida de los demás.

Noble y gracioso movimiento el del pie o de la mano que remueven el obstáculo puesto por la naturaleza o por los hombres en medio del camino: desde la corteza de fruta en que se resbala, hasta la rama de espino que desgarra las carnes; desde el guijarro puntiagudo, hasta las lianas que encierran los senderos y que a través de ellos parecen serpientes.

¡Qué alegre, qué ágil marcha el que va apartando de los caminos y las veredas todo lo que es impedimento y obstáculo para la marcha de los otros!

Cantando va el peregrino.

Sin sentir recorre las rutas y, al atardecer, se da cuenta, con jubilosa sorpresa, de que al apartar y remover los obstáculos que entorpecían los caminos de los demás, él despejó maravillosamente su propio camino.

 

 

XXXIX

TU HEREDAD

«El mundo, dices, vase estrechando cada día más ante mi paso: ¡qué pequeño es el mundo! ¡Y como si no lo fuera bastante, lo empequeñecen aún más los prejuicios y la miseria de los hombres!

»Ya no puedo viajar, añades, y además, ¡para qué! Todo es lo mismo. La uniformidad tediosa ha invadido el planeta, y no hay forma de encontrar ni un rincón inédito, ni un silencio no mancillado por el vacuo y gárrulo turismo».

Mas yo te digo: ¡qué te importa esto, si te queda la noche! ¡La noche con todos sus milagros, la noche con todos sus soles y mundos!

En cuanto sales a tu balcón se te ofrece ella en su inmensidad divina.

¡Qué pequeñas son las distancias que separan sus orbes para el poder de tus alas!

¡Cómo vas y vienes, ave silenciosa del alma, por entre el enjambre de oro!

Cada uno de tus anhelos de belleza puede escoger un mundo para realizarse.

Y cuando el sueño sella tus párpados, tus ojos y tu corazón están llenos de maravillas.

 

 

XL

LA INCONSCIENCIA

¿Por qué te asusta la inconsciencia?

¿Por ventura debes gran cosa a tus pensamientos?

La belleza de tus pensamientos, la magia de tus imaginaciones ha sido para los demás.

A ti cada pensamiento y cada imaginación te han servido de espinas. Has llevado una corona de espinas, sólo que interior e invisible.

Mira cuán hermoso, reposado y sereno es todo lo inconsciente.

Mira lo que el viento hace con las hojas de los árboles y con las olas, sin causarles dolor.

Mira la rosa, cómo sin dolor desabrocha su justillo, florece y muere.

Contempla el agua que, vuelta catarata, se despeña, y sin dolor es espuma al saltar al abismo y al estrellarse en los dientes de la roca.

Advierte el avatar perpetuo de las viajeras nubes.

Y tú mismo, ¿qué eras en la infancia, y qué fuiste más hacia atrás?

¿No reposabas por ventura en el seno de una maternal inconsciencia? ¿Te quejabas acaso?

¿Pues y el sueño, tu amigo predilecto, qué es en suma?

Ah, no, no temas pisar la isla de los Lotófagos...

Deja que tus libros, llenos de amor para todos, sean la muda y generosa conciencia que te sobreviva; y tú, cuando menos por algunos siglos, duerme, duerme...

Bien lo necesitas.

 

 

XLI

«AQUÍ ESTOY»

¿Por qué aguardas con impaciencia las cosas?

Si son inútiles para tu vida, inútil es también aguardarlas.

Si son necesarias, ellas vendrán, y vendrán a tiempo.

¿Crees tú que el Destino se equivoca?

¿Piensas que el manzano dará una manzana menos de las que debe dar en la estación?

¿Imaginas que va a olvidar el rosal alguna rosa?

La espuela de tu deseo seria como el afán de esos industriales que maduran la fruta a destiempo para enviarla más pronto a los mercados.

Sería como el ansia del niño que bebe la limonada antes de que acabe de disolverse el azúcar.

«Yo no puedo vivir sin esto», dices.

Di más bien: «no puedo vivir con este deseo».

Si escondes tu ansiedad en lo hondo de tu corazón y sólo dejas que asome una quieta, dulce y suspiradora esperanza, más pronto de lo que imaginas lo soñado llegará sonriendo y te dirá: «AQUÍ ESTOY».

 

 

XLII

LOS PASOS

Muchas veces, en los breves intervalos en que se apacigua tu tráfago interior, te acontece oír unos pasos, unos pasos furtivos a lo largo de tu puerta.

Como los de un amante que ronda la casa de la amada. Son los pasos de la Dicha.

Son los pasos de una dicha modesta, tímida, discreta, que desearía entrar.

Hay muchas dichas así.

Son como novicias temerosas.

Son como corzas, como graciosas corzas blancas. Todo las amedrenta.

Si escucharas estos pasos, abre inmediatamente tu puerta de par en par.

Abre también tu rostro con la más acogedora de tus sonrisas... y aguarda.

Verás cómo entonces los pasos tímidos se acercan; verás cómo la pequeña dicha entra con los ojos bajos, ruborosa, sonriente, y te perfuma la casa y te encanta un día de la vida y se va... mas para volver.

Desgraciadamente, muy a menudo, tus descontentos, tus deseos y aun alguna alegría efímera y soflamera, hacen canto ruido que la corza blanca se asusta y los leves pasos se alejan para siempre jamás.

 

 

XLIII

NO ES QUE HAYAN MUERTO: SE FUERON ANTES...

Lloras a tus muertos con un desconsuelo tal, que no parece sino que tú eres eterno.

«Not dead, but gone before», dice bellamente el proloquio inglés.

NO ES QUE HAYAN MUERTO: SE FUERON ANTES...

Tu impaciencia se agita como loba hambrienta, ansiosa de devorar enigmas.

¿Pues no has de morir tú un poco después y no has de saber por fuerza la clave de todos los problemas, que acaso es de una diáfana y deslumbradora sencillez?

SE FUERON ANTES... ¿A qué pretender interrogarlos con insistencia nerviosa?

Déjalos siquiera que sacudan el polvo del camino.

Déjalos siquiera que restasen en el regazo del Padre las heridas de los pies andariegos...

Déjalos siquiera que apacienten sus ojos en los verdes prados de la paz...

El tren aguarda. ¿Por qué no preparar tu equipaje?

Esta sería más práctica y eficaz tarea.

El ver a tus muertos es de tal manera cercano e inevitable, que no debes alterar con la menor festinación las pocas horas de tu reposo.

Ellos, con un concepto cabal del tiempo, cuyas barreras traspusieron de un solo ímpetu, también te aguardarán tranquilos.

Tomaron únicamente uno de los trenes anteriores...

«Not dead, but gone before...».

 

 

XLIV

VÍA LIBRE

Nunca en la vida encontrarás vía libre.

El obstáculo, en todas sus formas, en todas sus magnitudes, ha de salirte al paso.

Como el mecánico que hace girar entre sus manos el volante, sin cesar tus dedos nerviosos han de mover la rueda con movimientos suaves o bruscos. Mas, en cambio, tu vista irá ganando en perspicacia, tu pulso en firmeza.

Cuando te sientas dueño de la máquina que te lleva, te reputarás dichoso de vencer a cada instante y de encontrar a través de la madeja de los seres y de las cosas tu seguro camino.

La vía libre, la carretera amplia y luciente que brilla al sol, defraudaría ya tu amor a la lucha y tu jubiloso deseo de probar la eficacia de tus músculos y de tu mirada avizora.

Hay un placer activo y viril en sortear la piedra, el hoyo, la bestia, el hombre, que nos cortan el paso...

A veces se frena del todo la máquina, que palpita como un gran corazón, que resuella como un gran pecho... y se espera; mas sin impaciencia, con un reposo elástico, presto siempre al impulso.

 

 

XLV

ÉSTE ES MI DESTINO

No digas nunca con tristeza ante tus males «éste es mi destino». Di «éste es mi destino» con alegría.

Piensa que entre los millones de millones de hombres que han existido, existen y existirán, entre los millones de millones de seres que pueblan todo el Universo, NO HAY UN SOLO DESTINO IGUAL AL TUYO.

Esto que sufres, esto que no puedes evitar, fue escogido para ti de entre las infinitas posibilidades.

Tus males y tus bienes traen el marchamo de Dios. Puso en ellos su gran sello invisible. Aquel que quiso manifestarse en los fenómenos por los siglos de los siglos.

Si las cosas todas sucediesen conforme a tu voluntad, como tu voluntad de mañana sería quizás opuesta a la de hoy, correrías el riesgo de encontrarte con fatalidades ineluctables creadas por ti mismo.

Los monstruos de ti nacidos, te devorarían.

Lo ajeno a tu deseo, lo extraño a tus ansias, lo frío y fatal que parece haber en tu destino, es lo mejor de este destino, y hay, en suma, nobleza mayor en decir cuando algo nos acaece: «lo quisieron los dioses» y no «lo ha querido mi triste veleidad de un minuto...».

 

 

XLVI

LEVÁNTATE A CONQUISTAR

La conquista de almas es la conquista por excelencia. Diariamente debes levantarte con el propósito de conquistar a todos aquellos de tus hermanos con quienes el destino te ponga en contacto.

A unos los conquistarás con tus palabras amables, a otros con tus miradas afectuosas, a los de más allá con tus servicios.

Sé un don Juan de las almas. Deja en cada una de las que encuentres una huella de luz.

Además de la íntima alegría de estas conquistas, podrás, merced a los que te quieren, hacer mucho bien.

El hombre que tiene amigos es todopoderoso para la caridad. Lo que él no puede dar, por amor a él lo darán con placer los otros; lo que él no puede hacer, por amor a él otros lo harán sonriendo.

Multiplicará insensiblemente los dulces recursos y las fuerzas eficaces que le son necesarios, y podrá amar doblemente a los tristes y a los pobres: con su amor y con el amor de todos los corazones conquistados.

 

 

XLVII

DIOS PADECE EN ELLOS

Cuando se subleve toda la piedad que llevas en tu alma, ante los padecimientos de tus hermanos superiores e inferiores, de los hombres y de las bestias, piensa que Dios padece en ellos.

Dios llora en cada lágrima de hombre o de mujer, sonríe en cada sonrisa, canta en cada canción.

Dios tiene piedad en tu corazón y en todos los corazones humanos.

La naturaleza no es cruel como dicen, puesto que tú eres una parte de ella, la mejor parte, y sientes compasión.

La naturaleza no es insensible, puesto que la Especie entera, que es su joyel, tiene sensibilidades infinitas.

La naturaleza es inmensamente misericordiosa y tierna; suma, si lo dudas, toda la misericordia y la ternura que hay en los cientos de millones de madres que pueblan el planeta, y piensa también en las bestias, cuyo amor maternal las lleva hasta morir por sus crías. En verdad, ellas no saben que aman con amor tan heroico; pero lo sabe Dios, que de esta suerte ama y sufre en ellas...

 

 

XLVIII

VALE MÁS ERRAR CREYENDO

Vale más errar creyendo que errar dudando.

Si dudas de todo, en todo hallarás el aguijón de la pena, porque muchas cosas te acaecerán conforme a tu duda y lo bueno que te acaezca, a pesar de ella, estará amargado por tu escepticismo anterior.

En cambio, si en todo tienes fe, tus propios desengaños te serán gratos, recordando que, hasta que no llegaron esperaste... Y tus dichas florecerán como rosas plenas después de una estación entera de rosas.

La Belleza muchas veces sólo necesita para realizarse, como condición última, tu fe en ella.

El amor que vacilaba al nacer, rompe resueltamente su capullo, si lo atrae la primavera de la fe, llama eficaz que todo lo hace germinar.

Si crees, habrá además en tus ojos algo imperioso y dulce al propio tiempo, que sojuzgará y avasallará las almas.

Tus pies se posarán en la tierra con seguridad de dominio, y tendrá tu andar un ritmo viril, a cuyo compás gustará de ajustarse la buena fortuna.

En tus palabras habrá un sortilegio invencible, y el ademán de tus brazos llegará a ser tan augusto y definitivo como un signo de la fatalidad.

 

 

XLIX

TODO ESTÁ HACIÉNDOSE

Todo está in fieri, todo está haciéndose. No ves nunca nada en su totalidad.

Cuando temes un suceso, en realidad tu temor no se refiere al suceso, que no puedes conocer ni en su integridad ni en su intensidad; se refiere a lo que alcanzas de su visión lejana.

Es, por tanto, absurdo temer algo que todavía no sucede, que ignoras si sucederá y cómo sucederá.

Y es igualmente absurdo juzgar la vida, el mundo, el pasado y el presente, por lo que miras desde tu pequeño, desde tu estrecho balcón.

Nada hay ilógico en la existencia; pero has de advertir que la lógica de un hecho no aparece sino cuando éste se realiza del todo y puedes aislarlo in mente de los demás hechos...

La serenidad ante los sucesos es, por lo tanto, la más natural, la más congruente, la más humana actitud del hombre.

La naturaleza, por su parte, nos prepara a sufrir el suceso cuando éste llega, no antes. Por eso tenemos miedo de lo que no ha sucedido aún, y sabemos siempre soportar lo que está sucediendo, aun cuando sea la muerte misma.

 

 

L

LAS PREGUNTAS

Si antes de emprender el viaje, el Ángel, complaciente, preguntase a tu espíritu:

¿Quieres quedarte un poco más para exprimir a los libros toda su sabiduría?

Habrías tú de responderle:

-No; ya he leído bastantes libros para saber que en ellos la sabiduría no se encuentra. Si el entendimiento fuese capaz de comprender las evidencias supremas, ya las habría comprendido en las eternidades que nos precedieron. Si fuese capaz de expresarlas en libros, ya las habría expresado, en esta forma o en otra cualquiera, en lo infinito de los tiempos.

-¿Querrías entonces quedarte un poco más para saborear los deleites del poder, de la riqueza?

-No; ya sé lo que el poder y la riqueza hacen de los hombres. Conozco demasiados poderosos y demasiados ricos, y conociéndoles he llegado a sentir mis mayores desconsuelos por la humanidad.

-¿De qué desearías, pues, un poco más antes de marcharte? insistiría el Ángel.

Y tú responderías con timidez:

-Tal vez no he amado aún lo bastante...

 

 

LI

TU CUERPO

¿Por qué has de menospreciar tu cuerpo?

Es, en primer lugar, el templo maravilloso de un dios escondido. Es, asimismo, una obra de arte del ignoto Escultor.

Estúdialo desde todos los puntos de vista. Mira su exterior armonioso; analiza su anatomía; entra hondo hasta el torturador misterio de sus células: todo en él es belleza, es fuerza, es gracia, es enigma.

Dios mismo ha modelado su forma. Con los pacientes útiles de la evolución, en el inmenso taller del mundo, ha ido forjando cada órgano.

Hay en él hasta divinas rectificaciones: los órganos hoy atrofiados, que sirvieron en lejanas épocas.

¿Por qué has de menospreciar tu cuerpo?

¿No te da él las ventanas de los cinco sentidos para asomarte al Universo?

Es sagrado tu cuerpo; sus deseos son sagrados también cuando no nacen de la vida ficticia con que torturas la vida natural que se te otorgó.

Dale todo con amor y sin exceso, como la madre da a su hijo cuanto pide, siempre que no le haga daño a él ni haga daño a los otros.

No lo mancilles jamás con bajezas. La estatua es de barro; mas no pongas lodo en ella...

 

 

LII

LIBERTAD

La riqueza es abundancia, fuerza, ufanía; pero no es libertad.

El amor es delicia, tormento, delicia tormentosa, tormento delicioso, imán de imanes; pero no es libertad.

La juventud es deslumbramiento, frondosidad de ensueños, embriaguez de embriagueces; pero no es libertad.

La gloria es transfiguración, divinización, orgullo exaltado y beatífico; pero no es libertad.

El poder es sirena de viejos y jóvenes, prodigalidad de honores, vanidad de culminación, sentimiento interior de eficacia y de fuerza; pero no es libertad.

El despego de las cosas ilusorias; el convencimiento de su nulo valer; la facultad de suplirlas en el alma con un ideal inaccesible, pero más real que ellas mismas; la certidumbre de que nada, si no lo queremos, puede esclavizarnos, es ya el comienzo de la libertad.

La muerte es la LIBERTAD absoluta.

 

 

LIII

A MIS SOLEDADES VOY

Sal, cuando te llamen; haz, si puedes, el bien que te pidan; y vuélvete a casa.

De mis soledades vengo

y a mis soledades voy.

¿Que Juan necesita dinero y tú estás en condiciones de proporcionárselo?

Pues abres tu bolsa... y después un saludo, y a tu hogar.

¿Que Pedro ha menester de una ayuda moral? No tardes ni un momento en impartírsela, y en seguida a desandar tu camino...

Al que tras del dinero quiera quitarte ese bien precioso e insustituible que se llama el Tiempo, y que, según el refrán, los propios ángeles lloran cuando perdido, respóndele:

MI DINERO ES DE TODOS, PERO MI TIEMPO, NO.

A quien después de la caridad espiritual quiera el palique, porque le divierte, córtale amablemente la conversación en el primer punto y coma (sin negar que, para algunos verbosos, la puntuación suele venir muy espaciada...)

No dejes que la conversación siente sus reales, porque en seguida, por el camino, la senda, la vereda o el vericueto (según), vendrá el epigrama lleno de malignidad, la petite histoire pour rire, el chiste verde... la chaquira toda y toda la bazofia de la miseria humana.

 

 

LIV

INCOMPRENSION

No te quejes nunca de la incomprensión de los demás.

Nadie comprende a nadie totalmente en este mundo: si tal comprensión fuese posible, la identidad se manifestaría en seguida y cesaría el fenómeno de la separatividad.

Las almas están muy lejos unas de otras.

Entre las almas se encuentra siempre el universo fenomenal.

Como no pueden hablarse directamente; como se ven forzadas a recurrir a la palabra, que es un símbolo y que no acierta a expresar la esencia de las cosas, parécense a dos hombres que, separados por el océano, conversasen por ministerio de signos, apenas análogos, enviados por transmisores imperfectos.

Sólo el Absoluto comprendería totalmente a cada alma y a todas las almas en un acto único y simplísimo, fuera del tiempo.

... Mas si otro hombre u otra mujer te han comprendido siquiera a medias; si lo que dices ha movido su espíritu o su corazón, debes sentirte satisfecho.

Un solo germen de palmera fecunda a la palmera distante, y un solo grano de trigo caído en un milímetro cuadrado de tierra puede producir una cosecha.

 

 

LV

EL DOLOR PASADO

Quiero suponer que tu vida ha sido el rigor de las desdichas.

Sin embargo, por nada cambiarías el dolor pasado.

Dante dijo: -No hay dolor más grande que recordar los tiempos venturosos en la miseria-, Pero, volviendo a la inversa esta sentencia, debiera afirmarse: «No hay placer mayor que recordar los dolores pasados en las horas de serenidad». Y no solamente porque han pasado ya y su aguijón no puede herirnos, sino porque sentimos que nos dieron un cabal concepto del universo, que nos perfilaron el carácter, que nos afinaron el sistema nervioso (colaborador admirable de la Evolución); que hicieron florecer en nuestras almas esa divina y encendida rosa de la piedad, que han sido, en suma, la única cosecha valiosa de nuestros días.

Nosotros nos encargamos, pues, de pregonar la divina justicia de nuestro dolor; nosotros mismos nos dedicamos a rehabilitar y ennoblecer nuestras pruebas, en cuanto acertamos a alejarnos de ellas lo suficiente para verlas en perspectiva.

El dolor es como las nubes: cuando estamos dentro de él, sólo vemos gris en rededor, un gris tedioso y trágico; pero en cuanto se aleja y lo dora el sol del recuerdo, ya es gloria, transfiguración y majestad.

 

 

LVI

NISI SERENAS

Rememora, por tanto, en la Serenidad, tus días de dolor; pero nunca pienses en las horas de ira, de encono, de turbulencia que hayan sacudido tu espíritu, pues lo sacudirán de nuevo con su solo recuerdo.

Haz, en cambio, noche a noche, el inventario de los minutos bellos, buenos, agradables; de los ratos plácidos que la Vida te haya otorgado en las dieciséis horas de vigilia, y fórmate con ellos un ramillete de flores para perfumar tu sueño.

Esta actitud te dará alegría, paz.

Tu último pensamiento antes de dormirte será así de gratitud.

Y si el recuerdo de alguna hora de impaciencia, de cólera, de despecho, viene a atormentarse, procura apartarlo dulcemente y dile a tu memoria lo que el célebre cuadrante solar de Pisa, construido por Marco Salvadori, ostenta como inscripción:

HORAS NON NUMERO NISI SERENAS.

 

 

LVII

GENERALIZACIÓN

No juzgues nunca de la armonía del Universo por este planetoide que ves, pensando que obras así de acuerdo con una discreta y razonable generalización.

Así como no vas a formar juicio de un palacio porque viste los sótanos, piensa que nunca jamás este mundo podría servir de comparación para las excelencias que la inagotable Mente Universal realiza en el cosmos sin límites.

¿Qué pensarías de un sabio que por la babosa o la cucaracha juzgase a los habitantes de este planeta?

(Cierto que hay algunos tan mezquinos que saldrían castigados con la comparación ...)

Las posibilidades del Universo son inimaginables.

La escala que vas a seguir recorriendo se pierde en el infinito.

No hay ensueño de filósofo, de poeta, de mujer, por milagroso que sea, que no quepa dentro de estas posibilidades espléndidas.

O como dijo Faraday: «Rien n’est trop merveilleux pour être vrai.»

 

 

LVIII

APRESÚRATE

Apresúrate a decir a tus hermanos el mensaje que para ellos se te ha dado.

Ya la Muerte llamó a tu ventana... y pasó de largo, como el rondador que hace un signo a la amada.

Quizá no ha ido muy lejos y volverá en breve.

Fue tal vez una advertencia para que festines tu trabajo.

Apresúrate a decir a tus hermanos cuanto has de decirles.

Apresúrate a amar: quizá Ella no está muy lejos y ya sabes cómo hiela los corazones...

Después tus hermanos te llamarán con amor y no podrás responderles: bien sabes que la tumba es el Mutismo de los Mutismos.

Apresúrate a amar con todo el amor que te queda.

Vierte sobre todos el resto de tu crátera, de tu amplia crátera cordial.

Apresúrate...

«Carpe diem! Carpe diem... »

 

 

LIX

SOCRÁTICA

¿Cuál es la hora más anhelosa?

La que precede a la primera cita.

¿Cuál es la luz más cruda?

La que sigue al primer desengaño.

¿Cuál es el verso más bello?

El que nos aclara un enigma interior.

¿Cuál es el benefactor más alto?

El que al otorgar una merced, todavía encuentra la manera de que el favorecido se crea favorecedor.

¿Cuál es el carácter más mezquino?

El que os recuerda los beneficios hechos.

¿Cuál es el mayor sosiego?

El del hombre que ya no espera nada de los hombres.

¿Cuál es el bien más saboreado?

Aquel que, después de cansar a la Esperanza, creíamos ya inaccesible.

¿Cuál es la más sublime sorpresa?

La del que encuentra a Dios dentro de sí mismo.

 

 

LX

ALÉGRATE

SI ERES PEQUEÑO, ALÉGRATE, porque tu pequeñez sirve de contraste a otros en el Universo, porque esa pequeñez constituye la razón esencial de su grandeza; porque para ser ellos grandes han necesitado que tú seas pequeño, como la montaña para culminar necesita alzarse entre colinas, lomas y cerros.

SI ERES GRANDE, ALÉGRATE, porque lo Invisible se manifestó en ti de manera más excelente; porque eres un éxito del Artista eterno.

SI ERES SANO, ALÉGRATE, porque en ti las fuerzas de la naturaleza han llegado a la ponderación y a la armonía.

SI ERES ENFERMO, ALÉGRATE, porque luchan en tu organismo fuerzas contrarias que acaso buscan una resultante de belleza; porque en ti se ensaya ese divino alquimista que se llama el Dolor.

SI ERES RICO, ALÉGRATE, por toda la fuerza que el Destino ha puesto en tus manos para que la derrames...

SI ERES POBRE, ALÉGRATE, porque tus alas serán más ligeras, porque la vida te sujetará menos, porque el Padre realizará en ti más directamente que en el rico el amable prodigio periódico del pan cotidiano...

Alégrate si amas, porque eres más semejante a Dios que los otros.

Alégrate si eres amado, porque hay en esto una predestinación maravillosa.

Alégrate si eres pequeño; alégrate si eres grande; alégrate si tienes salud; alégrate si la has perdido; alégrate si eres rico; si eres pobre, alégrate; alégrate si te aman; si amas, alégrate; alégrate siempre, siempre, siempre.