Daniel Reid

El Tao de la Salud, el Sexo y la Larga Vida. Segunda Parte. Los Tres Tesoros de la Salud

Ediciones Urano, 1994

84-7953-524-5

 

 

Págs. 318-338.

 

Métodos de meditación

 

Los métodos de meditación taoístas tienen muchos puntos en común con los sistemas hindú y budista, pero la modalidad taoísta es menos abstracta y mucho más práctica que las de las tradiciones contemplativas que evolucionaron en la India. Las principales características de la meditación taoísta son la generación, la transformación y la circulación de la energía interna. Una vez “conseguida la energía” (deh-chi), ésta se puede aplicar a fomentar la salud y la longevidad, a nutrir el “embrión espiritual” de la inmortalidad, a las artes marciales, a la curación, a la pintura y la poesía, a las satisfacciones sexuales o a lo que el adepto o adepta desee hacer con ella. El Tao no hace juicios morales: lo que el adepto o adepta haga con sus recién adquiridos poderes siempre determina su destino futuro por la ley universal de causa y efecto o “karma”, concepto budista integrado en la corriente principal del pensamiento taoísta por la escuela de la Realidad Completa.

Las dos principales directrices para la meditación taoísta son jing (silencio, quietud, serenidad) y ding (concentración). La finalidad de la quietud, tanto física como mental, es volver la atención hacia dentro y cortar la entrada a los estímulos sensoriales exteriores, imponiendo silencio a los Cinco Ladrones. En esa callada quietud uno concentra la mente y centra la atención, normalmente en la respiración, para generar lo que se llama “conciencia de un punto o unidireccional”, estado mental totalmente concentrado, tranquilo e indiferente que permite que surjan de forma espontánea las percepciones intuitivas.

Cuando comience a practicar la meditación, comprobará que su mente no colabora en absoluto. Se trata del ego o “mente emocional” que se defiende para no ser extinguido por las fuerzas superiores de la conciencia espiritual. Lo último que desean el ego y las emociones es ser controlados: se deleitan en el circo cotidiano de las diversiones sensoriales y la algarabía emocional, aun cuando ese juego merma la energía, degenera el cuerpo y agota el espíritu. Cuando sorprende a su mente llevada por la fantasía o distrayendo la atención de la alquimia interna hacia los fenómenos exteriores, puede aplicar seis maneras diferentes para “atrapar al mono”, imponer la voluntad sobre la emoción, clarificar la mente y restablecer el foco interno de conciencia en un único punto.

 

  1. Vuelva la atención a la entrada y salida del aire por las ventanas de la nariz, o a la energía que entra y sale por un punto vital, por ejemplo, el situado entre las cejas.
  2. Centre la atención en la elevación y descenso del ombligo, la expansión y contracción del abdomen al inspirar y espirar.
  3. Con los ojos entrecerrados, centre la vista en la llama de una vela o en un mandala (dibujo geométrico de meditación). Concéntrese en el centro de la llama o dibujo, pero también abarque los bordes con la visión periférica. La concentración necesaria para hacer esto suele desalojar todas las demás distracciones de la mente.
  4. Haga unos minutos de mantras, las “sílabas sagradas” que armonizan la energía y centran la mente. Aunque normalmente los mantras se asocian con las prácticas hindú y budista tibetana, los taoístas también los han empleado durante muchos milenios. Las tres sílabas más eficaces son “om”, que estabiliza el cuerpo, “ah”, que armoniza la energía, y “hum”, que concentra el espíritu. “Om” vibra entre las cejas, “ah” en la garganta y “hum” en el corazón; sus colores asociados son respectivamente el blanco, el rojo y el azul. Entone las sílabas en un tono profundo y bajo y haga una larga y completa espiración para cada una. Otros mantras, como om mani padme hum, por ejemplo, son igualmente eficaces.
  5. Haga el ejercicio “Vibraciones sobre el Tambor Celeste”, explicado en el capítulo 13 (fig. 33) como técnica para enfriar y recoger la energía. Las vibraciones tienden a alejar los pensamientos discursivos y las distracciones sensoriales de la mente.
  6. Imagínese alguna deidad o símbolo sagrado que tenga significado para usted. Visualícela brillando sobre la coronilla de su cabeza o suspendida delante de usted. Cuando la mente ya se haya serenado, deje desvanecerse la visión y vuelva a concentrarse en la técnica de meditación que estaba practicando.

 

Como todas las prácticas taoístas, la meditación actúa sobre los planos de los Tres Tesoros: esencia (cuerpo), energía (aliento) y espíritu (mente). El primer paso es adoptar una postura cómoda para el cuerpo, equilibrar uniformemente el peso, enderezar la columna y prestar atención a las sensaciones como calor, frío, hormigueos, temblores o cualquier otra que surja. Cuando sienta que su cuerpo está cómodo y equilibrado, dirija la atención al segundo plano, que es el aliento y la energía. Puede centrar la atención en la propia respiración, en cómo entra y sale el aire por las ventanillas de la nariz, o en la energía que entra y sale por algún punto determinado al mismo tiempo que el aliento. El tercer plano es el espíritu: cuando está regulada la respiración y la energía circula sin obstáculos por los canales, centre la atención en los pensamientos y sentimientos que se forman y se disuelven en su mente, en la conciencia que se expande y se contrae al unísono con la respiración, en las intuiciones e inspiraciones que surgen espontáneamente, en las visiones e imágenes que aparecen y desaparecen. Finalmente, y como recompensa, quizás llegue a tener intuiciones relámpago de percepciones acerca de la naturaleza última de la mente: abierta y vacía como el espacio; clara y luminosa como un cielo despejado al amanecer, infinita y libre. Chang San-feng, el gran maestro de artes marciales y meditación y de otras artes y ciencias taoístas, escribió lo siguiente acerca de los tres planos de la meditación taoísta:

 

Relajar el cuerpo purifica la esencia […]

Calmar la mente purifica la energía […]

Centrar la atención purifica el espíritu […]

Cuando el espíritu se purifica,

las dos energías se funden,

los tres primordiales se combinan,

y se restablece de modo natural

la energía original.

Los tres primordiales son la esencia,

la energía y el espíritu primordiales,

y las dos energías son el yin y el yang.

 

En su libro Vitality, Energy, Spirit, Thomas Cleary traduce el siguiente pasaje de otra obra de Chang San-feng, Palabras sobre el Camino, en el cual explica las diversas fases de la meditación taoísta.

 

“Congelar el espíritu armoniza el aliento; armonizar el aliento congela el espíritu.” Este es el trabajo inicial. Esto deberá hacerse con resolución, paso a paso. Congelar el espíritu significa recoger la mente despejada. Mientras la mente no esté despejada no deberán cerrarse los ojos para la meditación. Primero es necesario esforzarse para recuperar la claridad, la frialdad y la serenidad; entonces uno se puede concentrar en la bolsa de energía del cuerpo. Eso se llama congelar el espíritu […]

Armonizar el aliento no es difícil. Una vez que el espíritu de la mente esté callado, respire naturalmente; yo me limito a mantener esta naturalidad, y también enfoco la atención hacia abajo. Eso es armonizar el aliento.

Armonizar el aliento es armonizar el aliento centrado en la base del tronco con la energía de la mente, aliento y energía que se encuentran en la bolsa de energía del abdomen. La mente centrada debajo del ombligo se llama congelar el espíritu; la energía que retorna debajo del abdomen se llama armonizar el aliento […]

Después aplique el principio de hacer del espacio el lugar para almacenar la mente, haciendo del oscuro silencio la morada para reposar el espíritu; clarifíquelos una y otra vez hasta que de pronto el espíritu y el aliento se olvidan, y el espíritu y la energía se fusionan. Entonces, inesperadamente, la energía celestial se eleva con éxtasis y usted se siente como si estuviera borracho […]

Al Camino se entra desde el centro. […] Mantenerse en el centro exige volver la atención hacia el interior para concentrarse en una esfera de unos 3 centímetros por debajo del ombligo, ni aferrándose a ella ni alejándose, sin obsesión ni indiferencia.

 

En el capítulo “Sentarse quieto sin hacer nada” de El Tao de la salud... se explican con detalle otros aspectos sobre la práctica y las posturas, por lo que no es necesario repetirlos aquí. De la misma manera que todas las normas para la práctica de los ejercicios chi-kung se pueden reducir a tres palabras: lentos, suaves, parejos, así los principales puntos para la meditación se reducen a otras tres palabras: tranquilo, frío, despejado. En cuanto a las posturas correctas para la práctica, en la figura 45 se ilustran las dos posiciones usadas con más frecuencia para la meditación taoísta: sentado en el suelo con las piernas cruzadas en postura “medio loto”, con las nalgas elevadas por un cojín o almohadilla, y sentado erguido sobre un taburete o silla bajos, los pies paralelos a una distancia equivalente a la anchura de los hombros, las rodillas dobladas en un ángulo de 90º, y la columna recta. La ventaja de la posición medio loto es que esta posición es más estable y favorece la subida de la energía hacia el cerebro. La ventaja de sentarse en un taburete es que se evitan los calambres en las piernas, que las plantas de los pies están en contacto directo con la energía de la Tierra y que la energía interna tiende a circular más libremente por las partes inferior y superior del tronco. La mayoría de los adeptos emplean ambos métodos según las circunstancias. A los practicantes occidentales, que sienten calambres en las piernas con más facilidad que los asiáticos, se les aconseja que cuando se sienten con las piernas cruzadas lo hagan sobre un cojín firme y grueso, con uno o dos listines de teléfono debajo, con el fin de elevar más la pelvis y suprimir lo más posible la presión en las piernas y en las rodillas. Además, también ayuda a mantener la columna recta sin forzar la parte inferior de la espalda.

La colocación de las manos es también un punto importante. La posición más natural y cómoda es descansar ligeramente las manos sobre los muslos, justo por encima de las rodillas. Sin embargo, a algunas personas les resulta más eficaz emplear una de las tradicionales “mudras” o gestos de las manos, de los que en la figura 46 se ilustran tres. Experimente con diferentes combinaciones de posturas y mudras hasta que encuentre la que le va mejor.

Los maestros de meditación taoísta enseñan tres maneras básicas de controlar la mente de la emoción Fuego con la mente de la voluntad Agua, para que el adepto pueda alcanzar sus objetivos en la meditación. El primer método se llama “pararse a observar”. Esto supone estar muy atento a la manera en que surgen y se desvanecen los pensamientos en la mente, aprender a dejarlos pasar como un tren de carga por la noche, sin aferrarse a ninguno en particular. Esto desarrolla la conciencia del vacío básico de los pensamientos así como el desapego a la subida y descenso de los impulsos emocionales. Poco a poco uno aprende sencillamente a no hacer caso de la intrusión e los pensamientos discursivos, momento en el cual dejan de surgir, simplemente por falta de atención.

La segunda técnica se llama “observar e imaginar”, y alude a la visualización. El adepto usa la voluntad par visualizar una imagen, que puede ser Buda, Jesús, algún símbolo sagrado, la Luna, una estrella, o lo que sea, para alejar la atención de los pensamientos y emociones y estabilizar la mente en una conciencia, en un punto. También se puede visualizar un centro determinado de energía del cuerpo, o escuchar el tintineo de un sonido real o imaginario de una campana, gong o címbalo en los oídos. El punto de enfoque no es importante; lo que importa es cambiar el centro de atención, alejarlo de los pensamientos ociosos, emociones conflictivas, fantasías y otras travesuras de la “mente del mono”, para concentrar la atención en un punto concreto, establecido por la mente de la voluntad o “mente sabia”.

El tercer paso para cultivar el control de la mente se llama “usar la mente de la voluntad para guiar la energía”. Cuando la mente está serena y la respiración regulada, el adepto centra la atención en la energía interna y aprende a guiarla a través de la red de meridianos para enviar energía a los órganos vitales, hacer subir energía desde el sacro hasta la cabeza para nutrir el espíritu y el cerebro, y reemplazar la energía rancia por la energía fresca de las fuentes exteriores del cielo (firmamento) y de la Tierra (suelo). A los adeptos normalmente se les enseña a que comiencen por centrar la atención en el Campo del Elixir Inferior situado en el bajo abdomen, desde allí la envían hacia abajo hasta el perineo, desde donde sube hasta el cóccix y continúa subiendo por los centros de la columna hasta entrar en la cabeza, después de lo cual la atención se traslada al Campo del Elixir Superior situado entre las cejas. Aunque al no iniciado esto le parece en un principio algo vago y esotérico, unos pocos meses de práctica, sobre todo si se acompaña con los ejercicios chi-kung y los adecuados hábitos alimenticios, bastan para desvelar el giratorio mundo de energía y conciencia escondido dentro de nuestro cuerpo y mente. Todo lo que se necesita hacer es sentarse quieto y callado durante el tiempo necesario para que la mente se dé cuenta de ello.

Siempre es conveniente calentar el cuerpo y abrir los canales energéticos con algunos ejercicios chi-kung antes de sentarse a meditar. Eso facilita la circulación de la energía interna y permite estar periodos de tiempo más largos sin ponerse rígido ni entumecerse. Después de la meditación no hay que bañarse hasta pasados por lo menos 20 minutos, para impedir que la energía se escape por los poros abiertos o por los puntos de energía. Si vive en el hemisferio norte, siéntese de cara al sur o al este, en la dirección general del sol; en el hemisferio sur, siéntese de cara al norte o al este.

A continuación se presentan tres métodos básicos que cualquier persona puede emplear para comenzar la práctica de la meditación sin la orientación de un profesor. Podría servirse de estas técnicas para establecer una base firme en la meditación antes de buscar un profesor que le enseñe prácticas avanzadas. La mayoría de los maestros de meditación prefieren trabajar con alumnos que ya hayan demostrado su sinceridad practicando la meditación y otros regímenes de salud solos durante unos años, pero solamente si esas prácticas preliminares no son sectarias y están libres de parcialidades condicionadas culturalmente.

Dado que a la mayoría de los lectores les interesa sobre todo favorecer la salud, aumentar la energía y prolongar la vida, más que dedicar el resto de sus vidas al fin último de la iluminación espiritual, estos tres métodos bastarán para cumplir los requisitos de la meditación. Tenga presente también que los beneficios de la meditación son acumulativos: con la práctica continuada estos tres métodos producirán cosechas aún más abundantes de esencia, energía y espíritu. A medida que se vaya familiarizando con su propio territorio interior, le resultará cada vez más fácil equilibrar el cuerpo, regular la energía y despejar la mente mientras está “sentado quieto sin hacer nada” alrededor de media hora, una o dos veces al día.

 

Meditación aliento y ombligo (fig. 47)

Este es el método más antiguo de meditación que se conoce en China y en la India, y es el que normalmente se enseña a los principiantes. Funciona simplemente con la penetración del flujo natural del aire por las ventanas de la nariz y con la expansión y contracción del abdomen; es una buena manera de aprender a centrar la atención y a concentrarse en un punto.

Método: Siéntese con las piernas cruzadas sobre un cojín en el suelo, o erguido en un taburete bajo, y adecue la postura hasta que se sienta bien equilibrado y cómodo. Presione la lengua contra el paladar, cierre la boca sin apretar los dientes y baje los párpados hasta tenerlos casi cerrados.

Respire naturalmente por la nariz, llevando la inspiración hasta lo más profundo del abdomen y respirando lentamente, de forma larga, suave y uniforme. Centre la atención en dos sensaciones, una arriba y la otra abajo. Arriba, concéntrese en la suave brisa que entra y sale por las ventanillas de la nariz como si fuera un fuelle, y al espirar trate de seguir el aire lo más lejos que pueda, de 8 a 45 centímetros. Abajo, concéntrese en el ombligo que sube y baja y en todo el abdomen que se expande y se contrae como un globo con cada inspiración y espiración. Ahora puede centrar su atención en las ventanas de la nariz o en el abdomen, o en los dos, o en uno primero y después en el otro, lo que le vaya mejor.

De vez en cuando, compruebe si está bien sentado y modifique su postura si es necesario. Siempre que sorprenda a su mente vagando o llena de pensamientos, traslade conscientemente la atención al aliento que entra y sale. A veces es útil contar, o bien las inspiraciones o bien las espiraciones, hasta que la mente esté centrada y estable. Si consigue estabilidad con este método después de diez a veinte minutos de práctica, tal vez desee cambiar a uno de los otros dos que se presentan a continuación. Los tres métodos se pueden practicar en una misma sesión en el orden que se presentan aquí, o en sesiones diferentes.

Tiempo: De veinte a treinta minutos, una o dos veces al día.

 

Meditación Canal Central del maestro Han (fig. 48)

Este es un antiguo método taoísta modificado y enseñado por el maestro Han Yu-mo en sus Centros Sung Yang Tao de Taiwán y Canadá. Es una manera sencilla y eficaz de que el principiante desarrolle una conciencia tangible de la energía interna, y se familiarice con los principales puntos energéticos a través de los cuales se hace circular la energía y se la reemplaza por la procedente de las fuentes exteriores del cielo y la Tierra. Relaja el cuerpo, recarga la energía y vigoriza el espíritu.

Método: Siéntese cómodamente. Primero haga una respiración profunda e inclínese lentamente hacia delante espirando de forma audible por la boca, para expulsar el aire viciado de los pulmones; repítalo tres veces. Después siéntese quieto y respira de forma natural: el abdomen se expande y se contrae con cada respiración. Ahora, en lugar de centrar la atención en el aire que entra y sale por las ventanas de la nariz, concéntrese en el haz de energía que entra por la coronilla, por un punto situado a unos cinco centímetros por encima de la línea de los cabellos llamado “Palacio de la Medicina”. Sienta cómo ese haz de energía entra por ese punto en el momento de comenzar cada inspiración y sígalo a medida que baja a través del Canal Central hasta entrar en el Campo del Elixir Inferior por debajo del ombligo y después sígalo a medida que vuelve por el Canal Central y sale por el punto Palacio de la Medicina al espirar. La sensación en el punto de la coronilla se nota más al comienzo de la inspiración y al final de la espiración; es algo así como el aletear de una válvula que se abre y se cierra al pasar por ella la energía. También se pueden experimentar sensaciones de calor, hormigueo o adormecimiento en el cuero cabelludo; signos de que la energía se mueve bajo el escrutinio de la conciencia.

Después de practicar este método durante unas semanas o unos meses y de desarrollar una sensibilidad consciente de la energía que entra y sale por el punto Palacio de la Medicina, puede comenzar a trabajar con otros puntos de salida durante la espiración, haciendo entrar siempre la energía por el punto de la coronilla al inspirar. Por ejemplo, puede hacer entrar la energía por la coronilla y llevarla hasta el abdomen mientras inspira y después devolverla hacia arriba y hacerla salir por el punto “Ojo Celestial” situado entre las cejas. Normalmente este punto produce resultados rápidos; una clara sensación de hormigueo o latido entre las cejas. El Ojo Celestial es el punto a través del cual los adeptos que poseen “visión psíquica” perciben aspectos del mundo que están ocultos a la visión normal de los ojos. La masa de cristales de magnetita que hay entre la frente y la glándula pituitaria es sensible a las oscilaciones de los campos electromagnéticos del entorno. Es decir, gracias a su sensibilidad, la visión psíquica percibe la energía electromagnética, no la energía de luz o sonido que perciben los ojos y oídos. Las personas llamadas “psíquicas” son aquellas que han aprendido a traducir al lenguaje de la percepción corriente y del pensamiento racional las señales del órgano electromagnético situado entre los ojos.

Además del punto de la frente, puede también practicar con otros puntos de salida durante la espiración; puede hacer salir la energía por puntos situados en el centro de las palmas de las manos, en el centro de las plantas de los pies y en el perineo, situado a medio camino entre los órganos genitales y el ano. En cada caso intente notar sensaciones de calor u hormigueo en el punto de salida.

Después de practicar este método durante un tiempo, es posible que, a los quince o veinte minutos de estar sentado, la cabeza comience a moverse hacia delante y hacia atrás o de un lado a otro, o que todo el cuerpo comience a temblar o a sacudirse. Esa es una buena señal, porque significa que los canales se están abriendo y que la energía circula con fuerza por ellos. No trate ni de detener ni de fomentar esos temblores; déjelos seguir su curso de forma natural.

Tiempo: Entre veinte y cuarenta minutos, uno o dos veces al día, preferiblemente al amanecer y a la medianoche.

 

Meditación Órbita Microcósmica (fig. 49)

Este es el método clásico de meditación taoísta para purificar, elevar y hacer circular la energía interna a través de la “órbita” formada por el Canal Gobernador, que sube desde el perineo hasta la cabeza, y el Canal de Concepción, que baja de vuelta al perineo. La activación de la Órbita Microcósmica es una fase clave en la práctica que prepara el camino para prácticas más avanzadas.. Llena de energía los depósitos de los canales Gobernador y de Concepción, desde donde se distribuye a todos los principales meridianos órgano-energéticos, llevando así energía a los órganos vitales. Sube abundante energía desde el sacro al cerebro, intensificando así la irrigación sanguínea del cerebro y estimulando la secreción de substancias neuroquímicas vitales. Es también la primera fase de la práctica para cultivar el “embrión espiritual” o “elixir dorado” de la inmortalidad, proceso que comienza en el bajo abdomen y culmina en mitad del cerebro. Probablemente este es el mejor de los métodos taoístas para cultivar la salud y la longevidad, al mismo tiempo que ”abre los tres pasos” hacia el conocimiento espiritual superior.

“Apertura de los Tres Pasos” es otro nombre que se da a este método de meditación, haciendo alusión a las tres confluencias esenciales que permiten a la energía subir por el Canal Gobernador desde el sacro hasta la cabeza pasando por la columna. Un manual de meditación taoísta del siglo IV afirma: “Los tres pasos son intersecciones vitales para los tres primordiales esencia, energía y espíritu”. Dado que esta es una práctica tan importante, vale la pena citar en toda su extensión una detallada explicación escrita en el siglo XI por Chang Po-tuan con el título “El secreto de la apertura de los pasos” traducido al inglés por Thomas Cleary en su libro Vitality, Energy, Spirit:

Con la mente tranquila, siéntese solo en una habitación silenciosa, cerrados los sentidos y entrecerrados los párpados. Vuelva la atención hacia dentro y visualice interiormente una bolsa de energía en la región umbilical; en su interior hay un punto de luz dorada, clara y brillante, inmaculadamente pura.

Cuando haya logrado visualizar esa luz en la bolsa de energía, no permita que se apague. El aire que pasa por su nariz se hará naturalmente liviano y sutil, saliendo y entrando de manera uniforme y delicada, continua y callada, haciéndose poco a poco más ligero y más sutil. […] El cuerpo humano tiene tres pasos posteriores y tres pasos anteriores. Los tres pasos posteriores están en el cóccix, en la base de la columna, en la mitad de la columna, donde se le unen las costillas, y en la parte de atrás del cerebro.

El paso del cóccix, en la base de la columna, conecta los canales de los órganos genitales. Desde ese paso asciende por la médula espinal, llamada Valle del Zen, Río Amarillo, Curso de la Noria, Cordillera que sube a la Corte Celestial o Escalera al Cielo.

Ese es el camino por donde sube la energía positiva; sube directamente hasta el punto opuesto al centro del tórax, el paso de la columna encerrada donde se le unen las costillas por atrás, después sube directo hasta la parte posterior del cerebro, punto que se llama paso de la Almohada de Jade.

Los tres pasos de la parte anterior se llaman el Centro del Nirvana, la Marmita de la Tierra y el Océano de Energía. El Centro del Nirvana es el denominado Campo del Elixir Superior. Es una abertura esférica de 3 cm de diámetro y es el depósito del espíritu. Esa abertura está situada 7,5 cm detrás del centro de las cejas, justo en el medio.

El espacio entre las cejas se llama Ojo Celestial; el espacio que está 2,5 cm adentro se llama Vestíbulo Brillante; el espacio que está 2,5 cm más adentro se llama Cámara Oculta y a 2,5 cm más hacia el interior se halla el Centro del Nirvana.

La tráquea tiene doce secciones y se llama Torre de Muchos Pisos; va hasta las aberturas de los pulmones y llega al corazón. Bajo el corazón hay una abertura llamada Cámara Carmesí, donde se aparean el tigre y el dragón y a 9 cm, directamente hacia abajo, está lo que se llama Marmita de la Tierra, que es la Corte Amarilla, el Campo del Elixir Medio. […]

La abertura umbilical se llama Puerta de la Vida. Tiene siete canales que conectan con los genitales. La fuga de la energía sexual se produce a través de esos canales. Detrás del ombligo y delante de los riñones, justo en el medio, está el lugar llamado Jarrón Luna Creciente u Océano de Energía. Tres centímetros más abajo está lo que se llama Estanque de la Flor, o Campo del Elixir Inferior. Allí es donde se almacena la vitalidad y el lugar donde se recoge la medicina. […]

El secreto de enviar energía para abrir los pasos es el siguiente: Siéntese como antes, con los ojos entornados y la boca cerrada, volviendo la atención hacia dentro, visualizando la bolsa de energía en el interior del cuerpo, acallando la mente y armonizando la respiración. Sólo cuando su respiración se haya tranquilizado será posible producir la única energía verdadera.

Visualice fijamente esa verdadera energía como si fuera una serpiente que se va deslizando poco a poco por las nueve aberturas del cóccix. Cuando sienta que la energía ha atravesado este paso, visualice cómo esta verdadera energía sube hasta donde las costillas se unen con la columna, y continúe a través de este paso directamente hacia la Almohada de Jade en la parte posterior del cerebro.

Después imagínese a su verdadero espíritu en la Cámara del Nirvana, en el centro del cerebro, asimilando la energía. Cuando esta verdadera energía pase por la Almohada de Jade, presione la lengua contra el paladar. La cabeza colabora moviéndose hacia delante, pero ligeramente vuelta hacia arriba. Cuando sienta que esta verdadera energía penetra en la Cámara del Nirvana, la sensación puede ser de calor o de hinchazón. Esto significa que el paso se ha despejado y la energía ha llegado al Centro del Nirvana.

A continuación, haga avanzar el espíritu hacia el Ojo Celestial situado entre las cejas, llevando la verdadera energía hasta la Cámara Oculta y el Vestíbulo Brillante, cámaras interiores del cerebro detrás de la frente, y finalmente hasta el Ojo Celestial. Ahora sentirá latir el centro de la frente; eso significa que el Ojo Celestial está a punto de abrirse. Entonces introduzca el espíritu en el centro de la frente y haga pasar la verdadera energía por el Ojo Celestial. Si nota que los dieciocho mil poros y las trescientas sesenta articulaciones de todo el cuerpo se abren a la vez, separándose las articulaciones tres cuartos de centímetro, será la prueba de que se ha producido la apertura del Ojo Celestial.

Eso es lo que se quiere decir con la frase: “Cuando un paso se abre se abren todos los pasos, y cuando una abertura se despeja, todas quedan despejadas”.

Una vez se han abierto los pasos, haga descender la verdadera energía por el pilar de la nariz, bajando por el Puente Dorado. Sentirá como si bajara agua fresca por la Torre de Muchos Pisos de la tráquea; no se la trague, déjela bajar para que bañe los bronquios. […]

Después la energía vital bañará los órganos internos y tras esto volverá a los genitales. Es lo que se llama retorno a la raíz.

Desde los genitales, la energía entra en el cóccix, después sube hasta el centro del cerebro y desde el centro del cerebro baja hasta el campo del Elixir Inferior; después vuelve a subir y a dar la vuelta como antes. Eso es lo que quiere decir volver a la vida.

Si usted practica de esta manera durante mucho tiempo, finalmente podrá completar un ciclo entero de ascenso y descenso con una visualización continua. Si puede practicar este trabajo interior en silencio y de manera continuada, ya sea caminando, de pie inmóvil, sentado o echado, entonces la energía vital circulará por dentro, y naturalmente no habrá ningún problema de fuga. Las enfermedades físicas crónicas desaparecerán de forma natural.

Además, una vez que la energía interna esté circulando, la respiración se hará más fina, y con el aire que inspire entrará la verdadera energía positiva del cielo y la Tierra, que bajará para unirse con su energía generadora. Las dos energías se mezclarán, usted las hará circular juntas, bajando y subiendo una y otra vez, circulando hacia arriba y hacia abajo, reponiendo la verdadera energía agotada de su cuerpo.

Esta verdadera energía armoniza y reforma de tal modo que los fluidos vitales producidos por la energía de la vida diaria vuelven a producir verdadera vitalidad. Cuando la verdadera vitalidad está plenamente desarrollada naturalmente produce verdadera energía, y cuando la verdadera energía está plenamente desarrollada produce como es lógico, verdadero espíritu.

De este modo, los Tres Tesoros de vitalidad, energía y espíritu experimentan un florecimiento de vida diario y llenan todo el cuerpo, con lo que se puede esperar que la gran medicina se produzca de forma natural, y así se puede continuar con el proceso de recoger la medicina para formar el elixir dorado.

Método: Aunque la descripción anterior es clara y se explica por sí misma, repasémosla brevemente empleando términos menos esotéricos. El primer paso es aquietar el cuerpo, tranquilizar la mente y regular la respiración. Concentre la atención en el ombligo hasta que sienta brillar la “bolsa de energía” en la región umbilical. Cuando la sensación se haga estable y la zona esté llena de energía, use la mente para guiar la energía hacia el perineo y luego hacia arriba; hágala pasar por la abertura del cóccix. Cuando la energía pase por el cóccix tendrá sensaciones de calor y/u hormigueo. Desde el cóccix, la energía sube por el hueso sacro, llega a la última vértebra lumbar (L5) y continúa su viaje hasta el punto situado en la mitad de la columna, directamente detrás del corazón, en la quinta vértebra dorsal o torácica (T5). Desde allí, suba mentalmente la energía hasta el punto Almohada de Jade, situado en la parte posterior de la cabeza, y después hacia la Cavidad del Espíritu Original, en el centro del cerebro, detrás de la pituitaria. Esto puede producirle sensación de latidos o de hinchazón en la cabeza.

A continuación, centre la atención en el Ojo Celestial, situado entre las cejas y haga avanzar la energía desde el centro del cerebro hacia fuera por ese punto entre las cejas. Puede sentir en esa zona sensación de hormigueo o de latidos. Tal vez desee detenerse unos minutos en ese punto, antes de dejar bajar la energía a través del paladar y la lengua en dirección a la garganta y el corazón. Desde el corazón, llévela hacia abajo a través del Campo del Elixir Medio del plexo solar, y por debajo del ombligo hasta entrar en el depósito del Océano de Energía en el Campo del Elixir Inferior, donde se recoge la energía, se mezcla y se almacena para la circulación interna. Entonces comienza otro ciclo a través del cóccix hasta el punto del centro de la columna detrás del corazón para entrar en el cerebro por el punto Almohada de Jade.

Respire naturalmente con el abdomen y no se preocupe de si la energía sube o baja con la inspiración o espiración; coordine el flujo del aire y de la energía de la manera que le vaya mejor. Sin embargo, si llega a la fase en que puede hacer una Órbita Microcósmica completa en una sola respiración, es mejor subir la energía desde el cóccix a la cabeza con la espiración y hacerla bajar desde el Campo del Elixir Superior al Inferior con la inspiración.

Si tiene cualquier problema o molestia en alguna zona del cuerpo, concentre la energía en el paso más próximo a la molestia y déjela latir allí un momento. Eso contribuirá a sanar y a rejuvenecer los tejidos dañados. Por ejemplo, si tiene problemas pelvianos, concentre la energía en el paso del cóccix; para la zona inferior de la espalda, concéntrela en la quinta vértebra lumbar, por encima del sacro; para el dolor de espalda y hombros, concéntrela en la quinta vértebra torácica, etcétera.

Esta meditación también puede provocar movimientos de la cabeza o temblores en el cuerpo, que son sólo signos de progreso.

Tiempo: De treinta a cuarenta minutos, una o dos veces al día.

 

Signos y sensaciones

 

Cuando practique regularmente la meditación sentado, tal vez comience a experimentar ciertos signos y sensaciones que le indicarán que está haciendo progresos. Esas sensaciones se producen solamente cuando el cuerpo está quieto, la mente despejada, las emociones tranquilas, la respiración armonizada y la energía circula pareja y fuerte por los canales. No espere continuamente que se produzcan estos signos ni trate de forzarlos a que aparezcan o desaparezcan; simplemente sea consciente de ellos cuando ocurran. Además, nadie va a experimentar la misma combinación de signos y sensaciones. Varían según la persona, la experiencia, la hora del día, las condiciones astrales predominantes y el ambiente del entorno. He aquí las sensaciones más comunes experimentadas por los meditadores en las diversas fases de la práctica:

 

Las Ocho Sensaciones

Se trata de sensaciones físicas producidas por la intensificación de la circulación de la energía por las partes del cuerpo que normalmente están privadas de energía suficiente; pueden ser sensaciones de calor, frío, picor, movimiento, ligereza, pesadez, o sentirse evasivo o torpe. Las puede llegar a sentir en cualquier parte del cuerpo, especialmente en  las extremidades. Compruebe mentalmente que no estén producidas por energías medioambientales adversas, como pueden ser una brisa fría o la luz del sol directa, o calambres en las piernas. De ser así, modifique la postura y el entorno y continúe meditando. Si las sensaciones están producidas por la circulación de la energía interna, no se preocupe; déjelas seguir su curso.

 

Balanceos y temblores

Estas sensaciones mencionadas anteriormente pueden tomar varias formas: movimientos de la cabeza hacia delante y hacia atrás, de un lado a otro, temblores del tronco, sacudidas en las piernas, etcétera. Suelen experimentarse una especie de temblores en el abdomen, señal de que el Campo del Elixir Inferior se está llenando de energía, y de que la energía está lista para entrar en circulación por la Órbita Microcósmica.

 

Ruidos abdominales

Cuando la energía llena el Campo del Elixir Inferior y circula por los canales secundarios del abdomen, puede mover los gases y líquidos del intestino y producir gorgoteos en el vientre. Eso suele ir acompañado de una sensación de calor en el estómago. Cuando los canales abdominales se abren con la práctica continuada, la digestión y la actividad intestinal mejoran y poco a poco desaparecen estas sensaciones.

 

Ligereza

Esta sensación se produce por lo general cuando se ha activado la Órbita Microcósmica. Todo el cuerpo se siente liviano y aéreo, casi como si no tuviera más substancia que una nube. Esto se produce al haber eliminado por completo el estrés y la tensión del cuerpo; la tranquilidad mental y la energía que fluye libremente por los canales y por la respiración suave, pareja y delicadamente armonizada.

 

Luz clara

Si consigue llegar a un estado mental meditativo profundo y estable, es posible que de pronto sienta como si su cuerpo se hubiera disuelto totalmente y su energía se fundiera con la energía medioambiental en una niebla de luz clara o nube blanca. Todo lo sólido se disuelve y se convierte en vacío. Es un estado muy agradable y signo evidente de progreso, pero si trata de aferrarse a él centrando la atención, desaparece en seguida y vuelven las sensaciones corrientes de solidez física. De modo que si le ocurre no se excite, continúe tranquilo, sereno y despejado y deje que suceda.

 

Calor en el abdomen y riñones

Cuando su meditación progrese a un nivel más avanzado, es posible que experimente sensaciones de intenso calor en el bajo vientre, como si estuviera lleno de brasas encendidas, y/o sensaciones de calor que corren por los riñones, como si por ellos estuviera pasando agua hirviendo. El bajo vientre y los riñones son las principales sedes de la energía primordial, de modo que las sensaciones de calor extremo en estas zonas son señales de progreso en la alquimia interna.

 

Poderes sobrenaturales

Sólo se producen en las fases más avanzadas de la práctica, cuando los poderes innatos del espíritu primordial están totalmente despiertos y se ponen bajo el control consciente de la mente. Entre estos poderes están la clarividencia, por la cual el adepto puede ver desplegarse el futuro como un orden natural de acontecimientos que vienen del pasado, siguen hasta el presente y continúan en el futuro; imponentes visiones del Universo; comunicación con espíritus incorpóreos, y la capacidad de “leer” los pensamientos de otras personas sintonizando sus ondas cerebrales (percepción extrasensorial o PES). Estos signos son una clara indicación de que el adepto está al borde de la iluminación y que es capaz de proyectar la conciencia más allá de su cuerpo físico.

 

Horas para meditar

 

Las mejores horas para meditar son las del amanecer, mediodía, crepúsculo y medianoche. Entre esas horas, las más indicadas son el amanecer y la medianoche, porque la medianoche es el momento en que acaba la fase yin del día (mediodía a medianoche) y comienza a elevarse la fase yang, y la aurora es el momento en que la energía yang está en su punto más alto. Meditar cuando predomina la energía yang en la atmósfera es mucho más vigorizador y conducente a la alquimia interna que hacerlo durante la fase yin del día, que comienza al mediodía y tiene su punto más alto durante el crepúsculo. Lo ideal sería comenzar a meditar entre media hora o una hora antes del amanecer y media hora o una hora antes de la medianoche, pero también va bien sentarse en cualquier momento comprendido entre una hora o dos horas antes o después del amanecer o la medianoche. Si esas horas no le van bien, entonces practique en cualquier momento del día o de la noche que le resulte conveniente, pero trate de hacerlo más o menos a la misma hora cada día.

También hay ciertos días del año en que a los taoístas les gusta hacer una meditación más larga de lo normal, para cosechar así las energías celestiales que llueven del firmamento durante ciertas configuraciones favorables del sol, la luna, los planetas y las estrellas. Sobre todo en las noches de luna llena y luna nueva, en los solsticios de verano e invierno y otras fechas estacionales cíclicas. En esos días es mejor comenzar a meditar alrededor de las 11.30 de la noche y continuar todo el tiempo que se pueda. Si siente calambres en las piernas o comienza a ponerse inquieto o bloqueado, descanse de la posición sentada y paséese tranquilamente por la habitación meditando mientras camina, después vuelva a sentarse y continúe su meditación quieta. Meditar durante esas “noches energéticas” es una manera fabulosa de llenar a tope los depósitos de energía y de revitalizar todas las células del cuerpo con las potentes energías cósmicas del firmamento. Los calendarios lunares y los almanaques agrícolas tienen esos días claramente marcados, por lo que le resultará fácil consultarlos.

También hay ciertos momentos en que es recomendable no meditar, por ejemplo, durante las tormentas, temporales, huracanes, tifones, las olas de calor y en otras condiciones meteorológicas adversas, para impedir que las energías medioambientales perjudiciales entren en la circulación de nuestro sistema energético, donde pueden causar graves trastornos y desequilibrios.

 

 

“Todo está en la mente”

El gran alquimista y sabio taoísta Lu Tung-pin escribió:

Si bien la vida humana es finita, el espíritu es infinito. Si contemplamos el Universo desde el punto de vista de la duración de la vida humana, nuestra vida nos parece tan breve y fugaz como la de las moscas. Pero si contemplamos el Universo desde el punto de vista del espíritu, entonces el Universo nos parece tan finito como la vida de una mosca.

Es una verdadera pérdida de tiempo y energía vivir toda la vida dedicados exclusivamente al efímero mundo del provecho material y del placer físico, porque antes de que nos podamos dar cuenta la vida ya ha pasado y la muerte nos ha quitado todos los bienes mundanos que con tanto esmero hemos adquirido. Sería mejor dedicar al menos una parte de nuestra vida a cultivar el potencial infinito de la conciencia espiritual, que es lo único que nos llevamos con nosotros después de la muerte y que es tan enorme y grandioso como el Universo mismo. Si no cultivamos el conocimiento espiritual consciente necesario para llenar los requisitos de entrada en los dominios superiores, moriremos en la ignorancia y la confusión. La mente, engañada por los efectos acumulados de nuestras desorientadas actividades, impulsará ciegamente a nuestro espíritu a entrar una y otra vez en una nueva existencia corporal.

El cultivo espiritual es la mejor manera, la única en realidad, de “cambiar el mundo”, porque el mundo es lo que percibimos que es. Cuando las cosas no van bien en nuestros mundos individuales, solemos culpar al mundo en lugar de mirar hacia el interior de nuestras mentes para encontrar la solución a nuestros problemas, que la mayoría de las veces están causados por nuestros malos hábitos y actividades mal orientadas, tanto mentales como físicos. El cultivo de la conciencia espiritual mediante la práctica de la meditación va transformando poco a poco la manera como percibimos el mundo, va reordenando nuestras prioridades, ensanchando y equilibrando nuestros puntos de vista, clarificando nuestros pensamientos, pacificando nuestras emociones y remozando los colores de nuestros paisajes. Después de un tiempo se tiene la impresión de que el mundo ha mejorado mucho, cuando en realidad es nuestra conciencia la que ha cambiado, mejorando así la vista. Un antiguo adagio budista dice: “Si tu mente es pura, todo en tu mundo será también puro”.

El “desengaño del mundo” es una enfermedad de la mente, no del mundo; despejemos la mente de pensamientos funestos, eliminemos los temores paranoicos, pacifiquemos las emociones conflictivas, controlemos las pasiones, y el mundo será un hermoso lugar para vivir, porque el sufrimiento y el dolor sólo están en la mente del que los sufre, no son realidades malévolas de la vida. Es fácil culpar al mundo de nuestros problemas, pero de hecho somos nosotros mismos los que imponemos nuestros problemas a un mundo inocente porque somos demasiado perezosos e ignorantes para solucionarlos.

Por lo tanto, la solución a los problemas mundanos no es cambiar el mundo sino cambiar nuestra mente, y la única manera de cambiar la mente es conocerla, disciplinarla y controlarla, todo lo cual se puede conseguir fácilmente mediante la práctica regular de la meditación. Efectivamente, las reuniones cumbre entre los dirigentes de potencias rivales serían mucho más fructíferas y traerían al mundo una paz duradera si en lugar de sentarse alrededor de una mesa a hablar de los “problemas mundiales” desde sus puntos de vista contrarios, se sentaran juntos en cojines y meditaran hasta que sus mentes comenzaran a compartir la misma visión pacífica del mundo. Al cambiar la mente podrían cambiar el mundo para el bien de todos.

La vida es efímera, el ego y la personalidad individual se disuelven junto con la carne al morir, y los recuerdos personales se desvanecen, pero el espíritu primordial de la conciencia, la perla brillante del conocimiento puro que ilumina nuestra mente, es eterna, inmaculada, inmortal y está dotada de poderes inimaginables que se pueden despertar y utilizar gracias al desarrollo espiritual. Bien vale la pena dedicar un rato cada día a “sentarnos quietos sin hacer nada” para familiarizarnos con el rostro de nuestra mente, que es el único bien permanente y el único vínculo continuo con el Universo. Perder el acceso a ese bien y perder de vista ese vínculo, como hacen la mayoría de las personas nada más nacer, puede arrojarnos a una eternidad de caóticos renacimientos y transmigraciones en diversos y desagradables dominios de existencia, hasta que laboriosamente reunamos los méritos suficientes para volver a encarnarnos en un ser humano y tener la oportunidad de alcanzar la liberación espiritual.

Pero eso es otra historia que no entra en los intereses mundanos de la salud y la longevidad de que trata este libro. Baste decir aquí que cada vez que nos sentamos a meditar, independientemente del estilo u objetivo del método usado, nos acercamos un poco más a la recuperación del acceso a nuestro espíritu primordial y un poco más al restablecimiento del vínculo espiritual directo con todo el Universo y todas sus fuerzas cósmicas.

“¡La Fuerza sea contigo!”

 

 

 

 

          Órbita microcósmica (46414 bytes)