DESPIERTA LA LUZ CURATIVA DEL TAO

Mantak y Maneewan Chia

Editorial Mirach

1993, 2ª edición 2006

ISBN 84-87476-42-2

 

 

 

1. PANORÁMICA DE LA ALQUIMIA INTERIOR TAOÍSTA

Los fundamentos de la transformación:

La Alquimia Exterior e Interior

Durante más de cinco mil años, los maestros taoístas han investigado y desarrollado diversas prácticas para alcanzar la felicidad y la inmortalidad. Muchas de ellas erean métodos de Alquimia Exterior en los que se contaba con la Píldora Inmortal (Fig. 1-1) y pociones que utilizaban mercurio, cristales, esencias de cristales, esencias de flores, hierbas, piedras preciosas, etc. Los maestros más sabios se dieron cuenta de que los métodos externos resultaban limitados y de que algunos ingredientes eran difíciles de conseguir. La solución estaba en desarrollar métodos de Alquimia Interior, en los que pudiesen combinarse las energías del cuerpo con las de la tierra y el cosmos, transformándose para servir como ingredientes para alcanzar la inmortalidad y la felicidad. Tras muchos siglos de ensayos, estos métodos internos han demostrado su mayor eficacia para potenciar la salud y desarrollar el espíritu.

En su constante búsqueda de una fuente inagotable de energía, los taoístas desviaron su atención hacia dentro, para desvelar los misterios que envuelven su fuerza vital. Encontraron dentro un universo y descubrieron que era una imagen perfecta del universo exterior. Los maestros llegaron a la conclusión de que, para estar en conexión con el universo exterior, hay que conseguir antes el control de este universo interior, que ellos sentían como una corriente de energía o Chi que fluía por sus cuerpos.

Hay estudios científicos que corroboran los descubrimientos taoístas, indicando muchos paralelismos entre el mundo interior y el exterior. En su libro Powers of Ten, Phillip y Phyllis Morrison exponen esta investigación al explorar las relaciones que hay entre el microcosmos del cuerpo humano y el macrocosmos del universo. Los autores observan que una vista telescópica de mil años luz en el espacio es casi idéntica a la vista microscópica de las células humanas ampliadas a un ángstrom. Aunque los antiguos taoístas notasen en su interior esta relación, no tenían ningún medio de aportar una prueba tangible.

Mediante la meditación y la práctica de ejercicios internos, los maestros desarrollaron sus sentidos internos, con lo que podían conocer más cosas sobre su universo interior. Llegaron a descubrir la Órbita Microcósmica, el camino por el que corre la esencia destilada de energía interna, que sube por la espina dorsal y baja por la parte frontal del cuerpo. Se dieron cuenta de que este circuito conecta nuestros cuerpos físicos, de energía y espiritual y de que finalmente se puede utilizar para fundir los tres en un cuerpo inmortal. Con esta percepción nacía la Alquimia Interior (Fig. 1-2).

 

El Chi Wu y el universo: religión y ciencia

El antiguo Taoísmo tiene sus raíces en la observación profunda de los procesos universales que se producen de forma natural y en sus efectos sobre la naturaleza humana. La física newtoniana occidental considera estos procesos como mecánica de causa y efecto. El Taoísmo, en cambio, lo considera como influencias de un vasto mar de energía que está constantemente creando y recreando el universo por un número infinito de medios. La mayoría de las religiones y sistemas esotéricos estudian estos procesos por medio de escrituras y prácticas basadas en lo inmaterial. Por el contrario, los taoístas estudian al mismo tiempo el aspecto material y el inmaterial de la naturaleza y el universo, en la creencia de que lo inmaterial es, al mismo tiempo, origen y producto de lo material. En otras palabras, los procesos físicos y los no-físicos son recíprocamente unos origen de otros y los dos son necesarios para la co-creación y evolución del universo (FIg. 1-3).

El Chi Wu: nuestra fuente original

Mediante la observación de la naturaleza y los efectos que produce la energía en el cuerpo humano, los antiguos taoístas llegaron a poder localizar el punto de origen de la energía universal. Después de descubrir un sistema empírico para entrar en contacto con esta fuente de fenómenos observables, establecieron el concepto de vacío primordial como punto de partida de toda la creación. A este vacío se le dio el nombre de Chi Wu (Fig. 1-4). En el arte tradicional taoísta se representa por un círculo vacío, ya que está fuera del alcance de la descripción humana. Para que la energía empezase a producir los efectos y formas de la naturaleza y el universo, algo tuvo que moverse dentro de Chi Wu. Este primer movimiento produjo la separación de lo material y lo inmaterial y en aquel instante empezaron todos los procesos del universo.

Yin y Yang

Los taoístas llaman a las primeras variaciones observables de la Fuerza Universal que emana del Chi Wu Yin y Yang. Las dos cualidades de esta fuerza se pueden considerar como los polos positivo y negativo de la energía primordial. El Yin y el Yang son tendencias inseparables de toda energía y no hay posibilidad de que exista uno sin el otro. Sus interacciones son la base de toda acción universal. Por eso la polarización de Yin y Yang es un valor intrínseco de toda la creación (Fig. 1-5).

En las últimas décadas, la ciencia occidental ha desarrollado un concepto de creación original parecido al del antiguo Taoísmo. Los físicos creen que el origen de la materia y de todos los procesos universales está en una explosión a la que se llama Big Bang. Este acontecimiento original produjo la creación de partículas elementales dispuestas en configuraciones cada vez más complejas, que se convirtieron en los ladrillos con que se construyó toda la materia. Se calcula que el Big Bang se produjo hace unos 15 o 20 millones de años, iniciando así el proceso del tiempo y de la formación del universo conocido.

Los cinco procesos principales de la energía

Los taoístas observaron que las interacciones Yin y Yang siguen en todo el universo cinco esquemas básicos que llegaron a conocerse como Cinco Procesos de la Energía (Cinco Fases o Cinco Fuerzas). Esas interacciones se han traducido erróneamente como cinco elementos, confundiendo así el proceso con los verdaderos elementos físicos. En el Taoísmo los elementos físicos que se encuentran en la naturaleza representan simbólicamente el movimiento de los Cinco Procesos de la Energía. Así, el fuego representa el resurgimiento de la energía; el agua representa la caída de energía; la madera, su expansión; el metal, su solidificación, y la tierra representa la energía estable o centrada. Cada uno de estos Cinco Procesos de la Energía depende de las interacciones del Yin y el Yang que emana del vacío primordial.

Estos cinco procesos elementales son expresiones de la energía que se pueden observar en la naturaleza y en todo el universo. En el espacio regulan el movimiento de todos los planetas, estrellas y fenómenos cósmicos. En la naturaleza, fomentan las interacciones de los cinco elementos de fuego, agua, madera, metal y tierra. Dentro del cuerpo humano, influyen en los cinco órganos principales: corazón, riñones, hígado, pulmones y bazo. Lo mismo que la ciencia occidental considera los átomos y partículas subatómicas como unidades fundamentales de la materia, para el Taoísmo, los Cinco Procesos de la Energía son la esencia de todos los procesos. Las fuerzas que regulan el cosmos son idénticas a las que afectan físicamente a nuestro planeta y a nuestros cuerpos.

 

La influencia de las estrellas y la luz en nuestro universo interior

Otro ejemplo del paralelismo existente entre los universos interior y exterior es la forma en que afectan a nuestras vidas las energías de las estrellas. La energía de las estrellas puede manifestarse como diferentes colores de luz, distintas frecuencias de sonido o polvo cósmico. Los maestros taoístas descubrieron que la vida de todo ser humano la desarrollan y estructuran diversos grupos de estrellas (con sus planetas y las partículas cósmicas que producen) que influyen en ella. Esta influencia controla el nacimiento, la muerte, la fuerza vital y la buena o mala fortuna de cada individuo (Fig. 1-6).

Pare explorar detalladamente los esquemas de estas energías estelares, los taoístas desarrollaron la ciencia de la astrología a un nivel muy elevado. También aprendieron cosas sobre otra fuerza importante de energía, a la que llamaron Fuerza de la Tierra, que procede de las estrellas, pero se llega a ella a través de la tierra. La astrología china se distingue de la occidental en que da más importancia a la tierra, que está mucho más cerca de nosotros y, por esta razón, tiene una influencia sobre nuestro ser extraordinariamente mayor que la de los demás planetas. Los maestros taoístas consideraban la tierra como un ser grande, inteligente, cuyos cambios elementales y estaciones dominaban los cambios de la vida humana.

Aunque la astrología no es más que un aspecto esotérico del estudio cósmico, los efectos de las energías estelares sobre los seres humanos son reales, lo mismo que la radiación del sol (que es también una estrella) es real. Cada día de la vida de una persona representa una necesidad continua de absorber energía de los planetas, estrellas y partículas cósmicas. La absorción de estas energías de la tierra y las estrellas nutre los órganos, glándulas, sentidos, alma y espíritu de un ser humano.

 

Las tres fuentes principales de Chi externo

¿Qué son las Tres Fuerzas?

La primera fuerza se llama Fuerza Universal o Chi Celeste. Está formada por las energías de todos los planetas, estrellas y galaxias y la presencia del Amor Universal. Esta fuerza extensa que lo impregna todo nutre el alma, el espíritu y el Chi de cada individuo y de todo ser vivo. Los Taoístas dicen que la luna, que puede considerarse como un planeta, tiene un campo magnético muy fuerte que se combina con el campo de la tierra para atraer Chi de cientos de billones de estrellas y planetas de nuestra galaxia (Fig. 1-7). En la meditación, tenemos acceso a esta energía a través del punto de la coronilla que tenemos en la parte superior del cráneo.

La energía del Chi Cósmico o del Yo Superior es la segunda fuerza de la naturaleza. Partículas/ondas cósmicas (partículas de luz) forman parte del Chi Original que, con su movimiento espiral hacia la materia, forma las estrellas y los planetas. Las fuerzas magnéticas de la tierra, la luna y el universo hacen que estas partículas se muevan por el espacio como polvo. Los taoístas creen que la carne humana está formada de polvo cósmico caído del universo, tal como nos dice la Biblia.

Esas partículas nutren la mente y las esencias de todos los órganos internos, glándulas y sentidos de esta dimensión física. Los seres humanos están considerados como la manifestación más elevada de la Fuerza Cósmica y del Yo Superior, capaces de acumular esta energía en sus cuerpos mediante la meditación y el retorno a su fuente primordial. Nuestra puerta principal para la absorción de esta energía es el punto del entrecejo.

La Fuerza de la Tierra es la tercera fuerza de la naturaleza, de la que forman parte las energías de la Madre Tierra: todos los vegetales, animales, agua, minerales y formaciones naturales (océanos, montañas, etc.) de nuestro planeta. La fuerza de gravedad de la tierra, el campo electromagnético que la rodea y los cinco elementos de la tierra son algunos de los principales aspectos de esta energía. Nosotros tenemos acceso a la Fuerza de la Tierra por la planta de los pies y la pasamos al torso, al perineo y a los órganos sexuales. Estas energías nutren el cuerpo físico, suministrando nuestra fuerza vital diaria y dándonos fuerzas para curarnos. También alimentan el alma y el espíritu que hay en nosotros, cuando la fuerza Yin equilibra la Yang desde arriba.

Las Tres Fuerzas mantienen todas las formas de vida

La Fuerza Universal, la Fuerza del Yo Superior de los seres humanos y la Fuerza de la Tierra trabajan juntas en armonía para mantener todas las formas de vida (Fig. 1-8). Los antiguos taoístas llamaban a estas tres fuerzas reguladoras Tres Puras, porque eran las primeras energías que salían del Chi Wu o Gran Vacuidad. Tradicionalmente se visualizaban como tres emperadores que moraban en los tres Tan Tiens, los palacios superior, medio e inferior del cuerpo. Cultivando estas tres fuerzas, que se manifiestan en el cuerpo humano como Ching, Chi y Shen, desarrollamos los cuerpos físico, de energía y espiritual, respectivamente.

El Tan Tien superior conecta con el cerebro, las glándulas y las energías cósmicas y universales, mediante la fuerza de Shen o espíritu. Está formado por el Tercer Ojo, la coronilla y toda la cabeza.

El Tan Tien medio conecta con el corazón y todos los demás órganos, mediante la fuerza natural de nuestra alma, conocida como Chi.

El Tan Tien inferior conecta el cuerpo físico, la energía sexual y la Madre Tierra, mediante la fuerza conocida como Ching (también se pronuncia Ying algunas veces). Se encuentra entre el ombligo y los riñones.

Vegetales, animales y minerales: Nuestras fuentes secundarias de la Fuerza Universal

Los taoístas observaron que las plantas y los árboles crecen siempre hacia arriba para absorber la Fuerza Universal en forma de luz y ondas cósmicas del sol, la luna y las estrellas. Los animales, en cambio, consumen vegetación para absorber esta fuerza indirectamente, mientras que los humanos la reciben tanto de la vida vegetal como de la animal. Las plantas, los animales y los minerales hacen una especie de digestión previa de la Fuerza Universal y nos la facilitan en los alimentos que, junto con la respiración, se han convertido en nuestros únicos medios de absorber energía, ya que hemos ido olvidando poco a poco el modo de absorberla directamente.

La digestión de los alimentos es un método poco eficiente de absorber Chi de fuentes secundarias. Como hemos llegado a tener esta dependencia de tales fuentes, los promedios de vibración de nuestro cuerpo han ido reduciéndose hasta recibir estas pequeñas cantidades, que es todo lo que pueden suministrarnos. Por eso es por lo que son tan importantes las meditaciones de la Sonrisa Interior y de la Órbita Microcósmica, ya que son los medios por los que podemos volver a absorber directamente estas fuerzas.

Los seres humanos, canales de la Fuerza Universal y de la Fuerza de la Tierra

Aunque con muchas limitaciones, recibimos directamente de la naturaleza parte de las fuerzas dadoras de vida; pero se necesitan prácticas de meditación para almacenarlas en el cuerpo. Los taoístas advirtieron que, a diferencia de otros animales, los seres humanos se mantienen en posición erecta, con la cabeza dirigida hacia el cielo y el cóccix, hacia la tierra, creando un canal directo para la Fuerza Universal y la de la Tierra. Con esta posición erecta, el cóccix dirige la Fuerza de la Tierra hacia arriba, mientras que la cabeza encauza la Fuerza Universal hacia abajo. Las dos fuerzas se combinan en el cerebro y se extienden por todo el cuerpo, que, de esta forma, se nutre y fortalece (Fig. 1-9).

Este canal es el origen de nuestro desarrollo mental que, según el Taoísmo, ha superado al del reino animal conocido, ya que estas fuerzas potencian de forma natural los poderes de la mente. Los animales, en especial los cuadrúpedos, tienden a levantar la cola hacia el cielo para canalizar la Fuerza Universal hacia abajo, mientras absorben la Fuerza de la Tierra por los cuatro pies (Fig. 1-9). Esta canalización da fortaleza al cuerpo antes de que la energía llegue al cerebro (aunque, al final, ambas fuerzas se dirigen a la cabeza), proporcionándoles más fortaleza física, en vez de la capacidad mental superior que reciben los humanos.

En los humanos, la Fuerza Universal fluye hacia abajo, formando una espiral en el sentido de las agujas del reloj que se dirige hacia la coronilla, por donde entra en el cuerpo y nutre todas las glándulas de la cabeza, antes de continuar su camino bajando por el paladar. La Fuerza de la Tierra asciende por las plantas de los pies, subiendo por los órganos genitales, el perineo, el cóccix y pasando por el centro del corazón, hasta llegar a las glándulas salivares de la lengua. Hay otro camino que lleva la Fuerza de la Tierra por la espina dorsal hasta el cerebro. Así es como los humanos tienen la posibilidad de canalizar las esencias de las Fuerzas Universal y de la Tierra para equilibrar y fortalecer el cuerpo, la mente y el espíritu (Fig. 1-10). Empujando con la lengua hacia arriba, contra el paladar, se conectan los dos canales de la Órbita Microcósmica y se activan las fuerzas que hay en la saliva, que se hace más dulce y fresca con la energía. Los taoístas consideran la saliva como una mezcla de la Fuerza Universal y la Fuerza de la Tierra.

El Ciclo Celeste Mayor y el Ciclo Celeste Menor

Todas las criaturas vivas absorben las tres fuerzas principales, de acuerdo con la órbita que describe la tierra alrededor del sol. El desplazamiento de la tierra por el universo, haciendo una órbita completa cada 365’25 días, forma parte de la Órbita Microcósmica de la Fuerza Universal, dando lugar a las cuatro estaciones y los cambios correspondientes de la energía de la tierra (Fig. 1-11). Si nuestra fuerza principal (Chi Original) no es lo suficientemente abundante para atraer y absorber la Fuerza Universal, recibimos menos energía de la que gastamos en nuestra actividad diaria, vaciando así nuestro cuerpo y propiciando el envejecimiento, la enfermedad y la muerte. Es algo parecido a lo que ocurre con las baterías: si no nos acordamos de cargarlas, se secan y pierden toda posibilidad de cargarse de nuevo.

Al abrir la Órbita Microcósmica (Ciclo Celeste Menor) que hay en nuestro cuerpo, podemos establecer un vínculo de unión con la Órbita Macrocósmica (Ciclo Celeste Mayor) del universo y, mediante este vínculo, podemos abrir una espita en la fuente original de toda fuerza y absorber de ella (Fig. 1-12). Los taoístas aprenden a absorber y transformar esta fuerza directamente, en vez de depender por completo de las plantas, los animales y los movimientos de la tierra para que les faciliten la energía. Después de formar el Cuerpo de Energía y expandirlo en el espacio, aprenden a conseguir energías más puras y refinadas (Fig. 1-13). Esto significa que los seres humanos no están necesariamente limitados por la órbita de la tierra. Podemos extendernos por el universo para sacar las fuerzas que necesitamos para rellenar nuestra fuerza vital (Fig. 1-13 y 1-14). Las Tres Puras son las fuentes de nuestro Chi Prenatal u original. En cambio, es nuestro Chi Original el que nos ayuda a extraer y absorber las Fuerzas Universal, del Yo Superior y de la Tierra. Si logramos absorber y digerir más energía de estas tres fuerzas, llegaremos a recuperar cualquier pérdida de Chi Original que se haya producido a lo largo de nuestra vida (Fig. 1-15). La abundancia de este Chi Original hace que se asimilen mejor todas las demás formas de energía. Combinando las fuerzas externas con las energías internas se tiene un cuerpo más sano y una fuerza vital más poderosa. Con las prácticas de meditación, como es la Órbita Microcósmica, este proceso se potencia diez veces.

 

 

2. EL CHI

¿Qué es el Chi?

Tal vez el principio más básico y general del pensamiento taoísta sea el concepto de Chi. Su importancia para la filosofía china se ha planteado en las obras populares de Lao Tzu (604-511 A.C.) y chiang Tzu (399-295 A.C.); pero sus orígenes se remontan a mucho antes. La palabra Chi tiene muchas traducciones, como energía, aire, aliento, viento, aliento vital, esencia vital y muchas más. Aunque es difícil de definir, se puede considerar como la energía que activa el universo.

El Chi se condensa y se dispersa, en ciclos alternativos de energía negativa y positiva (Yin y Yang), y se materializa en diferentes formas y aspectos. No se puede crear ni destruir. En cambio, el Chi se transforma y reaparece en nuevos estados de existencia. Según esto, todos los estados de existencia son manifestaciones temporales del Chi, especialmente los de la materia física.

El Chi es el origen de todo el movimiento del universo (Fig. 2-1). Los movimientos de las estrellas y los planetas, la radiación del sol y los esquemas de nuestros pensamientos y emociones se producen gracias al Chi. Está considerado como la fuente de nuestra fuerza vital y el factor animado que hay en todos los seres vivos.

El Chi, además, mantiene las cosas unidas. Es lo que hace que los componentes de nuestros cuerpos no se separen y disipen. Cuando un cuerpo humano pierde su aliento vital, desaparece de él la energía original (fuerza vital) y deja que se descomponga.

El Chi mantiene en su lugar los órganos, las glándulas, los vasos sanguíneos y demás partes del cuerpo. Cuando se debilita el Chi, puede producirse una relajación de los órganos en la que caen de su posición normal, produciéndose un mal funcionamiento y la falta de salud. El Chi, además, calienta el cuerpo; cualquier aumento y disminución del calor del cuerpo indica la fortaleza de su flujo. Pensamos que la sangre caliente de los mamíferos es un “signo vital” que demuestra la presencia de Chi.

El Chi que forma los cielos y la tierra es, en esencia, el mismo que forma los seres vivos. Los antiguos filósofos chinos lo expresaron así:

El Chi Wu (el Gran Vacío) está formado por Chi. El Chi se condensa y se convierte en millones de cosas. Las cosas se desintegran necesariamente y vuelven al Chi Wu. Si se condensa el Chi, se hace visible y aparecen las formas físicas. El Chi que está dispersándose es substancia, lo mismo que cuando está condensándose. Todo nacimiento es una condensación y toda muerte, una dispersión. El nacimiento no es una ganancia ni la muerte es una pérdida… Cuando se condensa, el Chi se convierte en un ser vivo; cuando se dispersa, es el substrato del cambio. – Zhang Tsai (1020-1077).

El ser humano está formado por el Chi del Cielo y el de la Tierra. A la unión del Chi del cielo y el de la Tierra se le llama ser humano. – Simple Questions, capítulo 26 (Fig. 2-2).

En su libro The Foundations of Chinese Medicine, Giovanni Maciocia dice:

Según los chinos, hay muchos “tipos” distintos de Chi humano, desde el tenue y rarificado hasta el más denso y tosco. Sin embargo, todos estos tipos diferentes de Chi son, en definitiva, un solo Chi que se manifiesta de diferentes formas.

El libro del Génesis, de la Biblia, dice “Dios creó al hombre a Su imagen”. De un modo parecido, en el pensamiento chino los seres humanos son un microcosmos del universo. Así, pues, el Chi fluye por el universo y también por los seres humanos. Estudiando la forma de actuar de nuestro Chi, podemos conocer cómo actúa el universo. En la Alquimia Interior Taoísta, empezamos el proceso de exploración espiritual dentro del laboratorio de nuestros propios cuerpo y mente.

El máximo objetivo de la Alquimia Interior Taoísta es transformar nuestras células para que se unan con la Energía Cósmica (Yo Superior) y se conviertan en células cósmicas inmortales del universo (Fig. 2-3).

 

El Chi en otras culturas

La idea del Chi no es exclusiva de los chinos. Casi todas las culturas del mundo tienen una palabra para expresar este concepto. El Dr. John Mann y Larry Short, autores de The Body of Light, cuentan 49 culturas del mundo que articulan el concepto de Chi de algún modo.

En hebreo, la palabra que utilizan es Ruach y aparece en el primer capítulo del Génesis:

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. El mundo no tenía forma y estaba vacío y las tinieblas estaban sobre la superficie de lo profundo y el Ruach [espíritu, viento o hálito] de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. – Génesis I:1-2.

El Ruach estaba presente en la creación del universo, incluso antes que la luz. Este término significa Hálito de Dios o Hálito Divino.

En japonés se emplea el término Ki, ampliando el concepto de Chi para incluir la idea china de Yi o propósito, que da a entender que nuestra mente o voluntad tiene una influencia transcendental para gobernar el movimiento del Chi, algo muy importante para la meditación y las artes marciales.

En sánscrito, la palabra que significa Chi es Prana; en tibetano, Lung; en la lengua de los siux lakota se conoce como Neyatoneyah; los bush del Kalahari le llaman Num, que significa energía que hierve, y, en el mundo islámico, se le llama Barraka. Aunque son muchas las culturas que tienen conocimiento del Chi, los chinos han refinado este concepto y lo han integrado en su cultura a un nivel inigualable. El Chi es el factor central en torno al cual giran en China la medicina, las artes marciales, la meditación, la ciencia, la pintura, la caligrafía, la arquitectura, la decoración interior y la poesía.

 

El concepto occidental de Chi

En contraste con la mayoría de las culturas del mundo, el concepto de Chi generalmente no aparece en la medicina contemporánea occidental ni en los círculos científicos establecidos, más conservadores. Sin embargo, no ha de sorprender que la idea de energía de fuerza vital y su relación con la curación la han aceptado y explorado muchos investigadores occidentales.

F.A. Mesmer (1734-1815), el famoso médico austriaco, fue en Occidente un pionero de la investigación de los principios de la energética. Llevó a cabo muchos experimentos y demostraciones públicas de los fenómenos que llamaba “magnetismo animal”. Mesmer creía que podía aprovechar una fuerza magnética universal y dirigirla con sus manos para curar a la gente. Tuvo muchos éxitos, sobre todo en casos de histeria; pero sus ideas no fueron aceptadas por los médicos convencionales. Como Mesmer no demostró nunca en un laboratorio la existencia del magnetismo animal, lo tomaron por embaucador. La organización médica oficial acabó presionando para que se marchase de Viena.

Mesmer se enfrentó a situaciones similares cuando se trasladó a París y los médicos de allí nombraron una comisión para investigar sus prácticas. La comisión tuvo que admitir que sus métodos daban resultado; pero se negaron a aceptar sus explicaciones del magnetismo animal y prefirieron no atribuir sus éxitos a ningún principio científico conocido. Sus métodos, a los que en principio llamaron mesmerismo, se conocieron después como hipnosis.

En fechas más recientes, Wilhelm Reich, uno de los primeros discípulos de Sigmund Freíd, se intrigó mucho con algo a lo que llamó “orgón”, una forma de energía cósmica primordial (Chi) que él relacionaba con la energía sexual. Recibió muchas críticas y se vio perseguido por sus teorías, a pesar de sus muchos éxitos clínicos. La U.S. Food and Drug Administration consiguió una orden inapelable contra él, en la que se le prohibía vender aparatos para acumular orgón, basándose en que no se podía demostrar la existencia del orgón. Reich no quiso defender sus ideas científicas en los tribunales ni hizo caso a la prohibición. Fue juzgado por desacato a los tribunales, condenado y sentenciado a dos años de cárcel en una penitenciaría federal. Murió en la prisión de Lewisburg, en 1957.

En Occidente empezó a cambiar la situación cuando el Presidente Richard Nixon restableció las relaciones diplomáticas con China en 1972. En Beijing, unos médicos chinos realizaron una operación quirúrgica a un corresponsal del New York Times, James Reston, sin más anestesia que la acupuntura. Desde entonces, son muchas las delegaciones de médicos occidentales que se han desplazado a China y han presenciado acontecimientos similares. Por fin, la medicina occidental tuvo que admitir que los médicos chinos conocen aplicaciones prácticas del Chi que curan realmente el cuerpo humano. En pocos años, se abrieron por Estados Unidos y Europa muchas escuelas de medicina china y en casi todas las ciudades occidentales hay muchos acupuntores a disposición de los enfermos.

Como el concepto de Chi no está limitado a ninguna zona concreta de la ciencia occidental normal, resulta difícil de comprender para los occidentales. NO se encasilla ni en la física, ni en la ingeniería electrónica, ni en la bioquímica, ni en la medicina, ni en la psicología, aunque tiene una relación innegable con todas estas ciencias; pero están apareciendo unos cuantos científicos con ánimo de sintetizar, que están bien preparados y tienen la curiosidad suficiente para investigar el Chi. Resulta muy interesante que las endorfinas, los calmantes naturales del cuerpo, se descubriesen cuando se estaba investigando la forma de anestesiar mediante la acupuntura. Este no es más que el primero de los muchos adelantos científicos que se producirán según vayan avanzando los hombres de ciencia en su investigación del Chi.

Actualmente son muchos los científicos de prestigio que están explorando los fenómenos del Chi. El Dr. Herbert Benson, médico y autor de The Relaxation Response dirige ahora un proyecto de investigación sobre el Chi-Kung. El Dr. David Eisenberg, licenciado en la Facultad de Medicina de Harvard, escribió Encounters with Chi, un libro sobre las experiencias que tuvo con maestros de acupuntura y Chi-Kung cuando estudiaba en una escuela de acupuntura de China. El Dr. Robert Becker, ortopeda de la Universidad de Syracuse y autor de The Body Electric (Fig. 2-4) está tratando de explicar el Chi a la luz de su investigación sobre la bioelectricidad y su relación con la mente y la curación. Fue la investigación del Dr. Becker sobre la electricidad y su función regenerativa la que condujo al método actual de utilizar corrientes eléctricas de bajo nivel para estimular la unión de fracturas.

 

El Chi y la autocuración

Desde la perspectiva taoísta, la salud y la curación dependen de la cantidad y la calidad del Chi del cuerpo. La acupuntura, la acupresión, la herbología y otras muchas artes curativas actúan directamente para equilibrar la energía interna. El Chi es un factor causal de una amplia gama de fenómenos del cuerpo. Por ejemplo, una deficiencia de Chi en los riñones puede producir una enfermedad física o psíquica que se caracteriza por nerviosismo, inhibición sexual o impotencia. Tanto el exceso como la falta de Chi pueden producir enfermedades.

El ejercicio fortalece los músculos con la energía del cuerpo y potencia nuestra capacidad para consumir más Chi. Los taoístas descubrieron que, al abrir los principales canales de energía, se puede aumentar la circulación del Chi de un modo más eficaz, ampliándola con energía absorbida de fuentes externas. Aseguran que la meditación, una dieta adecuada y el ejercicio físico son muy importantes para la propia vida y para el crecimiento espiritual.

La mayoría de las enfermedades y dolencias se deben a bloqueos de Chi, ya que se condensan demasiados protones en lugares donde no conviene. Esto dificulta el flujo de electrones por los principales canales del cuerpo. Liberando esos bloqueos y aumentando el flujo de Chi, podemos curarnos muchas veces nosotros mismos, sin recurrir a tratamientos médicos. Trabajar con el Chi para curar el cuerpo es una especie de acupuntura sin agujas. Utilizando los sentidos interiores para hacer que circule el Chi por la Órbita Microcósmica, tendremos un canal limpio y abierto para que se mantenga nuestra salud interna por sí misma. No sólo se liberan los bloqueos cuando se potencia el flujo natural de Chi, sino que esta práctica ayuda al cuerpo a absorber más Chi de otras fuentes (Fig. 2-5).

El Chi externo que se recibe de la tierra, sol y las estrellas se puede transformar y refinar en un incremento de fuerza vital para la autocuración y el crecimiento espiritual. Los centros de la Órbita Microcósmica reciben un suplemento de Chi de estas fuentes, así como de los órganos y glándulas. La circulación de esta energía alimenta todos los puntos que tienen deficiencia y equilibra en general el Chi de todo el cuerpo, reduciendo la necesidad de recurrir a la acupuntura u otras artes curativas. El trabajo interior nos es el mejor medio de mantenimiento de la salud y de la medicina preventiva.

Los maestros taoístas de los tiempos modernos pueden ver las deficiencias energéticas que producen las enfermedades. También son conscientes de lo difícil que puede ser enseñar a la gente a curarse por sí misma, sobre todo si están graves. Sin embargo, han comprobado que es mejor enseñar a curarse por sí mismo que hacer que los demás dependan de ellos para su curación. Pero hay ocasiones en las que las técnicas de autocuración pueden no estar al alcance de uno. Por eso, los taoístas han desarrollado diversos tipos de meditación Chi, Alquimia Interior y acupuntura, que pueden utilizar el poder de la mente, algunos ejercicios de Chi-Kung o agujas para eliminar los bloqueos que producen el dolor y la enfermedad.

 

 

Los dos tipos de Chi interno: hereditario y adquirido

Aunque hay muchos tipos diferentes de Chi, todos ellos se dividen en dos categorías básicas: el hereditario y el adquirido.

Chi Hereditario

El Chi Hereditario es el que permanece con nosotros desde la concepción hasta la muerte. Nos nutre en el seno materno y es la base de nuestra fuerza vital hasta que morimos. Los chinos le llaman Fuerza Preceleste, Chi Celeste Primitivo, Hálito Prenatal o Energía Prenatal. Aunque hay muchos tipos de Chi Hereditario, el más importante para el propósito que nos ocupa en este momento es el Chi Original o Fuerza Original (Chi Yuan) (Fig. 2-6).

Chi Adquirido

En el Chi Adquirido entran todos los tipos de Chi producido después del nacimiento. Los chinos le llaman Hálito Postceleste, Fuerza Celeste Posterior, Chi Postnatal o Energía Postnatal. Es muy importante advertir que todos estos términos pintorescos no son más que traducciones diferentes de las mismas palabras chinas.

Las fuentes primarias de este Chi son los alimentos que comemos, el agua que bebemos y el aire que respiramos. Además, tanto si somos conscientes de ello como si no, estamos continuamente recibiendo energía de las Tres Fuerzas: Energía Universal o Celestial, Energía del Yo Superior o Cósmica y Energía de la Tierra. Las prácticas taoístas están encauzadas para enseñarnos a sintonizar, absorber y digerir mejor estas energías de las Tres Fuerzas.

 

El Chi Original de los humanos

Chi Original: nuestra Fuente de Fuerza Vital

Aunque procede de las fuerzas del Cielo y de la Tierra, el Chi Original se instila en nuestros cuerpos mediante el amor y la unión sexual de nuestros padres. Los taoístas creen que durante el acto de amor y sexo todas las esencias corporales del hombre y de la mujer se condensan en Chi orgásmico que atrae y combina las fuerzas Universal, del Yo Superior y de la Tierra. Las energías orgásmicas Yin y Yang se combinan con estas fuerzas externas cuando se unen el esperma y el óvulo, estableciendo nuestro Chi Original en el momento de la concepción (Fig. 2-7). Los taoístas llaman a esto Reunión del Cielo y la Tierra.

Cuando se han unido estas fuerzas, sacan fuerzas aún superiores del Chi Wu. El acto de amor y unión sexual extrae tal cantidad de estas fuerzas poderosas que puede crear una nueva vida humana (Fig. 2-8). Durante el embarazo y después del nacimiento, el niño está nutriéndose continuamente con estas fuerzas por medio de los nutrientes que le proporciona su madre (primero, a través del cordón umbilical y, después, con la lactancia).

Chi Original: la batería del cuerpo

Cuando se corta el cordón umbilical y empezamos a respirar, el Chi Original se almacena en nuestro cuerpo, lo mismo que la carga de una batería. En la fisiología taoísta, el Chi Original se almacena en el espacio que hay entre el ombligo, los riñones y el centro sexual, ligeramente por encima de la zona pélvica (Fig. 2-9). En todo momento del día estamos sacando parte de este Chi para la combustión de energía de fuentes externas, como el alimento, el aire y las energías de la tierra, la luna, el sol y las estrellas.

Este proceso se puede comparar con el sistema eléctrico de un automóvil, que depende de la batería para empezar a funcionar (Fig. 2-10). La chispa producida por la batería, junto con la mezcla de aire y combustible, produce una combustión interna. La fuerza de la combustión interna pone en funcionamiento el motor que, a su vez, hace que se mueva el coche. Cuando se ha conseguido arrancar y está funcionando el motor, ya no se necesita la batería para producir la chispa, porque es el generador o alternador el que se encarga de mantener la corriente. Entonces, el generador restituye cualquier pérdida de carga de la batería. Cuando la batería está en buenas condiciones, puede estar recargándose continuamente, del mismo modo que el Chi Original se puede rellenar indirectamente con el Chi que tomamos de los órganos vitales, el alimento y el aire o directamente por medio de cualquiera de las Tres Fuerzas Principales.

El Chi Original puede salir del cuerpo de muchas maneras, como por hablar, trabajar o leer demasiado, soñar despierto o tener una actividad sexual excesiva. En otras palabras, vaciamos nuestro Chi Original cuando no utilizamos correctamente nuestros sentidos y nuestra energía sexual. Los taoístas consideran la energía sexual como una parte importante de la Fuerza Original.

Hoy día, nos vemos tentados a disipar nuestra fuerza vital en muy diversas direcciones. Muchos anuncios de prensa y televisión, por ejemplo, están diseñados con el propósito de activar nuestros deseos sexuales. Una vez activado el deseo sexual, éste estimula también los deseos sensuales. Estos deseos extraen Fuerza Original para combinarla con el mensaje del anuncio. Entonces se cargan nuestros sentidos de anhelo de cualquier tipo de estímulo o producto, que es lo que pretende quien pone el anuncio (Fig. 2-11). Se nos convence para comprar y consumir muchas cosas que no necesitamos. Este exceso de consumo agota la fuerza vital y nos impide utilizarla en fines curativos y espirituales, más productivos.

Otros muchos factores que encontramos en la vida diaria agotan nuestras reservas de Fuerza Original y energía sexual. Cuando se pierde mucha energía sexual, mediante la eyaculación o la menstruación, empiezan a debilitarse tanto la voluntad (que está relacionada con los riñones y la energía sexual) como el cuerpo. Cuando no hay fuerza de voluntad, empiezan a aparecer malos hábitos en las comidas. Comer mal, criticar a los demás, la obsesión sexual y un lenguaje grosero hacen que se pierda más energía sexual por la boca. Fijarse en los defectos de los demás y ver pornografía agota la energía sexual por los ojos y debilita el hígado. Escuchar chismes y críticas hace daño a los oídos y los riñones y gasta directamente energía sexual. Las ideas negativas, pensamientos obscenos, soñar despierto y el exceso de fantasías sexuales agotan el cerebro, la médula y la energía sexual (Fig. 2-12).

Los antiguos maestros taoístas advertían “¡Guardad vuestros sentidos y vuestra energía sexual!” Estamos acostumbrados a un constante ataque violento contra nuestros sentidos y lo aceptamos como parte de nuestra cultura; pero hemos de reconocer los peligros de la publicidad y liberarnos de sus efectos alienantes. Si queremos controlar nuestra vida, tenemos que guardar y conservar nuestra fuerza vital y nuestra energía sexual.

Conservando el Chi Original, podemos aumentar la resistencia y la longevidad; pero, si no nos preocupamos de recargarnos, nuestras baterías internas acaban debilitándose.

Cada vez que hacemos una inhalación, sube a la boca el Hálito Original desde el bajo vientre y se mezcla con el aire que tomamos de fuera. Podemos aprender a atraer la Fuerza de la Tierra por los órganos sexuales, el perineo y el sacro; la Fuerza Cósmica, por el entrecejo, y la Universal, por la coronilla. Las técnicas avanzadas de respiración nos permiten respirar por todo el cuerpo (Fig. 2-13).

Una inhalación y una exhalación adecuadas del aire hacen que suba la energía y baje después por el Canal Funcional por la boca. Si no sabemos hacer que baje esta energía al ombligo o no nos preocupamos de hacerlo se nos escapará por la nariz o por la boca con las exhalaciones. Podemos perder incluso más Chi Original si nos fatigamos demasiado y tenemos una respiración insuficiente.

Cómo aumentar y recuperar el Chi Original

Fijándote en tu Chi vital hasta que sea lo más suave posible, ¿puedes ser como un niño? – Lao Tsu

Si disponemos de un rato a lo largo del día, nos viene muy bien recoger los sentidos y deseos sexuales y fijar la mente, los ojos y el corazón en la Fuerza Original. Esto ayudará a conservar y aumentar la Fuerza (Fig. 2-14).

La respiración correcta y la Órbita Microcósmica

Una de las principales razones para poner en práctica la Órbita Microcósmica es hacer que el cuerpo vuelva a un estado de inocencia y virtud, como en la infancia, cuando nuestra energía era pura y estaba completa. Según cuenta la Biblia, Jesús decía que, si queremos volver a Dios, tenemos que hacernos como niños. Mediante la meditación de Órbita Microcósmica, podemos hacer que nazca un nuevo ser, recuperar la Fuerza Original perdida y volver a un estado infantil de energía.

Como hemos dicho antes, el Hálito Original sube hasta la boca, donde se mezcla con los alimentos que tomamos y el aire que respiramos. Podemos aprender a tomar conscientemente las Fuerzas Universal, del Yo Superior y de la Tierra, para mezclarlas con el Chi Original y bajarlas después por el Canal Funcional hasta el ombligo, donde se pueden refinar para aumentar y recuperar el Chi Original.

El aprendizaje y la práctica de la meditación de la Órbita Microcósmica es el mejor medio de conservar el Chi Original. Si mantenemos abierto el flujo de los canales y atraemos energía exterior al cuerpo, conservamos nuestro Chi Original y aumentamos nuestra capacidad para digerir y utilizar las energías que tomamos de fuera, a las que llamamos Chi Externo o Chi Adquirido. Lo mismo que en la economía, es mejor gastar los intereses que recibimos por lo que hemos heredado o ahorrado que agotar el capital consumiendo más de lo que cobramos o ganamos.

Absorción de Energía Cósmica con la respiración

Los taoístas dicen que hay una fuerza vital en el aire; pero es distinta de los elementos principales, como el oxígeno, el nitrógeno y el dióxido de carbono. El aire está también compuesto de iones (protones y electrones cargados), que muchas veces se agotan por la polución, la superpoblación de las ciudades, el aire acondicionado, los edificios de hormigón y otras características de la sociedad moderna. Sin estas partículas de energía, la gente se encuentra débil y cansada. La ciencia está estudiando la forma de reponer estas partículas en las zonas donde se han agotado por la acción del hombre; pero, para absorber sus energías, tenemos que extraerlas del aire, lo mismo que el pez extrae el oxígeno del agua. Los maestros taoístas utilizan la mente, el ojo interior y el corazón para distinguir y catalogar las diversas formas de Chi que hay en la naturaleza y en el universo (Fig. 2-15).

La respiración es una de las funciones más importantes para mantener nuestras vidas. Sin embargo, muchos de nosotros no nos damos cuenta de que las partículas cósmicas de energía que hay en nuestra atmósfera son tan importantes para nuestra supervivencia como el oxígeno. Esas partículas ionizadas se conocen también como Fuerza Celeste Posterior. Los electrones cargados producen corriente eléctrica dentro de nuestras células. Si éstas se vacían, podemos sentirnos débiles, cansados y deprimidos, sufrir estados emocionales negativos o incluso enfermedades físicas.

Los taoístas se dieron cuenta de que absorber energías externas en los pulmones mediante la respiración no significa que se aprovechen al máximo en beneficio del cuerpo. También descubrieron que se puede separar el Chi del aire cuando se está inhalando y mezclarlo con la Fuerza Original de la saliva. Entonces podemos tragar esta energía con la saliva para que pueda aprovecharla el cuerpo inmediatamente y de una forma más eficaz. También podemos utilizar el punto del entrecejo, las palmas de las manos y la piel para absorber energías que pueda utilizar el cuerpo. Para ayudarnos a coger fuerzas externas, los maestros taoístas crearon muchos ejercicios, como el Chi-Kung, el Tai Chi o diversas formas de meditación. Algunas meditaciones, como la de la Órbita Microcósmica, son el medio más directo de captar estas energías.

Conservando la Energía Sexual se mantiene y restablece nuestra Fuerza Original

Debemos mantener también nuestra energía sexual, a la que los taoístas llaman Chi Ching. Forma parte de nuestra Fuerza Original, que puede aumentar siempre que se conserve el Chi Ching. Cuando recibe el suplemento de las energías del aire que respiramos y los alimentos que ingerimos, nuestra Fuerza Original ayuda al cuerpo a producir energía sexual. La gente se queda inconscientemente vacía de esta energía, por una eyaculación excesiva o por la menstruación, desperdiciando una increíble fuente de energía vital en potencia. Al encauzar la energía sexual hacia los órganos y glándulas internos (Fig. 2-16), se puede tener una sexualidad maravillosa y abundancia de energía para curar y rejuvenecer el cuerpo. Se ha descubierto que la energía sexual o Chi Ching es la fuerza más poderosa que tiene el cuerpo, si se recicla en el interior. Este proceso cura y fortalece los demás órganos y glándulas, aumentando su producción de Chi.

El esperma y el óvulo son las esencias condensadas de las fuerzas Universal y de la Tierra, y su fuerza, el Chi Ching, se mezcla con regularidad si se recicla. Recurrir a estas fuentes de energía aumenta enormemente la fuerza vital y un aumento de fuerza vital se traduce en alimento para el cuerpo, la mente y el espíritu. El primer paso para transformar la energía sexual en Fuerza vital es abrir los canales de la Órbita Microcósmica para que el Chi positivo pueda circular hasta los centros superiores y transformarse para satisfacer las necesidades del cuerpo.

 

El Chi y la meditación

Hace miles de años, los maestros taoístas descubrieron los centros de Chi del cuerpo, mediante la observación interior. Para ello había que apartar el cuerpo de los estímulos externos y meditar, para que, de este modo, se activasen los sentidos internos. Mediante procesos de relajación mental y física y utilizando sus sentidos interiores, los maestros descubrieron que algunas partes el cuerpo tienen más Chi que otras. Sirven como puntos de acumulación de nutrientes para unos órganos y glándulas concretas. Estos centros pueden recibir el Chi de fuentes externas, como la fuerza electromagnética, la vibración de la tierra, la luz y la frecuencia o sonido de la luna, el sol y las estrellas. A este alimento se añade la Fuerza Universal, bajo la forma de la luz roja y violeta del amor incondicional (Fig. 2-17).

Los maestros descubrieron que estos centros se conectan para formar un circuito al que llamaron Órbita Microcósmica. Por entonces, no tenían el conocimiento que tenemos nosotros de la electricidad y, a pesar de todo, fueron capaces de acceder al flujo de energía electromagnética del cuerpo (Chi).

Los maestros aprendieron a utilizar la mente y el ojo interior para guiar el Chi por este circuito. Lo utilizaban para curarse ellos mismos, estableciendo así la base de un trabajo espiritual. Según iban desarrollando sus sentidos internos para distinguir y catalogar el Chi dependiendo de sus diversas fuentes (el sol, la luna, las estrellas, etc.). aprendieron a absorber más Chi de cada una de estas fuentes para pasarlo a su cuerpo.

El circuito de la Órbita Microcósmica está formado por dos canales principales, a los que se llama Gobernador y Funcional. El Canal Gobernador sube desde el perineo, pasando por la espina dorsal, hasta la coronilla de la cabeza, para terminar en el paladar de la boca. El Canal Funcional va desde el perineo hasta la punta de la lengua, pasando por la parte delantera del cuerpo. Tocando el paladar con la punta de la lengua, se conectan los dos canales.

La Órbita Microcósmica es como un gran depósito de Chi que abastece de Chi nutritivo al resto del cuerpo. En primer lugar, llena los Canales Extraordinarios o Ancestrales (en total, son ocho los Canales Extraordinarios, siendo los dos primeros el Gobernador y el Funcional, que forman la Órbita Microcósmica. Éstos alimentan los otros seis). Después, llena los doce Canales Ordinarios: los seis Yin y los seis Yang. Los canales Yin y los Yang están todos conectados con alguno de los órganos vitales. Así es como la meditación de la Órbita Microcósmica envía Chi nutritivo a todo el cuerpo.

Todo el mundo ha nacido con el circuito de la Órbita Microcósmica abierto y con flujo. Incluso en el seno materno, el Chi de un feto fluye por su propia Órbita Microcósmica (Fig. 2-18). Después de nacer, este camino está libre y abierto, hasta que aparece la pubertad, cuando el cuerpo siente las presiones del cambio hormonal y el desarrollo físico y las emociones se hacen más fuertes durante la delicada fase de la adolescencia. El estrés es uno de los principales factores que producen los bloqueos de Chi que aparecen en los canales del cuerpo cuando se es adulto. Al volver a abrir la Órbita Microcósmica, aumentamos la eficacia de nuestro consumo de energía y empezamos a rellenar las pérdidas de Chi.

Como las cualidades espirituales, o virtudes, están vinculadas a nuestros órganos vitales, los taoístas hacen que se restablezca el cuerpo físico y se mantenga sano, como base del trabajo espiritual. Cuando un órgano no recibe Chi suficiente, puede deteriorarse su estado físico y, al mismo tiempo, puede resultar más difícil que se manifieste la virtud propia de este órgano.

El Chi actúa como un eslabón que une el cuerpo físico, el cuerpo de la energía (alma) y el cuerpo de espíritu (Fig. 2-19), del mismo modo que el combustible del motor de una embarcación produce la fuerza que la empuja por el agua. El Chi hace de combustible para cada uno de estos tres cuerpos. Lo mismo que puede pararse un barco por falta de gasolina, también pueden verse obstaculizados el cuerpo, el alma y el espíritu por estar bajos de energía.

Esto no quiere decir que las personas enfermas sean incapaces de seguir un crecimiento espiritual. Es más difícil concentrarse en la espiritualidad cuando la necesidad de salud es grande; pero el proceso curativo puede ser de por sí una experiencia espiritual, si se acepta sin reservas.

Alquimia interior: trabajar con las emociones y el Chi

En el sistema taoísta de la Alquimia Interior, el trabajo emocional va de la mano del trabajo de la energía. Mochos bloqueos que se producen en los canales están creados por emociones negativas o tienen alguna relación con ellas (Fig. 2-20). Con la Sonrisa Interior y los Seis Sonidos Curativos, aprendemos a escuchar nuestros cuerpos y entrar mejor en contacto con nuestras emociones, tanto positivas como negativas. Adquirir energías virtuosas ayuda a eliminar bloqueos, mejorar la salud y acumular más energía.

Además, al practicar la meditación de la Órbita Microcósmica, podemos descubrir tensiones físicas en diversos puntos importantes de energía. Las tensiones físicas son muchas veces consecuencia de emociones negativas a las que nos aferramos. Cuando podemos mover el Chi por estos puntos, aprendemos a liberar sus tensiones, lo que nos ayuda a transformar sus emociones negativas, devolviendo esa energía atrapada al flujo de la vida.

Cuando ya hemos eliminado las emociones negativas y hemos transformada la energía bloqueada en Chi utilizable, podemos potenciar las cualidades naturales de los órganos: las virtudes, que son las energías naturales de los órganos. En otras palabras, cuando se están manifestando las virtudes, el Chi de los órganos correspondientes está en su punto culminante. Esta energía pura y natural se convierte en alimento para el refinamiento y desarrollo de los cuerpos del alma y el espíritu.

Si no nos preocupamos de nutrir nuestras buenas emociones y nos limitamos a aportar más energía al cuerpo, podemos estar potenciando nuestras emociones negativas, haciéndolas más poderosas y más difíciles de controlar y transformar. Por eso es por lo que se corrompen algunos dirigentes espirituales: están encantados con el poder y se olvidan de la práctica diaria de refinar su Chi y nutrir sus energías virtuosas. Debemos seguir adquiriendo virtudes hasta que se convierte en un proceso automático. Sólo entonces podremos comprender de verdad lo que significa que llamen a uno maestro.

Desarrollo del poder de la mente

Todos los sistemas de meditación pretenden relajar la mente y alimentar el espíritu. Cuando la mente está agitada, se desbordan las ideas y los sentimientos y reacciona ante todo, a veces de forma exagerada, haciendo que se disperse la fuerza vital. Como la mente está tan ocupada con este flujo, no puede dar toda su fuerza a ninguna idea o sentimiento, pierde agudeza y se dispersa y distrae. Es como los rayos del sol: si están extendidos, dan calor, pero, si se concentran con una lente, tienen el calor suficiente para quemar un papel. Del mismo modo, cuando tranquilizamos la mente con la meditación, ésta se concentra y fortalece. Es lo que llamamos “poder de la mente”.

Para tranquilizar la mente, debe estar primero concentrara en algo, a lo que llamamos “objeto de la meditación”. Otros sistemas utilizan cosas muy diversas como objetos de meditación: mantras, koans, la respiración, visualizaciones, el análisis de un tema, etc. En el Tao Curativo, el objeto de la meditación es el Chi.

El Chi es nuestra fuerza vital. Esto lo hace único como objeto de meditación. Cuando utilizas tu poder de la mente (pensamiento), tu poder del ojo (sentidos) y tu poder del corazón (órganos) para fijarte en tu fuerza vital en sí, no sólo concentras mejor tu mente, sino que aprendes a controlar tu vida también. Todos estos poderes se combinan para convertirse en el estado más elevado de consciencia, al que los taoístas llaman Yi (Fig. 2-21).

Las meditaciones taoístas ayudan a relajar la mente y el cuerpo para absorber, reciclar, refinar y conservar energías superiores. La mayoría de las técnicas normales de meditación tienen objetivos similares; pero no son tan directas en los medios de conseguirlos. La diferencia es mucho más patente en las meditaciones pasivas, que se enseñan en Occidente para conseguir la relajación, y los métodos activos que se enseñan en el Taoísmo.

Las meditaciones pasivas suelen consistir en “quedarse en silencio”, para lo que hay que ponerse ante una pared blanca y observar los pensamientos para dejar la mente callada. A veces hay que repetir mantras o cantar para inducir la mente a estados de consciencia más profundos en los que los procesos mentales quedan reducidos al mínimo. La meditación activa concentra la mente en la apertura de canales para que circula la energía que nutre el cuerpo, la mente y el espíritu.

Las transformaciones de energía del Tao Curativo son procesos activos, ya que en ellos transformamos conscientemente las emociones negativas en virtudes positivas y la energía sexual en fuerza vital y energía espiritual. Las técnicas pasivas pueden conseguir algunos de estos beneficios inadvertidamente; pero los métodos taoístas nos ayudan a alcanzar nuestros objetivos trabajando activa y directamente con nuestras energías internas. Los taoístas utilizan el estado pasivo después de los ejercicios, dejando que las cosas ocurran según sus necesidades. Esto se llama Chi Wu, relajarse y no hacer nada. El Yang es activo y el Yin es pasivo. El principal ejercicio de los taoístas consiste en preparar la mente, los ojos y el corazón para extraer las fuerzas Universal, Cosmica y de la Tierra, para que ayuden a aumentar nuestra Fuerza Original (Fig. 2-22).

Las meditaciones taoístas: un método práctico

El verdadero objetivo de todas las meditaciones es el conocimiento puro o iluminación, lo que aumenta la vibración, luz o frecuencia de nuestra fuerza vital. El método del Tao Curativo acumula, distribuye y refina la energía de fuerza vital para potenciar todas las funciones del cuerpo, incluida la producción de energías espirituales que proceden de nuestros órganos y glándulas. En ves de detener la mente, este sistema la utiliza para aumentar el flujo de Chi por todo el cuerpo, potenciando así nuestra salud y nuestro crecimiento espiritual. La meditación de la Luz Curativa hace de este objetivo la base de todas las prácticas de Tao Curativo.

Los secretos de la circulación del Chi los han transmitido durante milenios varias tradiciones taoístas. Los que, por estar en China, han tenido la suerte de recibir este conocimiento esencial han notado grandes ventajas en su calidad de vida. El Tao Curativo enseña estos secretos para ayudarnos a ser responsables de nuestras vidas. Podemos ser nuestros propios maestros fijándonos en nuestro crecimiento espiritual, más que esperando la muerte y que nos juzguen por las negligencias que hayamos tenido en la vida. Según aprendemos a controlar nuestra fuerza vital, desarrollamos los medios de controlar nuestro propio destino.

 

 

3. LAS VIRTUDES

Apertura de la mente y el corazón

Hay dos maneras de seguir las disciplinas espirituales. Una puede admitir conceptos relacionados con la fe, las buenas acciones, la oración, la rectitud, la confesión de los pecados, etc. Esta opción va cambiando poco a poco la negatividad de una persona en energía virtuosa, muy próxima a la Fuerza Original o Chi Wu. El Taoísmo ofrece otra opción, mediante la creación de un vehículo como cuerpo de energía y finalmente el cuerpo de espíritu. Estos cuerpos sutiles actúan como cápsulas especiales para que la consciencia vuelva de nuevo a su origen (Fig. 3-1). Algunos sistemas nos presentan los reinos celestiales; pero sólo nos ofrecen la fe como medio de volver a ella. La fe puede servir de ayuda; pero hay otros tipos de preparación que se pueden realizar durante la vida y nos facilitan unos medios más directos de alcanzar un lugar deseado en el cielo, antes de que se produzca la muerte.

El Taoísmo reconoce tanto el desarrollo de las energías virtuosas como el cultivo de la fuerza vital para crear los cuerpos del alma y del espíritu como aspectos importantes del crecimiento espiritual. Estos dos medios están relacionados entre sí, ya que el hecho de retener y reciclar la energía interior en fuerza vital puede ayudar a abrir y sosegar nuestras mentes y corazones, dándonos más amor, alegría, felicidad, respeto y dignidad. Estas virtudes, por tanto, producen otras energías virtuosas, como la amabilidad, la bondad, el valor, la franqueza y la belleza.

El corazón es como una caldera (Fig. 3-2) que se puede utilizar para combinar todas las virtudes y convertirlas en energía de compasión, la virtud más importante y un atributo necesario para todo ser espiritual. Al mismo tiempo, nuestra esencia espiritual y nuestra esencia vital se pueden transformar en una fuerza que da origen al cuerpo de energía (la nave) y un cuerpo de espíritu (el capitán). Podemos preparar estos cuerpos sutiles para conectar nuestra consciencia con nuestro origen, antes de tener que partir de este mundo.

 

Las virtudes

El meollo de las prácticas del Tao Curativo

La calidad de nuestra energía interna es tan importante como la cantidad para nuestra salud y desarrollo espiritual. Según vamos incrementando el flujo de nuestra energía interna y acumulamos excedentes de Chi, tenemos que dar también importancia al desarrollo espiritual para mantener el equilibrio de nuestras actividades diarias. En esencia, nuestras cualidades espirituales son nuestros atributos positivos o lo que los taoístas llaman virtudes.

Necesitamos alimentos para mantener nuestras vidas. En lo físico, necesitamos alimento material; pero también tenemos que nutrir nuestros cuerpos más sutiles que tenemos, conocidos como cuerpo del alma y cuerpo del espíritu. Las energías de nuestras virtudes, el universo, las estrellas y los planetas nos proporcionan una fuente de alimento espiritual. Aunque estamos preparados para depender de nuestras creencias religiosas (Fig. 3.3), en realidad tenemos al alcance de nuestra mano el abastecimiento de este alimento espiritual. Todo lo que necesitamos es que se nos enseñe a absorberlo y digerirlo. El Taoísmo ofrece los medios de alcanzar estas energías para cultivar el alma y el espíritu y potenciar todo nuestro ser.

Conocer nuestras virtudes

Los taoístas creen que todos hemos nacido con las virtudes del amor, la amabilidad, la bondad, el respeto, la honestidad, la imparcialidad, la justicia y la rectitud. Todas estas cualidades son en realidad aspectos superiores de nuestras emociones, que proceden de las energías positivas de nuestros órganos. Cuando tenemos estas virtudes en abundancia, nuestra fuerza vital fluye con suavidad y eficacia; peri, si no nos preocupamos por cultivar las virtudes, corremos el riesgo de canalizar o acumular energías directamente en nuestras emociones negativas, exacerbando cualquier tendencia negativa o neurótica que podamos tener. Hay que tener siempre en cuenta que solemos exudar las energías emocionales que prevalecen en nosotros.

Desgraciadamente, muchas veces, según vamos madurando y encontramos más estrés en nuestra vida diaria, predominan energías negativas, como el miedo, la ira, la crueldad, la impaciencia, la preocupación, la tristeza y la congoja. Todo esto tiene unos efectos destructivos en los órganos y glándulas internos y puede agotar nuestra fuerza vital, haciendo que nuestros cuerpos funcionen con menos energía y a un régimen de vibraciones inferior. La ciencia médica reconoce que la presencia de emociones negativas puede reducir la resistencia del cuerpo ante la enfermedad, antes de que aparezca ningún síntoma de ella.

Transformar las emociones negativas en energías virtuosas es una opción mucho mejor, ya que potencia nuestra fuerza vital (Fig. 3-4). El sistema del Tao Curativo potencia esto reciclando, transformando y refinando el Chi interno y el externo, para acentuar nuestras características positivas, en vez de las negativas. Cuando aprendemos a desintoxicar los órganos con las prácticas taoístas, podemos restablecer nuestras virtudes y convertirnos en individuos autorregulados, capaces de tomar decisiones y controlar nuestro destino. La transformación de la energía interna produce también un régimen de vibración más elevado y potencia nuestro crecimiento espiritual.

Compasión: combinación de las virtudes

La compasión es la máxima expresión de la emoción humana y la energía virtuosa. Es un nivel de desarrollo que, para florecer en nuestra vida, necesita un trabajo duro y una meditación seria. No es una virtud aislada, sino la destilación y culminación de todas las virtudes, expresadas en un momento dado como mezcla de imparcialidad, amabilidad, bondad, honestidad y respeto, valor y amor (Fig. 3-5). La capacidad de expresar alguna o todas estas virtudes en el momento adecuado es indicio de que dicha persona se ha unificado en un estado de compasión.

Muchas veces se cree erróneamente que la compasión se basa en la simpatía, que, en realidad, es una debilidad que muestran las personas cuando les afectan fácilmente las emociones de los demás. En realidad, las fuerzas combinadas de las virtudes producen una energía que está más íntimamente relacionada con la empatía, que es un estado superior que puede reconocer las efusiones emocionales de los demás sin perder por ello su equilibrio. Sin embargo, la diferencia entre empatía y compasión está en que la compasión no es una emoción o sentimiento, sino un estado superior de consciencia que irradia de forma natural las mejores cualidades humanas.

Los taoístas consideran la compasión como la mejor forma de Chi. Es muy fácil de refinar y transformar en fuerza vital.

Formación de una base para estados emocionales superiores

En las primeras etapas del sistema del Tao Curativo, los estudiantes empiezan a absorber y transformar energía para el desarrollo del cuerpo físico, del cuerpo de energía y del cuerpo del alma. El cultivo de las virtudes y la compasión es la otra mitad de la práctica, que mejora las relaciones entre estos cuerpos. Cuanto más energía virtuosa vayas formando, con más facilidad podrás limpiar tus canales, si se produce algún bloqueo a tu flujo de energía cuando la transformas y refinas haciendo que circule por la Órbita Microcósmica.

No se puede tener un buen jardín en un terreno lleno de maleza. Muchos de nosotros luchamos por llevar una vida virtuosa e intentamos conscientemente estar cariñosos con nuestros seres queridos y con los demás; pero, si abrimos nuestro corazón antes de tiempo, podemos llegar a contaminar hasta las intenciones más amorosas con nuestros desechos emocionales. Para tener un buen jardín, hay que empezar por limpiar la maleza.

Es más, tenemos que crear una cantidad abundante de energía amorosa si queremos compartirla de verdad. De no ser así, ¿cómo íbamos a dar buena energía a los demás, si no tenemos suficiente para nosotros mismos?

Nacidos para ser iguales

Todos hemos sido creados iguales: los reyes y los plebeyos comparten las mismas experiencias humanas de nacer y crecer, pasando por la infancia y la adolescencia, hasta la madurez (Fig. 3-6). Pero, si no sabemos acceder a formas superiores de nutrición energética, tendremos que depender de otros que sí saben. Muchos religiosos y maestros espirituales tienen una moral muy elevada y quieren compartir abiertamente su conocimiento, mientras que otros lo guardan en secreto para conservar su riqueza, poder o posición.

Los taoístas piensan que la energía de una persona no está protegida si no ha aprendido a abrir y limpiar la Órbita Microcósmica y desarrollar las virtudes. Una persona así es muy vulnerable para individuos inmorales, que tratan de extraerle la fuerza vital para levantar su propia inmortalidad.

En muchas religiones y organizaciones espirituales se enseña a la gente a entregarse, eliminar el egoísmo, sacrificarse y amar a los demás antes de acumular energía y virtud suficientes para amarse a sí mismos y, mucho menos, a los que les rodean (Fig. 3-7). Algunas veces se sienten impulsados de formas sutiles que no reconocen a someterse y a dar sus energías. Esto es una especia de vampirismo de energía. Cada vez están más pobres y débiles y acaban por perder la fuerza vital, en beneficio de otros que se van fortaleciendo y enriqueciendo (Fig. 3-8).

Nuestra ignorancia espiritual se manifiesta en las costumbres de nuestra sociedad. Al no saber cómo nutrir el verdadero crecimiento espiritual, millones de personas se van apartando poco a poco de su esencia espiritual, mientras buscan la realización en los beneficios materiales.

 

Conociendo la energía del amor

Al estudiar las virtudes, debemos examinar el amor como una categoría en sí mismo, para conocer mejor sus influencias energéticas. Los taoístas consideran el amor como una energía interna del corazón, más que como un producto de la mente. Aunque generalmente consideramos el amor como una fuerza positiva, lo que nosotros solemos llamar amor puede evocar en nuestra vida más negatividad que todas las demás energías negativas juntas. Por ejemplo, sabemos que un amor exagerado se puede convertir en el odio más amargo y violento (Fig. 3-9).

Un amor mal entendido puede crear también un vehículo que permita que nuestras emociones gasten nuestra fuerza vital como una especie de autosacrificio. La compasión, que controla el deseo sexual, procede de una combinación de la energía de la compasión del corazón y la energía sexual (Fig. 3-10). Mientras que nuestro suministro personal de energía es limitado, la energía amorosa del universo es inagotable. Si sabemos establecer una buena conexión con este manantial, tendremos siempre suficiente amor para nosotros mismos y para los demás; pero, si no se nos enseña a extraer las fuerzas superiores para potenciar y rellenar nuestro suministro, acabamos dando más de lo que podemos. A la larga, esto puede producir un agotamiento de energía sexual y quemar el amor que hay en nuestros corazones (Fig. 3-11).

Admitimos que el amor existe en todos los niveles de la vida; pero, como se habla tanto de él, llegamos a perder muchas veces la sensibilidad con lo que es y lo que se siente con él. Esperamos un amor personal de los que nos rodean y otro espiritual de los que se convierten en nuestros modelos; pero nuestras necesidades no se satisfacen casi nunca con las palabras y acciones de los demás. Hasta en los sueños estamos buscando el amor, lo que nos indica claramente la necesidad íntima que tenemos de que los demás nos quieran y nos acepten. El concepto de amor ha desconcertado durante siglos a hombres y mujeres. La respuesta sólo podemos encontrarla en nosotros mismos.

La fuente interna de amor

Un problema importante de nuestro mundo moderno es que siempre buscamos fuera de nosotros mismos para satisfacer nuestras necesidades, sin darnos cuenta de que los demás buscan también la satisfacción del mismo modo. Sin saber por qué razón, vemos completamente normal creer que todos los demás tienen lo que nosotros necesitamos, mientras los demás piensan que nosotros tenemos lo que a ellos les falta. Siguiendo esta costumbre, todos buscamos fuera, sin preocuparnos de nuestra propia fuente de energía que llevamos dentro (Fig. 3-12). Esto nos deja con muy poco que compartir.

Lógicamente, si los demás están también buscando amor, esperan que nosotros tengamos suficiente energía amorosa para satisfacerlos de algún modo. Si no cultivamos el amor dentro de nosotros mismos, lo único que podremos hacer es ir consumiendo sus energías, hasta que se acabe nuestra relación. El éxito de una relación depende de la capacidad de ambas partes para compartir con abundancia el amor que procede de ambas fuentes. La palabra clave es abundancia. Si estamos llenos de amor por dentro, podemos conectar con el amor ilimitado del universo y compartirlo abundantemente con los demás.

Algunas personas creen que el amor sólo tiene valor si viene de los demás; pero no se dan cuenta de que puede volverse contra ellos si no tienen energía de este tipo para corresponder. El caso es que, sin juzgar la capacidad de los demás para amar, debemos fijar nuestra atención en nosotros mismos para alimentar y fomentar nuestras propias fuentes de energía amatoria y establecer un estado de abundancia dentro de nosotros mismos. Esto podría hacer que disminuyesen algunos problemas que producen el elevado índice de divorcios de nuestra sociedad.

Aprender a amarse a sí mismo

Los taoístas dicen que no podemos amar a los demás si no nos amamos a nosotros mismos. Es un paso muy importante para aprender a amar a los demás (Fig. 3-13), pues, para poder difundir la energía del amor, tiene que sobrarnos después de satisfacer las necesidades de nuestro cuerpo.

La tensión que produce el querer regalar lo que nos hace falta puede causar bloqueos en la Órbita Microcósmica y obstruir el paso del amor incondicional de los Cielos y de la Madre Tierra (Fig. 3-14). Los taoístas dicen que el amor es, sin duda, una energía que se encuentra en el corazón. Se puede activar con estímulos externos; pero también se puede despertar desde dentro. Como la energía amorosa es accesible desde dentro, podemos resolver nuestra necesidad primaria de amor utilizando en primer lugar esta energía para rellenar los órganos internos y las glándulas. Ejercicios como los de la Sonrisa Interior nos ayudan a conseguirlo.

Al aprender a amarnos a nosotros mismos, deberíamos recordar que hasta la energía amorosa que hay en nosotros procede de la Fuerza Original del Wu Chi. Esto quiere decir que la energía del corazón nos establece una conexión con nuestro origen divino, el Amor Universal. Muchas personas encuentran problemas para comprender su relación con esta fuente y, por esta razón, se sienten abandonados. Esto se debe casi siempre a que están tan desligadas de sus personalidades interiores que han olvidado la forma de llegar al amor que llevan dentro y han perdido, por consiguiente, la sensación de esta conexión. Aunque el amor divino es ilimitado, su manifestación dentro de nosotros se produce en el vaso, mucho más pequeño, de nuestro cuerpo y la conexión de estas dos fuentes, interior y exterior, requiere una atención y una alineación constantes. Debemos empezar por cultivar el amor dentro de nosotros mismos, para tener el poder de extraer el amor incondicional de los Cielos y la bondad y el favor de la Madre Tierra (Fig. 3-15).

En el Taoísmo se cree que cada órgano interno tiene su propia alma, espíritu y energía valerosa individuales. Practicando el amor y el respeto para cultivar estos aspectos de los órganos, mejora todo el cuerpo y se aprende a amarlo como todo un conjunto. Poco a poco, se empiezan a notar cambios de carácter y aparecen actitudes distintas en nuestra vida diaria, que indican que el efecto amoroso se está expandiendo por todas las partes del cuerpo, la mente y el espíritu. Después de aprender a amarse a sí mismo (sin confundirlo con egoísmo o narcisismo) y a conectar con el Amor Universal, le sobra a uno energía amorosa para compartir con los demás. La clave está en la práctica.

El Amor Incondicional es indicio de compasión

La naturaleza y el universo parecen crueles. Sólo sobreviven los fuertes y sólo los seres humanos sentimos simpatía por la debilidad, porque somos débiles. Mediante esta debilidad humana, tratamos de poner condiciones al amor que, a la hora de la verdad, no tiene condiciones. Los taoístas veneran la compasión como forma suprema de virtud, ya que es la base de la empatía, no simpatía, y eleva la consciencia por encima de la debilidad humana. Con compasión, se puede amar incondicionalmente y, por tanto, aceptar el mundo tal como es, sin sufrimiento.

 

Un sistema basado en las virtudes

El Chi más elevado

El sistema que aprendí de mi maestro está basado en las energías positivas del amor, la bondad, la amabilidad, el respeto y la honestidad. Es la práctica del Chi-Kung más elevado. Con estas energías, un adepto puede contrarrestar cualquier tipo de maldad (Fig. 3-16). Se dice que ni siquiera el fuego puede hacer daño a quien ha perfeccionado su uso. El maestro de mi maestro, el gran maestro, ha estudiado con maestros taoístas en los templos durante más de 40 años. Cuando este gran maestro conoció lo suficiente, se retiró a una cueva para practicar en solitario. No podía reproducir en una gran cueva el ambiente del templo. Allí no había estatuas ni había nadie con él para reconocer cosas como los rituales o las ceremonias.

Después de 10 años de estudio en los templos taoístas, mi maestro decidió ponerse de aprendiz con el gran maestro en la cueva; pero, como hacían muchos adeptos en su época, este maestro muy avanzado llevaba una vida completamente aislada en un lugar de acceso muy difícil. Resultaba casi imposible incluso llevar alimentos suficientes para el viaje. Por fin, mi maestro hizo el viaje hasta la cueva de este maestro; pero, tras un corto periodo de presentación, el gran maestro dejó su cuerpo durante una meditación y no volvió a él hasta después de unas semanas. Mi maestro se quedó sin comida y tuvo que desistir.

A la vez siguiente, fue más precavido. Cuando salió hacia la cueva, cogió más alimentos y un cepillo. Limpió el polvo del cuerpo del gran maestro, que se encontraba en estado de animación suspendida, y lo protegió de los animales predadores. El gran maestro podría volver, abrir los ojos y ver que él estaba cuidándolo, antes de abandonar otra vez su cuerpo.

Finalmente, cuando el gran maestro volvió y se dio cuenta de que habría de abandonar su cuerpo para siempre, empezó a enseñarle el sistema a mi maestro, que se quedó con él durante unos tres años. Mi maestro empezó a poner en práctica el sistema y a analizar otros muchos que había aprendido en sus viajes. Se dio cuenta de que en este mundo se puede elegir entre muchos caminos y que unos van mejor para unos que para otros.

Hoy día, no hay necesidad de estudiar en los templos ni de buscar maestros en el desierto. No hay necesidad de apoyarse en imágenes, templos, ceremonias ni rituales para fomentar el crecimiento espiritual. Con el sistema del Tao Curativo, aprendes a depender exclusivamente de tus sentidos, glándulas y órganos; el universo interior por el que puedes entrar en contacto con el universo exterior (Fig. 3-17). También puedes mantener a tu familia, tu trabajo y tu ritmo de vida, mientras aprendes las mismas prácticas por las que tuvieron que luchar los maestros.

 

Transformación de las energías emocionales negativas

Nuestra sociedad se caracteriza por su ritmo frenético, su situación agobiante y su incapacidad para eliminar las toneladas de desperdicio que produce cada día. No me refiero solamente a la basura de nuestras casas, sino también a los desperdicios emocionales que se producen en nuestro cuerpo. Las dos cosas resultan caras de eliminar. La primera requiere servicios sanitarios; la segunda se alivia algunas veces con métodos médicos o psicológicos.

Según se calcula en un artículo del Newsweek (Noviembre de 1989), una familia compuesta por tres personas tira a la semana 7 bolsas de basura que dan un volumen aproximado de 300 dm3. Según esto, el promedio mensual sería de 29 bolsas, con 1.300 dm3, y, al cabo de un año, esta familia de tres personas habría tirado 350 bolsas, con un total aproximado de 15.000 dm3 de basura. La acumulación de estrés y emociones negativas es también enorme.

El problema del vertido de basuras emocionales

A ninguna comunidad le gusta tirar sus basuras cerca de donde habita y la eliminación de desechos resulta mucho más cara cuando hay que llevarlos a grandes distancias. La gente soluciona este problema haciendo los vertidos de forma ilegal cerca de la casa de los demás; pero esta solución no es definitiva; ya que pueden obligarte a pagar una multa. Los intentos de construir nuevos vertederos o ampliar los ya existentes se han visto dificultados por las comunidades que quieren que los pongan en cualquier otro sitio. Incapaces de detener la producción de basura en nuestras casas o en nuestros cuerpos, seguimos tirándola en el terreno de los demás (Fig. 3-18) o poniéndola sobre los hombros de cualquiera (Fig. 3-19).

En Estados Unidos se recogen 160 millones de toneladas de basura al año y el coste de su eliminación es enorme. Con las cifras que hemos dado para los desperdicios externos, podemos imaginar lo que cuesta a nuestra salud intentar anular el estrés emocional acumulado durante el mismo periodo. Lo mismo que es difícil encontrar vertederos para tirar nuestras basuras, también es raro encontrar un lugar donde almacenar nuestras energías emocionales negativas cuando los sistemas de nuestro cuerpo se saturan de basura interna. La única alternativa para deshacernos de la basura, tanto externa como interna, es reciclarla.

Reciclaje de las energías emocionales negativas

El reciclaje es la práctica más importante para la conservación energética y ecológica. Piensa que el coste de convertir la bauxita en aluminio es diez veces mayor que el de reciclar los botes usados y que cada trimestre tiramos aluminio suficiente para reconstruir toda la flota aérea del país (Fig. 3-20). El vidrio, el papel y algunos plásticos también se pueden reciclar. Los desperdicios de cocina, hojas secas y césped segado se pueden convertir en fertilizante; pero la gente prefiere gastar dinero en comprar abonos caros y dejar que estos subproductos útiles se conviertan en basura. Como nuestra sociedad no está educada para resolver estos problemas, los sufrimientos que producen aumentan desmesuradamente de un año para otro. Sin embargo, podemos aprender del Taoísmo su idea de la conservación personal: lo mismo que la basura se puede convertir en abono, podemos reciclar las energías emocionales negativas, como el odio, y convertirlas en positivas, como el amor (Fig. 3-21 y 3-22). Echar nuestras emociones negativas a nuestros semejantes se ha convertido en algo tan corriente como tirar la basura. De hecho, cuando guardamos rencor o sentimos inquietud o miedo dentro de nosotros, tendemos a obsesionarnos con nuestros propios problemas y no hacemos caso a los de los demás, con lo que estamos produciendo aún más desperdicios externos (Fig. 3-23). Ninguno de nosotros queremos que los demás nos echen encima su porquería; pero la mayoría no podemos evitar que nuestros desechos negativos se desborden cuando se sobrecargan nuestro cuerpo y nuestra mente. Aunque tenemos métodos psicológicos para liberar el estrés emocional que se vaya formando, estas soluciones son caras, lentas y no tienen siempre aplicación cuando surge un problema nuevo. Las medidas preventivas, como las prácticas taoístas de meditación, ofrecen un método de resultados más duraderos para mantener la salud personal y conservar la energía. Lo básico de estas disciplinas es reciclar los desperdicios emocionales para convertirlos en energía que potencie nuestra fuerza vital, en vez de dejar que salga del cuerpo.

Este principio sirve también para nuestra energía sexual. En la sociedad, se nos ha enseñado que la sexualidad es pecaminosa y sucia como la basura y que, por consiguiente, hay que reprimirla. Es cierto que el deseo sexual es el mayor productor de emociones negativas; pero, en vez de reprimirlo, podemos reciclarlo y transformar esta misma energía sexual en energía pura de fuerza vital. Los santos de muchas tradiciones saben hacerlo y, como resultado, han conseguido el dominio espiritual.

La religión y la sociedad tratan muchas veces de suprimir nuestra energía sexual; pero el problema es que no ofrecen ninguna alternativa positiva. No nos han enseñado a transformar y reciclar esta fuerza poderosa. Cuando se reprime la energía sexual, puede acabar manifestándose con deseos de otro tipo (Fig. 3-24). El deseo sexual puede afectar a los oídos como una apetencia de oír chistes sucios y conversaciones obscenas; puede aparecer en los ojos, como una necesidad de ver películas pornográficas; puede afectar a la boca y manifestarse con un lenguaje sucio lleno de alusiones sexuales (Fig. 3-25). La represión del deseo sexual puede producir otras emociones negativas, como odio, ira, crueldad y violencia (Fig. 3-26). Todas estas cosas contaminan nuestra sociedad.

Reforzar nuestra Fuerza Vital con energía reciclada

La teoría taoísta considera todas nuestras energías internas, ya sean positivas o negativas, como parte de nuestra fuerza vital. Si estamos enfadados, es porque parte de nuestra fuerza vital se ha almacenado con una carga negativa, potenciando la reacción de enfado (Fig. 3-27). Para evitar posibles respuestas aireadas, podemos localizar el origen de estas energías y transformarlo, para que, siempre que nos encontremos enfadados en la vida, podamos aplicar respuestas emocionales más eficaces, como la paciencia. Si hay alguien o algo que dispara en nuestra vida una respuesta de ira, frustración, tristeza o depresión, es simplemente porque no nos hemos preparado transformando nuestras energías negativas en fuerza vital positiva. Hay enormes acumulaciones de fuerza vital que pueden transformarse en energías emocionales negativas si dejamos que ocurra así, como una enfermedad que se extiende por todo el cuerpo.

 

Métodos taoístas para transformar el estrés en vitalidad

Hay algunos ejercicios del Tao Curativo que son fáciles de aprender y pueden transformar cualquier energía estresante. También hay otros muchos métodos que dan resultado. Algunos dan más importancia a los pensamientos positivos (sin transformar en realidad la energía negativa); otros se limitan a intentar liberar la emoción negativa (como hemos dicho antes). Los taoístas no juzgan estos métodos; pero, en cambio, quieren ofrecer otro, comprobado con el tiempo, que empieza con la transformación de la energía con los ejercicios básicos de la Sonrisa Interior y los Seis Sonidos Curativos.

La sonrisa interior

Conocimiento del cuerpo

Hemos de empezar estudiando los órganos internos y las glándulas. Cuando hay problemas en los órganos, pueden surgir ciertas emociones. Si alguien tiene malestar o debilidad en los pulmones, pueden aparecer emociones de tristeza o depresión. Un exceso de calor o congestión en el hígado puede producir ira o mal humor. La debilidad en el hígado puede producir una reducción de la producción y falta de control y equilibrio. Cuando se calienta demasiado el corazón, puede hacer que aparezca impaciencia, odio y crueldad. La debilidad del corazón puede producir falta de calor y vitalidad. La debilidad del bazo, el estómago o el páncreas puede producir tristeza, angustia y falta de estabilidad. La debilidad de los riñones puede ser causa de miedo y falta de fuerza de voluntad y alicientes (Fig. 3-28).

La Sonrisa Interior básica

Cuando conozcas la situación general de los órganos y glándulas, cierra los ojos y sonríeles, empezando por las glándulas pituitaria y pineal, que están en la cabeza. Sigue hacia abajo, sonriéndole a la tiroides, paratiroides, timo y al corazón. Siente cómo aumentan el amor y la felicidad desde el centro del corazón. Según vas sonriendo a los pulmones, nota que tienes más valor. Al sonreírle al bazo, al estómago y al páncreas, siente como franqueza y justicia. Cuando sonrías al hígado y a la vesícula biliar, siente bondad. Cuando sonrías a los riñones y a la vejiga, siente mansedumbre. Si sonríes a los órganos sexuales, siente creatividad. De este modo, al sonreír a los órganos, vas cambiando poco a poco las energías negativas en fuerza sexual positiva.

Al final, aprenderás a utilizar el ojo interior para entrar en contacto con cada una de las partes de tu cuerpo. También aprenderás a notar buenos sentimientos y a potenciar las energías de los órganos, practicando la Sonrisa Interior, según vas transformando todas las energías negativas que vayas encontrando. Con el tiempo, estas sensaciones estarán programadas en tu mente y serás capaz de poner en marcha todo el proceso, simplemente con recordar la sensación del movimiento de energía.

La Sonrisa Interior y la práctica del perdón

El sistema taoísta de perdón consiste en practicar la Sonrisa Interior. Cuando notes que aparecen sentimientos (sensaciones) negativos, no juzgues a las personas ni los acontecimientos. Limítate a ponerte en contacto con tu ser interior y utiliza la meditación de Sonrisa Interior para transformar los sentimientos negativos en la energía positiva de las virtudes (Fig. 3-29 y 3-30). Para dominar esta técnica se necesita practicar todos los días; pero los efectos se notarán a la larga, incluso en las personas que te rodean, que sentirán tus vibraciones más elevadas.

Cuando hayas aprendido a amarte a ti mismo y a conectar con la reserva ilimitada de Amor Universal, tendrás tal abundancia de amor que notarás que se desborda. Podrás enviar amor a tus seres queridos y a las personas que están sufriendo. Podrás abrir aún más tu corazón aprendiendo incluso a amar hasta a tus propios enemigos.

 

La meditación de la Sonrisa Interior

La Sonrisa Interior se utiliza para empezar todas las meditaciones del sistema del Tao Curativo y la presentamos aquí con todo detalle. Cuando se domina, se puede decidir a qué parte del cuerpo se quiere enviar la energía de la sonrisa y durante cuánto tiempo se necesita. Al principio, se pueden necesitar unos veinte minutos para realizar este ejercicio tal como lo describimos. Con la práctica diaria se puede reducir este periodo y notarás que la Sonrisa Interior produce efecto en tu cuerpo y en tu conciencia con más rapidez. Cuando hayas aprendido los pasos que enseñamos aquí, podrás utilizar una versión abreviada como guía práctica.

Puedes hacer la Sonrisa Interior en cualquier momento y en cualquier lugar que te interese. Algunos le dedican más tiempo, si su cuerpo lo necesita; pero la mayoría la hacen para energizar el cuerpo rápidamente antes de pasar a la meditación de la Órbita Microcósmica, que es lo más importante de su práctica inicial. Incluso durante meditaciones avanzadas, los estudiantes deberían mantener siempre un conocimiento de la Sonrisa Interior. Siempre que haya problemas en un órgano y te encuentres en tensión, puedes utilizar tu ojo interior para sonreírte por dentro, curar tu cuerpo y aliviar tu estado general (Fig. 3-31).

Puedes utilizar un libro de anatomía para localizar la situación de cada órgano y glándula antes de la meditación y tener el libro abierto ante tu vista mientras estás practicando. Observa el color y forma de cada órgano y aprende a sentir la textura y la posición de cada uno de ellos con tus sentidos internos. Se necesita algún tiempo para lograr conocer tu sistema interior y puede ser muy útil tener una buena referencia en color.

Los ojos: la fuente de tu verdadera sonrisa y de tu poder curativo

Una sonrisa es un medio de comunicación increíblemente poderoso. Si llegamos a un país distinto del nuestro o estamos con un grupo de extranjeros, una sonrisa abierta de otra persona hace que nos sintamos inmediatamente cómodos, como si estuviésemos entre viejos amigos y no ante caras desconocidas. Una sonrisa es algo familiar: transmite un mensaje de aceptación, afecto y comprensión, apreciación y seguridad. Por tanto, cuando recibimos una sonrisa verdaderamente cálida y afectuosa, nos relajamos y bajamos la guardia. Esto activa la “respuesta de relajación” de nuestro sistema nervioso parasimpático, produciendo diversos cambios fisiológicos en nuestras glándulas endocrinas, en el sistema nervioso, en la musculatura, en el sistema circulatorio, en la respiración y en el tracto digestivo. En resumen, casi todos los sistemas del cuerpo pueden verse afectados espectacularmente por el simple hecho de recibir una sonrisa.

Lo mismo que la sonrisa es muy eficaz para comunicar con los demás, también es un instrumento de sorprendente poder para comunicar con nosotros mismos. Nosotros estamos constantemente comunicándonos con nosotros mismos, consciente o inconscientemente; pero, desgraciadamente, el mensaje no es siempre positivo. Tener compasión de uno mismo o no valorarse lo suficiente es algo demasiado normal en la sociedad moderna y, al margen de los efectos psicológicos y sociológicos de una imagen propia negativa, puede dañar nuestra salud. Muchas enfermedades graves, como el cáncer, las cardiopatías y la diabetes, están precedidas de largos periodos de emociones crónicas negativas.

En cambio, sonreírnos por dentro puede ayudarnos a notar una sensación de respeto por nosotros mismos y de agradecimiento a nuestros órganos y glándulas (Fig. 3-32). Si contemplamos nuestra anatomía y nuestra fisiología, nos asombraremos gratamente al ver que los componentes de nuestro cuerpo están trabajando para que nos encontremos vivos y sanos. Es difícil no tener una sensación de respeto y asombro cuando observamos el maravilloso diseño de nuestro cuerpo y la compleja red de sistemas que trabajan juntos para mantenernos en equilibrio. Cuando fijamos nuestra atención en nuestro interior y sonreímos a nuestros órganos con amor y afecto, se pone en movimiento la misma cadena de cambios fisiológicos positivos que relacionábamos con la respuesta de relajación que se activa cuando sonreímos.

[...]

(Página 98.)
Los Seis Sonidos Curativos nos ayudan a potenciar las buenas vibraciones de los órganos, reforzando sus energías positivas. También curan los órganos al equilibrar sus funciones personales con el resto del sistema interno. Cada sonido se puede realizar desde cualquier posición. El detalle más importante de este ejercicio es sentir cualquier energía negativa para poder transformarla en fuerza vital positiva. Cuando estés familiarizado con los órganos y sus sonidos correspondientes, podrás empezar.
El sonido de los pulmones. Pon la lengua detrás de los dientes cerrados y, con una exhalación lenta y prolongada, haz un sonido SSSSSSSS (como el de una válvula de una olla a presión). En todos los periodos en que interrumpas el sonido para tomar aire sonríe a los pulmones. Visualízalos rodeados de luz blanca y concéntrate en sentimientos de valor y coraje, que están directamente relacionados con la energía de los pulmones. Esto te ayudará a potenciar su energía positiva.
El sonido de los riñones. Forma una O con los labios, como si soplases para apagar una vela y, con una exhalación lenta y prolongada, haz el sonido UUUUUUUUUUUUUUU. Durante los periodos de descanso, sonríe a los riñones, mientras los visualizas rodeados por un color azul brillante. Siente la virtud de la bondad, que potenciará la energía positiva de los riñones.
El sonido del hígado. Pon la lengua junto al paladar y, con una exhalación lenta y prolongada, produce el sonido SSHHHHHHHHHH. Cuando pares para respirar, sonríe al hígado. Visualízalo rodeado de un color verde brillante y siente la virtud de la amabilidad. Esto dará más fuerza a la energía positiva del hígado.
El sonido del corazón. Con la boca completamente abierta, haz una exhalación profunda y lenta y produce el sonido HAAAAAAAAAAA. Mientras descansas, sonríele al corazón e imagínatelo rodeado de color rojo. Siente amor, alegría y felicidad para reforzar la energía positiva del corazón.
El sonido del bazo. Pon otra vez la lengua junta al paladar y, con una exhalación larga y lenta, produce el sonido GUUUUUUUUUUU desde la garganta, como el sonido de un búho (es más gutural que el sonido de los Riñones). En cada periodo de descanso, sonríe al bazo y visualízalo rodeado de una luz fuerte amarilla. Nota la virtud de la justicia, que potenciará la energía positiva de este órgano.
El sonido del Triple Calentador. (Si es posible, haz este ejercicio echado). Con la boca abierta, exhala lentamente mientras haces el sonido HIIIIIIIIII. Cuando pares para respirar, trata de imaginar un alfiler grande que va dando vueltas y allana todo tu cuerpo desde la frente hasta los dedos de los pies. Esto equilibrará todas las energías activadas por los demás sonidos y relajará todo el cuerpo en general.
Si practicas todos los días, verás que las energías emocionales negativas tienen pocas posibilidades de crecer. Siempre ayuda algo dedicar un tiempo a tirar la basura emocional. Observa si puedes reciclar algo internamente, lo mismo que se recicla el papel, el vidrio o el plástico de las casas. Te encontrarás mucho mejor si sabes transformar la energía negativa en fuerza vital positiva, en vez de echársela a los demás.