LA ANTIDIETA
Los autores no ofrecen ni directa
ni indirectamente, asesoramiento o consejo médico,
ni prescriben el uso de una dieta como forma de
tratamiento de enfermedades sin aprobación del
médico. En el dominio de la salud y de la nutrición,
los expertos sostienen puntos de vista muy
diferentes. La intención de los autores no es
diagnosticar ni prescribir, sino solamente ofrecer
información sanitaria que ayude al lector a cooperar
con su médico en la común búsqueda de la salud. En
caso de que alguien use esta información sin
aprobación de su médico, estará autoprescribiéndose;
por el ejercicio de este derecho, el editor y el
autor no asumen responsabilidad alguna. Titular original: Fit for Life Editor original: Warner Books, Inc., N.
York, 1985 Traducción: Marta I. Guastavino © 1985 by Harvey and Marilyn
Diamond ©
1986 by EDICIONES URANO, S. A. Enrique Granados, 113 - 08008
Barcelona ISBN: 84-86344-16-6 Depósito
legal: B. 13.566-1986
Printed in Spain Impreso y encuadernado por I. G.
Manuel Pareja Montaña.
16 – 08026 Este libro está dedicado, con amor
a nuestros hijos, Greg, Lisa y Beau, y a todos los
niños del mundo, por cuya salud tenemos la
obligación de velar. PROLOGO LA ANTIDIETA es un
avance decisivo. Sin sentimientos de culpa, sin
pesadas responsabilidades, sin exigencias, se puede
llegar a estar sano, delgado y vibrante. Y todo esto
lo consigue cada cual a su propio ritmo: lanzándose
a toda velocidad por la autopista de la salud, o
tomándose el tiempo necesario para ir disfrutando de
los últimos placeres artificiales que florecen a lo
largo del camino: bombones, cervezas, galletas
saladas, suculentos bistecs. De cualquier manera
está bien, nos dice Harvey y Marilyn Diamond. Hasta
el mínimo cambio, el menor de los esfuerzos, tiene
influencia positiva sobre la salud. Mi propia experiencia:
en dos meses he perdido nueve kilos. Ocasionalmente,
como pollo, pescado, rarísimas veces sucumbo ante
una cerveza o una galleta salada, y por fin ahora
puedo ver una película sin tener un puñado de
bombones en la mano. La medicina integrativa
es una ciencia nueva y un arte nuevo, se basa en la
promoción de la salud y el “estar bien”, y
constituye una aproximación a los pacientes, a
quienes no se considera como enfermos ni como
problemas, sino como personas que necesitan ayuda
para equilibrarse en sus dimensiones física,
emocional, mental y espiritual. Estas dimensiones,
cuando se las equilibra o se las armoniza, se
constituyen en un reflejo de la salud, la buena
forma, la integridad y el bienestar: “el estar
bien”. Para un médico, la
vocación suprema ha sido siempre identificar el
proceso de la enfermedad en el momento mismo de su
comienzo, por medio de la habilidad, su juicio y sus
conocimientos, y ponerle término mediante la
cirugía, la medicina y la irradiación. El médico
moderno se vale de sus conocimientos para impedir,
en primer lugar, que el proceso de la enfermedad se
inicie; el médico interesado en el “estar bien”
fomenta los factores que contribuyen a la
homeostasis, es decir al equilibrio dinámico natural
del cuerpo. En vez de dedicarse a medicar los
síntomas del deterioro corporal, o a extirpar los
órganos que funcionen mal, y limitarse a eso, el
médico del “bienestar” procura asistir al paciente
para que pueda alcanzar la calma emocional, la
tranquilidad mental, la forma física de la paz
espiritual. El cuerpo humano
debería durar ciento cuarenta años, el doble de nuestra
esperanza de vida actual, es decir que, pese a los
grandes adelantos de la ciencia médica, es
importante recordar que su tarea no está cumplida
más que a medias. La ANTIDIETA y sus autores nos
hacen dar un paso de gigante, extendiendo su
esperanza de vida y mejorando su calidad un ejemplo
perfecto de medicina integrativa. Este libro
considera que una nutrición adecuada es cuestión de
equilibrio energético: una absorción eficiente de 1a
energía contenida en los alimentos y una eliminación
eficiente de los residuos equilibra el cuerpo de
manera que no haya excesos y que conserve su máximo
poder para recuperar la salud o defenderse de la
enfermedad. LA ANTIDIETA echa por
tierra los dogmas de la medicina ortodoxa en lo
referente a los cuatro grupos básicos de alimentos,
las saludables propiedades de la leche, la
importancia de las proteínas en la dieta y la
necesidad de contar calorías para rebajar de peso. Tener una orientación
adecuada respecto de lo que es la nutrición es cosa
de monumental importancia en esta era del estrés. La
contaminación química de los alimentos con aditivos,
conservantes, saborizantes y aromatizantes
artificiales, procedimientos como la deshidratación,
concentración, congelación y tratamientos con
microondas hacen que una reeducación del público en
lo referente a los hechos de la nutrición alcance
una importancia no menor de la que tuvo en su
momento el hecho de que Ignaz Semmelweis señalara
que los médicos deban lavarse las manos antes de
operar o de atender un parto. Sólo han pasado cien
años de este importante descubrimiento. Sólo cien
años han pasado desde que la ciencia renunciara a
las sangrías, purgas y aplicaciones de sanguijuela
que fueron parte de la vida de nuestros abuelos.
Pues bien, es probable que todos nuestros intentos
de someternos a dietas y contar calorías sean, a los
ojos de nuestros nietos, parte de las locuras de
nuestra generación. LA ANTIDIETA es un
perfecto ejemplo de medicina integrativa en cuanto
ciencia basada en la energía. Tanto la medicina
integrativa como este libro están orientados hacia
el consumidor, con el fin de salvar las brechas
existentes entre lo que hasta ahora se sabía de
biología y los últimos adelantos que han revelado la
existencia de sustancias curativas que nuestro
propio cuerpo produce. Por fin, comenzamos a
entender la enorme magnitud de la capacidad
autocurativa de nuestro cuerpo, que le permite
recuperarse y mantener la salud. En la medicina
interactiva convergen siglos de conceptos sobre
medicina preventiva, provenientes de centenares de
culturas diferentes, con la moderna necesidad de
reducir el estrés, resolver conflictos, evitar
estilos de vida nocivos y modificar las pautas de
conducta que provocan exceso de peso, obesidad y,
por consiguiente, enfermedades coronarias,
hipertensión sanguínea, úlceras, dolores de espalda,
migraña, artritis, apoplejía y cáncer. Las metas de la
medicina integrativa son la calma espiritual, la paz
emocional y la buena forma física; en ella se unen
los conceptos holistas característicos de los
estilos occidentales de vida de California, con los
conceptos de la medicina preventiva proveniente de
la “Meca” de la medicina, en Boston. Los médicos
orientales, tradicionales y con formación en
Harvard, señalan que ya los médicos no pueden
prevenir el 80 por ciento de las enfermedades, que
la medicina y la cirugía no curan más de un 10 por
ciento de ellas, y que el 10 por ciento restante se
debe, en la actualidad, a accidentes quirúrgicos y
efectos colaterales de la medicación. Proclaman que
durante la presente década la salud de la población
norteamericana no depende de lo que otros hagan por
ella, sino de lo que esté dispuesta a hacer por sí
misma. Los graduados de las universidades de
California, Stanford y Berkeley, se muestran
completamente de acuerdo y coinciden en señalar que
la risa, la esperanza, la fe y el amor son
ingredientes principalísimos de la salud. La
medicina integrativa permite que ambos se
encuentren, ofreciendo a los pacientes combinaciones
del estilo tradicional y del holista: dieta,
ejercicio, sol, descanso, masajes y plegarias
marchan codo a codo con la medicación, las hazañas
quirúrgicas y los recursos increíbles de la alta
tecnología. Para mí ha sido un
honor presentar la medicina integrativa a la
asociación Médica de California, la Academia de
Pediatría de Detroit y la Academia Nacional de
Ciencias de Washington. Como una forma de entender
la salud y hacer frente a la enfermedad, parte de un
enfoque biosocial y psicoespiritual, que considera
que la responsabilidad personal, la valoración de sí
mismo y la consideración y reverencia hacia la vida
son los principales determinantes de la salud. La medicina
integrativa considera que cualquier enfermedad es
potencialmente reversible gracias al milagroso
poder de autocuración del cuerpo, al que
concibe como un sistema de energía y cree que la
salud es algo demasiado importante para dejarlo solo
en manos de la ciencia, pero que también lo es para
encararlo desde un punto de vista totalmente
acientífico. La ciencia no es más
que un intento de la mente humana de explicar las
leyes naturales; LA ANTIDIETA explica la nutrición
en función de leyes naturales no de la mente humana
ha discurrido hasta hoy. Cuando Harvey Diamond me
pidió que leyera el manuscrito del libro, me dijo
que si había cualquier cosa, incluso una mínima
afirmación, que mis colegas médicos pudieran tomar a
mal, me sintiera en libertad de cambiarla, ya que su
propósito era generar comprensión y no resistencia.
Pues bien, el libro es un mazazo mental para la
teoría médica, pero no hay en él nada que pueda
tomar a mal. Hace que las enseñanzas sobre nutrición
que se imparten en las facultades de medicina se nos
aparezcan como algo anticuado, e incluso peligroso,
e identifica los dogmas que durante tanto tiempo nos
han enseñado como una mera programación malsana que
nos va siendo instilada por los intereses
comerciales que representan a la industria lechera,
de los dulces y de la carne, y a los restaurantes. Lo único que puedo
decir a mis colegas médicos es que por debajo de la
ciénaga de fórmulas químicas que nos aprendemos no
había otra cosa que energía. Todo es energía. El
cuerpo es un sistema de energía. Los órganos son
conjuntos de células cuya frecuencia de vibración es
idéntica. Son células que no sólo tienen similitud
histológica, sino la misma frecuencia energética. Lo
que las mantiene unidas es la homeostasis. Una
perturbación en la energía celular es lo que
llamamos enfermedad. Los sistemas
energéticos alcanzan un funcionamiento óptimo con un
combustible eficiente. Un equilibrio celular sano y
dinámico se mantiene gracias a un aporte de energía
que sea equivalente al rendimiento energético. El
combustible alimenticio alcanza su mayor eficiencia
en la forma en que nos lo proporciona la naturaleza,
puesto que nuestro cuerpo también es algo que
proporciona la naturaleza. No existen campos donde
la brisa haga ondular sembrados de pan blanco. Las
comidas enlatadas, hervidas y sometidas a microondas
no son naturales. Las frutas no se encuentran
naturalmente en jarabes azucarados y aderezados con
conservantes químicos. No hay ríos ni arroyos de
bebidas gaseosas. De la misma manera que ahora nos
tomamos con toda naturalidad los aditivos y
conservantes y las comidas desnaturalizadas, durante
muchos años aceptamos sin cuestionamiento alguno el
tabaco, sin hacer caso de sus riesgos. La energía
proveniente de alimentos naturales en estado puro es
la que necesitan los cuerpos naturales en estado
puro. Actualmente va cobrando auge un nuevo
paradigma consumista, centrado en el jogging, en el
aeróbic, la reducción del estrés, el dejar de fumar
y el conocimiento de las normas de nutrición. A todo
ello se adecua perfectamente LA ANTIDIETA, que
constituye un importante cimiento para la salud y la
medicina del futuro: un sistema que sirva de base al
“estar bien”, no al “estar mal”. No a la enfermedad. Kay S. Lawrence, M.D. Profesor adjunto de
Clínica, Universidad de California, Irvine, Fundador
de “Medicina integrativa”. I PARTE: LOS PRINCIPIOS Introducción
por
Harvey Diamond ¿Eres una de esas
personas que andan en busca de una manera de vivir
que les permita rebajar de peso de manera sensata?
¿Y no volver a recuperarlo? ¿Y conseguir todo eso
sin renunciar a ninguno de los placeres de comer? Si
has respondido afirmativamente a estas preguntas, ya
puedes ir abandonando la búsqueda, porque esa es
precisamente la información que encontrarás en este
libro, quince años de estudio intensivo de la
relación entre lo que comemos y el estado de nuestro
cuerpo. Si estás harto de pasar de una dieta a otra,
y lo que buscas es un tipo de información práctica y
sensata que te confíe a ti el pleno control de tu
peso, aquí encontrarás noticias muy interesantes.
Podrás aprender algunos secretos que te permitirán
perder peso, y perderlo en forma permanente, sin
dejar de comer. Ya se que entre mis lectores habrá
algunos a quienes esto le parezca demasiado bueno
para ser verdad. La misma impresión tuve yo, pero
aprendí por experiencia que al peso que uno quiere
tener se puede llegar comiendo. ¿No sería ideal comer y
disfrutar comiendo, sentirse siempre satisfecho y no
frustrado, esperar con placer cada comida y, lo que
es más importante, mantenerse en el peso justo? Pues
de eso se trata en este libro, que no es una dieta.
Es una manera de comer que puede incorporarse a
nuestro estilo de vida como una manera de vivir, no
como un régimen dogmático. No es necesario que
cuentes calorías; no es una dieta que te matará de
hambre; no te limita las cantidades; no exige
modificación del comportamiento; no incluye
medicinas ni polvos; no da soluciones temporales. Es
un conjunto de principios dietéticos que puedes usar
mucho o poco, en la medida de tus deseos y de
acuerdo con tus objetivos. El programa no te impone
presión alguna. Mientras lo practiques te sentirás
cómodo, e irás alcanzando un éxito regular y
progresivo a medida que incorpores a tu vida la
información que te brindamos. LA ANTIDIETA da
resultados permanentes. Al seguir sus principios
dejarás de “vivir para comer”, y empezarás, en
cambio, a comer para vivir”. Quizá te parezca que
comer estupendamente, no contar calorías, no poner
candado a la nevera y no hacer dieta, son sueños
imposibles, pero deja que te aseguremos que no es
ningún sueño: la cosa funciona. Quizás hayas llegado a
un momento de tu vida en que estés absolutamente
harto de luchar con el problema del peso. Tal vez
estés en una situación en que lo que quieres, de una
vez por todas, es encontrar un programa alimentario
que funcione y en el que puedas confiar. Quieres
sentirte finalmente seguro de que tu cuerpo está
recibiendo todos los elementos nutritivos que
necesita, de que tu nivel de energía es alto y se
mantiene constante, y de que tu peso, después de
toda una vida de fluctuaciones, permanece estable.
En pocas palabras, quieres comer bien y de manera
regular, pero al mismo tiempo estas decidido o
decidida a verte libre de esa hartante preocupación
por los kilos de más y los centímetros de sobra. La información que te
ofrece este libro te permitiré hacer todo eso. Ante
una promesa tan halagüeña, sin embargo, es probable
que estés pensando: “¡Oh no!” “Me arreglarán con
brotes de alfalfa, lechuga y germen de trigo, y como
postre un tazón de zanahorias ralladas”. ¡Qué esperanza!
Nosotros no somos de esa escuela. Para que te
tranquilices, echemos un vistazo a lo que podrías
incluir en un día típico. A la mañana, cuando te
despiertes, puedes beberte un gran vaso de zumo de
frutas “frescas”. Escoge cualquier cosa que te
guste, dentro de las frutas de temporada que te
resulten más convenientes. Pueden ser naranjas,
mandarinas o pomelos, y el zumo puedes prepararlo
con un simple exprimidor, que es muy barato. Pero si
por casualidad tienes uno de esos extractores
múltiples que hoy por hoy son tan comunes, puedes
prepararte un jugo de manzanas frescas, de melón o
de sandías. Lo importante es que empieces el día con
zumo de frutas frescas. ¡Adelante! Si lo prefieres, o bien
además del zumo, puedes hacerte una ensalada de
frutas frescas, o comerlas simplemente tal cual.
Puedes comer cualquier fruta fresca que quieras,
pero “no frutas en conserva”; y además, puedes comer
la cantidad que quieras. Más adelante explicaremos
por qué las frutas en conserva no se adaptan al
programa. Quizás te hayas bebido
un zumo y te hayas comido medio melón a la mañana
temprano y a las diez vuelvas a sentir hambre.
Entonces, puedes comer algo más de fruta una o dos
naranjas, una manzana, melocotones frescos, más
melón, nectarinas o un puñado de cerezas o de uvas,
según la estación. Si después de comer alguna fruta
jugosa sigues teniendo hambre, cómete uno, dos
plátanos. La idea es que durante la mañana, y hasta
el mediodía, cada vez que sientas hambre has de
comer fruta. Para el almuerzo puedes
prepararte una abundante ensalada con las verduras
frescas, crudas; que más te gusten. Puedes escoger
entre diversos aderezos y, si quieres, con la
ensalada puedes comer algunas tostadas de pan
integral con mantequilla o un poco de sopa. Puedes
hacerte un sándwich excelente, combinando aguacate,
pepino, lechuga, tomate y un puñado de brotes, con
mayonesa o mantequilla. (De paso, si nunca ha
probado un sándwich de tomate y aguacate, ¡no sabes
lo que te has perdido. Es un bocado realmente
suntuoso). A la hora de la cena,
si tienes una de esos extractores de zumos
múltiples, tal vez te apetezca un buen cóctel de
zumo de verduras frescas mientras te preparas el
resto de la comida, que podría ser arroz, batatas o
ñame con mantequilla, o patatas al horno, con un
acompañamiento de ver duras cocidas al vapor y
ensalada. También puedes prepararte como plato
principal una ensalada de arroz estilo mediterráneo
o una ensalada de pollo. Puedes escoger entre carne,
pollo o pescado, acompañados de verduras y ensalada.
Y para variar está la posibilidad de una deliciosa
sopa con pan integral tostado con mantequilla, y
ensalada de col. ¡Hay tantas posibilidades, tantas
ideas nuevas para probar. No hay razón alguna para
preocuparse por falta de variedad, privación ni
aburrimiento. Como puedes ver hay muchísimas cosas
buenas para comer, interesantes y deliciosas. La
buena calidad de la comida y su variedad influirán
directamente sobre tu aspecto y ánimo. La mayoría de
los platos te resultarán familiares, lo que hará que
el programa te sea fácil de seguir. Además, habrá
muchas comidas agradables y originales que serán
nuevas para ti. Al poner el énfasis en las que ya
son familiares, los cambios serán muy simples y
llevaderos. Lo que es completamente
nuevo y diferente en este programa es que LO
IMPORTANTE NO ES SOLAMENTE LO QUE SE COME, SINO
TAMBIEN CUANDO Y EN QUE COMBINACIONES SE LO COME.
Este factor - el cuándo y el cómo - es lo que tu
habías venido buscando, el eslabón perdido que te
asegurará el éxito. Y lo más interesante es
que esta manera sensata de encarar el problema de
rebajar de peso se puede convertir fácilmente en un
estilo de vida. Porque funciona, es novedoso y
divertido. Además, es un sistema que da resultados
duraderos. No es una moda. Su éxito se debe a que, a
diferencia de las modas dietéticas No es una
solución temporal. Nunca volverás a experimentar la
desilusión de recuperar el peso que tanto te habías
esforzado por perder. Tendrás al alcance de la mano
los mejores instrumentos para controlar cualquier
nuevo aumento indeseable de peso. Con este sistema
se supera el fallo inherente a las dietas de moda.
El peso que se pierde con este programa no se
recupera. LA ANTIDIETA es un
sistema seguro y equilibrado, que se basa en las
leyes fisiológicas naturales y en los ciclos del
cuerpo humano. Y porque se basa en leyes naturales,
funciona para todos. En la vida todo está regulado
por las leyes físicas y naturales, incluso nuestro
cuerpo, de manera que si queremos rebajar
eficazmente de peso, debemos hacerlo de acuerdo con
las leyes naturales. Como fundamento de este
sistema se encuentra una verdad universal referente
a la pérdida de peso, que hasta ahora no ha sido
bien entendida: UNA REDUCCION DE PESO SEGURA Y
PERMANENTE SE RELACIONA DIRECTAMENTE CON LA CANTIDAD
DE ENERGIA VITAL DE QUE DISPONEMOS, Y CON EL USO
EFICIENTE DE DICHA ENERGIA PARA LA ELIMINACION DE
DESECHOS (EXCESO DE PESO) DEL CUERPO. La clave del
sistema reside en que colabora con el cuerpo para
liberar energía. Con esta nueva reserva de energía,
el cuerpo empieza a trabajar automáticamente para
deshacerse de cualquier exceso de peso. Cuanta más
energía se libera, más peso se pierde. Y como en
este programa se come para liberar energía, uno se
encuentra con más energía que nunca. Llevar la
energía a un nivel óptimo y constante es un punto
crítico de la antidieta, que ha sido diseñada no
sólo para rebajar de peso, sino también para
resolver la crisis de energía por la que pasan
muchas personas como papel crítico que desempeña la
energía en la pérdida de peso y de algunas ideas
sumamente erróneas respecto de la forma en que se ha
de comer. Dice Joy Gross en su libro Positive Power
People: “La vida se basa en leyes sobrecogedoramente
inmutables. Ignorarlas no libra a nadie de las
consecuencias de no aplicarlas o de infrigirlas”.
Este programa se basa en Leyes universales y en
verdades fisiológicas. ¡Aplícalas a tu vida!
Gratifícate generosamente con un cuerpo esbelto
joven pleno de belleza y vitalidad... y disfruta de
salud física, emocional y espiritual. Hace más o menos
diecisiete años, un amigo me dijo, en un momento de
enfado: - Oye, Tripitas, ¿por
qué no te resignas de una vez a ser gordo? ¿Tripitas? ¿Yo? Sus
palabras me afectaron como si alguien me hubiera
puesto sobre la cabeza una pesada olla de hierro
para después aplastarla de un mazazo. Y no me
faltaban razones para que su comentario me resultara
tan destructivo. Para empezar, yo estaba seguro de
disimular con una astucia fantástica los centímetros
que me sobraban de cintura, usando ropa suelta, pero
de muy buen corte... el lector ya me entiende. Pero
lo que más me frustró fue que había estado poniendo
todas mis esperanzas en diversas dietas, y el
comentario de mi amigo me hizo caer en la cuenta del
poco éxito que había tenido con ellas. Yo probaba
cualquier programa que aparecía en el horizonte, y
si la cosa consistía en no comer más que huevos y
queso durante treinta días, pues lo hacía, lo mismo
que si me hablaban de sobrevivir un mes con apio y
hamburguesas. Y rebajaba de peso, claro que
rebajaba, pero naturalmente, tan pronto como
abandonaba el programa retomaba mis antiguos hábitos
alimenticios y volvía a pesar lo mismo que antes. Si
alguna vez el lector ha hecho dieta, me entenderá,
porque - seamos sinceros - ¿en qué estaba pensando
durante todo el tiempo que hacía dieta? ¡EN COMER¡
Tan pronto cómo había terminado la ordalía salía de
casa corriendo como gato escaldado, a poner término
a mis angustias. Y siempre me encontraba con que,
por más peso que hubiera perdido, en menos tiempo de
lo que me habrá llevado rebajar lo había recuperado,
con un par de kilos adicionales. De pequeño yo no había
sido gordo, pero después que me licenciaron en la
Fuerza Aérea, con algo más de veinte años, empecé a
luchar con un problema de peso que simplemente no
podía superar. En una época de mi vida en que
debería haber sido activo y energético, tenía un
exceso de peso de casi 23 kg. Cuando finalmente
alcance y pasé la temida cifra de 90 kg, estaba
desesperado. Por la misma época murió mi padre,
todavía muy joven, de cáncer de estómago. Fue un
proceso terrible y prolongado, y el recuerdo de sus
últimos días jamás me abandonará. De joven había
sido boxeador y estibador, fuerte y fornido, con más
de 90 Kg de peso; cuando murió pesaba menos de 45.
Poco después de su muerte me desperté, una noche,
aterrado al darme cuenta de que con mi estructura
ósea ligera, mi 1,77 m de estatura y mis 91,5 kg. de
peso, tenía todos los problemas que el había
padecido durante su vida. El también pesaba más de
90 kg y, lo mismo que yo, jamás se había sentido
realmente bien. Mis estudios posteriores me
demostraron que siempre que anda uno excedido en más
de veinte kilos de peso, se está preparando también
otros problemas. Mi padre tenía frecuentes
resfriados, dolores de cabeza y problemas
estomacales, y su queja constante era la falta de
energía. Yo también tenia esos problemas. No
participaba en deportes ni en actividades sociales.
Tener que quitarme la camisa en la playa era siempre
una experiencia traumática. Cuando terminaba el
trabajo cotidiano, no me quedaban fuerzas más que
para comer y autocompadecerme. (Aparentemente, para
comer siempre me quedaba algún resto de energía.)
Cuando murió mi padre no sólo me autocompadecí, sino
que me asusté. Ese miedo fue el
incentivo que me llevo a dar un giro decisivo. El
miedo de morirme joven se unió a mi deseo de que no
me llamaran “Tripitas” y me impulsó, finalmente, a
emprender decididamente la acción. Estaba dispuesto
a renunciar a mi invariable hamburguesa con cocacola
para consagrarme a la resurrección de mi cuerpo. En
el ardor de mi entusiasmo, y con gran resolución, me
zambullí espectacularmente en una serie de dietas
que me aseguraban que me harían rebajar
permanentemente de peso. Hice la primera dieta,
después la segunda. Más adelante la tercera. Tras
una considerable cantidad de frustración y
decepciones, llegué a darme cuenta de que..... 1 Las dietas no funcionan Hacer dieta es un
proceso que se encuentra entre las experiencias más
ineficaces y más curiosas del ser humano. ¿Qué otra
ocasión hay en que la gente se someta
disciplinadamente a privaciones durante días,
semanas e incluso meses, con el fin de alcanzar
cierto objetivo, para terminar comprobando que el
tal objetivo comienza a desvirtuarse tan pronto como
ha sido alcanzado? Y por si esta experiencia no
fuera suficientemente frustraste, muchas personas
que hacen dieta se someten regularmente a este
proceso y pierden con gran entusiasmo, y durante
corto tiempo, algunos kilos para recuperarlos
después. Son personas que se agotan mental, física,
espiritual y emocionalmente, buscando siempre un
resultado permanente que no encuentran jamás. Y esta
búsqueda, frecuente y estéril, crea el exceso de
estrés y el trastorno emocional que tan bien conocen
quienes hacen dieta. Preguntémonos, de todas
maneras, que es una dieta La gente cede a sus
propios caprichos hasta llegar a un punto en que ya
no puede mirarse al espejo, o en que se encuentra
con que la ropa ya no le va. Entonces, a
regañadientes, se obliga a “hacer dieta” para
compensar así el anterior exceso de tolerancia. Es
como correr a echar llave a la puerta del garaje
cuando alguien se ha llevado ya el coche. Es
demasiado tarde; el daño está hecho. El remedio para
estos excesos es, generalmente, la privación, y casi
todas las “dietas curativas” que se ofrecen hoy en
el mercado exigen que quien las sigue rebaje de peso
al precio que sea. Las planes dietéticos son una
forma sumamente cara de perder peso, y muchas veces
su coste real es el bienestar de la persona. ¿Por qué no funcionan
las dietas? La respuesta es, en realidad, muy
simple. ¿En qué piensa uno cuando está haciendo
dieta? Tal como me sucedía a mí, generalmente estaba
pensando en lo que va a comer cuando finalmente haya
terminado con esa dura prueba. ¿Cómo es posible
tener éxito con una dieta si uno no piensa más que
en comer? La privación no es la forma de lograr una
pérdida de peso saludable y permanente.
Generalmente, es a causa de que después uno se
atiborra, con lo cual se complica el problema. Entre
el privarse y el atiborrarse se establece un círculo
vicioso, que es precisamente uno de los muchos
inconvenientes de las dietas. Otro problema es que
las dietas son temporales; por consiguiente, también
los resultados tienen que ser temporales. El lector
quiere ser delgado: ¿temporal o permanentemente? Las
medidas permanentes dan resultados permanentes, y
las temporales, resultados temporales. ¿Nunca habéis
escuchado esta queja? “He probado todas las dietas
que se anuncian, y ninguna me ha resultado” ¿Por qué
han probado todas las dietas? Si las han probado
todas, sin obtener éxito, es porque hacer dieta es
encarar más el problema. Las dietas fallan por lo
que llevan implícito de disciplina forzada, algo que
muy pocas personas pueden aguantar con éxito cuando
se trata de comida. Y sin embargo son muchos los
que, al no tener otra alternativa, siguen haciendo
lo que siempre han hecho - dieta - porque jamás les
han ofrecido otra alternativa viable. Siguen en
busca de esa única panacea que, de una vez por
todas, pondrá término a la batalla de los
centímetros y los kilos. Cuando nos ponemos a
dieta, nuestro organismo pasa por una brusca etapa
de confusión, mientras intenta adaptarse al nuevo
régimen. Después, cuando el régimen termina, tiene
que readaptarse al modelo antiguo. Es como coger una
varilla de metal y empezar a doblarla y doblarla:
finalmente, se debilita y se rompe. Si sometemos
nuestro cuerpo a este proceso de adaptación y
readaptación una y otra vez, terminará por
debilitarse hasta que sobrevenga un colapso. Pero al atacar las
dietas, estoy atacando algo que es una institución
en el mundo contemporáneo. Según una encuesta
efectuada por la firma Louis Harris se considera por
ejemplo que un 62 por ciento de los norteamericanos
están excedidos de peso. A más de 44 millones de
norteamericanos se les considera clínicamente
obesos; es decir que tienen un exceso de peso de
diez kilos o más. Pero la realidad de las
cosas es que las dietas no funcionan. Nunca han
funcionado, ni jamás funcionarán. Para demostrarlo
no hace falta más que considerar las cifras. ¿Cuántas dietas han
aparecido durante los últimos veinte años?
¿Cincuenta, cien? Si realmente funcionaran, ¿qué
necesidad habría de una interminable cadena de
dietas? Si las dietas funcionaran, las cifras de
obesidad disminuirían, en vez de ir en aumento. En
1982, solamente en los Estados Unidos, se gastaron
quince mil millones de dólares en planes para
rebajar de peso. ¡Quince mil millones de dólares! Si
alguno de mis lectores tuviera quince mil millones
de dólares para gastar, podría gastar un millón de
dólares por día durante cuarenta años, y todavía le
sobrarían cuatrocientos millones de dólares! Si las
dietas funcionaran, ¿acaso esa suma monumental de
dinero no habría puesto término al problema? El
hecho es que en los Estados Unidos esa ya increíble
cantidad se incrementa anualmente en mil millones de
dólares. A pesar de las dietas nuevas que vienen y
van, el problema está empeorando. Es obvio que la gente
se ha cansado de pensar en hacer dieta. Reinan la
confusión y la frustración, porque la mayoría de las
dietas se contradicen entre ellas. Y cuando las
supuestas autoridades no se ponen de acuerdo, ¿qué
puede creer el lego? Una dieta popular dice que hay
que comer principalmente proteínas y muy pocos
carbohidratos. Otra, no menos popular, sostiene que
hay que comer principalmente carbohidratos y muy
pocas proteínas. ¿Puede ser que acierten ambas? Otro
plan dice que hay que comer cualquier cosa que le
apetezca a uno en ese momento, y después hacerlo
bajar con piñas y papayas. También está el que dice
que comamos una pequeña combinación de todo lo que
nos guste, pero que no nos olvidemos de hacer
ejercicio, y destaca además el pensamiento positivo.
Y hay otra dieta que te dice que comamos cualquier
cosa que se nos ocurra, pero que no nos olvidemos de
pesarlo. Más allá otra recomienda que se siga su
programa solamente dos semanas y se descanse otras
dos. Muchas dietas se limitan a apoyarse en un
tedioso recuento de calorías. La más peligrosa de
todas es el último grito de la moda dietética, que
sustituye la comida natural por fármacos y “polvos
nutritivos”. Todavía no se ha estimado el coste de
estas variantes en función del bienestar de la
gente. Y puesto que en el pasado nos hemos fiado a
tal punto de las dietas, y ya sabemos que no
funcionan. ¿qué alternativa nos queda? Pues. ¡LA QUE
ESTAIS LEYENDO! Lo que aquí presentamos
es información de sentido común, que la gente puede
usar para determinar por sí misma lo que le va
mejor. Es hora de que volvamos a asumir el control y
la responsabilidad que esgrimen quienes se lo pasan
discutiendo quien tiene la respuesta correcta. Lo
que ofrecemos es un enfoque nuevo, una nueva manera
de pensar, una nueva forma comer, de modo que las
dietas pasan a ser tan innecesarias y a estar tan
pasadas de moda como los sellos para lacrar. Ya que
es evidente que las dietas no funcionan, liberémonos
de una buena vez de ellas. Por qué no comprobar de
primera mano que los únicos resultados permanentes
en lo que se refiere a rebajar de peso, sólo se
conseguirán cuando DEJEMOS DE HACER DIETA. Fue lo que yo hice.
Finalmente, me harté y abandoné las dietas, decidido
a encontrar una respuesta que tuviera sentido para
mí, que fuera razonable y permanente. Después de
tres años de volverme loco con las dietas, se me
hizo evidente que lo que necesitaba era aprender la
manera de cuidar adecuadamente de mi cuerpo. Lo que
quería encontrar era una orientación que me enseñara
a adquirir y mantener aquel cuerpo esbelto y sano
que - como yo bien sabía - llevaba dentro. Una noche, en un
festival de música muy lejos de donde yo vivo, oí la
conversación de dos personas de aspecto muy
saludable. Hablaban de un amigo que tenían en Santa
Barbara, California, y de sus conferencias sobre la
salud. Enseguida puse atención. Les pedí disculpas
por interrumpirlos y les pregunté de quien estaban
hablando. En menos de veinticuatro horas iba yo
camino de Santa Barbara. Poco me imaginaba entonces
que estaba a un paso de uno de los descubrimientos
más importantes de mi vida. Estaba a punto de tomar
contacto con esa extraordinaria y antiquísima
ciencia que es.... 2 La higiene natural La primera
vez que lo oí decir pensé: Ya, ya sé... Cepillarse
los dientes y lavarse detrás de las orejas. Y la
verdad es que hay mucha gente que piensa lo mismo al
oír esa expresión. Pero en realidad, la higiene
natural es una fórmula extraordinaria de enfocar el
cuidado y el mantenimiento del cuerpo humano. La
primera vez que oí el término, estaba frente a la
persona más sana que jamás hubiera visto en mi vida.
Con una mirada me bastó para saber que tenía que
saber como cuidar de su cuerpo. Al mirar sus ojos
claros, su piel radiante, su porte sereno y su
cuerpo bien proporcionado, no pude dejar de pensar
en todos los profesionales de la salud que me habían
brindado antes sus consejos, y que, como ejemplos de
un ideal físico, no eran mejores que yo. Cuando lo
conocí, aquel hombre me dijo: - Fíjese, se está usted
matando, y sin razón alguna. Sentí que me iluminaba
como un árbol de Navidad. Aquellas palabras fueron
mi primer contacto con la higiene natural, y el
comienzo de una amistosamente gratificante. En unas
pocas horas, Jensen (un seudónimo que uso a pedido
de él) me explicó de la manera más simple y concisa
por que yo estaba gordo y por que me costaba tal
esfuerzo rebajar de peso y mantenerse delgado. Todo
me pareció tan sensato que me quede azorado ante tan
evidente simplicidad. Al escuchar esa primera
explicación de como conseguir y mantener un cuerpo
verdaderamente en forma, del cual pudiera
enorgullecerme, me sentí inundado por una sensación
de regocijo y alivio como jamás había sentido. Esa
era la información que tan seguro había estado de
encontrar más de una vez. Durante los tres años y
medio siguientes, tuve la buena suerte de poder
estudiar con Jensen; fue una experiencia que me
abrió los ojos. No sólo me benefició, día a día, de
sus conocimientos, sino que adquirí y leí todo lo
que pude encontrar sobre el tema de la higiene
natural. Y decidí que su estudio, su práctica y su
enseñanza debían ser la labor de mi vida. Después
del período de Santa bárbara continué estudiándola
intensamente durante los diez años siguientes.
Durante varios años trabajé como asesor privado,
enseñando a la gente a usar los principios de h
higiene natural como estilo de vida, y aún sigo
haciéndolo. En 1981 inicié un programa de
seminarios, el “método Diamond”, y desde entonces he
hablado con millares de personas. Los centenares de
cartas entusiastas que recibo de gente de toda edad
y condición dan testimonio de la eficacia de esta
manera de comer. A comienzos de 1983 me doctoré en
ciencias de la nutrición en el American College of
Health Science de Austin, Texas, la única
institución en Estados Unidos que concede diplomas a
graduados en higiene natural. Un mes después de mi
primer contacto con la higiene natural había
rebajado los veinte kilos de exceso que tantos
problemas me habían traído. Eso fue en 1970, y desde
entonces no he vuelto a recuperar nada de ese peso.
Y me encanta comer. Soy una de esas personas que
pueden aumentarse algún kilito nada más que con leer
la revista Gourmet Pero ahora la diferencia está en
que he aprendido la manera de comer, es decir que no
sólo satisfago mi deseo de hacerlo, es decir que
también colaboro con mi cuerpo para mantenerlo en el
peso que es mejor para mi. He aprendido a comer para
vivir, en vez de vivir para comer. Dicho de otra
manera: si en todos estos años no he recuperado el
exceso de peso, es porque no me libere de el con una
dieta. Altere mis hábitos de alimentación, y este es
el resultado. Y la pérdida de peso no
es más que uno de los beneficios de anotarse a la
higiene natural como estilo de vida. También logré
un aumento de energía increíble y una sensación
general de bienestar inmensa. Jamás se me hubiera
ocurrido que podría llegar a experimentar tales
sensaciones. Actualmente, mi excedente normal de
energía es tal que algunos conocidos míos me
encuentran molesto. Y puesto que paso ya de los
cuarenta año, no puedo menos que sentirme encantado
al comprobar que soy ahora mucho más sano que cuando
tenía veinticinco. Y todo eso se lo debo a la
higiene natural. Se trata de una
disciplina cuya historia se remonta a la antigua
Grecia. Cuatrocientos años antes de Cristo,
Hipócrates enunció con toda precisión su punto de
vista al decir: “En tu alimentación está tu
curación”. La historia moderna de la higiene natural
en Estados Unidos se inició en 1830, cuando se formó
una organización llamada la American Physiological
Society, que ocho años más tarde fundó una librería
y una tienda de comestibles en Boston, que fue, de
hecho, la primera tienda dietética del país. Hacia 1850 cuatro
médicos - Sylvester Graham, William Alcott, Mary
Grove e Isaac Jennin - comenzaron el primer
movimiento importante de higiene natural en la época
moderna. A sus filas se unieron rápidamente muchos
otros miembros de la profesión médica, deseosos de
dar un giro más natural a la medicina tradicional.
En 1862 el doctor Russel Trall formó una asociación
higiénica nacional. En 1872 el doctor Trall publicó
The Hygienic System, obra que fue muy bien recibida,
predecesora de muchas otras sobre la higiene natural
que enseñaron la importancia de la dieta para
adquisición y el mantenimiento de un nivel de salud
óptimo. Uno de los practicantes
más respetados y respetables de esta disciplina en
la actualidad el doctor Herbert M. Shelton,
actualmente retirado, pero que entre 1928 y 1981
dirigió una escuela de salud, que incluía una
clínica, laboratorios y un programa de enseñanza, en
San Antonio, Texas. Al doctor Shelton se lo
considera generalmente la mayor autoridad en lo que
se refiere a los principios y la práctica de la
higiene natural Autor de numerosas obras, que
sintetizan sus ideas y descubrimientos, la ciencia -
y arte - de la higiene natural debe a este hombre
más que a ninguna otra persona En palabras del
doctor Shelton “Las leyes de la naturaleza, las
verdades del universo, los principios de la ciencia,
son tan ciertos, tan fijos y tan inmutables en
relación con la salud como en relación con cualquier
otra cosa. La higiene natural es aquella rama de la
biología que investiga y aplica las condiciones de
las cuales dependen la vida y la salud, y los medios
por los cuales esta última se sostiene en toda su
virtud y pureza, y se restablece cuando se la ha
perdido o está menoscabada”. El representante más
eminente y activo de la higiene natural es hoy, sin
duda alguna, T. C Fry, decano del American College
of Health Science y brillantísimo defensor de la
salud, quien afirma: La higiene natural está en
armonía con la naturaleza de acuerdo con los
principios de la existencia vital y orgánica; es
científicamente correcta, coherente en sus
principios éticos y filosóficos, acorde con el
sentido común, de comprobado éxito en la práctica, y
una bendición para el género humano. Su credo es:
“Solo una manera sana de vivir produce salud”. Recientemente, el
doctor K. R. Sidhwa, destacado representante de esta
especialidad en Londres, describió la higiene
natural, en el Tercer Congreso de Medicinas
Alternativas como la técnica curativa fundamental.
En la actualidad la practican, en el mundo entero,
gentes que disfrutan de una vida larga, sana y libre
de enfermedades. Pero que significa,
exactamente, “higiene natural”. Si el lector también
pensó, en un primer momento, que se trataba de
cepillarse los dientes, no andaba tan despistado. La
palabra higiene significa limpieza Natural alude a
un proceso no obstaculizado por fuerzas
artificiales. EL FUNDAMENTO BASICO DE LA HIGIENE
NATURAL ES EL HECHO DE QUE EL CUERPO ESTA
CONTINUAMENTE LUCHANDO POR MANTENER LA SALUD, Y DE
QUE LO LOGRA LIMPIÁNDOSE CONTINUAMENTE DE DESECHOS
NOCIVOS. Se trata de un enfoque orientado a entender
el efecto que tiene la alimentación sobre la
duración y calidad de la vida, v centrado en la
prevención y en la vida sana. Más que a combatir
constantemente los efectos de una continua violación
de las leves naturales, enseña a eliminar la causa
de los problemas. La esencia de la
higiene natural es la propia capacidad del cuerpo
para autodepurarse, autocurarse y automantenerse. La
higiene natural se basa en la idea de que todo el
poder de curación del universo se encuentra dentro
del cuerpo humano; de que la naturaleza es siempre
correcta y no admite que se la mejore. Por
consiguiente la naturaleza no tiende a desvirtuar
ninguna de sus propias operaciones. Sólo tenemos
problemas de mala salud (p. ej., exceso de peso,
dolor y estrés) cuando violamos las leyes naturales
de la vida. La más hermosa
característica de la higiene natural es que nos da
la oportunidad de controlar el peso, ofreciéndonos
los instrumentos necesarios, algunos de ellos
innatos: el sentido común, los instintos, la lógica.
el razonamiento. Estos son instrumentos críticos que
todos traemos como parte de nuestro equipo, pero por
una u otra razón, vamos perdiendo confianza en estos
atributos. Es increíble la cantidad de veces que
después de haber escuchado como la higiene natural
explica una situación determinada, he oído decir a
la gente “Fíjese, yo siempre sentí que las cosas
tenían que ser así, pero...”. Sus instintos les
decían una cosa, pero las presiones externas lo
convencían de que debían hacer otra. Con el correr
del tiempo, habían ido haciendo cada vez menos caso
a sus instintos, hasta terminar por no advertirles
siquiera. A lo largo de este libro se encuentran
muchos ejemplos de como valerse del sentido común,
los instintos y la lógica para controlar el peso
corporal. El más importante de
estos instrumentos - en realidad el mayor de todos
los dones - es el cuerpo humano, y la inmensa
inteligencia que lo dirige. El cuerpo humano tiene
que ser la creación más estupenda de la naturaleza;
su poder, su capacidad y su adaptabilidad no tienen
igual. La inteligencias inherente a nuestros cuerpos
es de una magnitud tal que literalmente da vértigo.
El corazón humano late unas cien mil veces cada
veinticuatro horas. Considere el hecho de que el
corazón y su sistema de bombeo, que los científicos
han intentado reproducir sin éxito, bombea 5,5
litros de sangre a través de más de 154.000
kilómetros de vasos sanguíneos, lo que equivale a
bombear 23.940 litros por día. Esto significa casi
437 millones de litros en sólo cincuenta años. Los 5,5 litros de
sangre están hechos de más de 25 billones de
glóbulos que cada día hacen entre tres y cinco mil
viajes por todo el cuerpo. Y a cada segundo se
producen ¡siete millones de glóbulos sanguíneos
nuevos! Este sistema de bombeo tiene la capacidad de
trabajar sin descanso durante décadas, sin saltarse
un latido. ¡Y esto no es más que el sistema
circulatorio! Considérese el calor
que debe generar esta máquina para cumplir sus
funciones, y sin embargo ¡mantiene una temperatura
constante de alrededor de 37 grados centígrados! El
órgano más grande del cuerpo, la piel, cuenta con
más de cuatro millones de poros que continuamente
actúan como sistema de refrigeración del motor. Los
sistemas digestivo y metabólico tiene la notable
capacidad de transformar la comida que ingerimos en
sangre, huesos y estructuras celulares. Se mantiene
siempre un equilibrio perfecto, que se destruiría si
el sistema se desconectara incluso por un tiempo
brevísimo. Los pulmones consiguen proporcionar a la
sangre el oxígeno que necesita Un complejo sistema
óseo proporciona la armazón que permite al cuerpo
mantenerse erguido y andar, y trabaja en armonía con
un extraordinario sistema muscular que posibilita la
locomoción. Sorprendentemente,
¡esta máquina es capaz de reproducirse! La fuerza y
la sabiduría necesarias para convertir un óvulo
fecundado en un hombre o una mujer adulta son algo
que excede nuestra comprensión. Sólo los cinco
sentidos bastan para dejar atónito al intelecto. La
lista de actividades que el cuerpo lleva a cabo
regularmente podría llenar un libro. Y este pináculo
de perfección culmina en el cerebro, que supervisa
todas estas actividades maravillosas, asegurándose
de que todo funcione con una precisión que haría
parecer burda la obra del mejor de los maestros
relojeros. El cerebro está formado por más de 25 mil
millones de células, que se cuentan entre las más
desarrolladas que se conoce. Mirar una célula
individual, es aun más impresionante. Una célula no
se puede ver sin un microscopio, y sin embargo, lo
que sucede en el interior de una célula es
asombroso. Se dice que la sabiduría de una sola
célula excede todo el conocimiento acumulado hasta
el día de hoy por la raza humana. Incluso la célula
más pequeña de nuestro cuerpo tiene aproximadamente
mil millones de veces el tamaño del más pequeño de
sus componentes. La célula es la sede de más
reacciones químicas que todas las fábricas de
productos químicos del mundo, combinadas. Hay miles
de componentes en una célula: cromosomas, genes,
ADN, organelas, mitocondrios, enzimas, hormonas,
aminoácidos y miles de sustancias y compuestos,
demasiado numerosos para mencionarlos. Y no hay
nadie en el mundo que pueda explicar que es lo que
hace funcionar a una célula. Es posible clasificar
todos los miles de funciones diferentes, pero la
fuerza que hay detrás de ellas trasciende nuestra
comprensión. En otras palabras, la inteligencia
innata del cuerpo es infinitamente más compleja que
nuestra mente pensante. ¡Y pensar que hay más de 75
billones (75.000.000.000.000) de estas células
asombrosas que funcionan con impecable perfección
durante sesenta, setenta, ochenta o más años! Dentro de cada célula
hay un núcleo que contiene cromosomas integrados por
genes. Y dentro de los genes está la sustancia de la
vida: el ADN. El ADN es lo que determina el color de
los ojos, o la fragancia de una flor, o la
iridiscencia de las plumas de un pájaro. Si
tomáramos todo el ADN de todos los genes de nuestros
setenta y cinco billones de células, entraran en una
caja del tamaño de un cubito de hielo. Y sin
embargo, si todo el ADN se desenmarañara y se
ordenara, formara una cuerda capaz de llegar de la
Tierra al Sol, ida y vuelta, más de cuatrocientas
veces. ¡Eso equivale a casi 130 mil millones de
kilómetros! Nos valdremos de una
analogía para que el lector pueda entender la
magnitud de las cifras de que hablamos, y las
proporciones titánicas de la cooperación necesaria
para coordinarlas. Consideremos que la Tierra tiene
aproximadamente cuatro mil millones de habitantes.
Pues bien, es evidente que seria difícil imaginarse
siquiera a unos cuantos millones de ellos reunidos
para colaborar armoniosamente en todas las casas. Si
eso parece difícil, imaginémonos a los cuatro mil
millones de habitantes del planeta actuando al
unísono. Por imposible que parezca, es nada si se lo
compara con el funcionamiento interno del cuerpo.
Imaginemos dieciocho mil Tierras, cada una de ellas
con sus cuatro mil millones de habitantes, y que
actuarán al unísono hasta el último de ellos. Todos
tienen las mismas ideas políticas, las mismas
creencias religiosas y los mismas postulados
intelectuales, y todos se esfuerzan por conseguir
exactamente los mismos objetivos. ¡Vamos! Hay más
probabilidades de que la Luna este hecha de queso
¡Pero eso es precisamente lo que hacen, día tras
día, los billones de células de nuestro cuerpo! Una célula humana en el
laboratorio, libre de toda influencia del cuerpo, se
dividirá unas cincuenta veces antes de morir. Si
todas nuestras células se dividieran con esa
frecuencia, llegaríamos a tener unas proporciones y
un peso increíbles. Sólo con comparaciones tan
alucinantes como estas es posible hacerse alguna
idea de la inteligencia infinita que es necesaria
para coordinar las actividades de un número
astronómico de células. Como último ejemplo,
imagínese el lector escribiendo una carta sumamente
importante al mismo tiempo que mira su programa de
televisión favorito y escucha la grabación de una
clase. ¿De qué manera se desempeñaría en cada una de
esas funciones? Probablemente, no demasiado bien.
Piense ahora que, al mismo tiempo, tiene que
prepararse la comida y fregar el suelo. Nada,
imposible. El intento de hacer estas cinco cosas al
mismo tiempo no deja margen para que ni una sola de
ellas se haga con un mínimo nivel de eficiencia. Y
no son más que cinco actividades. ¡Nuestro cuerpo realiza
miles de billones de procesos durante las 24 horas
del día! No millones ni miles de millones, sino
miles de billones, y no al azar sino con absoluta
perfección, llevando a cabo todos los procesos
metabólicos y vitales que aseguran nuestra
existencia. Cuando consideramos la vastedad de las
funciones y procesos del cuerpo humano, nos abruma
la inteligencia enorme que en ellos se manifiesta. Si consideramos estos
hechos, ¿es concebible que esta máquina,
verdaderamente magnífica, no tenga el mecanismo
necesario para mantener el peso corporal adecuado? No, no es concebible.
El cuerpo tiene incorporados desde el nacimiento los
mecanismos de autopreservación necesarios. ESTAR
SANOS ES NUESTRO PATRIMONIO NATURAL Y TENER UN
EXCESO DE PESO ES NO ESTAR SANO. De igual manera que una
planta buscará siempre la fuente de la luz, sea cual
fuere el lugar de la habitación donde se encuentre,
así nuestro cuerpo pugnará siempre por la perfección
como proceso biológico de la existencia, tan
automático como la respiración o el parpadeo, el
cuerpo humano permanecerá incesante por estar en
forma. El secreto está en aprender a facilitárselo,
en vez de dificultárselo. Todas nuestras formas de
interacción con el medio afectan nuestro bienestar,
pero en ningún otro aspecto de la vida violamos
nuestras necesidades biológicas de manera más
flagrante que en el de la dieta. Quien tiene un
problema de peso, es incuestionable que la comida
que está metiéndose en el cuerpo es el principal
factor que determina ese problema. Desde todos los
campos de las profesiones médicas se va aportando
cada vez más luz en lo referente al conocimiento de
la relación entre alimentación y bienestar. Una carta del doctor
David Reuben a sus colegas, que aparece en su libro
Everything
You Always Wanted to Know About Nutrition
(Todo lo que usted siempre quiso saber sobre la
nutricion), dice: Hay toda una categoría de
sustancias que tienen sobre nuestros pacientes un
efecto mucho más intenso que los fármacos. Esa
categoría es la comida y, aunque sin culpa alguna
por nuestra parte. se trata de un dominio de la
medicina que hemos descuidado. Estuvo descuidado
durante nuestra formación médica, durante nuestros
internados y durante nuestra residencia. Y con
buenas razones: teníamos que atender grandes
cantidades de enfermos. Pero ahora se está
haciendo evidente, en cada una de nuestras
publicaciones medicas más responsables, que muchos
de esos «enfermos» lo están, específicamente, por
causa de lo que comen... o de lo que no comen - Y
agrega, dirigiéndose específicamente al pueblo
norteamericano - la mayor
amenaza a nuestra supervivencia y a la de vuestros
hijos no es ninguna arma nuclear terrible. Es lo que
vais a comer esta noche en la cena. El libro Dietary Goals
for the United States (Objetivos dietéticos
para los Estados Unidos), preparado por el equipo de
la Comisión de Nutrición y Necesidades Humanas del
Senado de los Estados Unidos, expresa: En cuanto
nación, hemos llegado a creer que la medicina y la
tecnología médica pueden resolver nuestros
principales problemas sanitarios. Durante mucho
tiempo, el papel de factores tan importantes como la
dieta en el cáncer y las enfermedades cardíacas ha
quedado oscurecido por el énfasis que hemos puesto
en la victoria sobre tales enfermedades mediante los
milagros de la medicina moderna Lo que ha estado a
la orden del día ha sido el tratamiento, no la
prevención. Los problemas jamás
pueden ser resueltos intensificando simplemente la
atención médica La salud de los individuos y la
salud de la población están determinadas por
diversos factores biológicos, de conducta y
ambientales. ¡Ninguno
de ellos es más importante que lo que comemos!. Si se puede suponer que
la incidencia de las dos primeras enfermedades
letales (las afecciones cardíacas y el cáncer) en
Estados Unidos puede reducirse sólo conque la gente
sepa qué y cómo comer, imaginemos lo que ese
conocimiento podría hacer para resolver el problema
del exceso de peso, que con frecuencia es el
precursor de los otros dos. Afortunadamente ahora
que por fin se ha puesto de manifiesto que la comida
que ingerimos, la obesidad y las enfermedades
degenerativas se encuentran mutuamente relacionadas,
podemos vincular este descubrimiento con todo un
dominio del conocimiento que se dedica a estudiar
los efectos de la comida sobre el cuerpo humano. Es interesante que en
Estados Unidos la higiene natural haya existido y
haya sido utilizada por miles de personas durante
más de un siglo y medio, y que sin embargo sean muy
pocos los que han oído hablar de ella. Es muy
posible que el lector jamás la haya oído nombrar
antes de leer esta introducción. Durante mis
seminarios, siempre pregunto a los concurrentes:
¿Cuántos de vosotros habéis oído hablar de la
higiene natural? ¡Los que
levantan la mano jamás llegan al uno por ciento!
Es extraño que un aspecto tan simple, tan práctico y
tan eficaz
de la atención sanitaria sea a tal punto
desconocido. Aparte de que no recibe la suficiente
atención en los medios de comunicación. La razón de
esta ignorancia es que nunca se ha hecho un resumen
de sus principios que sea, a la vez, un programa
viable para que la gente lo lleve a la práctica. Lo que Marilyn y yo
hemos hecho es sintetizar los puntos fundamentales
de la higiene natural en forma de principios
dietéticos sensatos y sencillos de seguir, que
facilitan el objetivo de eliminar la obesidad y
disminuir la necesidad de hacer dieta. Según dice
Jack D. Trop. expresidente de la American Natural
Hygiene Society, fundada en 1948. LA ANTIDIETA
simplifica los puntos fundamentales de la higiene
natural y, por primera vez en la historia, los
somete a una amplia discusión pública. Ahora, para profundizar
un poco más en sus principios, echaremos una mirada
a uno de los fenómenos más interesantes del cuerpo
humano, del cual debemos tener conocimiento para
aprender la manera de perder peso en forma fácil y
permanente. Lo más probable es que el lector, aunque
haya tenido amplia experiencia en dietas, no haya
llegado nunca a establecer contacto con un hecho tan
fascinante como.. 3 Los ciclos naturales
del cuerpo (Breve introducción) ¿Qué son estos ciclos?
¡La mayoría de las personas ni siquiera se han
enterado de que existen! Sin embargo, los ciclos
fisiológicos han sido estudiados ampliamente por
científicos como el sueco Are Waerland, por T. C.
Fry, del American College of Health Science, por el
psicólogo Gay Gaer-Luce en sus escritos sobre los
relojes biológicos y por miles de investigadores y
científicos que se han ocupado de los ritmos del
funcionamiento del organismo. La información
proveniente de estas fuentes es la base de nuestra
idea de que la capacidad humana para procesar sus
alimentos se funda en el funcionamiento eficaz de
tres ciclos regulares cotidianos. Estos ciclos se basan
en funciones corporales bastante obvias. Para
expresarlo con la mayor simplicidad posible, digamos
que diariamente ingerimos alimentos (apropiación),
absorbemos y usamos parte de ellos (asimilación) y
nos libramos de lo que no usamos (eliminación).
Aunque cada una de estas funciones está, en alguna
medida, continuamente en marcha, cada una de ellas
se intensifica durante ciertas horas del día.
Allí donde el
condicionamiento cultural impone un horario de
comidas diferente del norteamericano, en el cual se
basa este libro, los ciclos se adaptan
espontáneamente a la situación y se produce un
natural desplazamiento horario. Para España, por
ejemplo, la situación sería, aproximadamente:
Nuestros ciclos
corporales pueden llegar a resultarnos evidentes con
sólo prestar atención a como actúa nuestro cuerpo.
Es obvio que comemos (nos apropiamos) durante las
horas de vigilia, y si postergamos la hora de la
comida, el hambre tiende a ir en aumento a medida
que transcurre el día. Cuando dormimos y el cuerpo
no tiene que hacer ningún otro trabajo manifiesto,
está asimilando lo que tomó durante el día. Por la mañana,
cuando nos despertamos, tenemos mal aliento y, en
ocasiones, la lengua sucia porque el cuerpo está
en mitad del proceso de eliminación de lo que no
fue usado, de los desechos corporales. ¿Habéis notado alguna
vez lo que sucede cuando cenáis tarde? Cuando os
despertáis os sentís atontados, como drogados,
porque se ha interrumpido el ciclo de asimilación,
que se produce después de que la comida ha salido
del estómago. Fisiológicamente, nuestro cuerpo
quiere comer temprano por la noche, de manera que
puedan pasar por lo menos tres horas, el tiempo
necesario para que la comida salga del estómago, y
el ciclo de asimilación pueda empezar a su hora como
los alimentos no han sido digeridos, porque habéis
cenado muy tarde, no están listos para ser
asimilados. Habéis extendido el ciclo de apropiación
mucho más allá de sus límites, y habéis postergado
el ciclo de asimilación extendiéndolo hasta la hora
en que el cuerpo quiere estar eliminando. Los ciclos
regulares de ocho horas se han alterado. Como se ha
obstaculizado el funcionamiento natural del cuerpo,
uno se despierta sintiéndose drogado. De la misma
manera, si uno se salta alguna vez el desayuno, lo
más probable es que aguante hasta el almuerzo,
porque el cuerpo estaba eliminando y no quería
comer. Sin embargo, pasarse de la hora del almuerzo
sin comer sería incómodo, porque entonces el cuerpo
ya habría entrado en el ciclo de apropiación y
estaría preparado para aceptar alimento. Este programa ha sido
pensado para que el lector vuelva a un
estilo de vida basado en los ciclos naturales del
cuerpo. A medida que avancemos y estéis más
familiarizados con los principios que constituyen la
base del programa, se hará cada vez más evidente la
utilidad de los ciclos corporales. Por ahora, es
suficiente con entender que quienes estén librando
la batalla contra el volumen son los que más deben
preocuparse por el ciclo de eliminación. Si se
facilita este ciclo en vez de obstruirlo está
prácticamente garantizado el éxito: podremos liberar
el cuerpo esbelto que todos llevamos dentro. Se ha
de entender que la eliminación significa la remoción
de los desechos tóxicos y del exceso de peso
almacenados en el cuerpo. La razón de que en Estados
Unidos el 62 por ciento de la población padezca un
exceso de peso reside en que nuestros hábitos
tradicionales de alimentación han obstruido
persistentemente la importantísima función de
eliminación. Dicho de otro modo, que hemos venido
alimentándonos (¡y de qué manera!) y usando la parte
que necesitamos de esos alimentos, pero NO nos hemos
ido deshaciendo de lo que no podemos usar. Como son
tantos los norteamericanos que hacen un desayuno
sustancioso, un almuerzo sustancioso y una cena
sustanciosa, es mucho más el tiempo que se dedica a
la apropiación que a la eliminación. ¿Qué tiene de
asombroso que seamos tantos los que andamos por el
mundo con un exceso de peso? De modo que para
rebajar de peso, el secreto del éxito reside en
liberarse de los desechos tóxicos y del exceso de
que somos portadores. ¿De dónde provienen
inicialmente esos desechos tóxicos, y qué se hace
para librarse de ellos? De acuerdo con los
principios de la higiene natural, la explicación de
por qué una persona tiene un problema de peso es... 4 La teoría del
desequilibrio metabólico El primero en escribir
sobre la toxemia -el término que usaron los
iniciadores de la higiene natural para describir lo
que la ciencia moderna llama desequilibrio
metabólico- fue el doctor John H. Tilden. El cuerpo
humano está minuciosamente diseñado para mantenerse
en equilibrio en lo que se refiere a construcción de
tejidos (anabolismo) y destrucción de tejidos
(catabolismo). Un exceso de una de estas funciones
sobre la otra constituye el desequilibrio
metabólico. En 1926 el doctor
Tilden escribió un libro, Toxemia
Explained (La explicación de la toxemia). A
diferencia de todos los libros dietéticos que yo
había leído, éste fue el primero que me hizo
comprender claramente cómo funcionaba mi cuerpo y por qué,
exactamente, daba la impresión de no querer cooperar
conmigo cuando se trataba de mi peso. De la manera
más fácil y comprensible. Tilden explicaba qué
estaba mal, por qué estaba mal, qué había que hacer
al respecto y cómo hacerlo. Por primera vez, tuve la
sensación de que podía tener éxito en mi propósito
de dejar de andar como un pato para caminar como una
persona. Aunque el libro estaba dedicado a la salud
como tal, en toda su amplitud, de el obtuve lo que
necesitaba saber, muy específicamente sobre el POR
QUÉ ENGORDAMOS. Después se han seguido
escribiendo muchos libros sobre la toxemia, pero en
el dominio de la higiene natural, se considera que
el del doctor Tilden señaló un giro decisivo. Tilden
explica que una situación de toxemia en el sistema
constituye la base para ir ganando peso en forma
excesiva. Al conservar el sistema libre de toxinas,
uno aumenta significativamente sus probabilidades de
mantener un peso corporal cómodo, porque los excesos
de toxinas corporales son los precursores de la
obesidad. ¿Qué es, entonces, la
toxemia? ¿De dónde proviene, y qué puede hacer uno
para reducirla? De acuerdo con los preceptos de
higiene natural, se produce de dos formas. Una de
ellas es una función normal y natural del cuerpo; a
la otra, independientemente de que lo sepamos o no.
Contribuimos regularmente nosotros mismos. Para
hacerlas desaparecer del cuerpo, ambas exigen
energía. La primera manera en
que se produce la toxemia es por mediación del
proceso de metabolismo. Mientras estás leyendo esta
página, tu organismo no está ocioso; está
ocupadísimo. Constantemente va reemplazando las
células viejas por otras nuevas. En realidad, de 300
a 800 mil millones de células viejas son
reemplazadas por otras nuevas en un día.* Esas
células viejas son tóxicas (venenosas y deben ser
retiradas del sistema tan pronto como sea posible,
mediante una de las cuatro vías de eliminación: los
intestinos, la vejiga, los pulmones o la piel. Se
trata de un proceso normal y natural del cuerpo, no
de algo por lo cual hayamos de preocuparnos, a menos
que por alguna razón ese material tóxico de desecho
no se elimine con la misma rapidez con que se
produce. Mientras
haya una cantidad * El número de
células que es necesario reemplazar diariamente
depende de la cantidad de alimentos cocinados o
cáusticos que hay en la dieta. Suficiente de
energía a disposición
del cuerpo, estos desechos son adecuadamente
eliminados. La segunda forma en que
se produce la toxemia en el sistema es a partir de
los subproductos de alimentos que no han sido
adecuadamente digeridos, asimilados
e incorporados a la estructura celular. En Estados
Unidos tenernos el singular hábito de alterar
prácticamente todo lo que comemos, apartándolo de su
estado natural, antes de ingerirlo. En lugar de una
cantidad suficiente de alimentos frescos como parte
dominante de nuestra dieta, la mayor parte de lo que
comemos está procesado. Y si no lo está antes de
llegar a manos del consumidor, ya se ocupa este de
alterarlo de alguna manera. Casi todo lo que se come
ha pasado por algún procedimiento: fritura,
parrilla, hervor, cocción al vapor, salteado o
guisado. Como los alimentos han sido modificados a
partir de su estado natural, y el organismo humano
no está biológicamente adaptado para ingerir tales
cantidades de comida así alterada, los subproductos
de esa digestión y asimilación incompletas forman en
el cuerpo cierta cantidad de residuos. Los residuos
son tóxicos. Si ese tipo de alimentos PREDOMINAN en
la dieta, el
sistema se ve regularmente sobrecargado de trabajo. Entonces, el proceso de
toxemia se da diariamente en el cuerpo de dos
maneras: mediante el proceso normal del metabolismo,
y por obra de los residuos que quedan de los
alimentos ineficazmente utilizados. Por lo que se
refiere al peso, el sentido común nos dirá que si se
generan más residuos tóxicos de los que se eliminan
se producirá una acumulación del exceso, lo que da
como resultado el exceso de peso.
El problema se agrava porque las toxinas son de
naturaleza ácida. Cuando hay acumulación de ácidos
en el cuerpo, el sistema retiene agua para
neutralizarlos, y esto aumenta más aún el peso y el
agotamiento. Imagínese el lector
trabajando en una gran empresa donde lo que tiene
que hacer es romper todos los días 20 cajas de
material escrito y tirarlo a la basura. Ya sea
porque no tiene tiempo suficiente o porque le falta
la energía necesaria, o por ambas cosas, supongamos
que no puede deshacerse más que de 15 cajas por día.
Eso significa que al día siguiente, cuando le
entreguen otras 20 cajas, todavía le quedarán cinco
del día anterior. Como no puede deshacerse más que
de 15, después del segundo día se encontrará con
diez cajas de más. Si empezó el lunes y trabaja
siete días por semana, el segundo lunes, cuando le
entreguen las 20 cajas, ¡se encontrará con un total
de 55, y sin poder deshacerse más que de 15! Después
de solamente una semana, se encuentra con 40 cajas
extra, que tendrá que almacenar en alguna parte
hasta que pueda ocuparse de ellas, pero ¿dónde? Si
el lector tiene algún problema de peso, su situación
es exactamente la que acabamos de presentar. Si su
cuerpo produce diariamente más desechos tóxicos de
lo que elimina, tendrá que almacenarlos en alguna
parte. Siempre atento a protegerse y a mantener su
integridad, el cuerpo tiende a no almacenar esos
desechos en los órganos vitales o en sus
inmediaciones: los almacenará en el tejido adiposo y
en los músculos. Eso quiere decir en los muslos, en
las nalgas, en la cintura, en los brazos, bajo el
mentón... en todos esos lugares cuya deformidad más
lamentamos. Si el problema no se controla, el
resultado final es no sólo la obesidad, sino una
incomodidad general y una sensación de letargo, ya
que el cuerpo necesita gastar gran cantidad de su
energía en el intento de liberarse de esta
acumulación de toxinas. Lo que el doctor Tilden
comunicó a sus lectores hace más de medio siglo era
esto: por más que parezca que el problema escapa del
control individual, no es así. Es un simple fenómeno
fisiológico, no un misterio. Cualquiera puede
controlar la situación y hacerse cargo de ella en la
medida que lo desee. Es simplemente cuestión de
entender lo que es la toxemia, y de hacer lo que sea
necesario para que desaparezcan los desechos tóxicos
ya existentes en el cuerpo, y para que no sigan
acumulándose con más rapidez que la de su
eliminación. Tras haber entendido
esto, salta a la vista la importancia suma de
permitir que el ciclo de eliminación opere en forma
ininterrumpida y con un máximo de eficacia. Resulta
evidente que si interferimos, aunque sea
inconscientemente, en el ciclo de eliminación,
estamos obligando al cuerpo a retener y acumular
residuos tóxicos, con lo cual ya tenemos el comienzo
de un problema de peso. Claro, está muy bien
decir que lo único que hay que hacer es deshacerse
de las toxinas y no permitir que vuelvan a
acumularse, pero ¿cómo? Esa fue nuestra
preocupación, lo que intenté obtener a partir del
estudio de la higiene natural: un estilo de vida
adecuado, basado en la comprensión de la manera de
depurar continuamente el cuerpo de sus residuos
tóxicos y no permitir jamás que estos alcancen un
nivel inaceptable. Y lo mejor de todo es que es un
proceso agradable y no restrictivo. Comer sigue
siendo un placer. No se convierte en una
prescripción clínica. Para mí, personalmente, esto
es imprescindible, yo jamás podría adaptarme a una
manera de comer que significara una privación para
el paladar. Fue esto lo que
estimuló a Marilyn, mi esposa a utilizar su gusto
por la buena comida y elaborar un sistema de
preparación de menús que, además de realzar el
programa, lo transformara en un delicioso, estilo de
alimentación, cuya presentación haremos en la
segunda parte de este libro. ¿Cómo mantenemos, pues,
el equilibrio metabólico y conseguimos eliminar los
residuos tóxicos del sistema sin dejar de disfrutar
de nuestras comidas? Hay tres principios, o
instrumento, fáciles de entender y fáciles de
seguir, que pueden ayudarnos a hacerlo. El primero
de estos principios vitales y críticos que pueden
hacernos alcanzar nuestro objetivo de perder peso en
forma permanente
es... 5 El principio de los
alimentos con alto contenido de agua Antes de describir este
principio quisiera invitar al lector a participar en
un ejercicio tan simple como interesante. Anota en
un papel todo
lo que comiste hoy. Si todavía no has terminado el
día, anota todo lo que comiste ayer. Cuando termines
este capítulo la lista te será de gran valor para
destacar cierto punto importante. Al anotar lo que
hayas comido, anota todo, incluso las cosas que
hayas picado; por ejemplo, si una amiga preparó su
celebre soufflé
y tú probaste apenas un pedacito. Si puedes
recordarlo, anota todo lo que ingresó en tu cuerpo.
Ahora, pon a un lado la lista, que vamos a ocuparnos
del principio. Como requisito
indispensable para la vida, el agua ocupa un lugar
tan importante como el alimento y el aire. Desde que
nacemos hasta que abandonamos este planeta, nuestro
cuerpo siente una avidez instintiva de alimento,
aire y agua que le aseguren la supervivencia. Ya
sabes lo que sucede con una planta cuando se ve
privada de agua: se marchita y muere. Lo mismo
sucedería con tu cuerpo, si se viera privado de
agua. Su importancia es evidente. ¿A qué me refiero
cuando hablo de alimentos con un alto contenido de
agua? Piensa que estamos viviendo en un planeta que
está constituido por agua en más de un 70 por
ciento. Si desde la Luna pudiésemos mirar hacia la
Tierra, veríamos que el 71 por ciento de la
superficie de nuestro planeta es agua; el otro 29
por ciento es tierra. Todo es un microcosmos de un
rnacrocosmos. Si estudiamos otros aspectos del
planeta, y nos fijamos en los mamíferos, nos
encontraremos con que nuestros cuerpos están hechos,
por lo menos, de un 70 por ciento de agua. La
primera vez que lo oí decir, se me hizo muy difícil
creerlo. No veía agua por ninguna parte, ni tampoco
la oía al moverme. Pero la verdad es que el 70 por
ciento del cuerpo humano está hecho de agua. Ahora,
quisiera formular al lector una pregunta de sentido
común. (Y de eso precisamente se trata en higiene
natural, de poner en juego nuestro sentido innato de
qué es lo que está bien.) Si el planeta Tierra está
formado por un 70 por ciento de agua, y para su
supervivencia depende de esa cantidad de agua, y
nuestro cuerpo está formado por un 70 por ciento de
agua, ¿no parece sensato que para mantener un cuerpo
que esté siempre en las mejores condiciones posibles
debarnos consumir una dieta que incluya por lo menos
un 70 por ciento de agua? Si nuestro cuerpo es agua
en un 70 por ciento, ¿de dónde la obtendrá si no se
la reponemos regularmente? Desde que nacemos hasta
que exhalamos el último suspiro, el cuerpo está
ávido de esta sustancia esencial para la vida. Para
sobrevivir debemos tener agua, y no estoy
hablando de beber agua. Quizás haya quien en
este momento esté diciendo: Bueno, estupendo, yo me
bebo mis ocho vasos de agua por día. Pero beber agua
no nos aportará, de ninguna manera, el éxito al que
me estoy refiriendo. Cuando hablo de alimentos con
alto contenido de agua, me refiero a dos clases de
alimentos que crecen en este planeta y que
naturalmente tienen un altísimo contenido acuoso.
Sólo dos clases de alimentos responden a esta
exigencia, y son las frutas y las verduras.
Cualquier otra cosa que comamos es un alimento
concentrado. Concentrado
significa que el contenido de agua le ha sido
retirado, ya sea mediante la cocción u otro
procesamiento. No digo que haya que comer
exclusivamente frutas y verduras para perder el peso
que deseamos perder, sino que, dado que nuestro
cuerpo está formado por un 70 por ciento de agua,
debemos ajustarnos a una dieta que contenga
aproximadamente esa misma proporción, y eso
significa que en ella deben PREDOMINAR las frutas y
las verduras. El otro 30 por ciento estará integrado
por los alimentos concentrados: pan, granos, carne,
productos lácteos, legumbres, etcétera. Hay dos razones
sumamente importantes para que necesitemos esta
agua, y son las mismas dos razones por las cuales
con beber agua no basta: la nutrición y
la limpieza del organismo. El agua transporta
las sustancias nutritivas contenidas en los
alimentos a todas las células del cuerpo, y además
las limpia de los desechos tóxicos. Todas las exigencias
nutricionales del cuerpo humano -todas las
vitaminas, los minerales, proteínas, aminoácidos,
enzimas, carbohidratos y ácidos grasos que existen
y que el cuerpo humano necesita para sobrevivir-
se hallan en las frutas y en las verduras. Las
sustancias que las satisfacen son transportadas,
gracias al agua contenida en esas frutas y esas
verduras, al intestino, donde son absorbidas. Si mis lectores están
comiendo alimentos con un alto contenido de agua,
eso significa que los alimentos que consumen
satisfacen todas las exigencias del cuerpo humano.
Quizás alguno de vosotros esté diciendo: Bueno, pues
yo tomo suplementos de vitaminas y minerales, pero
no es de eso de lo que estamos hablando. Las vitaminas y los
minerales a los que me refiero, y que son
aprovechables por el cuerpo humano, se encuentran
en abundancia en huertas y jardines, no en las
farmacias. Además de aportar
sustancias nutritivas al cuerpo, esta agua desempeña
una función esencial: depurar de desechos al cuerpo.
Para nuestros fines, limpiar y desintoxicar son lo
mismo. En la lucha por rebajar de peso, esta
limpieza - o depuración o desintoxicación- tiene una
importancia suprema. Todo lo que tenemos, sea lo que
fuere, tiene que estar lavado si queremos que esté
limpio. Lo más probable es que el lector se haya
dado, hoy mismo, un baño o una ducha. Y si no fue
hoy, lo más probable es que lo haya hecho ayer o que
vaya a hacerlo mañana. Más no tardará, porque lo que
quiere es estar limpio. Lo mismo sucede con la ropa.
¿Qué pasaría si durante seis meses no nos quitáramos
de encima la ropa que llevamos? Por supuesto que
esto sólo lo digo en broma; jamás haríamos algo así,
porque la ropa llegaría a oler tan mal que no
podríamos acercarnos a nadie. ¿Y si dejáramos pasar
seis meses sin lavar el coche, y no lloviera? Ni
siquiera podríamos ver a través del parabrisas para
conducir. Y cualquier cosa se nos ensuciaría de esa
manera, si no la lavásemos. El lector adivina cuál
es la única cosa que no lavamos ni limpiamos con
regularidad. ¡El interior de nuestro cuerpo! Comemos
y vivimos de tal manera que no permitimos jamás una
limpieza del interior de nuestro cuerpo; por eso, en
Estados Unidos, por ejemplo, hay un 60 por ciento de
la población que padece de exceso de peso. Este es
también un factor que contribuye a que tres de cada
cuatro norteamericanos lleguen, en algún momento de
su vida, a ser víctimas del cáncer o de alguna
enfermedad cardíaca. Se lava el cuerpo por fuera,
pero el interior, que es mucho más importante, no se lava.
Me refiero a algunas personas que durante décadas,
DURANTE SU VIDA ENTERA, no hacen jamás lo necesario
para expulsar de su cuerpo los desechos tóxicos. La
única manera de hacerlo es consumir alimentos que
tengan un elevado contenido de agua. No se lo
conseguirá bebiendo agua, porque el agua para beber
no es portadora de las enzimas y de otros elementos
indispensables para la vida, que el cuerpo necesita
y que se encuentra en el agua contenida en frutas y
verduras. LOS TRES CICLOS DE NUESTRO CUERPO
FUNCIONAN CON LA MAYOR FACILIDAD CUANDO SE LES
PROPORCIONA REGULARMENTE ESTA CLASE DE AGUA. Es interesante el hecho
de que comemos de tal manera que, en vez de depurar
nuestro cuerpo, lo contaminamos. Incluso podemos
decir que lo obstruimos.
Y que queremos seguir con ese tipo de obstrucciones,
porque si seguimos con ellas seguiremos aumentando
de peso, y cuanto más aumentemos más difícil nos
será volver a bajar. Aconsejo a mis lectores que en
lo sucesivo, cuando miren lo que están a punto de
comer, lo hagan con plena conciencia: es decir, que
miren el plato que están a punto de ingerir, y se
formulen simplemente esta pregunta: - Esta comida que voy a
proporcionar a este cuerpo inteligente que tengo,
¿servirá para limpiarlo y depurarlo, o para
obstruirlo? O, dicho de otra
manera: - Esta comida, ¿se
compone predominantemente de frutas y verduras? Es muy importante
hacerse regularmente esta pregunta, y es muy simple;
no se trata más que de preguntarnos si eso que
estamos por comer va a limpiarnos (desintoxicarnos)
o a obstruirnos. La mayor parte de lo
que se come en nuestro medio cultural contemporáneo
es de naturaleza obstructiva. Y como estamos
atascados por lo que comemos, empezamos a sentirnos
mal y tomamos medidas para sentirnos mejor, pero al
mismo tiempo seguimos consumiendo alimentos que
obstruyen y atascan el sistema. De manera que de
ahora en adelante, cuando miremos algo que vamos a
comer, hemos de preguntarnos si aproximadamente el
70 por ciento de esa comida es de naturaleza tal que
aporte un alto contenido de agua. Porque han de
saber los lectores que de no ser así, no hay manera
en el mundo de que consigan rebajar el peso que
quieren perder, y de que no vuelvan a recuperarlo.
Si en EE.UU. se hacen todos los años doscientas mil
operaciones cardíacas de by-pass,
¡es porque la gente tiene las arterias obstruidas!
Y yo apostaría de buena gana a que muy pocos (o
ninguno) de esos desdichados doscientos mil seguían
una dieta en la que predominaran los alimentos de
alto contenido acuoso. Es extraño, pero las cosas de
las que más abusamos son aquellas que tenemos
gratuitamente. Como al nacer recibimos sin cargo
alguno un cuerpo increíblemente maravilloso,
tendemos a creer que siempre será así y abusamos de
él. Debemos colaborar con nuestro cuerpo, en vez de
trabajar en contra de él, y la manera perfecta de
hacerlo es depurarlo en vez de obstruirlo. La razón de que comamos
tal cantidad de comida que nos obstruye es que
estamos prisioneros. Prisioneros, sí, de nuestras
papilas gustativas; por saciarlas hacemos cualquier
cosa. Si hay algo que nos podamos meter en la boca y
que sepa bien, nos lo comemos sin pensárnoslo dos
veces. La única exigencia que tenemos respecto de la
comida es que sea sabrosa. Para las papilas
gustativas está bien, pero ¿qué hay del resto del
cuerpo? Si consideramos la superficie minúscula que
ocupan las papilas gustativas, y luego echamos un
vistazo al resto del cuerpo (que es el que tiene que
arreglárselas con la comida que le gusta a las
papilas), no podremos menos que asombrarnos de que
la gente preste tanta atención a una parte tan
pequeña del cuerpo y descuide una mucho más grande. Cuantas veces habéis
oído a alguien decir: -Fíjate que esta mañana
me desperté tan tarde que no tuve tiempo ni para
tomar un bocado antes de salir. Me fui corriendo al
despacho, y tenía tal cantidad de trabajo que no
hice una sola pausa, ni para tomar café, ni para el
almuerzo, ni nada. Trabajé todo el día. Sí, esto lo hemos oído
alguna vez. Pues bien, se hacen las cinco de la
tarde y es hora de volver a casa. De pronto, esa
persona cae en la cuenta del hambre que tiene en
realidad, se soba el estómago y dice: - Sí que tengo hambre.
No he comido en todo el día. Ahora me voy
directamente a comer algo que me haga una buena
limpieza de intestinos. ¡Que va! Lo que
habremos oído decir no es eso, sino más bien algo en
el estilo de: - Ahora sí que me voy a
comer una pizza o una hamburguesa. La mayoría de las
veces, cuando tiene hambre, lo que hace la gente es
pensar en lo que le parece más sabroso e ir a
comérselo. Pero si uno piensa exclusivamente en lo
que va a saberle mejor, el cuerpo nunca tiene la
oportunidad de limpiarse y desintoxicarse. Por lo
tanto, estamos siempre comiendo cosas que saben
bien, pero que después nos atascan el cuerpo, nos
hacen aumentar de peso y, al impedirnos sacárnoslo
de encima, van haciendo cada vez más difícil el
problema. Ni por un momento quiero dar a entender
que debamos comer de tal manera que no encontremos
placer en la comida. No me refiero a que no debamos
comer cosas que sean gratas a nuestro paladar. No,
lo que quiero decir es que podemos comer cosas que
son fantásticamente sabrosas, y que al mismo tiempo
satisfacen las necesidades de nuestro cuerpo. Mi única sugerencia es
que pensemos en preparar comidas integradas por un
70 por ciento de alimentos con un elevado contenido
de agua (frutas y verduras) y un 30 por ciento de
alimentos concentrados (todos los demás). Espera a
que veas todo lo que se puede hacer con frutas y
verduras (mucho más de lo que la gente se imagina).
Las ideas creativas, las innovaciones y las
tentaciones que puede ofrecer LA ANTIDIETA cambiarán
probablemente el estilo de alimentación y de vida de
los lectores. Cuando te sientas con hambre y pienses
qué podrías comer se te ocurrirán algunas
posibilidades deliciosas, y que no
atascan. Todo esto puede
reducirse a una proposición muy simple. SI QUIERES
ESTAR VIBRANTE Y VlGOROSAMENTE VIVO, Y EN LA MEJOR
FORMA POSIBLE, TIENES QUE COMER ALIMENTOS VIVOS.
Para entenderlo no hay que ser ningún genio ni tener
título universitario. ¡Un cuerpo vivo se construye
con alimentos vivos! Y los alimentos vivos son
alimentos con un alto contenido de agua. Si no tiene
alto contenido de agua, ese alimento no está vivo. Y
si el 70 por ciento de tu dieta, o más, está
constituido por alimentos muertos, procesados y
desnaturalizados, ya puedes imaginarte lo que será
de tu cuerpo. Las frutas y las verduras son
enormemente ricas en agua. Otros alimentos son
concentrados, y eso quiere decir que el agua les ha
sido extraída mediante la cocción u otra forma de
procesamiento. Algo que me gusta es
comparar al hombre, en cuanto especie, con los demás
mamíferos que comparten con nosotros el planeta.
Fijémonos en todos los mamíferos, y con eso no
quiero decir nuestros animalitos domésticos ni los
que habitan en zoológicos, que están bajo el dominio
de los seres humanos y tienen, por consiguiente,
muchos de los problemas de los humanos. Pero, ¿quién
ha visto jamás un tigre o una pantera en estado
natural gordo? ¿Quién ha visto en la naturaleza
animales que hayan perdido sus dientes y necesiten
dentadura postiza para comer, o que lleven audífonos
o usen gafas, que usen peluca porque se han quedado
calvos o necesiten un marcapasos para reforzar el
corazón o un aparato de diálisis para los riñones?
¿Quién oyó jamás hablar de que anualmente se muera
un millón de animales de enfermedades cardíacas, o
medio millón de cáncer? ¿0 de que haya miles
muriéndose de diabetes? ¡Nadie! En parte, esto se
debe a que los animales en estado natural sólo
sobreviven si comen bien y se mantienen en forma. En
el caso contrario, el proceso de supervivencia de
los más aptos los mataría. Pero en su mayor parte,
los animales en estado salvaje son magníficamente
sanos, en comparación con la salud que se observa
entre nosotros, los humanos. Y no están excedidos de
peso. Pues bien, eso, ¿a qué se debe? Lo único que tenemos
que hacer para entenderlo es fijarnos en lo que
nosotros comemos y en lo que comen los otros
mamíferos. Los otros mamíferos que viven en estado
natural comen alimentos vivos con muy alto contenido
de agua. No comen nada que se haya visto despojado
de agua por la cocción u otro procesamiento. Por eso
se ve en ellos un estado de salud física muy
superior al nuestro. Incluso los animales que son
exclusivamente carnívoros que no comen otra cosa que
carne, están consumiendo alimentos de alto contenido
en agua. Si el lector ha tenido alguna vez la
oportunidad, ya sea personalmente o en una película,
de ver como un león abate una cebra, habrá observado
que, invariablemente, el león desgarra el vientre de
su presa y comienza directamente a comerse los
intestinos. Ya sé que esto no es muy grato de
imaginar, pero en la selva las cosas son así. ¿Por
qué, cuando caza una cebra, el león ataca
directamente los intestinos? Porque, en general, los
carnívoros no comen otros carnívoros: los leones no
comen tigres, ni los osos comen lobos. Los animales
carnívoros comen animales que a su vez se alimentan
de plantas y de frutas porque eso es lo que
necesitan todos los animales; tienen que tomar su
alimento del reino vegetal. Si un animal no toma
directamente su alimento del reino vegetal, entonces
tiene que comer animales que lo hagan. La razón de
que un león vaya directamente a los intestinos es
que allí encuentra, predigeridos, los alimentos de
alto contenido acuoso. Después se comerá todos los
órganos, porque también tienen muy alto contenido de
agua, y lamerá la sangre, que es agua en más de un
90 por ciento. Dicho de otra manera, va desde dentro
hacia fuera, y lo que finalmente queda son los
músculos, la carne. Entonces, lo que
debemos hacer es asegurarnos que la mayor parte de
las veces comamos una cantidad adecuada de alimentos
vivos con un alto contenido de agua. Alguna que otra
vez, el total de alimentos que ingieras en un día no
estará perfectamente equilibrado, con el 70 por
ciento de alimentos de elevada proporción de agua y
el 30 por ciento de alimentos concentrados. ¡Eso no
importa! No estamos tratando de imponer a nadie una
especie de sentencia carcelaria, una dieta. De
cuando en cuando, es posible que predominen los
alimentos concentrados. ¡No te sientas culpable! No
hay por qué sentirse culpable. Todos tenemos ciertas
apetencias que se han afianzado con los años, y que
nos exigirán cierto tiempo para superarlas. De lo
que se trata es de no romper el equilibrio más a
menudo de lo que lo mantenemos. Un día haces una
alimentación pesada, pero mañana será otro día,
flamante. Si un día no predominaron los alimentos de
mayor riqueza en agua, al día siguiente tendrás que
asegurarte que sí predominan. Lo fundamental es que,
de toda maneras, tengas presente la importancia de
consumir regularmente alimentos con alto contenido
de agua Si no haces absolutamente ningún caso de
este principio, como si no tuviera importancia,
jamás llegarás a perder el peso que estás deseando
bajar, ni a mantenerte delgado. La importancia que
tiene esta manera de comer quedará ejemplificada por
las palabras de una persona que durante más de medio
siglo ha estado estudiando estos principios. El
doctor Norman W. Walker tiene más de 116 años. Vive
en Arizona, cultiva sus propias verduras y todavía
sigue escribiendo libros. Nadie lo pasea en una
silla de ruedas ni le da de comer en la boca puré de
plátanos. Es completamente independiente. ¿Cuál es
la clave de su salud y su longevidad? En su libro
más reciente, Natural Weight Control (Control
natural del peso), el doctor Walker dice: Cualquier
planta, verdura, fruta, nuez o semilla cruda, en su
estado natural, está compuesta de átomos y
moléculas. Dentro de esos átomos y esas moléculas
residen los elementos vitamínicos a los que llamamos
enzimas. Las enzimas no son cosas ni sustancias. Son
el principio vital que existe en los átomos y
moléculas de toda célula viva. Las enzimas que hay en
las células del cuerpo humano son exactamente como
las existentes en la vegetación, y cada uno de los
átomos del cuerpo humano tiene su correspondiente
afinidad con los átomos semejantes en la vegetación.
Por consiguiente, cuando son necesarios ciertos
átomos para reconstruir o reemplazar células del
cuerpo entrará en juego una atracción de tipo
magnético que atraerá hacia las células
correspondientes de nuestro cuerpo el tipo y género
exacto de elementos atómicos que hay en los
alimentos crudos que consumimos. De acuerdo con ello,
cada célula de nuestra estructura corporal y cada
célula de los alimentos naturales contienen y están
animadas por la vida silenciosa conocida con el
nombre de enzimas. Sin embargo,
esta atracción de tipo magnético sólo se encuentra
en las moléculas vivas. (La cursiva es mía)
Las enzimas son sensibles a las temperaturas
superiores a los 54 °C, por encima de la cual
mueren. Cualquier comida que haya sido cocida a
temperaturas superiores a esta ha sido sometida a la
sentencia de muerte de sus enzimas y no es más que
alimento muerto. Naturalmente, la
materia muerta no puede efectuar el trabajo de los
organismos vivos. Por consiguiente, los alimentos
que han sido sometidos a estas temperaturas han
perdido su valor de nutrición viva. Por más que
puedan sostener la vida en el organismo humano, y de
hecho es así, lo hacen a expensas de una
degeneración progresiva de la salud, la energía y la
vitalidad. En este libro, y en
todos los que ha escrito, el doctor Walker subraya
enérgicamente la importancia del consumo de
alimentos con alto contenido de agua, si lo que uno
quiere obtener es un cuerpo vibrante y esbelto.
Walker, a los 116 años, es un hombre vibrante y
activo. Yo prestaría atención a lo que dice. En 1980, el Los Angeles
Times y el Weekly World News publicaron artículos
referentes a un hombre, Wu Yunqing, que vive en
China, y que aparecía fotografiado a 142 años,
andando en bicicleta. Cuando le preguntaron por su
dieta, contestó: Como maíz, arroz,
batatas, frutas y verduras. En enero de 1973, el National
Geographic Magazine traía un relato del
doctor Alexander Leaf, un científico que había
salido en busca de las personas más viejas del
mundo. Descubrió que los tres pueblos donde había
más casos de longevidad eran los abkhazians
de Rusia, los vilcabambanos
de Ecuador y los hunzukut de
Paquistán. Además de no encontrar ni un signo de
obesidad entre los dos últimos, y muy escasos entre
los primeros, descubrió que eran todos pueblos
sorprendentemente libres de enfermedades. ¡No
conocían el cáncer ni las afecciones cardíacas!
Además, la mayoría de ellos vivían más de cien años,
manteniéndose físicamente muy activos. La
investigación de los hábitos dietéticos de estos
pueblos que emprendió el doctor Leaf indica que los
abkhazian comen aproximadamente un 70 por ciento de
alimentos con alto contenido de agua, y los otros
dos grupos, más de un 80 por ciento. Tanto él como
muchos gerontólogos se quedaron pasmados al tener
conocimiento de la existencia de estos pueblos y de
su estupenda longevidad. Si habías escrito la
lista de todo lo que habías comido en un día, es el
momento de ir a buscarla. Tengo dos preguntas que
hacerte. La primera, si lo que consumiste son,
aproximadamente en un 70 por ciento, alimentos de
alto contenido en agua (frutas y verduras frescas y
sus zumos). Y la segunda, si es esa tu alimentación
típica en un día. Si la lista no refleja un
contenido de un 70 por ciento de alimentos de alto
contenido acuoso, y corresponde a un día típico,
entonces esa lista representa el factor que más
contribuye a tu problema de peso. No es que no haya
en la vida otros factores que contribuyan a él. El
estrés, los factores psicológicos, los conflictos en
el trabajo, las emociones, todo contribuye. Pero
todos los otros factores combinados no equivalen a
la influencia que tiene la comida sobre el peso
corporal. El viejo adagio para el cual una manzana
por día mantiene lejos al médico no andaba,
ciertamente, despistado. Sólo que debería decir: una
manzana (y una naranja y algunas otras frutas) y una
ensalada por día mantiene lejos al médico. Es un
poco más largo, pero más exacto. Antes de seguir, vamos
a responder a una pregunta muy común: - Y, ¿qué hay de beber
agua? Yo me bebo ocho vasos por día; ¿debo hacerlo o
no? La verdad es que esas
personas, a medida que coman más alimentos con alto
contenido de agua, no tendrán tanta necesidad de
beberla. En otras palabras, los que se beben ocho
vasos de agua por día lo hacen porque los alimentos
que comen no están proporcionándoles toda el agua
que necesitan Son dietas con predominio de alimentos
concentrados, de modo que el cuerpo de quien las
sigue está continuamente clamando por agua, y esas
personas continuamente tienen sed. El lector
descubrirá que consumiendo alimentos con un alto
contenido de agua, tendrá mucha menos sed que si lo
que come no le proporciona el agua suficiente y
después tiene que beberla por separado. Sin embargo,
quien desee beber agua hará bien en beberla
destilada, si la consigue. El agua de vertientes no
es lo ideal para el cuerpo humano porque contiene
minerales inorgánicos que nuestro cuerpo no puede
usar ni expulsar. Estos minerales inorgánicos
tienden a combinarse con el colesterol en el sistema
y a formar una gruesa placa en las arterias. El agua
destilada no tiene este efecto. Cuando comemos un
trozo de fruta o una verdura, estamos comiendo agua
destilada. La planta destila los minerales tomados
del suelo, y después nosotros los consumimos. Quizás el lector haya
oído decir que el agua destilada lixivia los
minerales del cuerpo, cosa que en parte es verdad. Los minerales que
lixivia el agua destilada son aquellos minerales
inorgánicos que el cuerpo no puede usar. Es, por
ende, un efecto saludable. El agua destilada no
ejerce esta acción sobre los minerales orgánicos que
han llegado a ser parte de la estructura celular.
Una vez que un mineral se ha integrado en la
estructura celular, este proceso no lo afecta. Un comentario más sobre
el agua, y muy importante. Tomar agua con las
comidas ejerce un efecto debilitante. Muchas
personas beben agua mientras comen. No es una buena
práctica, porque en el estómago hay jugos digestivos
que están actuando sobre la comida. Si al comer se
bebe agua, se diluyen estos jugos y se impide una
correcta digestión de los alimentos. Además, se
obstruye muchísimo tanto el ciclo de apropiación
como el de asimilación, lo que a su vez afecta
negativamente al importantísimo ciclo de
eliminación, al mismo tiempo que se desperdicia
muchísima energía. En resumen, al consumir
alimentos con alto contenido acuoso se eliminarán
efectivamente los desechos tóxicos del cuerpo, con
lo que se logrará rebajar de peso. Si continúa uno
comiendo este tipo de alimentos, no permitirá que se
acumulen desechos tóxicos y no volverá a aumentar de
peso. Hemos puesto de relieve la importancia que
tiene el ciclo de eliminación en este proceso. NO
HAY NINGUNA PRÁCTICA QUE FACILITE MÁS EL ClCLO DE
ALIMENTACIÓN QUE EL CONSUMO REGULAR DE UNA CANTIDAD
ADECUADA DE ALIMENTOS DE ALTO CONTENIDO DE AGUA. No
hay en el mundo nada más fácil de verificar, y vaya
si lo verificarás cuando empieces el programa. Tan importante como los
alimentos con elevado contenido de agua es el
segundo instrumento que te ayudará en la
desintoxicación de tu cuerpo, y que es un fenómeno
fascinante, conocido como... 6 El principio de la
adecuada combinación de los alimentos Quizás el lector ya
algo sepa de la adecuada combinación de alimentos,
que cada vez (y bien justificadamente) va haciéndose
más popular. La importancia de combinar
adecuadamente los alimentos ha sido demostrada como
resultado de investigaciones repetidas una y otra
vez a lo largo de los últimos ochenta y cinco años.
De hecho, es probable que una de las personas que
primero estudiaron este tema sea familiar para los
lectores. ¿No suena a conocido el nombre de Iván
Pavlov? Pues, además de sus experimentos sobre
reflejos condicionados, Pavlov también estudió mucho
las combinaciones adecuadas de alimentos, y en 1902
publicó un libro, El
funcionamiento de las glándulas digestivas, en
el que revelaba los fundamentos básicos de la
combinación de alimentos. La adecuada combinación de
alimentos funciona, y funciona muy bien.
Posteriormente se han hecho muchos estudios que
destacan su valor, y el más notable entre ellos es
el del doctor Herbert M. Shelton, quien desde 1928 a
1981 dirigió una escuela en San Antonio, Texas,
donde compiló los datos más amplios de que se
disponga en lo referente a la investigación de las
combinaciones adecuadas de alimentos. La obra del
doctor Shelton, que ya en 1924 contó con el respaldo
del doctor Philip Norman en el Journal of the
American Medical Association, demuestra la
eficacia y validez de la ciencia de la combinación
de alimentos. Si se violan sus normas, de ello
resultan multitud de problemas, que obstaculizan
enormemente el éxito de la deseada pérdida de peso.
Es razonable pensar que, si el ciclo de apropiación
se ve de alguna manera estorbado, también se
resentirán los ciclos siguientes. NADA FAVORECE
TANTO EL CICLO DE APROPIACIÓN COMO LA ADHESIÓN
ESTRICTA A LOS PRINCIPIOS DE LA ADECUADA
COMBINACIÓN, DE ALIMENTOS. ¿Qué tiene que ver la
adecuada combinación de alimentos con la pérdida del
exceso de peso? Pregúntese el lector cómo empieza su
día. ¿Salta de la cama con una sensación de
vitalidad increíble, decidido a enfrentar lo que
venga, o se arrastra hacia la cocina para embucharse
un poco de café que le permita ponerse en marcha?
¿Encara el día con una sensación positiva de
expectación, o se limita a esperar que ojalá pueda
llegar hasta el viernes? Al término del día, ¿está
aún lleno de energía, deseoso de pasar algún tiempo
con su mujer, o marido, sus hijos, sus amigos, o
apenas si le quedan fuerzas para cenar y desplomarse
sobre un diván, frente al televisor, antes de perder
el conocimiento? La diferencia entre estas dos
maneras de pasar el día se reduce a un único
elemento decisivo: la energía. Probablemente no haya
nadie, entre quienes lean esta página, a quien no le
gustaría tener un poco más de energía. Es como el
dinero. Si ahora te diese un billete de cinco mil
pesetas, ¿lo harías pedazos y lo arrojarías a la
calle? Lo dudo. Y, si no tiras un billete, ¿por qué
desperdiciar tu energía,
que es algo mucho más importante que el dinero? No
lo harías a sabiendas, sin duda, pero es probable
que estés haciéndolo continuamente sin saberlo.
Si quieres correr, leer, jugar o hacer cualquier
cosa, necesitas energía. En realidad, si en tu
cuerpo no hay energía alguna, eso
quiere decir que no estás vivo. Sin energía no hay
vida. Todos quieren tener más
energía. Adivina ahora qué función del cuerpo humano
exige más energía que ninguna otra. Pues, la digestión de
alimentos. ¿No es interesante? ¿Nunca te has
sentido con sueño después de una comida? ¿Quién no?
Eso sucede porque todas las energías están
concentradas en el procesamiento de los alimentos.
La digestión consume más energía que correr, nadar o
andar en bicicleta. De hecho, no existe nada que
exija más
energía que la digestión de los alimentos. Esta energía es
decisiva para la importantísima desintoxicación
(eliminación de desechos tóxicos) del cuerpo. Si
podemos eliminar regularmente los desechos de
nuestro cuerpo, perderemos peso regularmente y no
volveremos a aumentarlo. Para eliminar se necesita
energía, y el ciclo de eliminación es de suma
importancia. El cuerpo no puede eliminar los
desechos tóxicos sin nuestra cooperación, y la forma
en que debemos ayudarle es proporcionándole en forma
constante energía fácilmente accesible. Tal es la
forma de ser sano y esbelto: poner a disposición del
cuerpo una cantidad de energía suficiente para que
pueda encargarse de su desintoxicación. Si la
digestión de los alimentos consume más energía que
ninguna otra función corporal, ¿de dónde te parece
que tenemos más probabilidades de liberar algo de
energía para usarla en otras cosas? De nuestro
aparato digestivo, naturalmente. La combinación de
alimentos se basa en el descubrimiento de que
ciertas combinaciones se digieren con más facilidad
y eficacia que otras. Los buenos resultados
obtenidos de los principios de combinación de los
alimentos se pueden explicar y fundamentar por los
hechos de la química fisiológica, y especialmente de
la química de la digestión. La energía es la clave,
y nada favorece más el proceso de la digestión,
llevando la energía a un nivel óptirno, que la
adecuada combinación de los alimentos. Su enseñanza
fundamental es la siguiente: EL CUERPO HUMANO NO
ESTÁ PENSADO PARA DIGERIR MÁS DE UN ALIMENTO
CONCENTRADO POR VEZ EN EL ESTÓMAGO. He aquí una
afirmación tan simple como importante. Recuerda que
ALIMENTO CONCENTRADO ES CUALQUIERA QUE NO SEA UNA
FRUTA NI UNA VERDURA. Combinar adecuadamente los
alimentos sólo quiere decir que, como el estómago
humano no es capaz de digerir más de un alimento
concentrado por vez, no se ha de comer más de un
alimento concentrado por vez. Es así de simple. Cada especie de
mamífero tiene un tipo específico de sistema
digestivo, biológicamente adaptado a un determinado
tipo de comida: desde el león, cuyo aparato
digestivo mide, unos tres metros y medio de largo,
hasta la jirafa, que lo tiene de aproximadamente
ochenta y cuatro metros. Sobre el planeta hay
animales carnívoros, herbívoros, omnívoros,
graminívoros y frugívoros. Todavía se discute qué
tipo de sistema digestivo posee la especie humana,
pero hay una cosa segura, y es que los humanos no poseen
todos esos tipos diferentes de sistemas digestivos.
Sin embargo, no nos privamos de comer la dieta de un
león, de una jirafa, de un cerdo, de un caballo y de
un mono. Y no sólo comemos las dietas diferentes de
todos esos animales: ¡las comemos todas al mismo
tiempo! Eso impone a nuestra capacidad digestiva una
carga tremenda, provoca la formación de desechos
tóxicos en el organismo y dilapida una gran cantidad
de preciosa energía. Seguramente, mis
lectores habrán comido, juntas, carne y patatas. O
pescado con arroz, o pollo con fideos, o huevos con
tostadas, o pan con queso. O cereales con leche. Un
momento, estaréis pensando, aparte de eso, ¿qué
queda? No os aflijáis, queda muchísimo. ¿Y si os
digo que estas combinaciones no son las que mejor
convienen a nuestros intereses, y que además nos dan
la seguridad de no tener nunca el cuerpo esbelto ni
la energía que quisiéramos? Lo más importante para
rebajar de peso es la desintoxicación, que a su vez
depende totalmente de la energía. La combinación
inadecuada de alimentos en el estómago es la razón
de que en Estados Unidos haya una crisis de energía.
Y es también un factor que contribuye a que la gente
de este país se muera a los cincuenta años. La
muerte significa que el cuerpo ya no tiene energía
para enfrentar su situación, y morirse a los
cincuenta años es indefendible. Casi dos tercios de la
población están excedidos de peso, cosa que en gran
parte puede atribuirse al hecho de que comemos
combinando nuestros alimentos indiscriminadamente y
al azar. Esto merece una explicación más completa.
Tomemos como ejemplo la carne con patatas, porque es
algo que probablemente todos hemos comido en un
momento u otro. Pero, aunque mencione la carne con
patatas, lo mismo podría estar hablando de pescado
con arroz o pollo con fideos, o pan con queso.
Pensemos que comemos un bistec. Lo preparamos como
nos apetezca y nos lo comemos. Una vez en el
estómago, esta proteína concentrada necesita, para
su descomposición, de un tipo determinado de jugo
digestivo: un jugo ácido. Al mismo tiempo, nos
disponemos a comer una patata asada. - Bueno -dirá quizás el
lector-, pero una patata es una verdura. Es cierto que la patata
es una verdura. Si se tratara de comernos una patata
cruda, bien masticada, nos enviaríamos al estómago
un alimento con alto contenido de agua. Pero una vez
horneada, ya podemos masticarla hasta que se nos
atrofie la mandíbula, que no la convertiremos en
agua. Una vez horneada la patata, la mayor parte del
agua ha desaparecido y nos quedamos con un alimento
feculento sumamente concentrado. Pues bien, este
almidón concentrado entra en el estómago con el
bistec. El jugo digestivo necesario para descomponer
este alimento no es ácido, sino alcalino. Quien
alguna vez haya estado en una clase de química, sabe
lo que sucede cuando lo ácido entra en contacto con
lo alcalino: se neutralizan. Entonces, acabamos de
comernos un bistec con una patata. Están en el
estómago, y los jugos digestivos necesarios para la
descomposición de cada uno de ellos acaban de
neutralizarse. ¿Que va a suceder con esa comida? El
cuerpo, que es infinitamente sabio, reconoce
inmediatamente la emergencia, porque para él, la
digestión de alimentos es una de las primeras
prioridades. El cuerpo se encuentra en un total
desconcierto. Tiene que segregar más jugos
digestivos, para lo cual se necesita tiempo y
energía. En el estómago se segregan nuevos jugos
digestivos, y ¿qué sucede? Que vuelven a quedar
neutralizados. Ahora, el cuerpo se ve forzado
realmente hasta su límite. Necesita más energía para
segregar más
jugos que vayan al estómago, y durante este proceso
transcurre largo tiempo. De hecho, pueden pasar
varias horas mientras el cuerpo manufactura todos
esos jugos digestivos, hasta que empezamos a sentir
una sensación de indigestión o de acidez. Finalmente
la comida, sin haber llegado nunca a ser
adecuadamente digerida, sale simplemente del
estómago por la acción peristáltica de los
intestinos. Esta comida sin digerir pasa
forzadamente a los intestinos, tras haber estado
varias horas retenida en el estómago. Es importante entender
exactamente que es lo que ha ocurrido. La mayor
parte de las proteínas, tras haber permanecido tanto
tiempo en el estómago, se están pudriendo. La mayor
parte de los carbohidratos han fermentado. La
putrefacción y la fermentación son dos procesos que
no sirven al cuerpo humano, en ninguna
circunstancia. Las sustancias nutritivas afectadas
por ellos no pueden ser incorporadas a una
estructura celular sana. Los alimentos que han
sufrido alguno de estos dos procesos generan ácidos
tóxicos en el cuerpo, y a causa de ellos se producen
gases, flatulencias, más acidez, indigestión y Alka
Seltzer, bicarbonato, leche de magnesia, la lista es
larga. Consumimos antiácidos por toneladas. ¿Por
qué? Porque comemos al azar e indiscriminadamente.
Cuando todos esos alimentos incompatibles llegan
juntos al estómago, el cuerpo no sabe qué hacer con
ellos. Somos la única especie en el mundo que,
cuando termina de comer, necesita medicarse para que
la comida pueda seguir su recorrido por las tripas. Debido a toda esa
putrefacción y fermentación, y a los ácidos
resultantes, lo que en realidad hay en el estómago a
esta altura es una masa de alimentos arruinados y
malolientes, que están echándose a perder. Ya sé que
esto no es muy grato, y mi intención no es ser
desagradable, pero quiero ser realista...
y eso es exactamente lo que está sucediendo dentro
del organismo. La comida se ha visto forzada a
permanecer en el estómago, sin digerir, y está,
literalmente, pudriéndose. Las sustancias nutritivas
que pudo haber habido en esos alimentos se han
perdido. Durante ese largo tiempo que permanecen en
el estómago, el cuerpo gasta una cantidad increíble
de energía. Después, la comida se ve forzada a pasar
a los intestinos, y tiene que recorrer unos nueve
metros de canal intestinal. ¿Te imaginas? Nueve
metros de intestinos se ven obligados a
arreglárselas como puedan con esos alimentos
podridos. Por eso la gente está cansada después de
haber comido de esa manera; por eso no tiene
energía. Esos alimentos pueden necesitar hasta ocho
horas nada más que para salir del estómago, y entre
veinte y cuarenta más para completar el recorrido
por los intestinos. En
The Hygienic
System, Vol. II, Herbert M. Shelton
describe la obra del doctor Arthur Cason, quien en
1945, con sus ayudantes, realizó una serie de
experimentos, con dos grupos de sujetos. Estos
experimentos demostraron que consumir en la misma
comida proteínas y carbohidratos retarda, e incluso
impide, la digestión. Llevó a cabo pruebas de
control, en las que se registró el tiempo de
digestión y se hizo finalmente un análisis de
materia fecal Sus conclusiones: Las pruebas revelan
siempre que la digestión de las proteínas en el
estómago se retarda cuando se las mezcla con
almidones; el grado en que esto sucede varía con
cada individuo, y también según cual sea el tipo de
proteína o de almidón ingerido. Un examen de la
materia fecal revela gránulos de almidón sin
digerir, lo mismo que porciones y fibras de
proteínas, en tanto que, cuando se las ingiere por
separado, cada una de las dos sustancias llega a
finalizar su digestión. Si los alimentos se combinan
adecuadamente, sufren una descomposición completa y
son absorbidos y utilizados por el cuerpo; entonces.
en la materia fecal no aparecen fragmentos sin
digerir. Cuando se consumen
combinaciones de alimentos incompatibles y se
produce fermentación, encontramos también que en el
tubo digestivo se produce alcohol, con las mismas
consecuencias que resultarían de beberlo, y con el
mismo riesgo potencial para el hígado. El principio de la
adecuada combinación de alimentos se limita a
sugerir que no queremos desperdiciar energía. No
queremos que la comida esté ocho horas pudriéndose
en el estómago y contaminando los intestinos durante
veinte horas más. Lo que realmente queremos es que
pase en el estómago aproximadamente tres horas,
sin putrefacción, ni fermentación, ni gases, ni
flatulencia, ni acidez ni indigestión que nos
obliguen a medicarnos. Queremos que nuestros
alimentos pasen rápida y eficazmente por los
intestinos, y la manera de asegurarlo es no consumir
más que un
alimento concentrado por vez, no dos. Comer
simultáneamente dos alimentos concentrados sería
causa de que estos se pudran, y una comida que se
pudre NO PUEDE SER ASIMILADA. Una combinación
inadecuada de alimentos altera drásticamente los
ciclos de asimilación y de eliminación. Hay una manera muy
simple de evitar todo este problema. Si queréis
comer un bistec, o un trozo de pescado o de pollo,
perfecto. Simplemente, poned atención en que si vais
a comer cualquier cosa que sea carne ese deberá ser
vuestro único alimento concentrado para esa comida.
Eso significa que no debéis acompañarlo de ningún
otro alimento concentrado: nada de patatas, ni de
arroz, fideos, queso o pan; con él comed solamente
alimentos de alto contenido de agua. En otras
palabras, acompañad el bistec con algunas verduras;
digamos, por ejemplo, un poco de brécoles y
calabacines. Puede ser cualquier verdura que os
guste. Hay que entender que las verduras no
necesitan sus propios jugos digestivos específicos:
se descompondrán tanto en un medio ácido como en uno
alcalino. Supongamos que cocemos ligeramente al
vapor un poco de brécoles con calabacines, o que los
freímos o los salteamos, según como nos guste
prepararlos (sin olvidar que cuanto más larga sea la
cocción, tanto más agua y más vida extraeremos de
nuestras verduras). Pues, preparamos las verduras, y
con ellas y el bistec comemos una ensalada cruda No
creo que nadie vaya a quedarse con hambre después de
haber comido así. No es nuestra intención
que alguien pase hambre. De lo que hablamos es de
que hay ciertas limitaciones fisiológicas que tiene
el cuerpo humano, y que hay que respetarlas; nada
más. Quien quiera comerse la patata al horno, pues
que se la coma. Con un poco de mantequilla,
preferentemente sin pasteurizar si la consigue. Y
acompañada de verduras: brécoles, calabacines,
judías verdes, lo que le guste, y de su ensalada.
Tampoco en este caso tiene por qué quedarse con
hambre. Supongo que está claro lo que significa
combinar los alimentos. Si queremos comer carne, la
comeremos con verduras y ensalada; si queremos
patatas, las comeremos con verduras y ensalada Y el
pan con verduras y ensalada, y las pastas con
mantequilla al ajo, por ejemplo, y verduras. Y
ensalada. ¿Queréis comer queso? Pues, cortado o
rallado, agregadlo a la ensalada, sin croûtons o
derretidlo sobre las verduras. Quizás esto le
parezca demasiado simple a la gente que tiene miedo
de no comer suficientes proteínas si no consume
carne en todas las comidas, pero este es un tema
sobre el cual volveré en el capítulo 7. 1. Véase III parte,
pág. 226. 2. Decimos bastante
porque las judías son notoriamente difíciles de
digerir. Después de comerlas, la mayoría de las
personas sienten gases y flatulencia, lo que
demuestra que cualquier clase de combinación entre
proteínas y almidones puede causar problemas. Ya ve el lector como
estamos disfrutando al comer, estamos comiendo lo
que nos gusta, pero sin mezclarlo todo ni comernos
todo junto al mismo tiempo. Esta práctica no sólo
permite una extracción y utilización óptimas de las
sustancias nutritivas que hay en los alimentos (ya
que no se produce putrefacción ni fermentación),
sino que además pone fin a los dolorosos trastornos
digestivos e incrementa sustancialmente la energía
disponible. La violación de las combinaciones
adecuadas tiene muchas consecuencias negativas, y de
la adhesión a sus principios provienen muchos
resultados positivos. Vayamos en busca de lo
positivo, y el primer resultado positivo es la
PÉRDIDA DE PESO. Ocasionalmente, alguien
objeta que la naturaleza misma combina almidones y
proteínas en el mismo alimento, diciendo que si la
naturaleza lo hace, también nosotros podemos
hacerlo. Esta objeción no es válida. Si un alimento
que es una combinación natural de
almidón y proteína (como las alubias) se consume
solo, el cuerpo es capaz de modificar sus jugos
digestivos y de producir sus secreciones de manera
tal que la digestión pueda realizarse con bastante
eficacia.2 Pero cuando en la misma comida se
ingieren un almidón y una proteína separados, esta
adaptación de las secreciones digestivas al carácter
y las exigencias digestivas del alimento no es
posible. Hay una diferencia notable, e importante,
entre comer algo que sea una combinación natural de
proteína y almidón, y comer dos alimentos, de los
cuales uno es una proteína y el otro un almidón. Si no es bueno mezclar
una proteína y un almidón, ¿se puede mezclar sin
inconvenientes una proteína con otra, o dos
almidones diferentes? De hecho, la situación ideal
es que haya un alimento concentrado por comida. de
modo que eso excluye las mezclas de proteínas o de
almidones entre sí. Sin embargo, una de estas
combinaciones es aceptable: la de almidón con
almidón. La razón para que no se deban mezclar dos
proteínas es que estas son de características tan
diferentes y de composición tan compleja que las
modificaciones necesarias para satisfacer las
exigencias que impone la digestión de más de una
proteína son imposibles. Por consiguiente, ambas
proteínas entran en putrefacción en el organismo.
Esto no significa que no se puedan comer juntas dos
clases diferentes de carne o dos tipos diferentes de
nueces; pero sí quiere decir, por cierto, que no se
han de comer simultáneamente dos proteínas
diferentes: carne, huevos, productos lácteos o
nueces. Los almidones no son de
descomposición tan difícil como la de las proteínas,
de manera que se puede consumir más de un almidón
por vez. Por ejemplo, si alguien quiere agregar croûtons a
una ensalada, y comer además una patata asada, eso
no le provocaría una fermentación digestiva. El
arroz con judías, aunque resulta pesado, también es
una combinación que puede ser compatible en el
estómago. Tampoco estaría mal acompañar un sándwich
de aguacate con algunas cortezas de maíz, aunque,
ciertamente, reiteramos que sólo uno de estos
alimentos por vez estaría mejor, porque
representaría menos trabajo para el cuerpo y, por
ende, un menor gasto de energía. Pero dos almidones
se pueden combinar sin que se echen a perder en el
estómago. Al introducir al lector
en los principios de la adecuada combinación de los
alimentos, le sugerimos que empiece por alterar sus
hábitos dietéticos, cosa que no significa poner su
vida entera patas arriba, sino algo que cada uno ha
de hacer, en la medida de lo posible, a su propio
ritmo. Claro que cuanto más se
lo practique, tanto mayor éxito se alcanzará. Cuanto
mayor sea la frecuencia con que lo hagas, más
rápidamente podrás rebajar el peso que te interesa
perder. ¿Ves qué simple es esta información? De lo
que hablamos aquí es de una nueva manera de comer,
algo que evidentemente necesitamos. La forma en que
se ha venido comiendo en Estados Unidos durante el
último siglo, aproximadamente, ha llevado a su
población a un punto en que más de la mitad de ella
está luchando con problemas de exceso de peso. En
nuestra cultura jamás se nos ha enseñado la manera
adecuada de nutrir el cuerpo. Por lo que acabamos de
ver, es obvio que la manera standard de encarar la
nutrición -la teoría de los cuatro grupos de
alimentos- no funciona, en cuanto es un enfoque
arcaico y contraproducente. Ya sé que la teoría de
los cuatro grupos ha sido durante muchos años el
evangelio de la nutrición, pero las pruebas que
desmienten su valor están ante nuestras narices. El
hecho de que actualmente haya tanta gente enferma y
con exceso de peso demuestra que no funciona, y el
problema dista mucho de estar bajo control. En una
conferencia reciente sobre la obesidad, que se
celebró en la Facultad de Medicina de la Johns
Hopkins University, y a la que concurrieron
investigadores y clínicos que se ocupan de la
obesidad, el doctor Gerard Smith, del Centro Médico
de Cornell University, refiriéndose a los indicios
fisiológicos que desencadenan e interrumpen el
comportamiento alimentario, expresó: «No sabemos
dónde buscar, y no hemos encontrado tales indicios.
La extensión de nuestra ignorancia es total». El
almuerzo que se sirvió en aquella reunión consistía
en rosbif con puré de patatas y salsa, brécoles,
gelatina y pastel de chocolate. No cabe duda de que
su ignorancia de los principios de la adecuada
combinación de alimentos es total. Si no fuera por
la clásica creencia en la teoría de los cuatro
grupos de alimentos, no serían tan comunes esas
combinaciones lamentables. Para algunas personas
puede resultar difícil olvidarse del mito de los
cuatro grupos, pero la única dificultad reside en el
sistema de creencias que se ha ido consolidando con
los años. Los sistemas de creencias pueden ser el
más importante de los obstáculos al progreso. Si se
cree en algo con la suficiente convicción, no hay
pruebas ni demostraciones de la falsedad de ese algo
que puedan disuadir al creyente. Recuérdese la
dramática situación de Galileo, hace tres siglos,
severamente castigado por su ridícula creencia de
que el Sol no describía una órbita alrededor de la
Tierra. Galileo, cuya teoría se basaba en la obra
anterior de Copérnico, fué encarcelado por insinuar
algo tan absurdo como que el Sol no giraba en torno
de la Tierra. Vamos, si cualquiera podía salir fuera
y observar cómo el Sol recorría el cielo y todas las
noches se sumergía en el océano o desaparecía detrás
de una montaña, ¿verdad? Pues no! Yo diría que hoy
nadie cree que el Sol describe una órbita alrededor
de la Tierra, aunque indudablemente da esa
impresión. Pues lo mismo sucede con algunos hábitos
dietéticos que tenemos. Parece que fueran correctos
pero son exactamente todo lo contrario. Más de
trescientos años después de haber sido dadas a
conocer las observaciones de Galileo, y aún cuando
él tuviera razón y todos los demás se equivocaran,
la Iglesia católica apenas si está llegando a
exonerarlo de la culpa de haber tenido razón. Las
tradiciones, por falaces que puedan ser, se resisten
a morir. Combinar adecuadamente
los alimentos no es nada que prive a nadie de comer
las cosas que le gustan; simplemente, no hay que
comerlas todas al mismo tiempo. Si comemos de
acuerdo con el principio de las combinaciones de
alimentos compatibles, no tendremos una enorme
pérdida de energía Tendremos un excedente de
energía. Quizás el lector recuerde su última comida
de Navidad. quizá después de comer haya pronunciado,
como lo hemos hecho muchos, la famosa declaración:
«Jamás volveré a comer». Pero uno termina la comida
y va a sentarse a la sala de estar, con la intención
de no probar un bocado más, y todo empieza de nuevo.
Le ofrecen un café. Sí, gracias. ?Y un trocito de
pastel, o unos bombones? Hum... bueno, está bien.
Eso, cuando apenas puedes ya doblarte y te cuesta
estar sentado. Pero, ¿por qué? Pues, porque has
hecho demasiadas combinaciones de elementos. Te
serviste pavo, y no digo que no haya que comer pavo
en Navidad, pero probablemente además del pavo hubo
un rosbif o un jamón, o ambos. Y tú probaste un poco
de cada uno. Venían con puré de patatas y de
castañas, y te serviste algo. Y estaba el relleno,
claro, y la salsa y el pan, y un poco de verdura
simbólica que nadie toca Supongo que todos los
lectores me entienden. No quiero decir que no haya
que participar en las celebraciones, pero la razón
de que el cuerpo se sienta totalmente exhausto
después de semejante comida es que en el estómago se
han juntado tantos alimentos diferentes,
concentrados e incompatibles, que el organismo está
hecho un revoltijo. Si esto se hace de cuando en
cuando, el cuerpo tiene alguna probabilidad de hacer
frente a la situación. Pero si se produce con
regularidad, sobreviene el derrumbe. Después de
haber nutrido el cuerpo, y especialmente si se trata
de una celebración deberíamos sentirnos vibrantes,
dispuestos a conquistar el mundo, y en cambio,
apenas si somos capaces de conquistar la cama. ¿Recordáis el león de
que hablamos antes, el que había cazado la cebra?
Cuando el león se comió la cebra, no se la sirvió
con patatas al horno. Eso no existe en la jungla.
Los animales en estado natural mantienen un nivel de
salud mucho más alto que el nuestro; no sólo comen
alimentos con elevado contenido en agua, sino que
además los combinan adecuadamente. Los animales en
estado natural no combinan mal sus alimentos. Comen
una sola cosa por vez, no como nosotros, que nos
comemos todo aquello de lo cual podemos echar mano.
Hasta los animales. Quizás al lector le
sorprenda saber que también Henry Ford era un
defensor de la adecuada combinación de alimentos. En
un artículo de la publicación Early American Life,
David L. Lewis habla de una escuela vocacional
instituida por Ford en 1928, para «enseñar a los
muchachos a trabajar manualmente y a pensar». Los
muchachos desamparados de entre 12 y 17 años
recibirían enseñanzas en agricultura, mecánica y
electricidad del automóvil, fontanería, carpintería
y otros temas. «Además de recibir una educación
financiada por Ford, los estudiantes tenían que
sufrir las teorías dietéticas de Ford. Estaban
prohibidos el azúcar, dulces, pasteles, pudines y
todo tipo de postre dulce, lo mismo que el té, el
cacao y las sales de mesa. JAMÁS SE MEZCLABAN LOS
ALMIDONES CON PROTEÍNAS PORQUE SE LAS CONSIDERABA
QUÍMICAMENTE INCOMPATIBLES [subrayad del autor] y en
cambio, se servían ensaladas de verduras dos veces
por día». Muy propio de Ford; sabía que si daba a
sus empleados comidas mal combinadas, no les
quedaría energía para el trabajo. Es esencial que
empecemos a respetar nuestras limitaciones
digestivas. Necesitamos liberar energías para
expulsar del cuerpo los residuos tóxicos. El aparato
digestivo consume más energía que cualquier otra
función del cuerpo. La adecuada combinación de los
alimentos libera esa energía que el cuerpo puede
usar para desintoxicarse. Y lo mejor es que no hace
falta pasar hambre, ¿Qué te parecería haber rebajado
cinco kilos en diez días, sin dejar de comer? Vaya,
si es lo que le gustaría a cualquiera que esté
excedido de peso. Y sin más que poner en práctica
nuestros nuevos conocimientos sobre la combinación
de alimentos, podemos conseguirlo, porque la cosa
funciona. No es nada que haya que creer porque yo lo
diga; basta con que el lector empiece a combinar sus
comidas de la manera que he indicado, y sabrá
exactamente si esta información es verdadera o no.
Después de todo, eso es lo que realmente cuenta, si
funciona. Que esté probada o no, no significa nada
Si podemos incrementar espectacularmente nuestra
energía, olvidarnos de las dolencias de estómago,
perder peso y sentirnos bien, con sólo combinar bien
las comidas, ¿nos importaría que se hubiera
«probado», que la cosa no funciona? Claro que no.
Pues, no me creáis. Intentadlo! La adecuada combinación
de alimentos crea simplemente las condiciones para
la pérdida de peso. Si podemos comer y desocupar el
estómago en tres horas y no en ocho, son cinco horas
de energía que habremos ganado cinco horas que
estarán dedicadas a la desintoxicación y a la
pérdida de peso. Y aún seguiremos ganando energía
cuando esos alimentos atraviesen con mayor facilidad
los intestinos. Hay gente que me ha
dicho: - Todo eso parece muy
sensato, tengo que admitirlo, pero para un hombre de
negocios como yo, que tiene que almorzar fuera todos
los días, es imposible hacerlo. ¿Por qué? En cualquier
restaurante se pueden seguir estos principios:
Cualquier buen restaurante le permite a uno pedir lo
que quiera. El cliente eres tú; tú eres el que paga,
y puedes tener lo que quieras. Puedes entrar con tus
acompañantes y preguntar: - ¿Cuál es el plato del
día? - Hoy tenemos una
trucha fresca excelente. - Perfecto. Haga el
favor de traerme la trucha, pero en vez del arroz
que la acompaña, ¿qué verduras tiene? - Pues hoy tenemos
espárragos frescos y coliflor. - Muy bien. Tráigame la
trucha con verduras, y también una ensalada, por
favor. Además, podrás elegir
tú mismo tu almuerzo sin que tus acompañantes te
pregunten cómo es que no te comes el arroz. Nadie te
preguntará nada. Lo bueno de todo esto es que,
cuando os levantéis, tú te sentirás liviano y en
condiciones de seguir trabajando con abundante
energía, y en cambio tus compañeros tendrán el
estómago lleno de comida en malas condiciones, que
los hará sentir desganados. Se sentirán cansados y
tendrán que animarse con café o con algún otro
estimulante tóxico, de esos que crean hábito. Lo
fantástico de la combinación adecuada de alimentos
es que mejora de manera notable el nivel de energía
y, al mismo tiempo, libera en el organismo todo lo
que hace falta para que el cuerpo se deshaga del
exceso de desechos que da sensación de pesadez. Ya sé que parece muy
simple, y lo maravilloso de este método es que es
simple. No exige más que pequeños cambios. Si para
consolidar tu problema necesitaste veinte, o
treinta, o cuarenta años, tienes tiempo para
invertir la situación, pero lo importante es que
tienes que empezar. Cada vez que hablo de este tema
me entusiasmo, porque sé lo simple y obvia que es
esta información. He visto cómo funciona con miles
de personas, y sé que hay miles más, entre quienes
se cuentan mis lectores que pueden empezar a
experimentar esta sensación maravillosa de
controlar, de saber cómo desarrollar un cuerpo
esbelto, y de hacer entonces lo necesario para que
ese cuerpo se manifieste. Todo eso se halla a
nuestro alcance; no tenemos más que pedirlo. Digamos de paso que en
Estados Unidos la gente se gasta anualmente treinta
mil millones de dólares en fármacos. Se tragan
veinticinco millones de píldoras por hora! ¿Saben
los lectores cuál es el fármaco que más se prescribe
y se vende? Solía ser el Valium, pero según el Wall
Street Journal, actualmente es el Tagamet. ¿Para qué
sirve el Tagamet? Para trastornos estomacales! ¿No
será algo que tenga que ver con el esfuerzo a que se
ve diariamente sometido el estómago de la gente? Cuando los lectores
empiecen a experimentar con las combinaciones
adecuadas de alimentos, llegarán a darse cuenta, de
primera mano, del maravilloso recurso que estas
representan en la lucha por rebajar de peso. Y con esto llegamos al
tercero de los recursos destinados a hacer
desaparecer del cuerpo los residuos tóxicos. Que es,
además, del que más me gusta hablar, porque se
centra en torno a... 7 El principio del
correcto consumo de la fruta Es indudable que en el
amplio tema de la salud no hay campo que haya sido
peor entendido, más injustamente calumniado ni más
vituperado que el consumo de fruta. En nuestra
civilización, la gente no sabe cómo se ha de comer
la fruta. No quiero decir que no sepan cómo
encontrarla y comérsela; eso lo saben muy bien. Lo
que no saben es cuándo ni cómo comerla. El correcto
consumo de fruta se relaciona muy íntimamente con la
combinación adecuada de los alimentos. ¿Cuántas personas
conoces que realmente aborrezcan la fruta? ¿Que no
puedan aguantarla? Probablemente ninguna. La mayor
parte de la gente, cuando se le pregunta, dice que
le gusta la fruta Tal vez el comentario más negativo
que se pueda oír al respecto sea: «Me encanta, pero
no me cae bien», o «Me encanta, pero no puedo
comerla». Y lo más frecuente es que la razón de que
no puedan comerla se basa en la ignorancia de cómo
se ha de consumir correctamente la fruta. En todos los seminarios
que doy pido que levanten la mano aquellos a quienes
no les gusta la fruta, y es raro, incluso en grupos
de setecientas personas o más, que se levante alguna
mano. La razón de que a casi todos nos guste la
fruta es que nuestro cuerpo está instintivamente
ávido de ella. Con sus deliciosas combinaciones de
sabor y aromas, con sus colores que son un deleite
para el ojo, la fruta es siempre una invitación al
placer de comer. La fruta es, indudablemente, el
alimento más benéfico que se pueda consumir, el que
más energía suministra y el más vivificante. Con la
CONDICIÓN de que se la consuma correctamente. Lo que
ahora vamos a aprender será quizás recibido con
cierto escepticismo, en cuanto contradice lo que
habitualmente se cree sobre la fruta, y es natural,
ya que pone en juego una nueva manera de pensar en
nuestro cuerpo y en la forma en que debemos
nutrirlo. Para todos, jóvenes y
viejos, la fruta es un placer, un regalo. Una tajada
de melón frío, en un día caluroso, es una delicia.
Tras haber comido algo muy condimentado, la fruta
refresca y suaviza el paladar. Quizás lo que voy a
decir sorprenda: la razón de que instintivamente nos
atraiga la fruta es que se trata,
incuestionablemente, del alimento más importante que
se puede aportar al cuerpo humano, el único al cual
nuestra especie está biológicamente adaptada. El 15 de mayo de 1979
el New York Times publicó un artículo sobre la obra
del doctor Alan Walker, eminente antropólogo de la
John Hopkins University. El trabajo cayó como una
bomba entre los médicos, dietistas y especialistas
en nutrición que no estaban al tanto de la inmensa
importancia de la fruta en la dieta humana. Los
descubrimientos del doctor Walker indican que
«nuestros primeros antepasados humanos no se
alimentaban predominantemente de carne, ni tampoco
de semillas, brotes, hojas, o hierba. Tampoco eran
omnívoros, sino que al parecer han subsistido
principalmente con una dieta de frutas». El doctor
Walker encontró una manera interesantísima de
determinar las tendencias dietéticas, estudiando las
estrías o marcas de los dientes. Los diversos
alimentos dejan marcas características diferentes
sobre los dientes. En sus estudios realizados sobre
dientes fósiles, el doctor Walker observó que, hasta
la fecha «no se han encontrado excepciones. Cada
diente que fue examinado, de los provenientes de los
homínidos del período de doce millones de años que
conducen al Homo
erectus, resultó ser el de un comedor de
frutas». ¡Vaya!, si casi se oye el rechinar de
dientes en la Asociación de ganaderos. Como estamos
biológicamente adaptados para comer fruta, es mucho
más importante pensar en qué cantidad de fruta y no
de proteína vamos a comer durante el día. En quince años jamás he
encontrado una persona con una deficiencia
proteínica, pese al hecho de que efectivamente
existe en circunstancias devastadoras, como el
kwashiorkor. En cambio, he visto centenares que
presentaban envenenamientos por exceso de proteínas,
y la mayoría de ellos no estaban comiendo suficiente
cantidad de fruta El consumo excesivo de proteínas
ha sido relacionado con diferentes formas de cáncer
(mama, hígado y vejiga) y con un incremento en la
incidencia de la leucemia.1 De acuerdo con William
J. Mayo, en una conferencia pronunciada ante el
Colegio Norteamericano de Cirujanos: «En los últimos
100 años, el consumo de carne se ha incrementado en
un 400 por ciento. El cáncer de estómago alcanza a
casi un tercio de todas las formas de cáncer que se
dan en el cuerpo humano. Si los alimentos cárnicos
no son completamente desintegrados, se descomponen,
y agreden con diversos venenos activos a un órgano
que no está preparado para recibirlos».2 El
envenenamiento por proteínas se manifiesta en el
cuerpo como hiperacidez, de la cual hablaremos en el
capítulo 9. 1. Viktoras Kulvinskas: Survival into
the 21st Century. Wethersfield, Connecticut; Omangod
Press, 1975. 2. Blanche Leonardo, Cancer and Other
Diseases from Meat Consumption, Santa Mónica,
California; Leaving of Healing, 1979. Dijimos antes que es
imperativa la necesidad de que nuestro organismo se
vaya limpiando constantemente de los desechos
tóxicos que acumula el cuerpo. La manera más eficaz
de realizar esta limpieza es el consumo de alimentos
con alto contenido de agua. Ya puede el lector
imaginarse lo que sigue: DE TODOS LOS ALIMENTOS, LA
FRUTA ES EL QUE TIENE MAYOR CONTENIDO DE AGUA. Cualquier fruta es, en
una proporción de entre un 80 y un 90 por ciento,
agua, agua que limpia y vivifica. Además, todas
las vitaminas, minerales, carbohidratos,
aminoácidos y ácidos grasos que el cuerpo humano
necesita se encuentran en la fruta. La fuerza
vital inherente en la fruta no tiene parangón en
ningún otro alimento. Cuando se la consume
correctamente, nada aporta tantos beneficios como la
fruta, que por su naturaleza misma da oportunidad al
cuerpo para que se libere de los residuos
acumulados. Esta limpieza favorece la vida en todos
sus aspectos, y permite al cuerpo funcionar con el
máximo de eficiencia. La eficacia del consumo
de fruta como factor adelgazante es incomparable. En
octubre de 1983, una profesora de la Universidad de
Yale, Judith Rodin, presentó ante el Congreso
Internacional sobre la Obesidad, celebrado en Nueva
York, algunos datos interesantes. Sus estudios sobre
los beneficios del azúcar de fruta indican que «lo
que se come en una de las comidas afecta realmente a
lo que se ha de comer en la siguiente». El Bergen
Record consignaba que Ms. Rodin dio a un grupo de
estudio agua del grifo endulzada con diferentes
tipos de azúcar. «La gente que bebió el líquido
endulzado con azúcar de fruta (fructosa) comía
significativamente menos que los que habían bebido
agua pura o líquido endulzado con azúcar común
(sacarosa).» Ella y sus colaboradores observaron que
«los sujetos que consumían fructosa comieron un
promedio de 479 calorías menos, en la comida
siguiente, que la gente que había tomado sacarosa». El doctor William
Castelli, director médico de un famoso centro de
estudios de las enfermedades cardíacas de
Massachusetts, y miembro de la Facultad de Medicina
de Harvard, indica que «una sustancia sorprendente,
que se encuentra en muchos tipos de fruta, puede
reducir los riesgos de cardiopatía o ataque
cardíaco. Esta sustancia protege el corazón en
cuanto impide que la sangre se espese y obstruya las
arterias». La fruta es limpiadora, no
obstructiva. El ingrediente esencial
para una vida vigorosa es la energía. Sabemos ya que
la digestión consume más energía que ninguna otra
actividad física. Es aquí donde la fruta desempeña
un papel tan vital como significativo. PARA SU
DIGESTIÓN, LA FRUTA EXIGE MUCHA MENOS ENERGÍA QUE
NINGÚN OTRO ALIMENTO. Es más, ¡prácticamente nada! Veamos por qué: todo lo
que consume el cuerpo humano debe ser finalmente
descompuesto y transformado en glucosa, fructosa,
glicerina, aminoácidos y ácidos grasos. El cerebro
no puede funcionar con ningún otro
combustible que no sea glucosa (azúcar). La fruta es
glucosa en el cuerpo. Su digestión, absorción y
asimilación sólo exigen una mínima fracción de la
energía que se necesita para descomponer otros
alimentos, que pueden pasar en el estómago un tiempo
que va de una hora y media a cuatro horas (y eso,
sólo si lo que ha comido estaba adecuadamente
combinado). Cuanto menos concentrados sean los
alimentos, y mejor combinados estén, menos tiempo
pasarán en el estómago. Cuanto más concentrados y
peor combinados, más se demorarán en el estómago. El
estómago es el lugar donde se produce el gasto
inicial de energía. LA FRUTA NO SE DIGIERE
EN EL ESTÓMAGO, Nl SIQUIERA EN UNA MINIMA PARTE. Las frutas son
predigeridas. Todas las frutas (excepción hecha de
los plátanos, los dátiles y las frutas secas, que
permanecen algo más en el estómago) atraviesan el
estómago en muy poco tiempo, veinte o treinta
minutos, como si pasaran por un túnel. Se
descomponen y liberan sus vivificantes sustancias
nutritivas en los intestinos. La energía que ahorra
la fruta al no tener que ser digerida en el estómago
es considerable, y automáticamente es redirigida a
depurar el cuerpo de desechos tóxicos, con lo cual
produce reducción de peso. Pero todo esto es válido
solamente cuando se consume correctamente. ¿Qué es
lo que constituye un consumo correcto? Muy simple:
puesto que la fruta no está destinada a permanecer
mucho tiempo en el estómago, un consumo correcto
significa que NUNCA SE LA HA DE COMER COMO
ACOMPAÑAMIENTO DE NINGUNA OTRA COSA, NI
INMEDIATAMENTE DESPUÉS. Es esencial, cuando se come
fruta, comerla con el estómago vacío. Este es,
incuestionablemente, el aspecto más importante de la
antidieta. Si la comemos correctamente, la fruta
-por su alto contenido en agua y por la poca energía
que exige digerirla- desempeñará un importante
papel, permitiendo que el cuerpo se desintoxique y
aportándonos gran cantidad de energía para perder
peso y para otras actividades vitales. La fruta es
el alimento más importante que podemos comer, pero
si la comemos después de otras comidas, de ello
resultarán muchos problemas. Supongamos que se come
uno un sándwich y después una porción de fruta, por
ejemplo un trozo de melón. El melón puede pasar
directamente, a través del estómago, a los
intestinos, pero así se le impide que lo haga.
Entretanto, toda la comida se pudre, fermenta y se
acidifica. En el momento mismo en que la fruta entra
en contacto con la comida que hay en el estómago y
con los jugos digestivos, toda la masa de alimentos
comienza a echarse a perder. Cualquier proteína que
haya en el estómago se pudre, cualquier carbohidrato
fermenta. El contenido del estómago se acidifica, y
corremos en busca de alguna medicina, porque nos
sentimos mal. Esto es algo fácilmente verificable,
que tal vez mis lectores conozcan por experiencia. Quizás el lector se
haya servido una fruta o un vaso de zumo después de
una comida, y haya advertido un dolor intenso en el
estómago, o una sensación de indigestión o de
acidez. La razón de esa incomodidad es haber comido
esa fruta, que habría pasado directamente del
estómago a los intestinos, pero los otros alimentos
que había allí se lo impidieron. De este proceso no
se encontrarán pruebas de orden médico, porque la
profesión médica no ha estudiado todavía, en medida
suficiente, los efectos de la dieta sobre el cuerpo,
y los médicos son los primeros en admitirlo. Sin
embargo, el doctor Herbert M. Shelton, que es la
autoridad respecto de la combinación de alimentos,
insiste en que el valor potencial de la fruta sólo
puede realizarse si se la consume con el estómago
vacío. Si persistentemente habéis consumido fruta de
manera inadecuada, sin haberos sentido mal, eso no
quiere decir que no hayáis violado una ley de la
dietética; no hace más que demostrar la tremenda
adaptabilidad de nuestro cuerpo. Uno puede
arreglárselas para no pagar los impuestos, con
aparente éxito, pero eso no significa que no haya
infringido la ley. En última instancia, Hacienda
está cada vez más cerca, y ya lo atrapará. Y un
desprecio prolongado del principio del correcto
consumo de fruta terminará por cobrarse lo suyo. Muchas personas
consumen incorrectamente el melón, y después le
echan la culpa de lo mal que se sienten. - Fíjate que no puedo
comer melón -dicen-. Cada vez que lo pruebo, me
repite toda la noche. Entonces, ¿que ha
sucedido? Pues, que se comieron un trozo de melón
después de un sándwich o de alguna otra cosa, y en
vez de pasar rápidamente a los intestinos, el melón
se quedó detenido en el estómago. Allí fermentó, y
la víctima lo repitió toda la noche. Y le echó la
culpa al melón, en tanto que si se lo hubiera comido
primero, y después hubiera dejado pasar unos veinte
minutos, el melón habría salido intacto del
estomago, después habría entrado el resto de la
comida y no habría habido ningún problema. Lo que
aquí ofrecemos al lector es una información muy
simple, de la cual la mayoría de la gente jamás ha
oído hablar siquiera. Fisiológicamente, la fruta
atraviesa rápidamente el aparato digestivo, sin el
enorme gasto de energía que en otros alimentos. Por
eso digo sin la menor vacilación que LA FRUTA ES EL
MÁS IMPORTANTE DE LOS ALIMENTOS QUE PODEMOS COMER. Y
esto es válido para todas las frutas, incluso las
ácidas, como las naranjas, piñas y pomelos. La
clasificación de estas como frutas ácidas es
solamente botánica. Una vez en el interior del
cuerpo, cualquier fruta se vuelve alcalina, si se la
consume correctamente. De hecho, tanto la fruta como
las verduras tienen la peculiar propiedad de
neutralizar los ácidos que se forman en nuestro
organismo. Las combinaciones inadecuadas de
alimentos, una cantidad insuficiente de alimentos
con alto contenido de agua, los derivados de muchos
alimentos concentrados, los aditivos, la
contaminación del aire y del agua, el estrés...
todas estas cosas, y muchas más, hacen que nuestro
organismo se intoxique y se acidifique. Un exceso de
ácidos tóxicos se reconoce porque hay edema, exceso
de peso, celulitis, canas, calvicie, estallidos de
nervios, ojeras y arrugas faciales prematuras. Las
úlceras son un resultado directo del ácido corrosivo
en el sistema. La fruta, si se la consume
adecuadamente, tiene la maravillosa capacidad
rejuvenecedora de contrarrestar la formación de
ácidos. Cuando hayáis dominado por completo el
principio del correcto consumo de fruta, estaréis
sintonizados con uno de los secretos naturales que
permiten alcanzar la belleza, la longevidad, y el
feliz acuerdo de salud, energía y un peso normal. Mejor que cualquier
otro alimento, la fruta proporciona al cuerpo lo que
este necesita para alcanzar el mayor nivel posible
de salud. Aparte de su alto contenido acuoso, que
limpia y depura, el hecho de que no deja residuos
tóxicos en el sistema y que su digestión apenas si
necesita gasto de energía, hace de ella el alimento
más perfectamente equilibrado para aportar al cuerpo
los requisitos esenciales para la vida. Las cinco
sustancias vitales esenciales que debemos obtener de
lo que comemos son la glucosa (el combustible,
proveniente de los carbohidratos), los aminoácidos,
los minerales, los ácidos grasos y las vitaminas. La
primera prioridad de cualquier alimento, la más
importante, es su valor de combustible. Sin
combustible, el cuerpo no puede existir. El valor de
combustible debe ser siempre el factor decisivo en
la determinación del valor de cualquier alimento. El
porcentaje ideal de cada uno de los integrantes
esenciales de los alimentos es el siguiente:
Glucosa
90 %
Aminoácidos
4-5 %
Minerales
3-4 %
Ácidos grasos
1%
Vitaminas
menos de 1% Estas proporciones
representan lo que sería la composición ideal de los
alimentos, en función de las necesidades del cuerpo,
y sobre el planeta no hay más que un alimento que
satisfaga perfectamente esos requisitos: es la
fruta. Esto respaldaría el hallazgo del doctor Alan
Walker: que durante millones de años, los seres
humanos fueron estrictamente frugívoros. Antes de
que nuestra especie, movida por influencias
externas, empezara a andar por mal camino, nosotros
-como todos los demás animales en condiciones
naturales- comíamos instintivamente lo que con más
eficiencia nos aseguraba la satisfacción de nuestras
exigencias vitales, que en nuestro caso era la
FRUTA. Hay dos consideraciones
que son importantísimas para quien quiera asegurarse
de que está haciendo un correcto consumo de fruta.
La primera se refiere al tipo de fruta o zumo de
fruta que se ha de consumir, y que es uno solo:
FRESCA. Se trata de una condición sobre la cual
jamás se insistirá demasiado. No se obtiene
beneficio alguno de comer fruta que haya sido
procesada o alterada de cualquier manera por el
calor. Su consumo puede ir, en cambio, en detrimento
del cuerpo, que sólo es capaz de utilizar la fruta
en su estado natural. Tanto las manzanas al horno
como las frutas de lata, las salsas de fruta cocidas
y los pasteles son dañinos, en cuanto no
proporcionan al cuerpo sustancias que lo
desintoxiquen ni que lo nutran, y producen en cambio
toxinas y acidez; incluso es posible que lesionen
las sensibles mucosas que recubren los órganos. Si
obligan al cuerpo a usar su preciosa energía para
neutralizar y expulsar su acidez. La verdad es que
la fruta es por naturaleza un alimento delicado, y
la cocción destruye su valor potencial. Es indudable que en
este aspecto la teoría de la macrobiótica (que
desaconseja el consumo de fruta) discrepa del punto
de vista de la higiene natural. Durante mis diez
últimos años de práctica privada he tenido ocasión
de asesorar a docenas de entusiastas de la
macrobiótica, que acudían a mí porque no se sentían
bien después de una prolongada adhesión a las
prácticas macrobióticas. Pasadas varias semanas de
dieta higiénica, todos ellos sintieron una mejoría
en su estado general. Yo atribuyo la rapidez y
facilidad de la mejoría al hecho de que contaban con
la buena base previa de la macrobiótica, que está
muy por encima de la dieta promedio de los
norteamericanos, por más que su mala interpretación
de los beneficios de la fruta (que para ellos no se
ha de comer cruda) la coloque en situación de
desventaja. Esta es una concepción errónea. Toda la
fruta que se consuma debe ser fresca y cruda; de
otra manera, se perderán los múltiples beneficios
que aquí describimos. Lo mismo vale para el zumo de
fruta: debe ser fresco. Si ha sido pasteurizado,
como sucede con el zumo de naranjas que se prepara a
partir de.concentrados, es puro ácido ya desde antes
de que te lo bebas. Y beber un líquido que es puro
ácido en nada ayuda a perder peso, todo lo
contrario. Quizás alguien pregunte
por qué se han de beber zumos. ¿Acaso la fruta
entera no es mejor? En realidad, sí. Una fruta
entera siempre es mejor que una que haya sido
fraccionada, pero, de hecho, a la gente le gusta
beber algo. Y en vez de beber sustancias tóxicas y
que crean hábito, como el café, el té, el alcohol,
las gaseosas y la leche, sería más atinado tomar
zumos de frutas o de verduras. Pero hay que tener
cuidado de no engullírselos de un trago. Como en los
zumos la fruta está fragmentada, se ha de beber en
sorbos pequeños y dejar que se mezcle con la saliva
antes de tragarla. La fruta está repleta,
rebosante de fuerzas vitales. Si se la utiliza
correctamente, es de utilidad inmediata para el
cuerpo. Por la desintoxicación y la pérdida de peso
que ocasiona, lo mismo que por la energía que
ahorra, no admite parangón con ningún otro alimento.
Y destruir todos sus efectos benéficos por
consumirla en mal momento o en forma indebida es, ni
más ni menos, un delito contra nuestro cuerpo.
¿Quién podría hallar encanto en la Mona Lisa si
estuviera cubierta de barro? ¿O apreciar la calidad
de la grabación de una sonata de Mozart,
escuchándola en un disco rayado? ¿Nos deleitaríamos
en el aroma de una rosa que estuviera cubierta de
basura? Si la consumimos de tal manera que se nos
eche a perder en el organismo, nos estamos privando
de los múltiples beneficios de la fruta. La segunda
consideración se refiere al tiempo que debe
transcurrir desde que se ha comido cualquier otro
alimento, antes de comer fruta. Mientras el estómago
esté vacío, se puede comer toda la fruta que uno
quiera y durante un período tan largo como se
quiera, siempre que se dejen pasar entre veinte y
treinta minutos antes de comer cualquier otra cosa.
Así se dejará el margen de tiempo necesario para que
la fruta o el zumo haya salido del estómago. El zumo
(y algunas frutas) necesita menos, pero para más
seguridad es mejor conceder entre veinte y treinta
minutos. Los plátanos, los dátiles y las frutas
secas necesitan de cuarenta y cinco minutos a una
hora Una vez que se ha comido cualquier otra cosa
que no sea fruta, se ha de esperar por lo menos tres
horas. Si se ha comido cualquier tipo de carne, por
lo menos cuatro horas Y esto se refiere solamente a
alimentos consumidos de acuerdo con los principios
de la combinación adecuada. En caso de haber comido
una comida mal combinada, los alimentos
permanecerán, probablemente, unas ocho horas en el
estómago. Por consiguiente, durante todo ese tiempo
no se debe consumir ninguna fruta ni zumo de fruta. CUÁNTO SE HA DE ESPERAR
PARA VOLVER A COMER FRUTA DESPUÉS DE HABER CONSUMIDO
OTROS ALIMENTOS
Alimento
Tiempo de espera Ensalada o verduras
crudas
2 horas Comida bien combinada,
sin carne
3 horas Comida bien combinada,
con carne
4 horas Cualquier comida mal
combinada
8 horas La fruta desempeña un
papel importantísimo en la antidieta. No vamos a
decir nada estrafalario, como que las enzimas de
ciertas frutas queman las grasas, para que ningún
lector sienta que puede comer en exceso cualquier
cosa que se le ocurra, y después deshacerse de ella
quemándola con cantidades irracionales de fruta Eso
no sólo sería irresponsable, sino también absurdo
desde el punto de vista fisiológico. Una de las
principales funciones que desempeña la fruta en la
antidieta es la de procurar un descanso al aparato
digestivo, con lo cual se libera energía que puede
ser utilizada para la desintoxicación, la reparación
y la pérdida de peso. Es obvio que la
adecuada combinación de los alimentos y el consumo
correcto de fruta tienen muchísimo que ver no
solamente con lo que se come, sino también con
cuando se lo come. Si alguien preguntara a
mis lectores cuál les parece el peor momento del día
para comer, quien sabe que responderían.
Probablemente a la noche, antes de acostarse; como
creen muchas personas. Aunque comer inmediatamente
antes de irse a dormir es hábito espantoso, hay otro
momento del día que es aún más contraproducente y
destructivo para comer. Y ese momento es la mañana
cuando nos despertamos. ¿Que? Si ya me parece oir
los gritos de incredulidad. - Pero, ¿cuántas veces
nos han dicho que se ha de tomar un desayuno
sustancioso para tener energía? Sí, ¿cuantas veces? En
los Estados Unidos, la pausa para el café es una
institución típica La gente se toma un desayuno
enorme y sustancioso (para tener energía), y el
cuerpo se cansa tanto con el trabajo de digerirlo
que la gente necesita algo que la levante porque es
la única manera de llegar a la hora del almuerzo sin
quedarse dormida Ya sé que esto es un golpe tremendo
para uno de nuestros sistemas de creencias más
condicionantes y más profundamente arraigados. Ruego al lector que
por un momento intente olvidarse de todo lo que
creía saber acerca del desayuno. Durante un momento,
intente olvidar todos los consejos de médicos,
dietistas y otros expertos en nutrición. Durante un
momento, confíe únicamente en su propio sentido
común para que le diga si el desayuno tiene una
influencia positiva o negativa sobre su peso. Recordemos que LA
ENERGÍA ES LA ESENCIA DE LA VIDA. Cuando nos
despertamos por la mañana, estamos descansados y en
el punto culminante de nuestro nivel de energía para
el día, siempre que el organismo no se haya pasado
la noche luchando con un sandwich de medianoche o
una comida mal combinada. ¿En qué vamos a gastar ese
excedente matinal de energía? ¿En un desayuno
sustancioso? Ya sabemos que la digestión exige una
enorme cantidad de energía. Un desayuno sustancioso,
que generalmente es una bofetada en la cara de los
principios de la adecuada combinación de alimentos,
no puede aportar energía, porque LA CONSUME. ¿De qué
otra manera se podrá digerir el alimento, si no
fuera gastando energía? La mayor parte de los
desayunos tradicionales de tostadas con huevos, o
cereales con leche, o jamón con patatas, están mal
combinados y obligan a que el cuerpo se pase horas
gastando energía. Los alimentos adecuadamente
combinados pasan tres o más horas solamente en el
estómago, y mientras no han sido absorbidos en los
intestinos, no pueden ni aún empezar a generar
energía. Desde un punto de vista estrictamente
energético, ¿qué sentido tiene desayunarse cuando
uno se despierta a la mañana? Si te saltas el
desayuno, no solamente no te desmayarás por falta de
alimentos (ya que el cuerpo todavía está usando lo
que consumió el día anterior), sino que estarás
mucho más alerta y activo. La palabra desayuno
quiere decir precisamente dejar de ayunar.
Originariamente, se la usaba para designar la comida
con que se rompía un ayuno. Pero un ayuno es una
abstención de alimentos durante un tiempo
prolongado, no durante una noche que pasas
durmiendo. Un aspecto importante
de la antidieta es el siguiente: DESDE EL MOMENTO EN
QUE TE DESPIERTES, A LA MAÑANA, HASTA EL MEDIODÍA
POR LO MENOS, NO CONSUMAS OTRA COSA QUE FRUTA
FRESCA Y ZUMO DE FRUTA. Come o bebe todo lo
que quieras, sin imponerte limitaciones. Si lo
deseas, cómelo; pero escucha la voz de tu cuerpo:
¡evita el exceso! Si no comes nada más que fruta y
zumo de fruta, con ella podrás generar, en vez de
consumir, buena parte de la energía necesaria para
el día. La digestión de la fruta requiere poca
energía, porque no se realiza en el estómago. Si está bien masticada,
no necesita más digestión. Es en los intestinos
donde se absorben todas las sustancias nutritivas
Como la fruta se encamina a los intestinos en
cuestión de minutos y no de horas, las sustancias
nutritivas que contiene son inmediatamente
absorbidas y utilizadas por el cuerpo. Al comer
fruta nos regalamos un día más productivo y lleno de
energía, porque en vez de dilapidarla, la hemos
conservado. Mis lectores se quedarán atónitos ante
el efecto espectacular que esta manera de comer
puede tener sobre su vida, una vez que se hayan
adaptado a CONSUMIR SÓLO FRUTA Y ZUMOS DE FRUTA
HASTA MEDIODÍA. Después de haber experimentado sus
beneficios, no entenderán cómo alguna vez pudieron
empezar el día comiendo algo pesado. Un desayuno
pesado significa un día pesado. Un desayuno ligero
asegura un día vibrante y ligero. Se puede comer
tanta fruta como se quiera durante la mañana, hasta
unos veinte o treinta minutos antes de comer
cualquier otra cosa. Una vez que se ha consumido
otro tipo de alimentos, deben pasar tres horas -por
lo menos- antes de que se vuelva a comer nada.
Insisto: escuchen al cuerpo. Cuando el estómago está
vacío, se puede comer más fruta. Miles de personas,
después de asistir a mis seminarios, han dejado de
ingerir comidas pesadas de mañana y se han limitado
a las frutas y los zumos de frutas, y han conseguido
cambios increíbles. Muchas vienen a decirme: Fíjese que la primera
vez que oí hablar de esto yo no podía pasarme sin un
gran desayuno, pero quería probar lo que usted
decía, pensando que, en todo caso, después acabaría
mi desayuno. Pero no lo hicieron,
porque no pudieron volver a un desayuno más pesado.
Quien quiera saber cómo se siente uno cuando se ha
tragado un yunque, no tiene más que comer
exclusivamente fruta por las mañanas durante unos
diez días, y después tratar de volver a iniciar el
día con una comida más pesada. Simplemente no podrá.
Sí, quizá lo haga en alguna ocasión, y eso no tiene
importancia. Por que ocasionalmente es una cosa,
pero todos los días es algo completamente diferente. El consumo exclusivo de
fruta y zumo de fruta por la mañana es el núcleo
mismo de la antidieta. Lo interesante es que muchas
personas me han dicho que, aunque no se adhieren
exactamente al programa durante todo el tiempo, lo
que hacen de manera más constante es respetar el
consumo exclusivo de fruta y zumos de fruta hasta el
mediodía, porque con eso sólo ya consiguen enormes
beneficios. Éste es, incuestionablemente, el
principal factor de éxito de la antidieta. El lector
que se proponga empezar solamente con un principio,
que escoja éste: EXCLUSIVAMENTE FRUTA POR LAS
MAÑANAS. Hay gente que cree que
consumir mucha fruta y muchos zumos engorda; la
única forma en que la fruta puede provocar alguna
manifestación negativa es cuando se la altera
mediante el calor o se la combina mal, es decir,
cuando se la consume con cualquier otro alimento o
inmediatamente después. CUANDO SE LA COME CON EL
ESTÓMAGO VACÍO, LA FRUTA FRESCA NO PUEDE TENER MÁS
QUE EFECTOS POSITIVOS; ACELERA LA PÉRDIDA DE PESO.
Cuando decimos a la gente que puede comer libremente
más fruta de lo que es habitual, y acostumbrarse a
ello, hay quienes expresan su preocupación de estar
tomando un exceso de calorías. Las calorías son
nuestras enemigas solamente si se las consume como
parte de comidas excesivamente procesadas o mal
combinadas. Las calorías de alta calidad, las que se
encuentran en los alimentos de alto contenido acuoso
no se sumarán a nuestro problema de peso, sino que
nos suministrarán la energía necesaria para
liberarnos de él. Para mí, eso de contar
calorías ha sido siempre aburridísimo, una manera
deprimente de establecer lo que se ha de comer. Por
eso pido a la gente que se olvide de las calorías y
consuma alimentos de alta calidad. El cálculo de
calorías es una manera muy anticuada e ineficaz de
controlar el peso, que parece viable en teoría, como
la opinión de que el Sol describe su órbita
alrededor de la Tierra. Calcular las calorías no es
un patrón realista para medir nuestro progreso. Por
eso, por más diligentemente que las cuenten, hay
tantos partidarios de este método que no alcanzan
los resultados buscados. Recuerdo que una vez
fui a desayunar a un simpático restaurante de Palm
Springs, un establecimiento que se enorgullecía de
especificar en el menú el número de calorías de cada
cosa que servían. Pues aquí va un ejemplo de la
inutilidad práctica de contar las calorías. Escogí
de la lista dos desayunos posibles, compuestos ambos
de tres artículos cada uno. Uno era de 220 calorías,
el otro de 190. Pues bien, para quien actuara movido
por la falsa noción de que una caloría es siempre
una caloría, y de que en una comida hay que consumir
tan pocas como sea posible, la opción habría sido el
desayuno de 190 calorías. Pero yo, entendiendo como
entiendo los principios de la higiene natural, pedí
sin vacilar el de 220. Es una locura pensar que una
caloría que se encuentra en un alimento
desnaturalizado, desvitalizado y procesado a muerte
es lo mismo que una caloría en un simple alimento
fresco y sin adulterar. Todos los coches son coches
también, pero ¿quién preferiría tener uno viejo,
abollado y sin frenos, que apenas si anda, a un
Rolls Royce nuevo y brillante? Los dos son coches,
pero uno puede poner en peligro tu vida. Mientras
que el otro estaría a tu servicio. Lo mismo pasa con
las calorías. Las hay que pueden agregar peso al
cuerpo, y las hay que pueden proporcionarnos la
energía necesaria para perder peso. Todo lo que
tenga que ver con calorías es un caso clásico en que
la calidad importa mucho más que la cantidad. El desayuno de 190
calorías era un tazón de avena, una tostada y una
porción de queso crema. El de 220 incluía un vaso de
zumo de naranja bien exprimido, una tajada de melón
maduro y un tazón de fresas frescas. Ahora que mis
lectores entienden claramente la gran importancia de
consumir alimentos de alto contenido acuoso y
adecuadamente combinados advertirán, estoy seguro,
por qué opté por el desayuno de 220 calorías. El de
190 calorías estaba constituido por tres artículos
desprovistos de agua. Era una proteína (el queso
crema) y dos carbohidratos (la avena y el pan). Se
me habría quedado asentado en el estómago durante
seis u ocho horas, privándome de preciosas energías,
sin nutrirme y dejando gran cantidad de residuos
tóxicos que dañarían a mi organismo. No me habría
ayudado para nada en mi empeño de perder peso: me lo
habría agregado. El menú de 220 calorías era, todo,
de alto contenido acuoso. No produciría putrefacción
ni fermentación, y consiguientemente, ningún
trastorno en mi organismo. En menos de media hora ya
había salido del estómago y estaba proporcionándome
efectivamente verdadera energía en el término de una
hora. En vez de alterar el ciclo de eliminación e
impedir así que el cuerpo se depurara de desechos,
lo ayudó. Cualquiera que piense
que este programa obtiene éxito porque aporta menos
calorías que una dieta común ha entendido todo al
revés. Con sólo disminuir la ingestión de calorías
no se logrará la pérdida de peso deseada, si las
calorías consumidas provienen de alimentos
desnaturalizados, mal combinados, tóxicos y
obstructivos. Por eso este programa ha tenido tal
éxito con tantas personas, muchas de las cuales
solían contar religiosamente las calorías: porque es
un cambio de estilo de vida que no tiene nada que
ver con la estadística de las calorías. El razonamiento que
fundamenta la prescripción de no comer más que fruta
por las mañanas se relaciona estrechamente con el
funcionamiento eficiente de los ciclos corporales. Y
éste es el mejor momento para volver a echar un
vistazo a estos ciclos y ver exactamente por qué.
Como lo que nos interesa para rebajar de peso es no
bloquear el ciclo de eliminación destacaremos su
importancia empezando por él. Ciclo I - Eliminación
(4 A.M.-Mediodía): Ya hemos aprendido que
la digestión de los alimentos convencionales consume
más energía que cualquier otro proceso corporal.
Sabemos también que la fruta es la que, para su
digestión, requiere menos energía. De modo que es
sumamente benéfico que EL ÚNICO ALIMENTO QUE SE
CONSUMA DURANTE EL CICLO DE ELIMINACIÓN - si es que
se consume alguno - SEA FRUTA O ZUMO DE FRUTA.
Cualquier otra cosa detiene el proceso de
eliminación, y los subproductos de los alimentos que
deberían haber sido eliminados se agregan ahora a la
carga tóxica del organismo y a los kilos indeseables
que cargamos. Por eso el éxito de este programa (y
nuestro éxito en cuanto a rebajar de peso) depende
del consumo exclusivo de fruta y zumos de fruta
hasta el mediodía. Una disminución de peso cómoda y
segura depende de la eficacia del ciclo de
eliminación, y si lo saboteamos, saboteamos nuestro
éxito. NO COMER MÁS QUE FRUTA Y NO BEBER MÁS QUE
ZUMO DE FRUTA HASTA EL MEDIODÍA ES EL ASPECTO MÁS
IMPORTANTE DE ESTE SISTEMA. (Incluso si continúas
bebiendo café o tomando suplementos vitamínicos, no
lo hagas durante el ciclo de eliminación, sino
pasado el mediodía. Esto es esencial.) Ciclo II -
Apropiación (MEDIODIA - 8 P.M.): Después de las doce
entramos en el diario período de ingestión. Si
tienes hambre, éste es el momento de comer pero hay
que observar algunas reglas importantes. Recuerda
que la digestión consume más energía que ninguna
otra actividad. Se trata de comer una comida que no
agote tus reservas de energía, por más que exija
cierta energía digestiva. (Véase la escala
energética, en pag 195). Esto significa adherirse al
principio de la adecuada combinación de alimentos,
para que el procesamiento de esa comida no exija más
que un mínimo de energía digestiva. Ciclo III -
Asimilación (8 P.M. - 4 A.M): Una vez tomado el
alimento, es hora de dejar que el cuerpo pueda
extraer, absorber y utilizar las sustancias
nutritivas que contiene. La absorción no puede
producirse mientras el alimento no ha llegado a los
intestinos. Una comida bien combinada saldrá del
estómago en tres horas aproximadamente, lista para
ser absorbida y asimilada Una comida mal combinada
puede permanecer en el estómago entre ocho y doce
horas, o más. Procura comer lo bastante temprano
como para que el estómago ya esté vacío antes de que
te acuestes. Una buena noche de descanso (que,
tantas veces como te sea posible, se inicie bastante
antes de medianoche) permitirá que tu cuerpo
complete el ciclo de asimilación antes de volver a
entrar en la fase de eliminación, sobre las cuatro
de la mañana. Ahora que ya cuentas
con estas herramientas y sabes los pasos que te
conducirán al éxito que buscas, antes de seguir
adelante es importantísimo que hayas entendido muy
claramente... 8 La teoría de la
desintoxicación En todo el libro hemos
venido insistiendo sobre la importancia suma de la
eliminación de residuos tóxicos del organismo con el
fin de lograr, en forma permanente, una pérdida de
peso. Para facilitar ese proceso hemos estructurado
un estilo de vida que no solamente es efectivo, sino
también fácil y cómodo de llevar. La desintoxicación del
organismo es el objetivo más importante de la
antidieta. Puede ser que la desintoxicación no sea
la fase más placentera del proceso, pero no por eso
deja de ser necesaria. No queremos inducirte a creer
que tenemos alguna fórmula milagrosa que, sin
esfuerzo alguno y de la mañana a la noche puede
convertirte en una persona esbelta, sana y feliz por
el solo hecho de leer este libro. Tienes que hacer
tu parte también. Mi experiencia de los últimos años
me permite decir que aproximadamente el 10 por
ciento de las personas que ponen en práctica esta
información sienten inicialmente cierto grado de
incomodidad. Hay ciertas molestias potenciales. a
las que decididamente se puede restar importancia.
Si la desintoxicación es demasiado rápida puede
causar grandes molestias. Por eso, más de nueve años
han estado dedicados a la experimentación y al
perfeccionamiento de un estilo de vida que pueda
reducir al mínimo posible esas incomodidades
potenciales, y que de hecho así lo hace. Se ha de tener presente
que la acumulación de desechos tóxicos en el cuerpo
puede haber ido produciéndose a lo largo de veinte,
treinta, cuarenta, cincuenta o más años, de modo que
su eliminación no es cosa que pueda lograrse en un
abrir y cerrar de ojos. Jamás insistiré lo
suficiente en lo enormemente importante que es
conseguir esta desintoxicación. Es absolutamente
esencial que el organismo sea depurado para que la
energía pueda ser liberada y usada para rebajar de
peso. En tanto que siga habiendo desechos tóxicos en
el sistema, gran parte de la energía de que este
dispone será usada para eliminarlos. El éxito de
cualquier programa de disminución de peso depende de
esta limpieza. La desintoxicación es limpieza, ¡y es
imperativa! Es la clave de todo lo demás. Las incomodidades
posibles dependen del grado de intoxicación del
cuerpo. Las personas que lo tienen particularmente
elevado, o que han tomado regularmente fármacos
(recetados o no) corren más riesgo de experimentar
molestias temporales que otras personas. La
eliminación de residuos tóxicos puede ser
efectivamente incómoda, pero es mejor soportar ahora
algunas incomodidades menores que ver cómo más
adelante todo se nos viene encima hasta el punto de
llegar a incapacitarnos totalmente. Lo importante es
que la dieta sea tal que pueda efectuar esta
limpieza, pero no con tal rapidez que el proceso sea
peligroso. Por el contrario, se lo
puede regular de tal manera que el individuo
experimente la menor incomodidad posible. Eso es,
precisamente, lo que se logra con los menús que
sugerimos en la segunda parte del libro, y que en
realidad no son simples menús, en cuanto se ha
dedicado una cantidad de tiempo, esfuerzo, estudio y
experimentación a perfeccionar la adecuada
combinación de las variables para asegurar que la
desintoxicación sea tan suave y cómoda como sea
posible. El programa de la antidieta es, de hecho,
un programa de desintoxicación. ¿Cuales son estas
posibles incomodidades? La más frecuente es un
abotagamiento inicial del sistema. Cuando uno
empieza a aplicar el principio de comer más fruta
con el estómago vacío, la capacidad limpiadora de la
fruta removerá los residuos tóxicos acumulados, con
lo que se provocará edema y formación de gases.
Generalmente, esta reacción pasa en el término de
cuarenta y ocho horas, y raras veces dura más allá
de las setenta y dos. Si esta hinchazón le hiciera a
uno aumentar
un kilo o un kilo y medio durante los primeros días,
no hay nada de qué alarmarse; el cuerpo está
preparándose para la tarea que le espera. También es
posible que haya dolores de cabeza o dolores
corporales, que uno se sienta súbitamente cansado o
ansioso que aparezcan heces flojas o semilíquidas
que mucha gente tiende a confundir con diarrea. Nada
de esto ha de ser motivo de alarma ni de salir
corriendo de casa a buscar algún antidiarréico.
Créase o no, el efecto de esta reacción intestinal
es positivo, no negativo. La acción limpiadora de la
fruta desprende de las paredes intestinales la
materia fecal impactada y la elimina así del
sistema. Esta aparente diarrea, que no es tal, lo
deja a uno sintiéndose ligero y renovado. Quizá sea
incómoda, pero sirve a un propósito benéfico. Es
imperativo que no se haga nada para detener este
proceso de eliminación ni ningún otro. El cuerpo
está deshaciéndose de residuos tóxicos. Tampoco hay
que preocuparse por la deshidratación. Esta
eliminación no lleva aparejados ni temperatura ni
otros signos de enfermedad. Con la cantidad de fruta
y verdura, es decir, de alimentos de alto contenido
acuoso que estás consumiendo no queda margen para la
posibilidad de deshidratación. Detener la
eliminación significaría mantener esos desechos en
el organismo y asegurarse un problema de exceso de
peso. Las heces semilíquidas rara vez duran más de
un par de días. También es posible que en esta etapa
se sientan náuseas, al removerse las toxinas que hay
en el organismo. Quizás se observe
también una copiosa descarga mucosa por las fosas
nasales, pero eso no es un resfriado. Simplemente,
el cuerpo está expulsando el exceso de toxinas que
se ha generado y acumulado en las membranas mucosas.
Una de las formas clásicas que tiene el cuerpo de
eliminar toxinas es lo que se suele llamar un
resfriado. Cuando las mucosas están sobrecargadas
con más mucus de lo que puede tolerar el cuerpo, sin
que se lo vaya eliminando con la rapidez necesaria,
los mecanismos de defensa del organismo entran en
acción para expulsarlo por la garganta y la nariz.
Si cogemos un vaso y empezamos a echarle agua sin
parar, finalmente se derramará. Lo mismo sucede con
el cuerpo; si hay en él más mucosidades de las que
puede albergar, se derramarán. Hay trastornos
digestivos, que van desde gases y flatulencia a
dolores crónicos de mayor gravedad o colitis, que
son un problema grave en nuestra civilización. Uno
de los principales beneficios de comer de la manera
que enseñamos en este libro es que esos problemas
comenzarán a desaparecer. La adecuada combinación de
alimentos y el correcto consumo de fruta serán los
principales factores que contribuyan a aliviar esas
dolencias. En ocasiones, la introducción de fruta,
aunque se la coma de manera adecuada, causará gases
y flatulencia. En la mayoría de los casos esta
situación no se da, pero sé de algunas personas
especialmente intoxicadas que durante dos o tres
semanas la padecieron en alguna medida. Todo depende
de cual sea el nivel de intoxicación del cuerpo. Sea
como fuere, aunque si se da es una situación
incómoda y fastidiosa, es positiva en cuanto es un
signo de que se está eliminando la causa del
problema. Se ha de tener presente
que en cualquier momento en que alteremos nuestros
hábitos alimentarios, el cuerpo tiene que adaptarse
al cambio, y que al hacerlo puede darnos una
sensación inicial de malestar. Lo que hay que hacer
es considerar cualquier incomodidad temporal como
expresión del proceso de depuración y limpieza, y
del retorno a la salud. Experimentarlo es ser
testigo de la salud en acción. El cuerpo es poderoso
y quiere salir adelante ahora que tiene la ocasión.
Y esto puede suceder de muchas maneras diferentes.
La reacción del cuerpo cuando de pronto tiene a su
disposición un excedente de energía es tratar de
eliminar lo antes posible mientras la energía dure,
todo lo que sea de naturaleza tóxica Una vez que el
organismo “se da cuenta” de que seguirá disponiendo
regularmente de esa energía, comienza a regular la
eliminación, y las incomodidades temporales
desaparecen. Es importante recordar que no llegan a
un 10% las personas que al iniciar la antidieta
experimentan alguna incomodidad. En caso de que el
lector sea una de ellas, le ruego que no cometa el
error de renunciar a su nueva forma de comer para
regresar a la antigua. De hacerlo así, sumirá a su
organismo en un desconcierto tremendo. Tenga fe en
la sabiduría, la inteligencia y la maravillosa
capacidad de recuperación de su cuerpo, y agradezca
que tiene la integridad y la capacidad de llevar
adelante la limpieza. En caso de que cualquier
incomodidad se prolongara algo más de unos días,
para mayor tranquilidad y seguridad, consulte a su
médico. La eliminación total de
toda toxicidad del cuerpo puede necesitar meses e
incluso años, pero en pocos días estaremos perdiendo
peso y nos sentiremos mucho más activos y vibrantes.
El proceso de eliminación se mantiene generalmente
sin más incomodidades ni manifestaciones externas.
El exceso de peso desaparecerá, habrá un incremento
de energía y todo irá mejorando poco a poco. El
mayor error que puedes cometer, si te sientes un
poco incómodo, es decir “al diablo con todo” y
volver a los hábitos de antes. La incomodidad que
sientes es un indicio de la falta que te hacía la
desintoxicación, es un punto crítico que no se ha de
desvirtuar. Una cosa es segura: tu cuerpo quiere
depurarse de cualquier cosa que no contribuya a
perpetuar tu salud. Cuando algo empieza a salir,
¡déjalo! Estarás mucho mejor si lo tienes fuera del
cuerpo que dentro. Vale la pena volver a señalar que
no todos sienten incomodidad. La mayoría de las
personas no tienen el menor problema. Simplemente,
sentimos que es nuestro deber prepararte para esa
posibilidad. Si tú eres una de las muchas personas
que no sienten incomodidades, ¡estupendo!. Si no, el
estilo de vida que presentamos en las páginas
siguientes, hará que el nivel de incomodidad sea el
mínimo. Puedes estar
absolutamente seguro de que las pruebas que
fundamentan esta manera de comer son muchas. Por
ejemplo, como ya dijimos antes, en los Estados
Unidos las dos principales causas de muerte son, por
ese orden, las enfermedades cardíacas y el cáncer ¡y
diariamente
mueren de ellas unas cuatro mil personas! Las
informaciones más recientes que nos llegan de la
comunidad científica señalan que un incremento en el
consumo de frutas y verduras puede disminuir la
incidencia de ambos grupos de dolencias. En
septiembre de 1982 dijeron los médicos del Instituto
Nacional del Cáncer: Cambiar la manera de comer
podría significar alguna protección contra el
cáncer. El primer requisito es reducir la grasa. El
segundo, aumentar la cantidad de frutas y verduras.
El Instituto Nacional del Cáncer ha hecho de la
dieta su principal área de investigación en lo
tocante a la prevención del cáncer. En septiembre de
1983, también la American Cancer Society expresó su
convicción de que un mayor consumo de frutas y
verduras puede disminuir significativamente el
riesgo de que una persona contraiga el cáncer. Como dijimos ya en el
capítulo anterior, el doctor Castelli, de Harvard,
considera que el riesgo de enfermedad cardíaca puede
ser combatido con el consumo de frutas Estoy seguro de que las
frutas y verduras pueden contribuir a disminuir la
incidencia de estos problemas, dada la eficacia de
estos alimentos para la desintoxicación del cuerpo,
que, además ayuda enormemente a rebajar de peso. Recurrir a este sistema
hará que el lector pierda peso y no lo recupere. Los
únicos factores que podrían impedirle hacer estos
sencillos cambios son determinados hábitos que puede
tener. Uno de ellos es empezar el día con una comida
pesada Otro, mezclar proteínas y carbohidratos.
Otro, comer la fruta después de las comidas. Es muy
importante que lleguemos a tener algunos hábitos
nuevos. En inglés, un viejo dicho afirma que si no
te libras de algunos de tus viejos hábitos, vas a
terminar donde te lleven tus pasos. Y entre vosotros
habrá algunos que no quieran terminar donde sus
pasos los están llevando ahora. La manera más fácil
de librarse de los viejos hábitos es, simplemente
reemplazarlos por otros nuevos y mejores. Eso es exactamente lo
que ofrecemos aquí: un grupo de hábitos mejores, que
los lectores pueden usar poco o mucho, como quieran.
No es cuestión de hacer tanto que uno se sienta
sometido a presión. Tomaos vuestro tiempo, pasadlo
bien. Esto no es nada que hayáis de convertir en una
ordalía, Y TAMPOCO ES UNA DIETA. No es un programa
al cual haya que adherirse al pie de la letra. Lo
que os ofrecemos es, simplemente, una manera de
respetar las limitaciones biológicas del cuerpo y
sus ciclos. A partir de lo que dicen los expertos -
que necesitamos comer más frutas y verduras - os
hemos proporcionado una manera conveniente de hacer
eso, precisamente. Hay una manera agradable de tener
la vivencia de ese cuerpo vibrante y de buen porte
que, como lo sabéis ya instintivamente, debe ser el
vuestro. Este sistema está
preparado para que cada uno lo intente con el ritmo
que escoja. Está presentado de manera que no cause
problema alguno, ya sea que os valgáis de la
información tanto o tan poco como se os ocurra.
Habrá quien esté sumamente motivado, se adhiera
estrictamente al programa y experimente con mayor
rapidez que otro los resultados en cuya busca anda.
Lo que nos gustaría que entendierais es que se trata
de un programa para toda la vida, no para dos
semanas o un mes. La información que se os ofrece
está pensada para que os sirva, para que la
incorporéis definitivamente a vuestro estilo de
vida, de manera que podáis empezar a experimentar el
bienestar que os merecéis por el solo hecho de ser
humanos. Ya sabes que tu cuerpo
es el regalo que te ha hecho la vida. Tu forma de
agradecerlo es cuidar de él lo mejor que puedas;
dale una oportunidad de funcionar a su más alto
nivel sin el impedimento de los desechos tóxicos y
el exceso de peso. Tu cuerpo quiere irradiar salud,
no cargar con veinte kilos de más. Quiere tener la
forma que tú sabes que es capaz de tener. Lo único
que tú tienes que hacer es facilitar sus procesos
naturales, y podrás empezar a sentir la alegría de
tener un cuerpo del cual puedas enorgullecerte. Date
el gusto de ver aparecer ese cuerpo esbelto que,
como bien sabes, ha estado dentro de ti durante todo
este tiempo. Creo que todos podéis
ver, por lo que hasta ahora habéis leído, que lo que
os ofrezco no es un plan de emergencia para obtener
resultados rápidos y temporales. Los principios que
enuncio son para ser incorporados a vuestro estilo
de vida. Lo que tenéis ahora no es un plan dietético
para las horas de comer, sino un plan de vida para
todas las horas. Tal vez alguien esté preguntándose
si las cosas pueden ser tan simples, si lo único que
hay que hacer es comer alimentos con alto contenido
de agua, combinarlos adecuadamente y comer
correctamente la fruta, y si con sólo eso basta
Pues, sí ¡sí basta! Lo más maravilloso de todo es
que es así de simple. La antidieta no es para nada
restrictiva; uno conoce los principios y se adhiere
a ellos lo mejor que puede, sin miedo de
equivocarse. No hay equivocación posible.
Simplemente, haces todo lo que puedes y cuando
puedes. Mientras hagas algo que está bien, obtendrás
alguna recompensa. Tienes todo el resto de tu vida;
no te pongas bajo presión. Si los principios te
parecen sensatos y estás dispuesto a probarlos, ya
está bien. Te hemos dado unos instrumentos para que
los uses cuando quieras; eso depende de ti. Como el
maestro tallista que puede ir a cualquier parte del
mundo y practicar su oficio si tiene consigo sus
buriles, TÚ PUEDES USAR LOS INSTRUMENTOS DE LA
ANTIDIETA DONDEQUIERA QUE ESTÉS, SEA LO QUE FUERE LO
QUE ESTÁS HACIENDO, Y EN CUALESQUIERA
CIRCUNSTANCIAS. Se acabó la época de complicarte la
vida. Nada de echar llave al refrigerador, tomar
píldoras, contar calorías ni sobrevivir con
porciones mínimas. Esto, en cambio, es una
liberación. Puedes comer, y comer
bien, y disfrutar de tu comida. Ya no necesitas
imponerte otra de esas penosas pruebas de quince
días o un mes, tan frustrantes como
contraproducentes y cuyos únicos resultados eran
temporales. Ahora tienes un método realista y para
toda la vida; literalmente, ¡puedes vivir con
él! Ahora que hemos
terminado con los principios, quedan dos aspectos
del consumo de alimentos que exigen atención a causa
de importante influencia sobre el éxito de los
intentos de controlar el peso y estimular un buen
estado energético. El primero de ellos es... 9 Las proteínas Es probable que la
pregunta que con más frecuencia se haga cuando se
habla de dieta, salud y adelgazamiento sea: - Pero, ¿de dónde
tomáis las proteínas? En este país, el miedo
a la muerte no es nada comparado con el miedo a no
comer suficientes proteínas. El problema, sin
embargo, no reside en la falta de proteínas sino en
el exceso. Tener demasiada proteína en el cuerpo es
tan peligroso como no tener suficiente. Con palabras de Mike
Benton, del American College of Health Science:
Quizás jamás haya habido tantas personas confundidas
ante un tema del cual saben tan poco. Bien sé yo hasta qué
punto este es un tema que genera confusión.
Parecería que todo el mundo tuviese una opinión
diferente respecto de la cantidad de proteínas que
se ha de ingerir y por qué. Lo que siempre me
frustró era oír como un autorizado experto,
enunciaba de la manera más convincente lo que se
debía saber sobre las proteínas. Y enseguida
aparecía otro experto, no menos autorizado y que, en
forma tan convincente como el primero ¡decía
exactamente lo contrario! Creo que esa es la
situación en que se encuentra la mayoría de las
personas. Los expertos discuten entre ellos y
sepultan a sus oyentes bajo un alud de hechos,
cifras, estadísticas y pruebas. El público termina
sintiéndose como una pelota en un partido de tenis,
y en todo esto sólo hay una cosa que es
innegablemente cierta: que la gente está confundida. Quizás en este preciso
momento os estéis preguntando: ¿Y qué te hace
diferente a todos estos expertos? Buena pregunta.
Yo, ciertamente, la habría hecho. Bueno, pues, tal
vez nada. Pero mi intención no es persuadiros de que
aceptéis lo que yo sé que es verdad, ni tampoco
reeducaros por completo ya, aquí y ahora. Daros una
clara comprensión del problema de las proteínas es
cosa que exigirá más de lo que yo estoy por deciros;
es algo que pide experimentación y estudio también
de parte vuestra. Mi intención es ayudaros a sentir
la confianza de que podéis tomar una decisión
inteligente por vosotros mismos, sin tener que
depender de los expertos que siguen discutiendo
entre ellos. Ya contáis con los elementos necesarios
para hacerlo, y sabéis cuales son esos elementos: el
sentido común, la lógica y el instinto. Yo apelaré a
vuestra capacidad inherente de saber lo que hay que
hacer. Tendréis amplia oportunidad de valeros de
esos elementos hacia el final de este capítulo. Hay una enorme cantidad
de información que demuestra la relación entre el
consumo de alimentos proteicos concentrados y las
enfermedades cardíacas, la alta tensión sanguínea,
el cáncer, la artritis, la osteoporosis, la gota,
úlceras y multitud de otras enfermedades,
documentada por T. C. Fry, Victoras Kulvinskas,
Blanche Leonardo, Barbara Parham, John A
Scharffenberg, Orville Schell y Herbert M. Shelton,
entre otros. Aquí, sin embargo, nos limitaremos a
estudiar los efectos sobre el peso y el nivel
energético. Las proteínas son las
sustancias alimenticias más complejas, y su
asimilación y utilización de las más complicadas. El
alimento que el cuerpo descompone con más facilidad
es la fruta; en el otro extremo de la escala, el más
difícil son las proteínas. Cuando se ingieren
alimentos proteicos, exigen más energía que
cualquier otro para completar el proceso digestivo.
El tiempo promedio para que los alimentos (salvo la
fruta) atraviesen en su totalidad el tracto
gastrointestinal es de unas 25 a 30 horas. Cuando se
come carne, ese tiempo se duplica con creces. Por
consiguiente, es lógico que cuanto más proteína se
come, menos energía queda disponible para otras
funciones necesarias, como la eliminación de
desechos tóxicos. El tema de las
proteínas, en su totalidad, ha sido tan
desproporcionadamente exagerado que es dudoso que la
gente se puede sentir tranquila al respecto. Lo
fundamental es que, simplemente, no necesitamos
tanta proteína como nos han hecho creer1. Antes que
nada, el cuerpo humano recicla el 70 por ciento de
su residuo proteínico. ¡Ahí ya hay un 70 por ciento!
En segundo lugar, el cuerpo humano sólo pierde
aproximadamente 23 gramos de proteína por día, que
se eliminan a través de las heces, la orina, el
pelo, la descamación de la piel y la transpiración.
Para reponer esa cantidad se necesitaría comer
aproximadamente 680 gramos de proteínas al mes. La
mayoría de las personas comen muchísimo más que eso,
ya que ingieren proteínas en todas las comidas. Se
ha calculado (con un margen de seguridad que hace
que la cifra casi duplique la necesidad real) que se
requieren 56 gramos de proteína diarios. Consumir
más de lo que el cuerpo necesita impone al organismo
la pesada carga de tratar de librarse de dicho
exceso: una terrible pérdida de la preciosa energía
que tan necesaria es para rebajar de peso. Un vaso
de dos decilitros no puede contener más de dos
decilitros de líquido. Si se le echa más, todo lo
que supere su capacidad será pura pérdida Algo
parecido sucede con nuestro cuerpo. Una vez que la
exigencia diaria de 23 gramos está satisfecha, ya
está. El problema es que el exceso de proteína no
sólo lo priva a uno de energía, sino que también
debe ser almacena en el cuerpo como desecho tóxico,
lo cual significa un aumento de peso hasta que el
organismo puede disponer de la energía suficiente
para librarse de él. Pero como al día siguiente
tiene que enfrentarse con un nuevo excedente, la
situación empeora. 1. Arthur C. Guyton, Guidance Textbook
of Medical Physiology, Filadelfia. Saunders
Publishing Co., 1981. T.C. Fry, Lesson 8, Proteins
in the Diet. en The Life Science Health System,
Austin, Texas, Life Science, 1983. De hecho, las proteínas
no son ni más ni menos importantes que cualquier
otro de los constituyentes de los alimentos; aunque
nos hayan hecho creer que son las más importantes,
simplemente no es así. Todos ellos desempeñan un
papel decisivo para hacer que un alimento sea lo que
es. Si te hicieran escoger entre el corazón y el
cerebro, ¿a cuál renunciarías? Pues lo mismo sucede
con la comida Los constituyentes de los alimentos
que integran una comida típica son siempre los
mismos: hay vitaminas, minerales, carbohidratos,
ácidos grasos, aminoácidos y muchos componentes más,
a los que todavía es necesario aislar y dar nombre.
¡Y todos son importantes! A todos se los usa en
conjunto, sinérgicamente. Aislar uno solo de ellos
por considerarlo más importante que otros es no
haber entendido las necesidades biológicas y
fisiológicas del organismo. Ninguna discusión de
las proteínas sería completa si no se hiciera
mención de la ingestión de carne, porque en general
se la considera como la fuente ideal de proteínas.
Una de las principales razones para ello es que la
proteína animal se asemeja mucho más a la del cuerpo
humano que las proteínas vegetales. Excelente
argumento para comerse al prójimo, en realidad, pero
creo que hasta los más entusiastas consumidores de
carne encuentran repugnante esta idea. Uno de los grupos de
animales consumidos por sus proteínas es el ganado
vacuno, a razón de unos 33 millones de cabezas por
año en Estados Unidos. Es mucha carne. ¡Buena para
fortalecerse! Ésa es la primera razón que
habitualmente se da para fundamentar la necesidad de
comer carne: Necesitamos conservar nuestras fuerzas.
Pues vamos a ver un poco esto. ¿Cuál diríais que es
el animal más fuerte del planeta? Mucha gente diría
el elefante, y yo estaría de acuerdo. En realidad,
si tuvierais que pensar en los animales más fuertes
del mundo, los que durante siglos fueron usados por
su fortaleza y aguante, cuales serían? Los
elefantes, los bueyes, los caballos y las mulas, los
camellos, los búfalos. Y ¿qué comen? Hojas, hierbas
y fruta. ¿Habéis visto alguna vez un gorila
plateado? El gorila plateado se parece
fisiológicamente al ser humano. Es increíblemente
fuerte. Aunque tenga tres veces el tamaño de un
hombre, ¡tiene treinta veces su fuerza! Un gorila
plateado podría arrojar a un hombre de noventa kilos
al otro lado de la calle, como si fuera un muñeco.
¿Y que come el gorila? ¡Fruta y otros vegetales!2
¿Qué indica eso respecto de la necesidad de comer
carne para tener fuerza? Por el momento, olvídate de
todo lo que te han dicho y de las opiniones que has
oído. Tú, ¿qué piensas? Nos comemos la carne del
ciervo porque como proteína es casi perfecta, pero
el ciervo, ¿qué comía para fabricar esa proteína?
¿Carne? No! Granos y hierbas. Interesante, ¿no?
¿Cómo es posible? Por una parte, tenemos todos los
datos científicos que muestran los beneficios de
comer carne. y por otro lado está nuestro sentido
común, que hace que ese punto de vista nos resulte
difícil de tragar. 2. Dos reconocidas
autoridades en las costumbres de los gorilas son
John Aspinal, director de un refugio mundialmente
famoso en Inglaterra, y Adrien de Schryver. Ambos
han señalado que su hábitat natural los gorilas son
voraces comedores de fruta. En realidad, cuando hay
abundancia de fruta, renuncian a cualquier otro tipo
de comida hasta que esta se acaba. Esto nos trae al
aspecto peor entendido de toda la cuestión de si se
ha de comer carne. La gente que conoce bien la
situación considera que éste es el aspecto más
irónico del tema: la proteína no
se forma en el cuerpo comiendo proteína. Sí, lo
habéis leído correctamente. La proteína se forma a
partir de los aminoácidos contenidos en los
alimentos. El que la proteína se construya a
partir de los alimentos proteicos depende de lo bien
que sean utilizados los aminoácidos contenidos en
esos alimentos. La idea de que se puede comer un
trozo de ciervo (o de cerdo o de pollo) y que eso se
convertirá en proteína en nuestro cuerpo es absurda.
La proteína animal no es nada más que eso: proteína
animal, no proteína humana. Si queremos entender el
problema de las proteínas es menester que entendamos
lo que son los aminoácidos. El cuerpo no puede usar
ni asimilar las proteínas en su estado natural, tal
como se las come. Primero, la proteína debe ser
digerida y descompuesta en los aminoácidos que la
integran. Entonces, el cuerpo puede usar los
aminoácidos para construir la proteína que necesita.
El valor fundamental de un alimento proteico reside,
pues, en su composición de aminoácidos; son los
aminoácidos los componentes esenciales. Todo el
material nutritivo se forma en el reino vegetal; los
animales tienen el poder de apropiarse, pero nunca
de formar o de crear, las fuentes de proteínas, es
decir, los ocho aminoácidos esenciales. Las plantas
son capaces de sintetizar los aminoácidos a partir
del aire, la tierra y el agua, pero los animales,
incluyendo los humanos, dependemos de la proteína de
las plantas, ya sea en forma directa, comiéndonos la
planta, o indirecta, comiendo un animal que se haya
comido la planta. En la carne no hay aminoácidos
esenciales que el animal no haya obtenido de las
plantas, y que los humanos no podamos obtener
también de las plantas. Por eso todos los animales
fuertes tienen toda la proteína que necesitan. La
obtienen a partir de la abundancia de aminoácidos
que consumen comiendo plantas. Por eso, además, a no
ser en situaciones de emergencia, los carnívoros
generalmente no se comen a otros animales
carnívoros: instintivamente, comen animales que se
hayan alimentado de vegetales. Hay 23 aminoácidos
diferentes. Todos son esenciales, o si no, no
existiesen. Tal como están dadas las cosas, 15
pueden ser producidos por el cuerpo, y ocho deben
ser derivados de lo que comemos. Sólo a estos ocho
se los llama esenciales. Si comemos regularmente
frutas, verduras, nueces, semillas o brotes,
estaremos recibiendo todos los aminoácidos
necesarios para que el cuerpo construya la proteína
que necesita, lo mismo que los otros mamíferos que
al parecer se las arreglan sin comer carne. El hecho
es que sólo esforzándonos mucho podríamos tener una
deficiencia proteica. ¿Conocéis a alguien que la
tenga? Pues yo tampoco. Ahora bien, no dejemos
que la cuestión de los aminoácidos nos confunda.
Todo eso que se dice de que hay que comer todos los
aminoácidos esenciales en una comida, o por lo menos
en un día, son puras tonterías. Es indudable que
este es el punto más controvertible de este libro.
Ya sé que la creencia de que los ocho esenciales son
necesarios en cada comida ha constituido durante
años el evangelio de la nutrición, pero cada vez
abundan más las pruebas de que no es así. Algunos
libros bien intencionados, como Diet for a
Small Planet, al mismo tiempo que convencían a
la gente de que comieran menos carne, han conseguido
movilizar ansiedades exageradas respecto de la
satisfacción de las exigencias de aminoácidos. Yo,
personalmente, he tenido que calmar los miedos de
centenares de personas que han acudido a mí
temerosas de tener una deficiencia proteica tras
haber reducido su consumo de carne y productos
lácteos. Cuando trataban de aplicar las complicadas
fórmulas que aparecen en el libro, se encontraban
confundidas acerca de su consumo de proteínas.
También he verificado personalmente, por mediación
de las muchas personas a quienes he asesorado, que
la aplicación de las teorías que exigen todos los
aminoácidos en cada comida desemboca en problemas
innecesarios de exceso de peso. ¡La gente termina
por comer demasiados alimentos concentrados! (NOTA:
Frances Moore Lappe. autor de Diet for a Small
Planet ha dicho: Me excedí con la cuestión de la
precisión. Intenté complacer a todos los médicos y
especialistas en nutrición, para tener la seguridad
de que el libro estaba más allá de cualquier
reproche científico. Creo que hice que la gente
estuviera demasiado pendiente de la combinación de
proteínas... pero podéis estar tranquilos al
respecto, porque de todas maneras la mayor parte de
nosotros no tenemos que preocuparnos por las
proteínas.3) 3. Citado en The
Vegetarian Child, por Joy Gross, Secaucus, Nueva
Jersey, Lyle Stuart, Inc., 1983, págs. 55-56 El sentido común me
lleva a preguntar por qué los humanos seríamos la
única especie animal que tiene la cosa tan
complicada cuando se trata de obtener los
componentes necesarios de las proteínas. Ningún
animal en la naturaleza necesita combinar diferentes
alimentos para conseguir todos los aminoácidos
esenciales. Y yo sostengo que la razón de que esto
sea tan complicado para los humanos es que somos los
únicos animales con capacidad de razonar, y que nos
hemos vuelto las cosas mucho más complicadas de lo
que realmente son. El solo hecho de que
una creencia se haya mantenido durante largo tiempo
no hace que sea verdad. Por ejemplo, en 1914 Robert
Barany gano el premio Nóbel de Fisiología y Medicina
por su teoría que relaciona el funcionamiento del
oído interno con los mecanismos de equilibrio del
cuerpo. En diciembre de 1983 una prueba realizada a
bordo de un transbordador espacial demostró que la
teoría era falsa. Por más que se la estuviera
enseñando en todas las universidades del mundo,
inmediatamente quedó desautorizada. El hecho de que
hubiera sido enseñada durante casi tres cuartos de
siglo no demostraba su verdad. Ahora había que
revisar los textos. Aunque en la cuestión de las
proteínas tengo poderosas fuentes que me respaldan,
se ha de recordar que no se necesitó más que una
prueba para destruir la creencia, sostenida durante
sesenta años, de que una simple prueba del oído
interno, que había sido de rutina entre los
otorrinolaringólogos (especialistas en garganta,
nariz y oídos) podía determinar el grado de
equilibrio físico de una persona. La información que
aquí enunciamos hará que las teorías actuales
referentes a los aminoácidos y a la forma en que los
obtenemos pasen a la historia. El tiempo lo demostrará.4 4. Arthur C. Guyton, Physiology of the
Body, filadelfia, W.B. Saunders, 1964, T.C. Fry The
Life Science Health System, Austin, Texas, College
of Life Science. 1983. Viktoras Kulvinskas, Survival
into the 21st Century, Wethersfield, Connecticut. Omangod
Press. 1975. Recordará el lector que
ya hemos hablado de la infinita sabiduría del
cuerpo, que sabe muy bien cómo asegurarse la
producción de la proteína adecuada. ¿Como podría ser
de otra manera? El cuerpo tiene un mecanismo notable
que garantiza que algo de tanta importancia como las
proteínas se vaya fabricando con regularidad y
eficacia. Es su reserva de aminoácidos. Provenientes de la
digestión de los alimentos que integran la dieta, y
del reciclaje de los residuos proteínicos, el cuerpo
tiene todos los aminoácidos en circulación, tanto en
el sistema sanguíneo como en el linfático. Cuando
necesita aminoácidos. Los obtiene de la sangre o de
la linfa. Esta provisión disponible de aminoácidos
continuamente en circulación es lo que se conoce
como la reserva de aminoácido, una especie de banco
que permanece abierto las veinticuatro horas. El
hígado y las células están continuamente haciendo
ingresos y extracciones de aminoácidos, de acuerdo a
la concentración de estos en la sangre. Cuando la cifra de
aminoácidos es alta, el hígado los absorbe y los
almacena para cuando sean necesarios. A medida que
su nivel en la sangre disminuye debido al gasto que
hacen las células, el hígado va poniendo otra vez en
circulación parte de los aminoácidos almacenados. Las células también
tienen la capacidad de almacenar aminoácidos. Si el
contenido de estos en la sangre desciende, o si
algunas otras células necesitan determinados
aminoácidos, las células pueden liberar en el
torrente circulatorio los que tienen almacenados.
Puesto que la mayoría de las células del cuerpo
sintetizan más proteínas de las que son necesarias
para mantener la vida de la célula, las células
pueden reconvertir sus proteínas en aminoácidos y
hacer ingresos en la reserva de aminoácidos, un
hecho cuya comprensión es un factor decisivo para
entender por qué las proteínas completas no son
necesarias en la dieta. Sé que la cosa suena un
poco complicada, pero este es el nivel más técnico
que alcanzaré en todo este libro. La reserva de
aminoácidos existe, y entender como funciona nos
liberará del oneroso mito de las proteínas. La existencia de la
reserva de aminoácidos no es, en modo alguno, un
descubrimiento nuevo. Gran parte de la información
dietética de que hoy se dispone se basa en datos
anticuados que no se han actualizado. Los nuevos
conocimientos han invertido completamente la antigua
teoría, que se basaba en estudios, realizados entre
1929 y 1950, que usaban aminoácidos purificados.
Pero lo que comemos son alimentos, no aminoácidos
purificados. Desde 1950, mis estudios y muchos otros5
han demostrado que no es necesario comer proteínas
completas en todas las comidas, ni siquiera todos
los días. Un estudio realizado por E. S. Nasset,
detallado en la World Review of Nutrition and
Dietetics, expresaba que el cuerpo puede fabricar
cualquiera de los aminoácidos que falten en una
comida determinada a partir de sus propias reservas,
siempre que la dieta incluya una amplia variedad de
alimentos. 5. C. Paul Bianchi y Russel Hilf,
Protein Metabolism and Biological Function, New
Brunswick, Nueva Jersey, Rutgers University Press,
1970. Henry Brown, M.D., Protein Nutrition,
Springfield, Illinois, Charles C. Thomas Publishers,
1974. H.N. Munro et al.,
Mammalian Protein Metabolism, Nueva York, Academic
Press, 1970, pág. 4. Los libros de Arthur C.
Guyton, que actualmente son textos universitarios de
fisiología en Estados Unidos, ofrecen convincentes
pruebas de la teoría de la reserva de aminoácidos.
Ya en 1964, en su Physiology of the Body, Guyton se
ocupaba de la reserva de aminoácidos y de la
capacidad del cuerpo para reciclar los desechos
proteicos. T. C Fry, decano del
American College of Health Science, es otra
autoridad en la materia. Fry dicta cursos en que
enseña la teoría de la reserva de aminoácidos. Esta
información, que ha estado disponible durante más de
veinte años, comienza ahora a salir a luz. La razón
principal para que sea cuestionada es que no encaja
en el molde de lo que tradicionalmente se ha
enseñado. Al parecer, generalmente una información
nueva empieza por ser rechazada. Siempre habrá
informaciones nuevas que se filtren desde el enorme
cuerpo de conocimientos que yo suelo llamar la gran
incógnita. Está muy bien someterla a escrutinio,
pero condenarla sin investigación es una locura.
Además de la verificación científica, esta
información puede ser comprobada, simplemente,
poniéndola en práctica. La gente que come de esta
manera durante largas temporadas, e incluso durante
toda la vida, NO tiene problema con las proteínas.
Muchos pueblos del planeta, entre ellos cerca de 700
millones de hindúes, comen muy pocos alimentos
proteicos en comparación con las poblaciones
occidentales, y sin embargo no tienen deficiencias
proteicas ni, cosa nada sorprendente, problemas de
peso. Hay ocho aminoácidos
que el cuerpo debe tomar de fuentes externas, y
aunque todas las frutas y verduras contienen la
mayor parte de los ocho, hay muchas que contienen
todos los aminoácidos que el cuerpo no produce: las
zanahorias, los plátanos, las coles de Bruselas,
coles y coliflores, el maíz, los pepinos,
berenjenas, guisantes, patatas, calabacines, batatas
y tomates, lo mismo que todas las nueces, las
semillas de girasol y sésamo, los cacahuetes y las
judías. Quizás al lector le
interese saber que el contenido de aminoácidos
utilizables que se halla en las plantas excede en
mucho al de los alimentos cárnicos. Debo de dar la
impresión de que me propongo haceros a todos
vegetarianos, pero no es esa mi intención, por más
que, con palabras de Albert Einstein: En mi opinión,
por su efecto puramente físico sobre el temperamento
humano, la manera vegetariana de vivir ejercería una
influencia sumamente benéfica sobre la suerte de la
humanidad. Como probablemente hayáis adivinado, yo
soy vegetariano. Hace tiempo que aprendí que es
mucho más fácil acercarse a las plantas, pero no
quiero convertir al vegetarianismo a nadie a quien
la cosa no le interese. Se puede comer algo de carne
sin daño para la salud. Conozco algunos vegetarianos
que se creen que, simplemente porque no comen carne,
tienen carta blanca para comer cualquier otra cosa
que se les ocurra, y como consecuencia, son mucho
menos sanos que otras personas que conozco, que
comen carne, pero racionalmente. Lo que deberíamos
preguntarnos es si los seres humanos están diseñados
y pensados para comer carne, y lo que señalan todas
las pruebas de que se dispone es que no hay
justificación, desde el punto de vista nutritivo,
fisiológico ni psicológico, para que los humanos
comamos carne. ¿Sorprendente? Pues a continuación lo
explico. Atendamos primero a los
aspectos nutritivos de los alimentos cárnicos. Tal
como señalamos antes, el requisito primordial de un
alimento es, sin lugar a dudas, su valor de
combustible, en cuanto se relaciona con la energía
para uso corporal. Los alimentos cárnicos no hacen
ningún aporte de combustible, de energía. El
combustible proviene de los carbohidratos, y la
carne, virtualmente, no los contiene. En otras
palabras, NO TIENE VALOR DE COMBUSTIBLE, Las grasas
pueden proporcionar energía, pero deben pasar por un
proceso digestivo más largo y menos eficaz, y sólo
pueden ser convertidas en combustible cuando SE HAN
AGOTADO LAS RESERVAS DE CARBOHIDRATOS DEL CUERPO. Es
menester entender que la grasa que se encuentra en
el cuerpo no proviene en su totalidad de la que se
ingiere en la dieta Cuando se consume un exceso de
carbohidratos, el cuerpo lo convierte en grasa y lo
acumula. De esta manera, el cuerpo puede almacenar y
usar las grasas aunque no haya gran cantidad de
ellas en la dieta. Los depósitos de grasa pueden ser
considerados como, una especie de banco de
carbohidratos, donde los ingresos y las extracciones
se efectúan a medida que son necesarios. Así, la
grasa utilizable depende, en última instancia, de la
ingesta de carbohidratos. Otra consideración es
la fibra. En todas las especialidades sanitarias se
está recalcando la importancia de la fibra en la
dieta. Entre otras cosas, la fibra ayuda a evitar el
estreñimiento y las hemorroides, y la carne no tiene
virtualmente ningún contenido fibroso. Fijémonos ahora en los
aminoácidos que se encuentran en los alimentos
cárnicos. Una cadena de aminoácidos puede contener
entre 51 y 200, 000 moléculas de aminoácidos. Cuando
se ingieren proteínas cárnicas, la cadena tiene que
ser descompuesta para volver a organizarla como
proteína humana. Los aminoácidos son un tanto
delicados; el calor de la cocción coagula o destruye
a muchos de ellos, de modo que ya no son utilizables
para el cuerpo.6 Esos aminoácidos
inaprovechables se vuelven tóxicos, se suman al peso
corporal, aumentan el esfuerzo del cuerpo y agotan
la energía. Habría que comer la carne cruda, tal
como los animales carnívoros y omnívoros, para
aprovechar la potencialidad de sus aminoácidos.
Excepto algunos platos japoneses de moda en Estados
Unidos, como el shushi que tiene sus propios
inconvenientes7, la gente no come precisamente la
carne cruda. Además, la carne es muy alta en grasas
saturadas, es decir, no las que se pueden convertir
en energía, sino las que causan ataques cardíacos.
Es decir que desde el punto de vista de la
nutrición, y pese a toda la propaganda que se le
haga, hay muy poco que decir en favor de la carne. 6. A. Okitani et al., Heat Induced
Changes in Free Amino Acids on Manufactured Heated
Pulps and Pastes from Tomatoes, The Journal of Food
Science 48, 1983, págs. 1.366-67. E.J. Bigwood,
Protein and Amino Acid Functions, Nueva York,
Pergamon press, 1972. C.E. bodwell, Evaluation of
Proteins for Humans, Westport, Connecticut, The Air
Publishing Co., 1977. T.C. Fry, op. cit. 7. El sushi es
siempre una mala combinación -carne con arroz, una
proteína con un almidón-, y es frecuente que se
culpe al pescado crudo de la aparición de
parásitos intestinales en los seres humanos.
Además, el pescado crudo es un depósito de
contaminantes industriales provenientes del agua. Veamos ahora los
aspectos fisiológicos del consumo de carne. Los
dientes de un animal carnívoro son largos, afilados
y agudos... todos los dientes. Nosotros tenemos
molares para triturar. La mandíbula de un carnívoro
se mueve solamente de arriba a abajo, para desgarrar
y morder. La nuestra tiene un movimiento lateral
para triturar. La saliva de los carnívoros es ácida,
en función de la digestión de proteínas animales, y
carece de ptialina, una sustancia química que
digiere los almidones; la nuestra es alcalina y
contiene ptialina para digerir los almidones. El
estómago de un carnívoro es un simple saco redondo
que segrega diez veces más ácido clorhídrico que el
de un no carnívoro. Nuestro estómago es de forma
oblonga, de estructura complicada y se continúa en
un duodeno. Los intestinos de un carnívoro tienen
tres veces la longitud del tronco, y están
preparados para una rápida expulsión de los
alimentos que se pudren rápidamente. Los nuestros
miden doce veces la longitud del tronco, y están
preparados para conservar dentro los alimentos hasta
que de ellos hayan sido extraídos todos los
principios nutritivos. El hígado de un carnívoro es
capaz de eliminar entre diez y quince veces más
ácido úrico que el de un animal que no lo sea El
hígado del hombre tiene la capacidad de eliminar
sólo una reducida cantidad de ácido úrico. Este es
una sustancia tóxica sumamente peligrosa, capaz de
causar grandes perturbaciones en el cuerpo, y que se
libera en grandes cantidades como consecuencia del
consumo de carne. A diferencia de los carnívoros, y
de la mayor parte de los omnívoros, los seres
humanos no tenemos uricasa, la enzima capaz de
descomponer el ácido úrico. Un carnívoro no suda por
la piel, y no tiene poros; nosotros si. La orina de
los carnívoros es ácida, la nuestra alcalina. Ellos
tienen la lengua áspera, nosotros no. Nuestras manos
están perfectamente adaptadas para coger fruta de
los árboles, no para desgarrar las entrañas de un
animal como las garras de un carnívoro. No hay ni una sola
característica anatómica del ser humano que indique
que estemos equipados para desgarrar y arrancar la
carne para alimentarnos. Y finalmente, en cuanto
seres humanos no estamos ni siquiera
psicológicamente preparados para comer carne.
¿Alguna vez os habéis paseado por una densa zona
boscosa, llenándoos los pulmones de aire fresco
mientras escuchabais cantar a los pájaros? Quizás
haya sido después de una lluvia, y todo estaba
fresco y limpio. El sol se filtraba por entre los
árboles, y arrancaba destellos a la hierba y las
flores húmedas. Y tal vez hubo un momento en que una
ardilla se os cruzó fugazmente en el camino. ¿Cuál
fue vuestra primera reacción instintiva al verla,
antes de haber tenido siquiera tiempo de pensar?
¿Saltar sobre ella para atraparla, desgarrarla con
los dientes y engullirla con sangre, tripas, piel,
huesos y todo? ¿Y después relameros los labios con
deleite, dando gracias al cielo por haber pasado por
allí en ese preciso instante y haber tenido la
oportunidad de disfrutar de un bocado tan delicioso?
O más bien, tan pronto ver al suave y minúsculo
animalito, ¿no dijisteis o pensasteis que era un
animalito más bien gracioso? Muchas veces pienso
cuántos más vegetarianos habría si cuando la gente
quisiera comerse un bistec tuviera que salir a matar
un ciervo indefenso, trocearlo y abrirse paso entre
la sangre y las vísceras para cortarse el trozo que
desea. Los niños son la
verdadera prueba. Poned un niño pequeño en un
parque de juegos, con una manzana y un conejito.
Si el niño se come el conejo y se pone a jugar con
la manzana, pedidme lo que queráis. Entonces, ¿por qué come
carne la gente? Hay dos razones muy simples: la
primera, el hábito y el condicionamiento; si se
gastaran regularmente miles de millones de dólares
en convencer a la gente de que si se cortaran los
pies nadie se los pisaría, es probable que algunos
llegaran a ver las ventajas de hacerlo así; la
segunda, que a algunas personas les gusta la carne,
simplemente. Y está muy bien siempre que la gente no
se convenza de que come carne por razones de salud,
ya que el
único efecto que la carne tiene sobre la salud es
deteriorarla. La digestión de la carne exige
una enorme cantidad de energía, lo que hace que el
empeño de rebajar de peso se convierta en algo mucho
más difícil. A quien quiera seguir
comiendo carne, me gustaría ofrecerle tres simples
consejos sobre como reducir al mínimo sus efectos
negativos: 1)
Que sea de buena
fuente. Algunas sustancias
que se administran a los animales destinados a la
matanza son peligrosas, y entre ellas se cuentan la
penicilina, la tetraciclina, bolitas de residuos
cloacales descontaminados con cesio-137, desechos
nucleares radioactivos, agentes engordantes, y
multitud de otras sustancias y antibióticos que
mejoran el animal para la venta. Eso, por no hablar
del tratamiento químico que reciben algunas carnes a
las que rutinariamente se sumerge en un compuesto
químico para disminuir el hedor de la putrefacción y
darle un color rojo en vez del tono grisáceo de
pescado viejo... o del polvo de cemento. Sí, ¡eso
mismo! La Nutrition Health Review informó en 1981
que algunos ganaderos administraban a los bueyes
destinados a la venta centenares de libras de polvo
de cemento para que pesaran más. Al enterarse de
esto, un grupo de consumidores se quejaron a la
autoridad correspondiente y solicitaron que esta
pusiera término a la práctica. La respuesta, tras
haberlo investigado, fue que puesto que no se ha
comprobado que a los seres humanos les haga daño
ingerir un poco de polvo de cemento, la práctica
podía continuar mientras tal cosa no se demostrara.
¿Os imagináis, intentando rebajar de peso al mismo
tiempo que estáis comiendo polvo de cemento? A mí no
me gusta la idea. Hay lugares que garantizan que la
carne y los pollos que venden son animales criados
con pastos naturales y que no han recibido
absolutamente ningún aditivo químico. Vale la pena
que el lector busque estas fuentes y que si su
carnicero no tiene ese tipo de carne que la pida. 2)
Que intente no comer
carne más de una vez por día. Si se consume más de
una vez, la enorme cantidad de energía necesaria
para digerirla no dejará energía suficiente para
otras importantes funciones corporales, como la
eliminación. La única comida con carne debe hacerse
a una hora tardía, de acuerdo con la escala
energética que aparece en la página 195. Y algunos
días, es preferible no comer nada de carne. Que el
lector no se preocupe: al día siguiente se
despertará y probablemente, con más marcha que el
día anterior. 3)
QUE LA CONSUMA EN
UNA COMBINACIÓN ADECUADA, en ocasiones,
comeréis alimentos que no estarán adecuadamente
combinados, pero procurad que eso no suceda cuando
una de las cosas que estáis comiendo es carne. Bien
combinada, la carne ya impone bastante esfuerzo al
organismo; mejor es no complicar 1as cosas. Quizás algún lector
deportista esté pensando que él necesita más
proteínas, porque es una persona activa. He aquí un
interesante comentario del Departamento de Alimentos
y Nutrición de la American Medical Association,
publicado en un número de 1978 del Journal de la
Association: Para los atletas que siguen una dieta
bien equilibrada no tiene utilidad alguna (...) la
ingestión de suplementos proteicos. Los atletas
necesitan la misma cantidad de proteínas que quienes
no lo son. Las proteínas no aumentan las fuerzas. Es
más, con frecuencia se requiere mayor energía para
digerir y metabolizar el exceso de proteínas que
además en los atletas puede provocar deshidratación,
pérdida del apetito y diarreas (8). Si se tiene previsto un
aumento de actividad física, sólo es necesario
incrementar la ingesta de carbohidratos para
asegurarse más combustible. En cuanto a su eficacia
como combustible, las proteínas son desastrosas, y
tampoco contribuyen directa ni eficientemente a la
actividad muscular. Las proteínas no producen
energía, ¿la consumen? Un león, que come
exclusivamente carne, duerme 20 horas por día. Un
orangután, que come exclusivamente plantas, duerme
seis. El Journal of the American Medical Association
expresaba también, en 1961, que una dieta
vegetariana puede prevenir entre el 90 y el 97 por
ciento de las enfermedades cardíacas (9). Pues,
vaya estadística. 8. Cyborki, Cathy kapica, Protein
Supplements and Body Building Programs, Journal of
the American Medical Association, 240, 1978, pág.
481. 9. Diet and Stress in Vascular Disease,
Journal of the American Medical Association, 176. 1961, pág. 134. Es menester tener en
cuenta un último punto: la vitamina
B12. Se supone que si uno no come carne,
terminará por tener una deficiencia de esta vitamina
¡Tonterías! ¿De donde la sacan los animales cuya
carne comemos? La vitamina B12 se encuentra en muy
pequeñas cantidades en las plantas, pero la forma en
que el organismo se la asegura es, principalmente, a
partir de la que se produce en el cuerpo. El
estómago segrega una sustancia, llamada factor
intrínseco, que transporta la vitamina B12 creada
por la flora intestinal. La cuestión de la vitamina
B12 es sólo una parte del mito de las proteínas. ¿DE
DONDE SACA LA VITAMINA B12 EL GANADO QUE NOS
PROPORCIONA CARNE Y LECHE? Se supone que sin carne y
sin productos lácteos nos moriríamos. Si no hubiera
ninguna otra fuente, aparte del sentido común, que
nos demostrara la falsedad de tal afirmación, ya
podríamos considerarla exagerada; pero hay fuentes,
y numerosas, algunas de las cuales citamos.(10)
Nuestra necesidad real de vitamina B12 es tan
reducida que se la mide en microgramos (millonésimas
de gramo) o nanogramos (mil millonésimas de gramo).
Un miligramo de vitamina B12 puede durarnos más de
dos años, y la gente sana tiene, generalmente,
provisión para cinco años. Pero hay una dificultad:
la putrefacción obstaculiza la secreción del factor
intrínseco en el estómago y retarda la producción de
vitamina B12, ¡de manera que los que comen carne
tienen más probabilidades de sufrir una deficiencia
de esta vitamina que los vegetarianos! Este hecho se
conoce desde hace algún tiempo, y en parte fue
analizado en un informe, titulado Las vitaminas del
complejo B, que se publicó en el Anuario de 1959 del
departamento de Agricultura de los Estados Unidos. ¡Y la propaganda afirma precisamente lo
opuesto! 10. T.C. Fry, Lesson 32, Why We Should
Not Eat Meat, en The Life Science Health System,
Austin, Texas, Life Science, 1984. Paavo Airola,
Meat for B12?, Nutrition Health Review, verano 1983,
pág. 13 Robin A. Hur, Food Reform Our Desperate
Need, Herr-Heidelberg, 1975. Viktoras Kulvinskas,
op. cit. RP Spencer, The Intestinal Tract,
Springfield, Illinois, Charles Thomas Publ., 1960.
D.K. Benerjee y J.B. Chatterjea, Vitamin B12 Content
of Some Articles of Indian Diet and Effect of
Cooking on It, British Journal of Nutrition 94,
1968, pág. 289. Tal vez alguien esté
preguntándose si los huevos funcionan mejor que la
carne en cuanto fuentes de proteínas. En realidad,
lo que hemos de buscar no son proteínas de alta
calidad; lo que necesitamos para producir las
proteínas que debemos tener son aminoácidos de alta
calidad. A menos que los huevos se coman crudos, los
aminoácidos se coagulan con el calor y por
consiguiente se pierden. Y aunque se los coma
crudos, los huevos provienen de gallinas a las
cuales se les da arsénico para curarles los
parásitos y estimular la producción de huevos, y
nosotros ingerimos parte de ese virulento veneno.
Además, los huevos contienen mucho azufre, que
impone un pesado esfuerzo al hígado y a los riñones.
El bello cuerpo humano no necesita para sobrevivir
de nada que sea maloliente, y los huevos lo son.
Prueba a romper uno en el patio, un día caluroso, y
déjalo estar durante unas ocho horas, y después
aspira profundamente los efluvios. Pues no hay gran
diferencia entre eso y poner los huevos en el
cuerpo, a 37 grados, durante ocho horas. El
movimiento intestinal que siga al consumo de huevos
seguramente lo revelará. Os ruego que me perdonéis,
pero los hechos hay que reconocerlos. La tremenda necesidad
de proteínas recibió un rudo golpe por obra de la
Sociedad Internacional para la Investigación de la
Nutrición y la Estadística Vital, compuesta por
cuatrocientos doctores en medicina, bioquímica,
nutrición y ciencias naturales. En un seminario que
se realizó en Los Ángeles en 1980 entré en contacto
con un informe que expresa que nuestros cálculos
clásicos de exigencias proteicas necesitan una
revisión general. La carne, el pescado y los huevos
son suplementos de una dieta básica, pero no es
necesario consumir diariamente estos alimentos. ¿Os
imagináis lo convincentes que tienen que ser las
pruebas para que ese grupo haga una declaración
semejante? El doctor Carl
Lumholtz, un científico noruego, realizó amplios
estudios sobre la antropofagia (canibalismo), e
indicó que algunas tribus aborígenes de Australia no
querían comer la carne de los caucásicos porque era
salada y les daba náuseas. Pero a los asiáticos y a
los miembros de otras tribus los consideraban buenos
bocados, porque se alimentaban principalmente de
verduras (12). Para mantener la vida y
hacerla más vital, lo mejor es que en nuestra dieta
predominen los alimentos que están llenos de vida. Y
de paso, la palabra vegetal proviene del latín
vegetare, que significa VIVIFICAR... Ahora que hemos
explicado el tema de las proteínas y su relación con
la energía y con la pérdida de peso, pasemos al otro
factor, no menos importante en este aspecto, que
son... 11. Esta organización
se llama ahora The International Society for
Research on Civilization and Environment, y su
dirección es 61 Rue Bouillot, BTE 11, B-1.060,
Bruselas, Bélgica. 12. George M. Gould y Walter L. Pyle,
Anomalies and Curiosities of Medicine, Nueva York,
The Julian Press, 1956, pág. 407, Copyright original
1896. 10 Los productos lácteos Que comer productos
lácteos sea aconsejable es algo tan discutible como
el hábito de comer carne. En mi opinión, consolidada
después de quince años de estudio, no hay nada,
aparte de los alimentos cárnicos, que pueda echar a
pique un plan sensato y saludable para rebajar de
peso con más rapidez que el consumo de productos
lácteos. También en este punto estoy empeñado en
hacer añicos un sistema de creencias. Ya sé lo
difícil que será para algunas personas estar de
acuerdo conmigo. Es probable que en algún momento
alguien haya seguido un régimen exclusivo de carne y
productos lácteos, y haya perdido peso. ¡Yo tuve esa
experiencia! Recuerdo haber comido en una época nada
más que huevos, carne y queso durante un mes. Perdí
más de once kilos, pero os diré una cosa: me sentía
horrible, y un mes después de haber vuelto a una
dieta normal ya los había recuperado. Si pude
rebajar de peso fué porque siempre que se suprime de
la dieta un grupo completo de alimentos, o dos, el
cuerpo perderá peso, simplemente porque su esfuerzo
digestivo se ve aliviado. Pero, como las cosas que
estaba comiendo eran de bajo contenido acuoso, yo no
me sentía bien, el régimen me aburría increíblemente
y tenía un aliento que parecía la emanación de una
depuradora de aguas servidas que estuviera
descompuesta. Además, indudablemente no estaba
dispuesto a seguir comiendo nada más que huevos,
carne y queso durante el resto de mi vida. En los Estados Unidos
se consumen más productos lácteos que en todo el
resto del mundo. En una encuesta realizada por el
Grocers’Journal of California en septiembre de 1982
se comprobó que los productos lácteos son los que
tienen el mayor índice de consumo entre todas las
categorías de alimentos. Sólo el seis por ciento de
los norteamericanos dicen que no consumen leche en
ninguna de sus formas. Si los productos
lácteos son un alimento tan bueno, y los
norteamericanos los consumimos más que todo el resto
del mundo, entonces lo razonable sería esperar que
tuviéramos también el más alto nivel sanitario. En
realidad, según el inforrne de Richard O. Keeler,
director de programas del President’s Council on
Physical Fitness, aparecido en Los Angeles Times en
abril de 1981, el obrero norteamericano ocupa el
primer lugar en el mundo en cuanto a enfermedades
degenerativas. Como sucede con las
proteínas, hay una cantidad de información colosal
que vincula el consumo de productos lácteos con las
enfermedades cardíacas, el cáncer, la artritis,
migrañas, alergias, infecciones de oídos, fiebre del
heno, asma, dolencias respiratorias y multitud de
otros problemas, tal como lo documentan entre otros
Hannah Allen, Alec Burton, Viktoras Kulvinskas, F.
M. Pottenger, Herbert M. Shelton y N. W. Walker.
Para lo que aquí nos interesa, sólo haremos mención
de los productos lácteos en cuanto afectan a la
energía y a la pérdida de peso. El lector puede estar
absolutamente seguro de una cosa: en Estados Unidos
la leche es el alimento políticamente más
contaminado. De acuerdo con Los Angeles Times, la
industria lechera recibe subsidios (lo cual
significa que la financian los contribuyentes) por
valor de casi; ¡tres mil millones de dólares por
año! Eso significa 342.000 dólares por hora para
comprar, por un valor de millones de dólares,
productos lácteos que con toda probabilidad jamás
serán consumidos, sino que permanecen almacenados y
en muchos casos pudriéndose. La cuenta de
almacenamiento por el excedente que jamás se llegará
a usar es de cuarenta y siete millones de dólares
anuales. La demanda de productos lácteos a
disminuido sustancialmente, a medida que se pone más
de manifiesto que no son alimentos perfectos, como
una vez se los consideró. Pero la producción es
continua. Podéis estar seguros de que gran parte de
la publicidad que se refiere a los beneficios que
los lácteos representan para la salud está
comercialmente motivada. En marzo de 1984 Los
Angeles Times informaba que el Departamento de
Agricultura había decidido lanzar una campaña
publicitaria de 140 millones de dólares para
promover el consumo de leche y ayudar a reducir el
excedente de miles de millones de dólares. Aunque la
verdadera razón de la campaña publicitaria es la
reducción del excedente, los anuncios intentan
convencer al público de que compre leche por sus
múltiples supuestos beneficios para la salud. Discutir los pros y los
contras del consumo de productos lácteos resultaría
fútil, de modo que una vez. más el lector tendrá que
confiar en su propio sentido común para tomar una
decisión. Vayamos directamente al
grano. Os formularé una pregunta que quisiera ver
respondida a partir del más estricto sentido común.
Si las vacas no beben leche de vaca, ¿por qué lo
hacen los humanos? Repito: ¿Por qué los humanos
están bebiendo leche de vaca? Si a una vaca adulta
le ofrecieran leche, la olfatearía y diría: No,
gracias, tengo la hierba. Preguntémonos si es
posible que el Creador haya dispuesto las cosas de
tal manera que la única especie sobre la Tierra que
bebe leche de vaca seamos los seres humanos. Quizás
el lector esté pensando: Pero, ¿de qué habla este,
si los terneros beben leche de vaca? Exactamente. La
leche de vaca fue pensada y se fabrica con un
propósito y sólo uno: para alimentar a los
ejemplares jóvenes de la especie. Ningún animal bebe
ni quiere beber leche una vez que lo han destetado.
Claro que no estoy hablando de los animales
domesticados, cuyas inclinaciones naturales han sido
pervertidas. Durante la fase inicial de la vida, la
práctica invariable de todos los mamíferos es tomar
la leche de su madre, pero una vez destetados,
durante el resto de su vida se mantienen con otros
alimentos. La naturaleza impone que los mamíferos
seamos destetados a temprana edad. Los hombres, por
otra parte, enseñamos que después de que la madre ha
terminado con su función de nodriza, debe asumirla
la vaca. En otras palabras: sobre la Tierra hay un
mamífero, el hombre, que nunca, jamás llega a ser
destetado. ¿Por qué? Naturalmente, es difícil
plantearse objetivamente el problema, dada toda esa
abundancia de información contradictoria, pero
pregúntese el lector si en alguna medida no ofende a
su lógica y su sentido común la idea de que a los
seres humanos jamás haya que destetarnos. ¿Habéis visto alguna
vez a una cebra mamando de una jirafa? ¿No? ¿Y a un
perro de una yegua? ¿Tampoco? Bueno, pues, ¿habéis
visto a un ser humano mamando de una vaca? Los tres
ejemplos son igualmente ridículos. Pero sí habéis
visto seres humanos mamando de vacas, porque si
alguna vez visteis como alguien se bebía un vaso de
leche o se comía cualquier clase de producto lácteo.
Lo que habéis visto es eso. El solo hecho de que
alguien haya ordeñado la vaca y un sistema de
distribución se la haga llegar al consumidor en un
vaso no significa que esa persona no esté mamando de
la vaca. Claro que no nos parece nada raro ver que
alguien se beba un vaso de leche, pero ¿cómo
reaccionaríamos si paseando por el campo viéramos
que en una zona de pastoreo hay un señor o una
señora, bien vestido, de rodillas mamando de una
vaca? ¿Irías tú, sorteando los montones de
estiércol, a buscar la vaca para tomar la leche
directamente de la ubre? ¿No? Pero dejas que alguien
la ordeñe y te la sirvan en un vaso, ¿verdad? Claro
que estoy exagerando, pero si parece raro es sólo
porque la lógica, los instintos y el sentido común
de la gente le impide que bebiese leche si no se la
sirvieran de esa manera. Hay una cosa respecto
de la cual los hechos son claros, y es que la
composición química de la leche de vaca es diferente
de la de la leche humana Si tus vísceras pudieran
hablar, después de que hubieras ingerido un producto
lácteo te preguntarían: ¿Qué anda haciendo este
hombre con las vacas? Las enzimas necesarias
para descomponer y digerir la leche son la renina y
la lactasa, que en la mayoría de los seres humanos
ya han desaparecido a los tres años. En todo tipo de
leche hay una sustancia que se llama caseína, pero
en la leche de vaca hay trescientas veces más
caseína que en la leche humana, para que puedan
formarse huesos mucho más grandes. En el estómago,
la caseína se coagula, formando grandes copos densos
y difíciles de digerir, adaptados al aparato
digestivo de la vaca, que tiene cuatro estómagos.
Una vez dentro del organismo humano, esa densa masa
viscosa impone al cuerpo un tremendo esfuerzo para
liberarse de ella. Dicho de otra manera: que para
digerirla se ha de gastar una enorme cantidad de
energía. Lamentablemente, esa
sustancia viscosa se endurece en parte, y se adhiere
al revestimiento del intestino, impidiendo que el
cuerpo pueda absorber otras sustancias nutritivas.
Resultado: letargo. Además, los subproductos de la
digestión de la leche dejan en el cuerpo gran
cantidad de mucus tóxico, muy acidificante, que se
almacena parcialmente en el cuerpo en espera del
momento en que este pueda eliminarlo. La próxima vez
que estés por quitar el polvo de tu casa, úntalo
todo con alguna pasta y ya verás, que fácil es pasar
el plumero. Pues lo mismo hacen los productos
lácteos dentro de tu cuerpo. Y eso se traduce en
aumento de peso, no en pérdida de peso. La caseína,
dicho sea de paso, es la base de uno de los
adhesivos más fuertes que se usan en carpintería. El doctor Norman W.
Walker, el especialista en salud a quien antes
hicimos referencia, y que tiene 116 años, ha
estudiado el tema durante más de medio siglo y se
considera un experto en el sistema glandular. Para
él, un importante factor que contribuye a la
aparición de problemas tiroideos es la caseína. Y el
hecho de que los productos lácteos lleguen al
consumidor muy procesados y tengan siempre vestigios
de penicilina y antibióticos los convierte en una
carga aún más pesada para el organismo. Mucha gente es alérgica
a los antibióticos, y a nadie se le ocurre decir que
se han de tomar fármacos cuando uno está bien. Se
debería procurar ingerir tan pocos medicamentos como
sea posible. El cuerpo se ve obligado a gastar
energía para descomponerlos y deshacerse de ellos.
En el New England Journal of Medicine, los doctores
Holmberg, Osterholm y otros expresaron que la
difundida práctica de administrar antibióticos al
ganado para acelerar su crecimiento, genera
bacterias potencialmente letales que pueden afectar
a los seres humanos. Diecisiete personas enfermaron
y una de ellas murió porque a un rebaño de ganado de
Dakota del Sur se le administraron antibióticos.1 En
un editorial aparecido en el mismo número, el doctor
Stuart Levy, director de la publicación, decía: Sin
duda ha llegado el momento de que nos dejemos de
andar jugando con los antibióticos. Aunque su uso
como aditivos en la alimentación desempeñó un
importante papel, en el pasado, al favorecer la
producción de ganado en pie, hoy por hoy las
consecuencias de esta práctica son demasiado
evidentes para pasarlas por alto’’2. En el editorial
se señalaba que ‘‘en los años cincuenta se usaban
miles de libras de antibióticos, que hoy son
millones’’. ¡Ahí está el peligro! La dificultad más grave
que se deriva del consumo de lácteos es la formación
de mucus en el organismo, que al tapizar las
membranas mucosas, las obliga a cumplir muy
lentamente su función, con el consiguiente
desperdicio de energía vital. Es una situación que
debe ser rectificada y evitada. La dificultad para
rebajar de peso se duplica, e incluso se triplica,
cuando el sistema está sobrecargado de mucosidades. ¿No habéis hablado
nunca con una de esas personas que cada diez
palabras más o menos hacen una especie de ruido
gutural intentando librarse de la mucosidad que se
les amontona en el fondo de la nariz? Pues, la
próxima vez que estés con alguien así, preguntadle
con qué frecuencia consume productos lácteos. La
probabilidad de que os responda ‘’nunca’’ o ‘’rara
vez’’ es muy remota. Una de las autoridades
que más abiertamente cuestionan el punto de vista
tradicional en lo referente a los lácteos es el
doctor William A. Ellis, cirujano y osteópata
jubilado, sumamente respetado en la comunidad
científica y que ha investigado durante 42 años todo
lo que tiene que ver con el consumo de leche y con
los problemas que con él se relacionan. La
vinculación que el demuestra entre los productos
lácteos y las afecciones cardíacas, artritis,
alergias y migrañas es impresionante. Ellis señala
también otros dos puntos importantes. Primero, dice
‘’que hay pruebas abrumadoras de que la leche y los
productos lácteos son un importante factor en la
obesidad’’. Segundo, expresa: ‘’Durante mis cuarenta
y dos años de práctica, he hecho a mis pacientes más
de veinticinco mil análisis de sangre, que, en mi
opinión, demuestran de manera concluyente que los
adultos que consumen productos lácteos no tienen tan
buena absorción de las sustancias nutritivas como
quienes no lo hacen. Naturalmente, esta mala
absorción significa, a su vez, fatiga crónica’’(3). Pues bien, todos estos
problemas existen incluso si los productos lácteos
se consumen en las combinaciones correctas. Puesto
que cualquier producto lácteo es un alimento
concentrado, con él no se ha de consumir ningún otro
que también lo sea. Sin embargo, la leche se toma
habitualmente con una comida o con un trozo de
pastel o pastas, o acompañando gachas de avena, con
todo lo cual se están violando los principios de la
adecuada combinación de alimentos. El queso se come
habitualmente con galletitas, o en un sándwich, o
con fruta: más violaciones de los principios de
combinación adecuada. Si se los toma solos, los
productos lácteos ya son bastante engorrosos para el
cuerpo, pero si se los combina mal son
catastróficos. Y esta afirmación incluye al yogur.
¿Qué? ‘’Pero,! si el yogur es un alimento sano! Qué
va. Está hecho de leche de vaca, y la leche de vaca
es para los bebés de la vaca. Las bacterias
benéficas que supuestamente estas ingiriendo al
comer yogur son algo que tu cuerpo ya produce, en la
cantidad que él sabe que necesita. Toda esa historia
de que hay pueblos cuyos habitantes viven 130 años
gracias a que comen yogur es un invento. Lo que
contribuye a que sean longevos es la vida al aire
libre, el trabajo físico, el agua pura y los
alimentos no contaminados que ellos mismos cultivan. Además, el yogur que
comen es fresco y no tiene el grado de fermentación
del producto comercial. Si piensas seguir comiendo
lácteos, por lo menos combínalos bien para que sean
lo menos dañinos posible. La leche se ha de beber
absolutamente sola. No hay en el planeta alimento
que forme más mucosidades, y no combina bien con
nada. Si te gusta el queso, rállalo grueso y
agrégalo a una ensalada (sin croûtons) o derrítelo y
échalo sobre un plato de verduras. No comas quesos
amarillos, porque el color se lo dan con anilinas.
Quizá me este leyendo algún fanático de la pizza, a
punto de hacer pedazos el libro. Si de vez en cuando
quieres comer pizza perfecto. Por lo menos se
consciente del daño potencial que causa y no abuses
de ella. Si un día comes pizza que el día siguiente
sea de limpieza. Haz lo que sea mejor para tu
organismo. Y si quieres algún queso fuerte, no lo
comas después de una comida italiana muy
condimentada; sírvetelo de cuando en cuando, con el
estómago vacío, para que el organismo tenga por lo
menos alguna probabilidad de defenderse. Lo mismo con el yogur.
No lo comas con fruta, porque fermentará y se te
echará a perder en el estómago. Tómalo solo, con el
estómago vacío, o úsalo como aderezo, mezclándolo
con una ensalada. Hay gente que insiste
en que los lácteos son necesarios, por el calcio.
Nos han hecho creer que la leche es una importante
fuente de calcio y que, si no bebemos leche, se nos
caerán los dientes o se nos desintegraran los
huesos. Para empezar, el calcio que hay en la leche
de vaca es mucho más basto que el contenido en la
leche humana. y está asociado con la caseína, lo
cual impide que el organismo pueda absorberlo.
Además, la mayoría de los bebedores de leche y
comedores de queso consumen productos pasteurizados
homogeneizados o sometidos a alguna otra forma de
procesamiento, que degrada el calcio y lo hace
sumamente difícil de utilizar. E incluso si se
consumieran los productos crudos es tal el potencial
dañino de la leche que no compensa ningún bien
posible? Acaso comerías hojas de tabaco por su alto
contenido en aminoácidos? El cuerpo humano tiene una
capacidad de adaptación notable, pero la leche de
vaca, simplemente, no ha sido pensada para el
hombre. El hecho es que todas
las verduras de hoja verde contienen calcio. Todas
las nueces (crudas) contienen calcio. Y las semillas
de sésamo crudas contienen más calcio que ningún
otro alimento que haya sobre la tierra. También la
mayoría de las frutas lo contienen. Si diariamente
comes fruta y verdura y algunas nueces crudas,
aunque sea ocasionalmente, no puedes tener una
deficiencia de calcio. Las mejores fuentes de calcio
son las semillas de sésamo crudas, todas las nueces
crudas, las algas (hiziki, kelp, dulce), todas las
verduras de hoja y los frutos concentrados, como los
higos, dátiles y ciruelas pasas. Y si todavía la
cosa te preocupa, espolvorea de cuando en cuando
algunas semillas de sésamo crudas, molidas, en las
ensaladas o las verduras, y no podrás tener una
deficiencia de calcio por más que te empeñes.
Indudablemente, para aprovisionarnos de calcio no
dependemos de nuestros amigos los bovinos. La vaca,
¿de dónde obtiene el calcio? ¡De los granos y la
hierba! Y seguro que no beben leche ni comen queso
para asegurárselo. Es importante entender
el papel que desempeña el calcio en el organismo
humano. Una de sus funciones principales es
neutralizar la acidez en el sistema. Mucha gente que
cree tener una deficiencia de calcio sigue una dieta
sumamente acidificante, de manera que la
neutralización de esta acidez, está constantemente
usurpando el calcio del cuerpo. Su dieta les
suministra el calcio necesario, pero lo están
consumiendo continuamente. TODOS LOS PRODUCTOS
LACTEOS, EXCEPTO LA MANTEQUILLA, SON SUMAMENTE
ACIDIFICANTES. La mantequilla es una grasa. y por
consiguiente, es neutra. Como la grasa retarda la
digestión de las proteínas. es mejor no comer
mantequilla con ninguna proteína. En cambio, se la
puede de comer con carbohidratos. Lo irónico es que la
gente consume productos lácteos para asegurarse el
calcio, y el calcio que ya existe en su organismo se
consume para neutralizar los efectos de los
productos lácteos que van comiendo. La idea no debe
ser recargar el cuerpo de calcio, sino más bien
alterar los hábitos alimentarios de manera que se
forme menos ácido en el sistema. De esta manera, el
calcio será aprovechado en todo su potencial. Cuando empieces a
reducir el consumo de lácteos es probable que
observes que se te cae un poco el pelo o que se te
ponen las uñas quebradizas. No hay que confundir
estos cambios con otros similares que se producen en
muy raros casos de deficiencia proteica. Si estás
preocupado, consulta a tu médico. Tu cuerpo está
adaptándose a la absorción del calcio más basto que
encontraba en los productos lácteos a la de las
formas de calcio más refinadas, características de
las nueces crudas, las semillas, frutas y verduras. El cuerpo reemplazará
las uñas y el pelo de la misma forma que va
reemplazando la piel que se descama. Es difícil
advertirlo, pero la piel está continuamente
desprendiéndose, y va siendo reemplazada por tejidos
más sanos. De la misma manera, el cuerpo reemplazará
el cabello perdido por otro más brillante, y las
uñas débiles por otras más fuertes y resistentes. Las nueces crudas son
especialmente útiles si observas cualquier cambio en
las uñas o el pelo. Incorpóralas al programa en
combinación con verduras crudas. Media taza de
nueces crudas por día es suficiente para una persona
como promedio. Si cuando reduzcas el consumo de
lácteos empiezas inmediatamente a tomar nueces y
semillas crudas dos o tres veces por semana, lo más
probable es que las uñas y el pelo se te pongan más
fuertes y más brillantes que nunca. Mi experiencia de los
últimos quince años me ha permitido comprobar que
muchos problemas alérgicos y respiratorios,
especialmente el asma, pueden estar; directamente
relacionados con el consumo de lácteos.
Personalmente, he asistido a más de dos docenas de
personas para que pudieran eliminar de su vida el
asma, y sé de muchas más que contaron con la
colaboración de otros profesionales de la higiene
natural. En todos los casos, los individuos eran
consumidores de productos lácteos. Mis observaciones
han sido similares a las registradas por Beth
Snodgrass y el doctor Herbert Shelton. Lo mismo es
válido para los niños con infecciones del oído, algo
tan común que de hecho se lo considera como una
parte normal de la infancia. Pues yo apostaría a que
a cualquier niño que alguna vez haya tenido una
infección en el oído estaban alimentándolo con
productos lácteos o con productos de venta en
farmacias para preparar biberones; es raro que los
niños no sometidos a este tipo de alimentación
tengan infecciones del oído. Y sé de muchos que
jamás las han tenido, porque sus padres tuvieron la
prudencia de no acostumbrarlos a este tipo de
«no-alimentación». Sé que habréis oído que los
expertos dicen que los productos lácteos son una
parte importante de una dieta sana. Y hay expertos
que dicen lo contrario. Si no queréis terminar
levantando las manos al cielo, de disgusto o
frustración, lo mejor será que toméis una decisión
basándoos en vuestros propios recursos. ¿Os parece sensato que
los seres humanos consumamos leche de vaca? Esa es
la respuesta a la cuestión de si debéis o no comer
productos lácteos. Porque, sea cual fuere la forma
en que los consumáis, y por más sabrosos que sean,
si coméis productos lácteos, en última instancia
estáis mamando de la vaca. Eso, a vosotros, ¿os
parece sensato o no? Hay un elemento que es
común a todos los programas para rebajar de peso.
Sin él, estáis jugando contra vosotros mismos. Ese
ingrediente esencial es, por supuesto... “Should Not Eat Animal Products in any
Form’’ en The
Life Science Health System, Austin, Texas,
Life Science, 1984. 11 El ejercicio Ningún
programa pensado para mantener o mejorar la salud
dará resultados sin ejercicio, y la antidieta no es,
ciertamente, la excepción. Para garantizarte los
beneficios que te mereces por el esfuerzo que
pondrás en seguirlo, incorpora al programa, todos
los días alguna forma de ejercicio aeróbico. Para
que los ciclos corporales funcionen con eficiencia,
es fundamental que los principios de bien comer que
hemos presentado se integren con un programa de
ejercicios bien equilibrado. No es necesario que los
ejercicios te lleven al agotamiento, con lo que sólo
conseguirías dilapidar energía, pero todos los días
debes ocuparte de ejercitar el corazón. Ejercicios
aeróbicos son los que estimulan los sistemas
circulatorio y respiratorio, una condición
ineludible para que la sangre bien oxigenada llegue
a todo el cuerpo, una condición ineludible para que
éste funcione con eficiencia. El corazón es un
músculo y, lo mismo que cualquier otro músculo, si
no lo usas se atrofia. Se trata, pues, de hacer
todos los días algo que te haga jadear y sudar.
Aunque, en realidad, los caballos sudan, los hombres
transpiran y las mujeres se ponen radiantes. De
manera, amigos míos, que se trata de salir afuera a
transpirar y poneros radiantes. ESTE PROGRAMA
NO DARÁ LOS MISMOS RESULTADOS SIN EJERCICIO.
Los beneficios que hemos ensalzado en los capítulos
anteriores se verán grave mente mermados si privamos
al cuerpo de la ejercitación que necesita. Hay múltiples
actividades aeróbicas entre las cuales podéis
escoger: la natación, el tenis, saltar a la cuerda,
andar en bicicleta, el jogging, la
marcha rápida, y también tomar clases de gimnasia
aeróbica. También podéis practicar algunos
estiramientos y, si os gusta, levantar pesas, pero
lo indispensable es la parte aeróbica. Actualmente
hay mucha gente que opta por tener algún tipo de
equipo para ejercitación aeróbica que pueda usar en
su casa. Por precios razonables se pueden conseguir
bicicletas fijas, máquinas para remar,
minitrampolines y muchos otros aparatos, excelentes
para ser usados en casa, que actualmente son de
fabricación común. Si vuestro tiempo es precioso (¿y
el de quién no lo es?) y no siempre podéis disponer
del rato para ir al gimnasio, pensad en la
posibilidad de tener alguno de estos aparatos que os
permitirán ejercitaros en casa, cuando tengáis
tiempo. El
minitrampolín es una manera estupenda de asegurarse
una completa ejercitación física cotidiana. Su
precio es razonable, y podéis usarlo para saltar tan
pronto como os levantáis por la mañana, sin
necesidad de atuendo especial ni de salir de casa
siquiera. Es una forma de entrenamiento que usan
desde hace años los astronautas y los deportistas...
y tú lo puedes practicar en tu propia casa, con toda
comodidad (o, mejor aún, al aire libre en tu propio
jardín... o balcón). Saltar en el minitrampolín es
un excelente ejercicio aeróbico, del cual se puede
disfrutar a cualquier edad, sin los riesgos para la
estructura ósea que supone la práctica del jogging sobre
una
superficie dura, ni los problemas lumbares que
pueden acarrear ciertos ejercicios calisténicos.
Fortalece y tonifica todas las estructuras, porque
actúa oponiéndose a la fuerza de la gravedad. Hay un
mínimo de ejercicio aeróbico que se ha de realizar
diariamente: es una caminata rápida de veinte
minutos, verdaderamente un mínimo. Más sería mejor,
pero si haces por lo menos veinte minutos de marcha
rápida, con eso será suficiente para facilitar el
funcionamiento de este programa. El momento ideal
para hacer este ejercicio, o cualquier otro, es por
la mañana temprano, cuando el aire está más fresco y
el cuerpo más descansado. Hacer ejercicio a la
mañana temprano trae beneficios físicos porque es la
hora a la cual el cuerpo puede utilizar mejor esa
actividad, pero provoca también grandes beneficios
psicológicos. Creo que cualquiera a quien le
interese rebajar de peso o, en general, mantener o
mejorar su bienestar sabe, en el fondo, la
importancia que tiene el ejercicio. Lamentablemente,
para algunos es demasiado fácil encontrar
justificaciones para no hacerlo. Saber que uno debe hacer
ejercicio con regularidad pero no hacerlo puede
provocar sentimientos negativos hacia uno mismo, y
eso es un gasto de energía. Lo es porque durante
todo el día, cada vez que uno piensa en hacer
ejercicio, y no lo ha hecho todavía, se dice:
«Bueno, todavía no he podido hacerlo y probablemente
más tarde tampoco podré, así que lo haré mañana».
Entretanto, no puede dejar de sentirse culpable. Sin
embargo, si empezamos la mañana haciendo ejercicio,
cada vez que pensemos en ellos durante el día será
con una sensación de «pues, ¡ya lo he hecho!», que
le da a uno un sentimiento muy positivo hacia sí
mismo, que impregna todos los demás aspectos de la
vida. Una vez que te acostumbres a ejercitarte todas
la mañanas, llegarás al momento en que no te sientas
bien contigo mismo si un día dejas de hacerlo. En mi propio
caso, yo tenía la típica resistencia de los gordos a
hacer ejercicio, de manera que tuve que imponérmelo
como una norma: hacerlo todas las mañanas. Había
días que me despertaba pensando «Bueno, he sido tan
cumplidor que bien me merezco un día de descanso», o
«Vaya, si hasta algunos profesionales dicen que de
vez en cuando hay que tomarse un día libre». Pero
durante todo el tiempo que mi antiguo yo, el
gordito, estaba diciéndome esas cosas, tratando de
mantenerme atado al pasado, yo iba poniéndome la
ropa de gimnasia y preparándome para salir. Todavía
mientras me subía a la bicicleta para mi habitual
recorrido de 15 kilómetros, una parte de mí seguía
intentando disuadirme de que lo hiciera. Pero el yo
nuevo, el yo al que le gustaba estar delgado y que
quería seguir estándolo, terminó por ganar, y ahora
espero con placer mis paseos matinales. Los
auténticos beneficios empezaron a hacérseme patentes
un mes después de haber empezado. Cuando empecé a
hacer ejercicio con regularidad, mi pulso en reposo
era de 72 latidos por minuto. ¡Un mes más tarde
estaba en 54! En un mes había reforzado y mejorado
la función cardíaca en 18 latidos por minuto, más de
15.000 latidos menos por día, lo cual significa
millones menos por año. Si de lo que hablamos es de
longevidad, aliviar la carga del corazón en varios
millones de latidos por año no puede dejar de
alargar la vida. Lo interesante es que el ejercicio
no sólo llega a ser un placer para uno, sino que le
proporciona enormes beneficios. Estoy seguro,
sin el más remoto asomo de duda, de que el haber
agregado un programa regular de ejercicios a una
mejor forma de comer es un importante factor que
contribuye a que pueda mantener el peso en la cifra
que me he propuesto. QUE MIS
LECTORES NO COMETAN EL ERROR DE OMITIR EL
EJERCICIO FÍSICO DE SU VIDA DIARIA, YA QUE EL
ÉXITO DE ESTE PROGRAMA DEPENDE DE ÉL. Son realmente
pocas las personas que no puedan por lo menos hacer
sus veinte minutos de marcha rápida. Así como los
principios de una alimentación correcta deben quedar
incorporados al nuevo estilo de vida, también se le
ha de asignar un papel importante al ejercicio. Y ya que
hablamos de un nuevo estilo de vida, vale la pena
prestar atención a otros dos puntos importantes: el
aire fresco y el sol. No son muchas las personas que
se dan cuenta de hasta qué punto nuestro cuerpo se
nutre del aire que respiramos. El aire fresco y
limpio es una fuerza vital valiosísima, lo mismo que
la luz del sol, que es la fuente de toda vida que
haya sobre el planeta. Si nos hacemos el firme
propósito de disfrutar con tanta frecuencia como nos
sea posible de estos dos elementos tan importantes
para la salud, perderemos peso con mayor rapidez. Una caminata
por los bosques o la playa, un paseo a pie por el
campo, harán maravillas por nuestro bienestar físico
y mejorarán nuestra perspectiva emocional y
espiritual. Además, es importantísimo mantener una
ventana abierta mientras dormimos; aunque
necesitemos agregar una manta para no tener frío,
los beneficios del aire fresco durante
el sueño son inapreciables. El cuerpo puede cumplir
con más eficacia los cielos de asimilación y de
eliminación si se le da aire fresco mientras
trabaja, en vez de obligarlo a respirar el aire
cargado de las toxinas que acaba de eliminar. Actualmente
circulan informaciones erróneas que hacen que a
muchos de los que trabajamos en el campo de la salud
se nos pongan los pelos de punta. Me refiero al increíble
concepto erróneo que considera que el Sol es
peligroso. EL
SOL ES LA FUENTE DE TODA VIDA QUE PUEDA HABER
SOBRE EL PLANETA: HE AQUÍ UNA VERDAD QUE JAMÁS SE
DEBE OLVIDAR. Sin el Sol no hay vida tal como
la conocemos. Con ayuda de la luz solar creamos
valiosas sustancias nutritivas. El Sol actúa también
contribuyendo a la desintoxicación y a la pérdida de
peso, puesto que abre los poros y permite que las
toxinas sean expulsadas por la piel. Claro que cualquier cosa
de la cual se abuse puede ser peligrosa. Si
metes la cabeza debajo del agua y no la sacas, te
ahogarás. ¿Significa eso que no debemos usar agua?
Evidentemente, en el agua hay un peligro potencial,
pero eso no quiere decir que debamos evitarla.
También en el Sol hay un peligro potencial.
Demasiado sol puede quemarnos, de la misma manera
que demasiada agua puede ahogarnos. Pero no estamos
hablando de abusos. NO EVITES EL
SOL; SÁCALE PROVECHO. Las lociones y pantallas
solares no son recomendables. Es mucho mejor ir
alcanzando lentamente nuestra propia tolerancia al
sol que usar aceites, pantallas o lociones que
impiden la absorción de los rayos infrarrojos y
ultravioletas, y además, inhiben la acción de las
glándulas secretoras de grasas. Lo importante es
recordar que lo que obtenemos del Sol no es un
simple tono bronceado, sino una revitalización de
todo el organismo que no se limita a la piel. Si te
pones aceites o lociones, evita los que contengan
sustancias químicas. Si puedes, pásate una media
hora al sol todos los días, o con toda la frecuencia
posible, preferiblemente de mañana. Es absolutamente
esencial si deseas tener ese resplandor dorado que
es parte de tu nuevo estilo de vida, de salud y
energía. Es indudable
que el ejercicio físico, el aire fresco y el sol
desempeñan un papel importantísimo en nuestro
bienestar. Pero tenemos a nuestra disposición otro
recurso excepcional que puede significar una
espectacular mejora para todos los aspectos de
nuestra salud. Es algo que todos poseemos ya, y
sólo es necesario que empecemos a usarlo para
obtener sus múltiples beneficios. Es un fenómeno que
se deriva de la fe en que... 12 SOMOS AQUELLO QUE
CREEMOS SER Puede parecer que no
tenemos ningún control consciente del estado de
nuestro cuerpo, porque generalmente nos enseñan que
hay muy poca relación entre nuestros pensamientos y
nuestro cuerpo físico. Independientemente de que sea
o no este el caso, es cierto que no viene mal tener
una visión positiva de nosotros mismos.
Personalmente, creo -y hay quienes comparten mi
creencia- que efectivamente con nuestros
pensamientos podemos ayudar al cuerpo en su búsqueda
de la salud. En su conocidísimo libro Anatomy of an
Illness (Anatomía de una enfermedad), el
doctor Norman Cousins atribuyó su recuperación, en
buena medida, a la actitud positiva con que
consideró su situación. Beyond the
Relaxation Response (Más allá de la respuesta
de relajación), del doctor Herbert Benson, director
de medicina conductista en el Beth Israel Hospital
de Boston y profesor de cardiología en Harvard,
presenta sólidas razones para admitir que la mente
tiene el poder de cambiar físicamente el cuerpo. Hablé ya de la
incalculable sabiduría y de la precisión impecable
del organismo humano, y señalé también el
importantísimo papel que tienen nuestras creencias
sobre nuestra vida. Si realmente crees que puedes
hacer algo, PUEDES. Cada célula del cuerpo
bulle de vida y tiene su propia inteligencia. Cada
una es como un soldado incorporado a filas, que
espera instrucciones. Constantemente estamos
enviando a nuestras células mensajes y órdenes que
son diligentemente puestas en práctica. Lo que le
quiero decir es que podemos indicar conscientemente
a nuestras células que hagan lo que nosotros
queremos. El cuerpo producirá cualquier resultado
que desee la mente consciente. La mente está
continuamente evaluando la condiciones del cuerpo y
formándose imágenes que corresponden a lo que ella
cree que es verdad. Podemos, literalmente, cambiar
nuestro cuerpo si cambiarnos nuestra manera de
pensar en él, incluso en contraposición con datos o
pruebas que la desmientan. Constantemente estamos
disparando sobre nosotros mismos un fuego cruzado de
sugerencias referentes a nuestro peso y a nuestra
salud. Esas sugerencias pueden ser positivas o
negativas, hacernos mal o hacernos bien. Tenemos a
nuestra disposición los medios para ayudar al cuerpo
a que rebaje de peso, y para mejorar nuestra salud,
pero para estar sanos! Tenemos que empezar por creer
que somos sanos! Para rebajar de peso, empieza por
creer que puedes conseguirlo, y lo conseguirás. Las
células están en espera de tus instrucciones. Por ejemplo, si te
miras en el espejo y te dices ‘’Dios, que gordo
estoy”, estas enviando, mentalmente, mensajes que
automáticamente afectan a tu cuerpo precisamente de
esa manera. La estructura celular que te mantiene
excedido de peso recibe ese mensaje como una orden.
Estar repitiéndote que tienes las piernas gordas o
deformes no sirve más que para darles instrucciones
de que sigan así. Pero lo que es simplemente
maravilloso es que tus células obedecerán
automáticamente la ultima instrucción que les des,
de manera que por más que durante años hayas tenido
una imagen negativa de ti mismo, y por más mensajes
negativos que te hayas enviado, en este mismo
momento puedes invertir esa tendencia. Si a causa
del hábito dices algo negativo referente a ti mismo,
limítate a reconocer que lo has hecho, pero no lo
refuerces; en cambio, remédialo simplemente con una
sugerencia positiva. Si acabas de decirte: ‘’Dios,
que barriga floja”, contrarresta inmediatamente esas
palabras con una expresión más positiva y útil,
recordándote que has rebajado de cintura o que,
simplemente, estas perdiendo peso. Estas sugerencias
positivas que contrapesarán las negativas, se
reflejarán en tu cuerpo. Así, de hecho! estás dando
permiso a tu cuerpo para que adelgace! Es un recurso
que funciona, y que puedes usar con tanta frecuencia
como quieras. Mejorar tu dieta
empleando los principios señalados, hacer ejercicio
todos los días para ofrecer a tus células sangre
bien oxigenada, y enviarte un caudal de sugerencias
positivas que refuercen el éxito que estas buscando
equivale a formar una combinación ganadora
verdaderamente imbatible. Los pensadores más
grandes que ha conocido el mundo, desde Da Vinci a
Einstein pasando por Groucho Marx, han coincidido
siempre en que, cuando se trata de entender
cualquier tema, lo que sabemos no es más que una
parte infinitesimal de lo que nos falta saber.
Expresiones como ‘’cuanto más aprendemos, más nos
falta aprender”, o ‘’cuando más sabemos, mejor nos
damos cuenta de lo mucho que no sabemos”, indican
que el inmenso cuerpo de conocimientos que configura
la gran incógnita estará siempre trayendo a la luz
nueva información. La enormidad de lo que todavía
nos falta aprender sobre el cuerpo humano y su
funcionamiento es insondable. Es probable que a
algunas personas sus creencias les impidan aceptar
que pueden influir conscientemente sobre la forma de
su cuerpo. Pero para cualquiera que intente rebajar
de peso y mejorar su salud es fundamental emplear
todos los recursos disponibles que puedan serle de
alguna utilidad. Desde el punto vista del sentido
común, ¿no parece que sea útil enviarnos a nosotros
mismos una corriente continua de sugerencias
positivas? Repitamos una vez más
que este recurso, lo mismo que todos los otros que
se ofrecen en este libro, es una idea para que los
lectores la investiguen. Ponlo a prueba para ver si
en tu caso funciona. Sospecho que hemos pasado
revista a todos los principios, ha llegado el
momento de responder a.... 13 Las preguntas que nos
hacen con más frecuencia Probablemente los
lectores tengan algunas preguntas que les gustaría
ver respondidas. El propósito de este capítulo es
responder a algunas de las cuestiones que con más
frecuencia nos formulan respecto a la antidieta. P. Qué lugar ocupan
el té y el café en el marco de esta manera de
comer? R. El hecho de que en
Estados Unidos menos del 9 por ciento de la
población no beba ni café ni té indica claramente
hasta que punto está difundido este hábito.
Aproximadamente la mitad de la población
estadounidense toma dos o tres tazas diarias de
estas bebidas, y un cuarto más de la población llega
a tomar seis o más tazas por día. Eso significa que
anualmente se consumen más de 200 mil millones de
dosis de cafeína, que es una droga. La mayoría de
las personas no consideran que la taza de café que
se toman a la mañana, o el té que beben por la tarde
sea una droga. Sin embargo, la cafeína crea hábito,
provoca sintamos de carencia cuando se abandona su
uso y causa dependencia, tanto física como
psicológica. Y tiene todas las condiciones para ser
una droga. La cafeína es un estimulante del sistema
nervioso central, similar a la cocaína. y se la ha
relacionado con multitud de enfermedades, entre
ellas las taquicardias, cambios en el diámetro de
los vasos sanguíneos, irregularidad en la
circulación coronarias elevada presión sanguínea,
defectos de nacimiento, diabetes, fallos renales,
úlceras gástricas, cáncer de páncreas, zumbidos en
los oídos, temblores musculares, inquietud,
perturbaciones del sueño, e irritaciones
gastrointestinales. El café altera también el nivel
de azúcar en la sangre, en cuanto la cafeína impulsa
al páncreas a segregar insulina. A quien me pregunte
si es mejor el té o el café descafeinado, le
preguntaré a mi vez si prefiere romperse una pierna
o un brazo. El descafeinado es un proceso que por lo
general emplea solventes químicos sumamente
cáusticos, que impregnan los granos que ingerimos
luego. Una taza de café o de té necesita 24 horas
para pasar por los riñones y el tracto urinario; más
de una taza en 24 horas impone a estos órganos una
carga sumamente pesada. Si el lector es una de esas
personas que se beben siete u ocho tazas de té o
café por día, ya puede ir pensando seriamente en
comprarse su propio aparato de diálisis.
Indudablemente, el café descafeinado con agua o con
métodos no químicos es mejor que el que ha pasado
por un tratamiento químico, pero eso no significa
licencia para beberlo. Descafeinado o no, sigue
forrando ácidos en el sistema, y ahí está el
problema. Si se consume con comida, el café obliga a
los alimentos a salir prematuramente del estómago;
además, disminuye la movilidad de los intestinos.
Alimentos sin digerir en un sistema intestinal que
funciona con lentitud son una importante causa de
estreñimiento. Los efectos cáusticos del café son
los que hacen que los intestinos, en algunas
personas, eliminen rápidamente los alimentos. El
café requiere 24 horas para ser procesado y
eliminado por los riñones. En todo este libro
hemos insistido en la gran importancia de evitar, en
la dieta, los alimentos que pueden formar ácidos. EI
cuerpo humano tiene un equilibrio pH que refleja el
grado de acidez o alcalinidad. Los niveles de pH
pueden estar entre 0 y 14; 0 es totalmente ácido, 14
total mente alcalino, y 7 neutro. La sangre es
ligeramente alcalina, con un pH de 7,3 a 7,40. Si la
sangre de una persona llegase aunque más no fuera al
nivel neutro de 7,0, esa persona estaría en gran
peligro. El margen entre 7,35 y 7,40 es pequeño, de
manera que se necesita muy poco para destruir el
equilibrio de la sangre. El café y el té se
convierten en ácido en el cuerpo. Cuanto más ácido
haya en la sangre, más agua retendrá el cuerpo en su
intento de neutralizarlo, y la retención de agua
supone aumento de peso. Nada de esto tiene la
intención de conseguir que nadie renuncie, por
miedo, al café ni al té; lo que queremos es más bien
ayudar a que cada uno tenga más conciencia del
efecto que tienen estas sustancias sobre la salud, y
en que medida a ayudan o no a rebajar de peso.
Algunas personas pueden renunciar inmediatamente a
estas bebidas; otras necesitan “destetarse”
lentamente de ellas. Hay quienes desde hace años no
beben más que una taza a la mañana y no quieren
renunciar a hacerlo. Pues bien, de una taza de café
por día no dependerá el éxito ni el fracaso del
programa. Es evidente que lo mejor es que no haya
café ni té en la dieta, pero si podéis al menos
reducirlo, pues hacedlo. Cuanto mejor os sintáis,
mejor querréis sentiros, y naturalmente haréis lo
necesario, a medida que vayáis progresando, para
producir esa sensación de bienestar. Digamos de paso
que quien alguna vez quiera beber algo caliente que
no sea café ni té, puede recurrir a las infusiones
de hierbas, que tienen un grato aroma, saben bien y,
en la mayoría de los casos, están naturalmente
libres de cafeína. Si lo único que quieres es beber
algo caliente a la mañana, prueba con agua caliente
y zumo de limón, una bebida que satisface y tiene la
ventaja de que el limón, a diferencia de otras
frutas. no contiene azúcar, de modo que no
fermentará en el agua caliente. Lo más importante es
mantener una dirección. Tened presente que vuestro
objetivo es un cuerpo esbelto y sano, y dirigíos
siempre hacia él. Estáis en un viaje procurad que
sea un placer y no un castigo. Se puede atravesar un
continente a una velocidad desaforada y sin ver nada
de lo que el paisaje geográfico y humano puede
ofrecer, o recorrerlo con calma, tomándose el tiempo
necesario para disfrutar de él. Tomaos tiempo y
tened la seguridad de que llegareis a destino
convertidos en personas más felices y más sanas
gracias al esfuerzo que os habéis dedicado a
vosotros mismos. P. Y ¿qué hay de
las gaseosas? R. En los Estados Unidos
se consumen anualmente más de doscientos millones de
bebidas gaseosas. El doctor Clive McCay, de Cornell
University, demostró que las gaseosas son capaces de
erosionar completamente el esmalte de los dientes,
dejándolos tan blandos como unas gachas en el
término de dos días (como se describe en The
Poisoned Needle [La aguja envenenada], de Eleanor
McBean). Aquí, el ingrediente
culpable es una horrenda sustancia llamada ácido
fosfórico. Estas bebidas contienen también ácido
málico, ácido carbónico y ácido erythórbico, entre
otras cosas. El ácido málico y el
ácido cítrico que se encuentran naturalmente en
frutas y verduras son de naturaleza tal que en el
organismo se vuelven alcalinos. Los que se
encuentran en las bebidas gaseosas siguen siendo
ácidos, porque están fraccionados y generalmente se
los extrae mediante calor. Con leer la etiqueta de
una de estas bebidas puede ser suficiente para que a
uno se le altere el PH. En estas bebidas se
encuentran además otros ingredientes dañinos, sin
hablar del azúcar blanca refinada, en una proporción
de cinco cucharaditas de té por cada cuatro litros
más o menos. La única diferencia entre las gaseosas
comunes y las dietéticas es que en estas últimas se
usa un sustituto del azúcar, tan pernicioso que en
Estados Unidos cada envase debe llevar una
advertencia en la etiqueta, lo mismo que los
cigarrillos. Además, la mayor parte de ellas
incorporan nuestra vieja conocida, la cafeína.
Algunos de los aditivos que llevan son derivados del
alquitrán, otro cancerígeno. Cuando las bebidas
gaseosas se toman con la comida, provocan
fermentaciones en lugar de favorecer la digestión.
Aparte de engañar al cuerpo con la excusa de que
saben bien, no hay ningún otro beneficio en las
gaseosas. Es criminal que administremos
rutinariamente a nuestros hijos brebajes tan
letales. Sólo la cafeína debería ser razón
suficiente para no dárselos a los niños. Es
interesante que la mayor parte de los padres, que no
permiten que sus hijos beban café, toleran que beban
gaseosas cafeinadas. Quizás el lector se pregunte
por qué se les añade cafeína a estas bebidas. Según
el doctor Royal Lee, de la Foundation for
Nutritional Research, «las colas vienen con un
componente de cafeína, que forma hábito, para que
una vez acostumbrada al estimulante, la víctima no
pueda pasarse sin él. No hay más que una razón para
poner cafeína en una bebida gaseosa, y es asegurarse
de que cree hábito». También aquí, tener clara la
dirección es de primordial importancia. Quien puede
cortar con este conglomerado, inútil desde el punto
de vista nutritivo, de ácidos y sustancias
cancerígenas, que lo haga. En el mercado hay muchas
aguas carbonatadas que, aun sin ser lo ideal (por su
alto contenido en sal y minerales inorgánicos) son
mucho mejores que las bebidas gaseosas. P. Un poco de
chocolate de vez en cuando, ¿es muy malo? R. Un poco de casi
cualquier cosa de vez en cuando no es tan malo. En
el chocolate hay, sin embargo, un par de
ingredientes que no hacen ningún aporte positivo a
la salud. Uno es la teobromina, una sustancia que se
relaciona con la cafeína. De acuerdo con el doctor
Bruce Ames, de la Universidad de California en
Berkeley la teobromina potencia en las células
humanas ciertos cancerígenos que afectan al ADN, y
causa también atrofia testicular. El otro
ingrediente puede realmente hacer naufragar
cualquier programa de pérdida de peso: azúcar blanca
refinada. En el proceso de refinación se despoja el
azúcar de cualquier vestigio de vida y de sustancias
nutritivas que contenga. La fibra, las vitaminas,
los minerales, todo desaparece, sin dejar más que un
residuo muerto y mortífero. El azúcar engorda porque
no aporta más que calorías vacías y de baja calidad,
y un exceso de carbohidratos que se convierten en
grasa. Eso hace que uno coma en exceso, para obtener
las sustancias nutritivas que necesita. Cuando se
consumen alimentos con alto contenido de azúcar, el
cuerpo debe recibir una alimentación adicional para
estar bien nutrido, y eso tiende a aumentar de peso.
La práctica que, más que ninguna otra cosa, ayudara
a eliminar la avidez de dulces es el correcto
consumo de fruta. El azúcar de la fruta no ha sido
manipulado, y proporciona al cuerpo las sustancias
que este necesita. Además, con su aporte de fibra,
satisface, en tanto que el azúcar refinada está
libre de fibras, y uno puede seguir sintiendo
sensación de vacío incluso después de haber comido
mucho. El azúcar refinada, en cualquier forma que se
la ingiera -en la comida, en golosinas o en
líquidos- fermenta en el organismo y causa la
formación de ácido acético, ácido carbónico y
alcohol. El proceso de refinación del azúcar es la
causa de que fermente en el cuerpo. Es difícil hacer ver
como cualquier tipo determinado de alimento afecta
en forma adversa a un plan de alimentación. Fuera de
contexto, todo esto tiende a parecer menos grave de
lo que efectivamente puede ser, pero unido a otras
influencias negativas, contribuye al colapso final
del cuerpo. Imaginémonos un gran vitral. Si
hubiéramos de arrojarle una piedrecita, no se
rompería, pero arrojémosle cien mil piedrecitas, y
el vitral se hará añicos. Cada influencia negativa
que pesa sobre el cuerpo es como una piedrecita, y
todas juntas pueden -y lo conseguirán- desbaratar la
salud de tu cuerpo. Cuantas menos piedrecitas
arrojes contra el vitral, menos probable será que se
rompa. Cuantas menos influencias negativas tenga que
superar el cuerpo, ya se trate de café, té,
gaseosas, alcohol o dulces, menos probable será que
siga estando excedido de peso. El simple hecho de
disminuir ya es benéfico; es como arrojar menos
piedrecitas P. Me han dicho que
un poco de vino con las comidas ayuda a la
digestión? Es verdad? R. Sea quien fuere el
responsable de esa tontería, seguramente es dueño de
alguna bodega. El cuerpo no necesita ninguna ayuda
para digerir, como no la necesita para parpadear ni
para respirar. Todas ésas son reacciones autónomas.
La digestión, simplemente, se produce cuando la
comida está en el estómago, y si algo hace el vino,
es retardarla. De la misma manera que las reacciones
motoras se vuelven más lentas bajo la influencia del
alcohol, también la digestión se retarda. El vino es
una sustancia fermentada, y eso hace que cualquier
alimento con el cual entre en contacto se eche a
perder. Cualquier tipo de alcohol impone un gran
esfuerzo a los riñones y al hígado. Si te gusta el
vino, procura beberlo con el estómago vacío:
necesitarás menos tiempo para ‘’aflojarte” y no
arruinaras tu comida. La moderación es la clave;
recuerda que cuantas menos piedrecitas arrojes
contra el vitral, mejor. P. Parecería que con
este tipo de dieta no se necesita ningún
suplemento vitamínico ni mineral, ¿no es cierto? R. Por supuesto. La
controversia respecto de la necesidad de suplementos
alcanzaría para llenar un libro? Cómo es que durante
siglos nos las hemos arreglado sin suplementos? La
fabricación y venta de 1os tales suplementos es uno
de los diez grandes negocios en Estados Unidos: hoy
por hoy, su venta genera dos mil millones de dólares
por año. Es para preguntarse hasta qué punto la
motivación de algunas de las afirmaciones que se
oyen al respecto no es más que puramente comercial. Por lo que se refiere a
la salud, hay una larga lista de expertos en el
campo de la nutrición, tanto pertenecientes a la
comunidad médica como ajenos a ella, que están
expresando su grave preocupación por la amenaza que
representa para la salud la ingestión de suplementos
vitamínicos y minerales. El doctor Myron Winick,
director del Instituto de Nutrición Humana de la
Universidad de Columbia, indica que algunas
vitaminas de toda confianza, a las que durante mucho
tiempo se consideró totalmente inocuas, están
produciendo problemas médicos entre los que se
encuentran lesiones nerviosas, trastornos
intestinales leves y lesiones hepáticas mortales
(información publicada en Los Angeles Times, 20 de
diciembre de 1983). Nuestra necesidad real
de vitaminas y minerales ha sido brutalmente
exagerada. La cantidad de vitaminas que el cuerpo
humano necesita para todo un año alcanzaría siquiera
a llenar un dedal. (Y esa es la dosis diaria
recomendada, que duplica nuestras necesidades
reales). Tal vez estas afirmaciones resulten
chocantes, pero son los hechos. Todas las vitaminas
y minerales que el cuerpo necesita se pueden
encontrar en abundancia en las frutas y verduras. La
exigencia de estos elementos es tan reducida que
incluso si no comiéramos más que una pequeña
cantidad de frutas y verduras frescas, las
necesidades del cuerpo quedarían satisfechas.
Nuestro programa está pensado para incorporar a la
dieta cantidades más que generosas de todo lo que el
cuerpo necesita, en su forma más pura y más fácil de
absorber. Nada hay de mejor calidad que lo que se
encuentra en la fruta y la verdura, pese a algunos
anuncios que se jactan de que sus productos son en
un 100 por ciento naturales. Ser 100 por ciento
natural significa tal como fue creado por la
naturaleza, y yo, personalmente, jamás he visto un
árbol que de píldoras de vitaminas ni de minerales. Los suplementos que
fabrica el hombre no son, simplemente, lo que está
destinado al cuerpo humano. En el proceso de extraer
y fraccionar los elementos químicos, se los
inutiliza, y en el cuerpo, los suplementos
vitamínicos se vuelven tóxicos.2. Lo que nuestro
organismo puede utilizar con más eficacia son las
vitaminas y minerales que se consumen con todos los
demás constituyentes de cualquier alimento dado. Una
vez aisladas, las vitaminas pierden su valor, y las
vitaminas sintéticas son virtualmente inútiles. En este preciso
instante hay técnicas que permiten crear un grano de
trigo en el laboratorio; se pueden reproducir todos
sus componentes químicos hasta conseguir un grano de
trigo, pero si se le pone en tierra, no germina. Sin
embargo los granos de trigo recogidos en tumbas que
tienen cuatro mil años de antigüedad, !Brotan si se
los siembra!. En el trigo sintético
falta un ingrediente muy sutil: la fuerza vital, el
mismo ingrediente que falta también en las vitaminas
y en los minerales sintéticos. Esos productos son
peor que inútiles: el cuerpo los recibe como si
fueran tóxicos y los trata como tales. Y nuestro
objetivo es siempre eliminar los residuos tóxicos,
no producir más. En el cuerpo rige también algo que
se Llama la ley del mínimo. Dicho de otra manera,
una vez que las necesidades de vitaminas y de
minerales están satisfechas, cualquier excedente
será eliminado. Si tuviéramos un vaso pequeño, y una
jarra llena de zumo, sólo podríamos llenar el vaso
hasta el borde. Si seguimos intentándolo, lo único
que conseguiremos será desperdiciar el zumo que se
desborde del vaso. Eso es precisamente lo que sucede
cuando en el cuerpo hay más vitaminas y más
minerales de lo que necesita. También aquí el exceso
es tratado como un desecho tóxico, y el esfuerzo de
eliminarlo dilapida la preciosa energía del cuerpo,
e impone al hígado y a los riñones más pesada carga.
Cuando se toman suplementos, son siempre en
exceso, a menos que siga uno la dieta más
desvitalizada, procesada y desnaturalizada que sea
posible imaginar. El estilo de vida y la forma de
comer que preconiza 1a antidieta asegura
absolutamente todas las vitaminas y minerales que
podarnos necesitar. La salud hay que ganársela. Lo
que produce salud es una vida sana, que no se puede
comprar en un frasco. Entonces, ahorraos energías...
y ahorrad dinero. 2. Robert McCarter y
Elizabeth McCarter, ‘’A Statement on Vitamins”,
”Vitamins and Cures” y ‘’Other Unnecesary
Supplements, Health Reporter 11,1984, págs, 10 y 24. P. ¿Hasta qué punto
es dañina la sal de mesa? R. Si los egipcios usaban
la sal para embalsamar, imagínatelo. Este año, los
norteamericanos consumieron cerca de dos millones y
medio de kilos de sal. ¡Ya es embalsamar! Hay sal en
todo y por todas partes; desde los alimentos para
perros y gatos domésticos hasta las comidas para
bebés. La sal es un importante factor que contribuye
a la incidencia creciente de enfermedades como la
hipertensión o alta presión sanguínea. Es tan
cáustica para los delicados tejidos internos del
cuerpo que éste, para neutralizar su efecto
acidificante, retiene agua. Esta retención provoca
aumento de peso. El excesivo consumo de sal puede
ser una de las causas de nefritis, una enfermedad
renal grave. Cuando se piensa que
mucha gente consume café, té, gaseosas, alcohol,
suplementos y sal día tras día, y que todo eso debe
ser excretado por los riñones, no hay por qué
asombrarse de que anualmente mueran tantas personas
por fallos renales. Cualquier cosa que podamos hacer
para aliviar nuestros pobres riñones, tan
sobrecargados de trabajo, hay que hacerla. La sal,
si se la usa, se ha de usar con moderación. A quienes
desean seguir utilizándola. El doctor N. W. Walker
les recomienda la sal marina gruesa, que está menos
procesada que la sal común, y que se puede moler en
la mesa con un molinillo. En las tiendas dietéticas
se encuentran salsas y otros condimentos sin sal que
pueden ayudar a reducir su consumo. P. ¿Por qué parece
que actualmente hubiera tantas personas que
padecen hipoglucemia o creen tenerla? AI comer
fruta, ¿no se agrava la hipoglucemia? R. La razón de que tantas
personas tengan hipoglucemia y tantas otras crean
tenerla es doble. Primero, la gama de posibles
síntomas de hipoglucemia es tan amplia que llega a
ser sorprendente que alguien no tuviera, por lo
menos, uno de los síntomas. La lista de sesenta y dos síntomas
posibles incluye trastornos emocionales, melancolía,
nariz tapada, fatiga, agotamiento, confusión,
incapacidad para pensar claramente, angustia,
irritabilidad e incapacidad para decidir fácilmente.
Abarca incluso meteorismo, indigestión, flatulencia
y sensación de sueño después
de las comidas, de modo que quizá no haya en
Estados Unidos tres personas que no hayan
experimentado por lo menos uno de esos síntomas,
¡y hay unos 45 más! En segundo lugar, la dieta
norteamericana estándar es tal que tiende a provocar
un consumo de energía y un nivel de acidificación
que, ciertamente, pueden ser congruente con un bajo
nivel de glucosa en sangre (otra manera de decir
«hipoglucemia»). En el capítulo sobre el correcto
consumo de fruta se señaló que ésta ha soportado el
peso de más críticas injustificables que ningún otro
alimento. La segunda parte de la pregunta es un
ejemplo clásico de la mala comprensión, de alcance
casi universal, del importantísimo papel que
desempeña la fruta en el logro y mantenimiento de un
nivel de salud adecuado. Por extraño que pueda
parecer, la fruta es, de hecho, lo que de manera más
efectiva y eficiente puede superar el problema de la
hipoglucemia. No quiero decir que vaya a suprimir
efectivamente los síntomas, sino que hará desaparecer la
causa de manera que los síntomas nunca
aparecerán. El medio más común de suprimir los
síntomas es comer, generalmente algo muy pesado, tal
como un alimento proteico, como puede ser la carne o
los huevos. Así se conseguirá que los síntomas
disminuyan, al desviar hacia el estómago, para
digerir la comida, la energía que estaba causando
los síntomas. Es una medida temporal que asegura que
el problema prolongue su existencia y la necesidad
de comer sea más frecuente. Hay una manera más
racional de encarar las cosas, que puede eliminar
tanto las comidas frecuentes como la hipoglucemia?
Que es exactamente, un bajo nivel de azúcar en la
sangre? Señalamos ya que el primer requisito previo
de cualquier alimento debe ser su valor como
combustible, y que aproximadamente el 90 por ciento
de nuestra proporción de alimentos debe abastecernos
de la glucosa que se necesita para el cumplimiento
de las funciones vitales. El cerebro no usa más que
un combustible: azúcar, en la forma de glucosa. No
le sirven las grasas ni las proteínas ni ninguna
otra cosa, sino sólo la glucosa, que toma del
torrente sanguíneo para satisfacer sus necesidades.
Si en la sangre no hay una cantidad de azúcar
utilizable suficiente para satisfacer las exigencias
del cerebro, empieza a sonar una alarma, y esa
alarma son los síntomas de la hipoglucemia. De
manera que el problema se reduce a no tener
suficiente azúcar en la sangre. Para rectificar esta
situación, basta con agregarle azúcar. Es sumamente difícil
tener hipoglucemia si se tiene abundante azúcar en
la sangre, y aquí es donde por lo general se plantea
la confusión. Es absolutamente imperativo que en el
torrente sanguíneo se introduzca el tipo de azúcar
correcto: cualquier tipo de azúcar procesado no
haría más que empeorar las cosas. El tipo de azúcar
que sirve para esta situación es la que se encuentra
en la fruta fresca. Cuando está en la fruta se le
llama fructuosa: en el cuerpo, se convierte en
glucosa con más rapidez que ningún otro
carbohidrato. Lo que es esencial recordar es que la
fruta se ha de comer correctamente, y esto significa
con el estómago vacío. Como el azúcar se encuentra
en su estado natural y orgánico, atravesara
rápidamente el estómago y en el término de una hora
habrá pasado al torrente sanguíneo. Si se sigue el programa
propuesto en la II parte, se estará automáticamente
comiendo fruta en la forma correcta, lo cual ayudara
a eliminar la causa de la hipoglicemia. Para muchas
personas que la han padecido durante años sin
alivio, es posible que esta explicación suene en
exceso simplificada, pero hemos tenido muchos casos
de gente con hipoglucemias de larga data, muchas
confirmadas en su existencia por la prueba de
tolerancia a la glucosa, y que han conseguido
eliminar el problema valiéndose de la técnica de la
antidieta. P. ¿Las mujeres
pueden seguir este régimen durante el embarazo? (He aquí una pregunta
a la que Marilyn puede responder mejor.) R. Si, pero la
preparación para tener un niño sano debe iniciarse
antes de la concepción, seis meses por lo menos, o
más si es posible. Dada la importancia que tiene la
dieta durante el embarazo, es aconsejable que cada
futura mamá consulte con su médico antes de
introducir cambios. Sin embargo, durante el embarazo
no es nunca demasiado tarde para mejorar
gradualmente la dieta. Cualquier cambio de
naturaleza positiva que se haga sólo puede mejorar
el estado de la madre y del hijo, y hacer que el
parto sea más fácil. El programa satisface
todas las exigencias dietéticas de la madre y el
niño durante la gestación. Dado el amplio consumo de
fruta fresca que se recomienda, el principal
requisito - combustible abundante, en forma de
glucosa queda satisfecho. Muchos de los ingredientes
de las cotidianas ensaladas crudas ayudan a
satisfacer las necesidades de glucosa, y las
ensaladas proporcionan además a madre e hijo los
minerales necesarios para un crecimiento y un
desarrollo adecuados. De hecho, la mejor dieta
durante el embarazo (y en cualquier otro momento) es
aquella en la que predominan las frutas y verduras
crudas, y algunas nueces y semillas crudas. Con eso
se tendrá toda la provisión de combustible,
aminoácidos, minerales, ácidos grasos y vitaminas
que hacen falta para mantener un elevado nivel de
salud. Este programa es más que adecuado para
satisfacer tales exigencias. Que los alimentos estén
adecuadamente combinados asegura que en cada comida
se disponga de un máximo de sustancias nutritivas
para la absorción, con un mínimo de desperdicio. Una
dieta adecuada asegura un embarazo grato y lleno de
alegría en tanto que si es inadecuada, esta hermosa
experiencia puede convertirse en una dura prueba. Es frecuente que a las
embarazadas les aconsejen beber mucha leche
pasteurizada para asegurarse de que disponen del
calcio suficiente para la correcta formación de los
dientes y huesos de su hijo. La verdad es que la
mayoría de los adultos no cuentan con las enzimas
digestivas -lactasa y renina- necesarias para
obtener el calcio de la leche, que viene asociado
con un complemento proteico indigerible,
la caseína. Además, la pasteurización hace que el
calcio sea inaprovechable debido a las
modificaciones causadas por el calor.3
Para estar seguras de que tienen un aporte adecuado
de calcio utilizable,
las embarazadas deben recordar que este se encuentra
en abundancia en la fruta fresca, las legumbres,
coles, lechuga y otras verduras de hoja, nueces y
semillas (especialmente almendras y sésamo),
espárrago e higos. El zumo de naranjas fresco ayuda
al cuerpo a fijar el calcio, de acuerdo con lo que
dice el doctor Hebert Shelton en The Hygienic
Care of Children. Para el metabolismo del
calcio también es necesaria una irradiación solar
adecuada. El feto almacena en sus tejidos una
provisión de calcio, de la que se abastece durante
las últimas etapas del embarazo, de modo que para
una embarazada es importantísimo obtener y fijar el
calcio necesario para ella y para su hijo desde los
primeros meses de embarazo. 3. Hay varias
autoridades en higiene que dicen la misma cosa sobre
el tema de la utilización del calcio proveniente de
la leche de vaca pasteurizada que es imposible para
nosotros. Además de Herbert Shelton, N. W. Walker y
Robin A. Hur, ya citados. Se cuentan entre ellos Joyce M. Kling,
‘’Lesson 55, Prenatal Care for Better Infant and
Maternal Health and Less Painful Childbirth”, The
life Science Health System, Austin, Texas, Life
Science, 1984. M. Bircher-Benner. Eating Your Way to
Health, Baltimore, Penguin Books, 1973. A las embarazadas se
les aconseja también que beban leche para tener una
abundante secreción láctea para el bebe. El consejo es ridículo. ¿Acaso las vacas
beben la leche de otra especie para aumentar la
secreción láctea? ¡Por cierto que no! Comen hierba y
cereales en abundancia. La hembra humana, como la de
todos los demás mamíferos, automáticamente segrega
leche cuando es necesaria, y lo que la hace más rica
y abundante es el consumo generoso de frutas y
verduras frescas. De paso, si a alguna joven mamá le
dan a tomar ácido fólico ‘’para la leche”, lo mejor
es que lo sustituya por una ensalada verde cada día:
una fuente estupenda, natural y fácilmente accesible
de ácido fólico. Recordemos que no es la
cantidad de calcio contenida en los alimentos que
ingerimos lo que importa, sino la proporción de este
que realmente se utiliza (se
absorbe y se fija). La administración de suplementos
de calcio durante el embarazo no nos aporta calcio utilizable
y con frecuencia es causa de nocivos depósitos de
calcio en la placenta. Lo que aportan estos
suplementos (por más que se los llame orgánicos) es
calcio inorgánico, que nuestro cuerpo, simplemente,
no puede usar. El doctor Ralph C. Cinque ha
realizado abundantes experimentos mientras
investigaba este asunto, y la información que aquí
ofrecemos ha sido tomada directamente del material
por el publicado.5 También aquí nos
encontramos frente a una diferencia de puntos de
vista. La higiene natural se opone diametralmente a
que se tomen vitaminas y minerales de fuentes
distintas de las naturales y aquí natural
significa huertos y cultivos, no píldoras. Estoy
segura de que los defensores de ambas maneras de
pensar podrán manifestar de maneras muy convincentes
sus puntos de vista. El hecho es que, de acuerdo con
la higiene natural, que es básicamente el tema de
este libro, todos los suplementos vitamínicos y
minerales, en cuanto están fraccionados, son
recibidos y tratados por el cuerpo como desechos
tóxicos. Lo mismo que en muchos puntos referentes a
la nutrición, algunos médicos tradicionales
comienzan ya en este aspecto, a reconocer el punto
de vista naturista. La doctora Vicki G. Hufnagel, en
una charla pronunciada en la decimocuarta
conferencia anual de la nutrición, patrocinada por
la Junta Lechera de California, expresó: ‘’Estamos empezando a
entender el daño que pueden causar al embrión; las
vitaminas son fármacos”. La doctora Hufnagel es
obstetra y ginecóloga. El doctor Myron Winick,
director del Instituto de Nutrición Humana de la
Universidad de Columbia, dice: ”Hay personas que se
toman las píldoras de vitaminas como si fueran
caramelos, sin entender que son medicamentos. Y
todos sabemos que no hay medicamentos seguros, sino
solamente dosis seguras”. Mucho mejor que tomar
calcio manufacturado sería abonar con cal los
sembrados y después comer verduras de hoja que nos
abastecerán abundantemente de calcio orgánico
aprovechable. Es importantísimo que se entienda que
las deficiencias de calcio no sólo resultan de tomar
cantidades insuficientes de este elemento, sino
también de comer en exceso y de combinar mal las
comidas, prácticas que afectan gravemente a la
digestión y la absorción. Estar embarazada no
significa tener licencia para comer en exceso. Un
aumento de peso que supere los nueve a trece kilos
puede dar como resultado un feto demasiado grande y
un parto de alto riesgo6. Las embarazadas
tienden a comer en exceso cuando lo que ingieren son
alimentos muy procesados y adulterados; lo que hacen
es responder a las señales de su cuerpo, que avisa
que sus necesidades de nutrición no están
satisfechas. La antidieta insiste en los alimentos
más nutritivos, tanto para la madre como para el
niño, y ayudará a mantener el peso dentro de los
límites señalados. 5. Ralph C Cinque, ‘’Lesson 55,
Prenatal Care for Better Infant and Maternal Health
and Less Painful Childbirth”, The Life
Science Health System, Austin, Texas, Life
Science, 1984. Rose Dosti, ‘’Nutritonal Needs
Greater for Pregant Teen-agers, Over 30s”, Los Angeles
Times, 31 Mayo 1984. ‘’Vitamin Megadoses Can
Be Harmful”, Los
Angeles Times, 20 dic.1983. Digamos de paso que
durante el embarazo, más que en cualquier otro
momento, hay cosas que son peligrosas, y este
programa ayudara a ir eliminando gradualmente muchas
de ellas. La placenta, aunque se supone que actúa
como un filtro que protege al feto de sustancias
dañinas que pudiera ingerir la madre, no es eficaz
para excluir fármacos, alcohol nicotina y alquitrán,
cafeína, sal, vinagre, y los aditivos y conservantes
químicos que se encuentran en los alimentos
procesados. Al seguir el programa, automáticamente
la embarazada estará eliminando estas influencias
dañinas. Ninguna de estas sustancias está incluida
en ninguno de los menús propuestos, excepción hecha
de la sal, que se indica siempre como ingrediente optativo.
En lo que respecta a otras sustancias más dañinas,
seamos sinceros por el bien de nuestros futuros
hijos. Recetadas o no, no hay medicinas ‘’seguras”
que se puedan tomar durante el embarazo, pese al
hecho de que a muchas embarazadas se les sigue
aconsejando que las tomen. La talidomida no fue más
que la punta visible del iceberg. 6. En mi ultimo
embarazo aumenté sólo algo más de seis kg en total,
y tanto el bebe como yo teníamos excelente salud.
Una hora después del nacimiento, estaba levantada y
bañándolo. Todos los fármacos,
desde la aspirina a los analgésicos y los
tranquilizantes, llevan consigo el riesgo de
deformaciones y retardo mental para el feto. El
consumo de alcohol durante el embarazo puede dar
como resultado el síndrome de alcoholismo fetal, una
deformación de la cara y la cabeza que con
frecuencia va acompañada de retardo mental. La
cafeína contenida en el café, el té, las gaseosas y
el chocolate, lo mismo que muchas otras drogas, ha
sido causa de defectos congénitos. También fumar
priva de oxígeno al feto y da como resultado partos
prematuros, reducido peso al nacer y retardo mental. Es evidente que en el
programa no tiene cabida ninguna de estas
sustancias. El hecho de que las mencione aquí
responde a mi deseo de hacer que las embarazadas
tengan mayor conciencia del efecto que pueden tener
sobre un niño por nacer. En los Estados Unidos se
observa actualmente un 12 por ciento o más de
defectos congénitos, y esta cifra va en aumento año
tras año a medida que se incorporan más sustancias
químicas y tóxicas a nuestra dieta y a nuestro
medio. El embarazo es una
época especial, que más que ninguna otra exige estar
especialmente consciente de las necesidades del
cuerpo. Seguir el programa asegurará a la futura
madre la alimentación adecuada, lo mismo que la
provisión de aire fresco y de sol, que son factores
tan importantes para un embarazo sano. Otros son el
descanso abundante y el ejercicio físico practicado
con regularidad. En ocasiones hay quien
tiene necesidades especiales, individuales. Todo
cambio dietético durante el embarazo debe efectuarse
en forma gradual y bajo la supervisión del médico. Con esto concluye la I
Parte, en la que he procurado dar al lector una
comprensión clara de cuales son los cambios que
habrá de efectuar en su estilo de vida para terminar
de una vez por todas con su problema de peso, y por
qué le conviene hacer esos cambios. En la II Parte,
Marilyn dará algunas importantes indicaciones sobre
cómo hacer esos cambios de manera tal que el nuevo
estilo de vida de ellos resultante sea duradero.
Basándose en su conocimiento de dietética, en sus
antecedentes de profesora de alta cocina doméstica y
en su bien fundada comprensión de los principios de
la higiene natural, Marilyn ha preparado una serie
de importantes indicaciones y sugerencias, como
ejemplificación de las cuales se ofrece una muestra
de menús para una semana, que puede servir como base
para que el lector organice su propia selección de
comidas, deliciosas, bien combinas y de alto
contenido en agua. El programa ha sido pensado para
llegar más rápidamente al objetivo de rebajar de
peso, al mismo tiempo que se inicia la
importantísima desintoxicación de todo el organismo. Para empezar a rebajar
de peso y adoptar un nuevo estilo de vida no nos
falta ahora más que un paso, que es dar vuelta la
página para empezar con... II PARTE EL PROGRAMA Por Marilyn
Diamond Introducción La primera vez que
consulté a Harvey en su condición de especialista en
nutrición, en 1975, estaba yo atravesando la crisis
de salud más importante de mi vida. Acudí a su
consulta con muy mala disposición de ánimo. Yo tenía
antecedentes médicos en la familia y arrastraba una
larga historia de tratamientos médicos, pero nunca,
que yo pudiera recordar, me había sentido realmente
bien. El
exceso de peso no era mi mayor
preocupación por entonces, aunque eso no quiere
decir que no fuera una de mis preocupaciones. Debo
confesar, sin embargo, que desde el comienzo de mi
adolescencia no había estado contenta con la forma
de mi cuerpo, y que desde aquella época había usado
siempre tacones altos para parecer más delgada. Mi verdadero problema,
aunque en aquel momento no lo supiera, era que me
encontraba totalmente falto de energía. Me sentía
terriblemente mal y me costaba muchísimo hacer
frente a mi vida. En realidad, lo que sentía no era
nada excepcional. Los estados de carencia de energía
son la base de muchos de los problemas físicos,
psicológicos y emocionales que sufren hombres,
mujeres y niños en los Estados Unidos. Mis síntomas
eran los habituales: dolor de estómago, molestias,
erupciones cutáneas, depresión, confusión, súbitos
cambios anímicos y estallidos emocionales. Lo que me
asustaba era que mi estado iba empeorando
progresivamente. Tras haber terminado mi carrera
universitaria con las mejores calificaciones y
medallas, a los 31 años, con dos niños pequeños, me
pasaba gran parte del tiempo deprimida y llorando,
preguntándome que podía hacer para volver a sentirme
bien y poder así seguir adelante con mi vida.
Ninguna medicación, terapia ni tratamiento de los
que intenté durante años había logrado mejorar ni
cambiar mi situación. Durante mucho tiempo estuve
tomando medicinas para mi estómago y mi aparato
digestivo debilitados, tranquilizantes para la
tensión nerviosa y recibiendo inyecciones para el
dolor, mientras teorizaba con los expertos sobre mi
mal estar físico, mental y emocional. Pero, jamás
hubo nadie, salvo Harvey, que me preguntase que
comía. La higiene natural, tal
como el la enseñaba, me dio respuesta a cuestiones
referentes a mi salud, para las cuales yo había
renunciado ya a encontrar alguna. ¿Qué fue lo que
aprendí? ¡Todo lo que necesitaba saber para ayudarme
a mí misma a sentirme bien! Aprendí que si me
encontraba dolorida y sin fuerzas era porque durante
la mayor parte de mi vida había recargado mi
organismo con una alimentación errónea. Como en mi país,
durante muchas décadas, no había estado de moda
amamantar a los bebés, yo me conté entre los
millones de niños que jamás recibieron leche
materna, el único alimento que la naturaleza destina
a las criaturas de la especie humana y que es el
único adecuado para ellas. En su último libro, How
to Raise a Healthy Child in Spite of Your Doctor
(Cómo criar hijos sanos a pesar de su médico), el
doctor Robert S. Mendelsohn escribe: Dar el pecho a
los niños es poner los cimientos de un desarrollo
físico y emocional saludable. La leche materna, de
eficacia probada durante millones de años, es el
mejor alimento para los bebés porque es el perfecto
sustento que les ofrece la naturaleza2 ¿Cómo llegó nuestra
sociedad a tal extremo de ignorancia que
efectivamente no sabíamos la importancia que tiene
la leche materna para la futura salud de nuestros
hijos? El doctor Mendelsohn sin vacilar, culpa a los
fabricantes de leches en polvo para bebés y a sus
motivaciones comerciales, e igualmente a los
pediatras que les ayudaron a vender sus productos.
Echa en cara a los obstetras y a los pediatras el no
haber subrayado con suficiente energía la
importancia de amamantar. Como resultado, millones
de niños en nuestra sociedad se han criado y se
siguen criando con leche en polvo y leche de vaca,
las cuales tienen un exceso de proteínas y, según
algunos investigadores, una forma de calcio más
tosco y, por consiguiente, menos absorbible que el
que se encuentra en la leche materna. En mi caso,
eso me produjo un alto grado de acidificación en la
infancia, frecuente urticaria que me debilitaba
increíblemente, problemas articulares que finalmente
exigieron intervenciones quirúrgicas en ambas
rodillas y un debilitamiento del sistema nervioso.
Como es típico en los Estados Unidos, desde muy
temprana edad me habían alimentado con carne. Dado
que soy vegetariana por naturaleza (aunque esto no
lo descubrí hasta los 31 años), mi incapacidad para
digerir la carne dio por resultado dificultades
digestivas tan dolorosas como persistentes. Como mi
madre era una excelente anfitriona capaz de cocinar
para auténticos gourmets, desde temprano entré en
contacto con la gastronomía. Desde mi infancia había
viajado mucho y pronto conocí la cocina
internacional. En mis años universitarios tuve
ocasión de trabajar, en Avignon, con un cocinero
francés de provincia, Arman Ducillier. Todo esto
configuró de manera decisiva mi identidad y mi
estilo de vida, y en un principio se me hizo difícil
ver que en eso estaba la raíz de mis problemas de
salud. Pero la verdad lisa y llana era que las
comidas que había estado ingiriendo dañaban mi
cuerpo, privándome de la energía necesaria para
afrontas otros aspectos de mi vida. Cuando puse en práctica
los principios que me recomendó Harvey -los mismos
que acababa de explicar al lector-, perdí 10 kilos.
En sólo seis meses, y por primera vez en mi vida
adulta me sentí orgullosa y cómoda con mi cuerpo.
¡Es una sensación de euforia que todo el mundo se
merece! Pero, sin embargo para mí fue más importante
el cambio en mi manera de ver las cosas. La nube de
depresión bajo la cual había estado viviendo durante
años empezó a disiparse, y comencé a tener días
enteros de tranquilidad. Sólo alguien que haya
padecido el agotamiento de una depresión mental y
física puede entender el tremendo alivio que eso
significa. Mientras mi cuerpo se esforzaba por
recuperar su equilibrio, yo advertí que por fin
podía llevar la vida productiva y gratificante que
una vez había soñado. ¡Me sentía como si me llevaran
de vuelta al país de los vivos! Una cosa fue evidente
desde el principio: si estaba decidida a seguir
sintiéndome bien, sería necesario renunciar a mi
tradicional actitud de gourmet cuando se tratase de
preparar comidas. Lo vi claramente durante la
desintoxicación,3 en las ocasiones en que mis
papilas gustativas ansiaban los antiguos placeres, y
en que, al consentirme esos placeres, volvía
inmediatamente a sentirme mal. Trabajando con
Harvey, empecé a preguntarme que haría la gente
cuando, como yo, se diera cuenta de la importancia
de una saludable pérdida de peso. ¿Cómo podrían
hacer una transición cómoda que los apartase de sus
hábitos tradicionales de alimentación? Lo que yo
necesitaba y lo que necesitarían otros, era una
manera nueva e interesante de preparar comidas
deliciosas y al mismo tiempo nutritivas, capaces de
agradar al paladar, satisfacer las necesidades
fisiológicas y permitir la desintoxicación.
Valiéndome de mis energías creativas, que siempre
alcanzaban su punto máximo en la cocina, y
recurriendo a mis extensos antecedentes de alta
cocina y artes culinarias, empecé a estudiar un
estilo ALTAMENTE ENERGÉTICO de cocina casera y
nutritiva, capaz de satisfacer mis deseos de comida
variada y sabrosa y de mantenerme dentro del
programa de desintoxicación, sintiéndome mejor y más
fuerte cada día que pasaba. Posteriormente, y tras
haber estudiado la haute cuisine francesa e
italiana, y preparaciones típicas de diversas
culturas y etnias, profundicé en el conocimiento de
la cocina china, la india y las del Oriente Medio.
Durante esa época me gradué también en Ciencias de
la nutrición en el American College of Health
Science. 3. Recuerda que una
saludable pérdida de peso es un aspecto
importantísimo de la desintoxicación. Harvey había comenzado
ya a interesarse en la higiene natural seis años
antes de que nos conociéramos, y se sentía mucho más
cómodo que yo con un régimen de frutas y verduras.
El ya había pasado por el período de transición en
que se renuncia a muchos de los alimentos que no son
benéficos y se aprende a sustituirlos por otros que
si lo son. Ya había superado la mayor parte de las
nostalgias con que yo apenas empezaba a luchar.
Harvey me enseñó muchas de las comidas que a él le
habían gustado al comienzo de su transición, pero
ambos entendimos que desintoxicar y hacer adelgazar
de forma permanente a los norteamericanos hacía
necesario pensar en una amplia variedad de comidas,
para que la experiencia les supiera a placer y no a
medicina. Nuestras comidas se convirtieron para mí
en un desafío: ver qué podía ocurrírseme que fuera
delicioso y llenara mucho, que les gustara a los
niños y que nos hiciera bien a todos. ¡Tuve que
ejercitar mi creatividad con las verduras! Con
frecuencia, la hora de las comidas se convertía en
un momento de bulliciosa colaboración familiar.
Fueron momentos verdaderamente divertidos, y hemos
querido que el programa mantenga ese espíritu de
alegría, para que el hecho de pasarse a la antidieta
pueda ser también el comienzo maravilloso de la
mejor parte de nuestra vida. Este intento está en la
base del programa que presentamos. Estos menús
lograran que comer sea una fiesta para las papilas
gustativas y una bendición para el cuerpo. Están pensados para
poneros en armonía con los ciclos naturales del
cuerpo y para ayudaros a adoptar un nuevo estilo de
comer y de vivir, de modo que jamás tengáis que
volver a luchar contra el exceso de kilos. Se trata
de ideas que os permitirán, sin esfuerzo, aplicar
los principios que hemos enunciado, e iniciar la
desintoxicación del organismo. Una vez iniciada, la
desintoxicación proseguirá automáticamente, durante
todo el tiempo que os mantengáis fieles a los
principios enunciados. También la pérdida de peso
será automática, ya que el cuerpo, si tiene la
energía necesaria para hacerlo, se sitúa por sí
solo, alegremente, en el peso que más le conviene. Pensad que las próximas
semanas representarán un período de transición en
vuestras vidas. Si seguís los menús sugeridos, y
sobre ese modelo programáis otros, automáticamente
estaréis comiendo fruta en la forma correcta, y
consumiréis una cantidad adecuada de alimentos con
alto contenido acuoso, a la par que combinaréis
adecuadamente lo que comáis. En nuestra práctica,
que incluye talleres de cuatro semanas de
desintoxicación (en los que muchas personas pierden
fácilmente entre siete y once kilos) hemos
comprobado que la manera más simple de adoptar un
nuevo estilo de alimentación y de vida es seguir
durante cuatro semanas y paso a paso, una muestra de
lo que es ese estilo. Tened presente que eso es
precisamente vuestro programa, una muestra. No es el
único régimen que da resultado. Ni es eso lo que
propone la antidieta, sino un ejemplo de como usar
correctamente los principios en la vida diaria. El
objetivo principal es mostrar el uso libre y
creativo de tales principios, sin aprisionaros en un
régimen que hayáis de usar de la misma manera que
antes usabais las dietas... hasta aburriros al punto
de tener que volver a vuestros antiguos hábitos de
alimentación. Por eso, en la sección de menús no hay
reglas rígidas ni estrictas. Las porciones quedan
más o menos libradas a la interpretación personal.
Os alentamos a comer hasta sentiros satisfechos y a
sustituir algún componente del menú por otro, tomado
de otro día y que os guste más. Una vez que hayáis
completado el programa ya sabréis comer de acuerdo
con los principios y os sentiréis seguros de vuestro
nuevo estilo de alimentación y de vida. Si no fuera
así, es mejor repetir el programa hasta que lo
estéis; a algunos les cuesta más que a otros el
aprendizaje de algo nuevo, y esto es algo nuevo: la
habilidad de comer con placer y alegría para
alcanzar y mantener el peso natural del cuerpo. Ahora tenéis la
información básica necesaria. Es el momento de pasar
a la práctica del programa y probar personalmente... 1 El desayuno En lo sucesivo, tus
comidas de la mañana serán ligeras. Y difícilmente
variarán. DIARIAMENTE
HASTA EL MEDIODIA PUEDES TOMAR TANTO ZUMO DE FRUTA
FRESCO Y COMER TANTA FRUTA FRESCA COMO DESEES.
Eso te dará la
seguridad de que durante el transcurso del ciclo
de eliminación, tu cuerpo podrá dedicarse
plenamente a este proceso, y no a la digestión.
Tienes total libertad para comer tanta fruta como
necesites para sentirte satisfecho, pero
naturalmente, se trata de que la comas con el
estómago vacío. Procura iniciar cada día con un zumo
de fruta fresca, si te es posible: naranja, manzana,
mandarina, melón, piña. Recuerda que lo mejor será
que te lo prepares tu mismo; para ti, un extractor
de zumos será prioritario, o por lo menos, un simple
exprimidor de cítricos. Cuando te apetezca,
come un poco de fruta fresca durante la mañana. Nuestra
recomendación es que en un período de tres o
cuatro horas comas varias raciones de fruta.
Una ración de fruta corresponde a la cantidad que
pueda dejarte con una sensación de satisfacción.
Puede ser una naranja o un tazón con cuatro naranjas
cortadas. Puede ser una manzana, pero también dos
melocotones cortados y salpicados con una cucharada
de uvas pasas. Puede ser medio melón o una tajada
bien gruesa de sandía, o bien uno o dos plátanos. El
consumo de fruta es un arte que cada uno tiene que
cultivar. Lo que importa es que comas lo suficiente
para quedar satisfecho. No importa si para eso
necesitas una fruta o un plato lleno. Como dice
Harvey: Por las mañanas, a algunos les gusta comer
fruta; otros prefieren un zumo, otros un vaso de
agua tibia con limón exprimido. Los más importante
que puedo deciros es que no nos proponemos imponer
ninguna ley férrea que haya que respetar sin
apartarse un ápice. Estos son, más bien, principios
que habréis de adecuar en la forma conveniente a
vuestro personal estilo de vida. Aprende a escuchar los
requerimientos y necesidades de tu cuerpo. NO COMAS
EN EXCESO NI TE QUEDES CON HAMBRE, COME HASTA
SATISFACERTE. No te atiborres para compensar la
sensación de vacío que quizá sientas al no tomar tu
habitual desayuno pesado, ni te saltes la fruta
porque no te apetece comerla. LA FRUTA ES NECESARIA,
porque proporciona el contenido acuoso y el
combustible que tanta falta hace para la
desintoxicación. A medida que transcurre
la mañana, si sientes hambre y estás empezando a
añorar algo más sustancioso, come un par de
plátanos: permanecerán en tu estómago un poco más
que las frutas jugosas y te darán una mayor
sensación de plenitud. No hay inconveniente en que
comas más de uno, pero asegúrate de que estén bien
maduros. Si están verdes, el color indica que el
almidón todavía no se ha convertido en azúcar. Las
manchas marrones en la piel del plátano indican que
el almidón ya se ha convertido en azúcar. Lo que no debes comer
para nada durante el período que estés empeñado en
perder peso son dátiles y frutas secas. Aunque son
estupendos alimentos naturales, y muy energéticos,
contienen tanta azúcar concentrada que te impedirán
bajar de peso. Y como es fácil pasarse cuando se los
come, lo mejor es evitarlos completamente hasta que
hayas rebajado por lo menos parte del peso que te
interesa perder. En última instancia, cuando estés
aproximándote a tu peso ideal, verás que son una
solución perfecta para cuando eches de menos los
dulces procesados, tan poco saludables.
Inicialmente, sin embargo, pueden ser
contraproducentes, especialmente si el autodominio
no es tu fuerte. Una regla importante
que has de tener presente es que se puede comer
fruta (jugosa) hasta veinte minutos o media hora
antes de almorzar. Si has comido plátanos, déjales
cuarenta y cinco minutos para que salgan del
estómago. Los melones son la fruta con mayor
contenido de agua, y se recomienda comerlos antes de
cualquier otra, porque salen con mayor rapidez del
estómago. Si te gusta hacer una
comida durante la mañana, prueba con una ensalada de
frutas. Si tienes hijos, intenta poco a poco que
empiecen el día con un zumo de frutas fresco y
también con una ensalada de frutas. Aunque estén
acostumbrados a desayunos abundantes y mal
combinados, si hacen la transición y comienzan a
comer fruta por la mañana, tendrán mucha más energía
para su trabajo que cuando su cuerpo se veía
obligado a desperdiciarla para satisfacer las
exigencias del aparato digestivo. Cuando empezamos a
desarrollar el programa, mis dos hijos estaban en la
escuela primaria Nos llevó más de un año ayudarles a
abandonar el hábito de una comida abundante por la
mañana. Aunque yo nunca los presioné, me aseguré
bien de que lo primero que comieran por la mañana
fuese fruta. Después, si aún no estaban satisfechos,
les ofrecía una tostada de pan de trigo integral con
mantequilla no pasteurizada, o galletas integrales y
zumo de manzanas, pero la mejor idea que se me
ocurrió fue darles tazones de verduras cocidas al
vapor, bien calientes, después de la fruta de la
mañana De este modo, seguían tomando alimentos de
alto contenido acuoso durante el importantísimo
ciclo de eliminación. Por lo menos, los tazones de
verduras cocidas al vapor son alimentos sanos y
verdaderos, no como esos paquetes multicolores de
preparados químicos que imitan comidas con que las
industrias de la alimentación tientan a nuestros
hijos. Una vez que pudieron
hacer la transición a corner fruta por las mañanas,
mis hijos se dieron cuenta claramente de lo cansados
que los hacía sentir comer cosas más pesadas antes
del mediodía. Con el paso de los años, es raro que
pidan alguna otra cosa que fruta antes del almuerzo.
Su estado general ha mejorado; otros niños cogen
resfriados con frecuencia, ellos no. Yo lo atribuyo
al hecho, de que esta forma de vida permite que el
ciclo de eliminación funcione regularmente y sin
interrupción. Incluso hoy, que ya son adolescentes,
es raro que coman nada antes del mediodía, salvo
fruta. Con el nacimiento de
nuestro hijo, hace siete años, Harvey y yo pudimos
comprobar con mayor claridad aún las indudables
ventajas de no dar más que fruta a los niños por la
mañana. Desde que nació, nuestro hijo muy raras
veces vio su ciclo de eliminación interrumpido por
el consumo de alimentos pesados antes del mediodía,
en consecuencia no tuvo las mucosidades nasales, los
dolores de oídos ni la tos que sufren la mayor parte
de los pequeños, y que sus padres acogen ya como de
rutina. Nuestro hijo no tuvo jamás los conductos
tapados o bloqueados por desechos mucosos, porque
día a día su organismo pudo completar el ciclo de
eliminación. Su cuerpo no se vió obligado a acumular
residuos como los de tantos niños a quienes de la
mañana a la noche se atiborra de alimentos pesados.
Tanto de bebé como cuando empezó a andar su carácter
fue equilibrado y se mostró contento. Ahora, a los
siete años, es alto, fuerte y de movimientos bien
coordinados. Las madres con quienes
he trabajado en mi práctica y en nuestros talleres
han obtenido los mismos resultados. Una vez que comenzaron
a “destetar” a sus hijos de los desayunos pesados, y
en su mayor parte consumían frutas o verduras por
las mañanas, es decir, alimentos puros y no cargados
de productos químicos, su salud general comenzó a
mejorar. Hubo un caso de dos niñas que iban a una
escuela especializada en dificultades de
aprendizaje, en California, que una vez iniciado el
programa progresaron de manera tan notable que los
maestros de la escuela se pusieron en contacto con
los padres para descubrir que era lo que estaba
produciendo cambios tan positivos. La clave con los niños
es no presionarlos (cosa que también es válida para
algunos adultos de temperamento infantil). La
presión crea tensiones, y cuando se trata de
alimentación, aquellas se han de evitar siempre.
Incluso el mejor de los alimentos, si se lo consume
bajo presión o en un ambiente tenso, puede ser
estropeado por un aparato digestivo afectado por los
nervios. Para empezar, ofreced simplemente a vuestro
hijo la alternativa de una ensalada de frutas.
Comedla con él como si fuera un festejo, para
compartir la experiencia positiva. ¡Será divertido!
Ofrecedle tazones de verduras cocidas al vapor y
aderezadas con mantequilla, en vez de los cereales
azucarados y procesados que venden para niños.
Ofrecedles rebanadas de pan integral tostado, con
mantequilla. Por lo menos, vuestros hijos estarán
comiendo comida de verdad. Poco a poco irán haciendo
la transición. Dadles el ejemplo comiendo vosotros
fruta por la mañana, y finalmente ellos también lo
harán. ORIENTACIONES PARA EL
DESAYUNO 1. Comenzad el día con
zumo de fruta FRESCO si lo deseáis. Cantidad
recomendada: entre 250 y 400 gramos. 2. Durante la mañana,
comed fruta cuando tengáis hambre. 3. Comed un mínimo de
dos raciones de fruta en un período de tres horas. 4. La ingestión máxima
de fruta debe regirse por vuestra necesidad. Comed
tanto como queráis, sin exagerar y sin quedaros con
hambre. 5. Comed el melón antes
de las otras frutas. 6. Comed plátanos
cuando tengáis mucha hambre y os apetezca algo más
pesado. 2 Los zumos frescos El lector advertirá, a
medida que avance con el programa, que los zumos
desempeñan un papel muy importante. ¡Pero, zumos
frescos! De los que uno se prepara con su propio
extractor, o los que le preparan, en su presencia,
en un bar. También es posible encontrar zumos
frescos envasados diariamente por algún
establecimiento de productos naturales. Conviene
pensar en comprar un extractor de zumos; es la forma
más económica, puesto que cada vez que se compra un
zumo, uno está pagando un extractor que no es suyo. En esta época de tanta
preocupación por los suplementos alimenticios, en
que millones de personas consumen regularmente
carísimas píldoras en nombre de la nutrición. Los
zumos frescos son realmente la forma mejor y más
auténtica de tales suplementos, aunque la mayor
parte de las personas ni se den cuenta de ello.
Todas las sustancias nutritivas que necesita el
cuerpo humano se hallan en cantidades equilibradas
en las frutas y verduras frescas. Y nuestro cuerpo
sólo puede usarlas cuando las recibe como parte del
alimento completo en el cual se encuentran. De
manera que es totalmente cierto que una dieta rica
en frutas y verduras frescas y sus zumos satisface
todas las necesidades de nutrición del cuerpo. Los
zumos son lo mejor después de los alimentos
completos, pues no son otra cosa que un extracto
líquido de estos. No están excesivamente
concentrados, como las dosis de megavitaminas, ni
han pasado por ningún tipo de laboratorio ni de
procesamiento. Cuando los preparan, uno puede ver de
donde vienen. Hay muy poca diferencia entre las
frutas y verduras enteras y sus zumos, estos nos
proporcionan los elementos vitales para la
regeneración celular y son, por consiguiente, un
verdadero tratamiento para la longevidad. Los zumos proporcionan
un beneficio adicional: con su sabor delicioso,
apagan la sed y nos satisfacen de tal manera que
cada vez tendemos menos a las bebidas dañinas como
las gaseosas, el café, el té, la leche y el alcohol.
Para los bebés y los niños pequeños, dejando aparte
la leche materna, no hay mejor alimento que los
zumos. Nunca insistiremos
bastante en la importancia de consumir habitualmente
zumos frescos, la única bebida que proporciona una
AUTÉNTICA ENERGÍA VITAL, pese a las falsas
afirmaciones publicitarias de otros brebajes
dañinos. El hábito de beber gaseosas dietéticas, por
la exclusiva razón de que alguien se ha gastado
millones de dólares (o de pesetas) en convencernos
de que son lo mejor para rebajar de peso, es el
resultado de una inescrupulosa campaña publicitaria
en contra de nuestro bienestar. Una mezcla de
sustancias químicas fabricadas en laboratorio lo
único que puede hacer es agregar toxinas a nuestro
cuerpo, y no ayudarle a que se libere de ellas. Las
gaseosas dietéticas solamente socavan nuestra salud
y nuestra vitalidad. Los zumos frescos son
las únicas bebidas que pueden ayudarnos a perder
peso y a sentirnos bien. BEBEDLOS SÓLO CON EL
ESTÓMAGO VACÍO, NO ACOMPAÑADOS NI SEGUIDOS
INMEDIATAMENTE DE NINGÚN OTRO ALIMENTO. ¡Y disfrutad
de ellos! Los zumos son enormemente benéficos.
Recordad que hay que beberlos lentamente,
mezclándolos con la saliva. Bebidos precipitadamente
o con demasiada rapidez pueden alterar el nivel de
azúcar en la sangre. 3 La escala energética MAÑANA Frutas frescas y zumos
de frutas Zumos de verduras
frescos y ensaladas Verduras al vapor,
nueces y semillas crudas Granos, pan, patatas,
legumbres Carne, pollo, pescado,
lácteos TARDE/NOCHE Hemos diseñado la
escala energética para ayudar a los lectores a que
sean más productivos y eficaces durante el día,
mientras permiten que su cuerpo se dedique a la
eliminación de residuos tóxicos. La escala
energética indica qué alimentos se han de comer en
las primeras horas del día (frutas y verduras) y
cuales más tarde, cuando se ha cumplido ya el
trabajo del día y es posible descansar y permitir al
cuerpo que concentre la energía restante en la
digestión de patatas, cereales, productos lácteos y
carnes. Como es natural, los alimentos más próximos
a la indicación MAÑANA se pueden comer a cualquier
hora del día, pero los que se aproximan más a la
indicación TARDE-NOCHE no se han de consumir en las
primeras horas, cuando la energía se necesita para
otras cosas. (Quien siga un horario individual
diferente del normal, por razones de trabajo
nocturno, por ejemplo, verá que los ciclos
corporales se adaptan a ese horario, si es
constante. Aunque hay poca documentación sobre el
tema, nuestras observaciones indican que es así). Un
día determinado en que no se consuma más que frutas
y verduras, y en que no se coma carne, cereales ni
productos lácteos, será un día de máxima energía y
máxima pérdida de peso. Los menús que ofrecemos en
la muestra están basados en la escala energética, y
en ella deben basarse también los que el lector
confeccione por sí mismo. 4 Ideas y sugerencias
para la antidieta Cuando la gente empieza
a introducir cambios en su estilo de alimentación y
de vida, a veces se sorprende, agradablemente, por
la variedad de cosas que todavía les está permitido
comer. Son tantas las veces que hemos oído exclamar:
Pero, ¿quiere usted decir que esto
también?, que hemos decidido introducir algunos
comentarios que permitan a los lectores entender con
toda claridad que lo que les ofrecemos no es en modo
alguno un programa restrictivo. Empezaremos por
insistir en que lean las
etiquetas y eviten cualquier producto que
tenga aditivos químicos. Recuerde: los
aditivos químicos en los alimentos son toxinas en
el cuerpo. Actualmente, en los supermercados
pueden encontrarse productos que antes había que ir
a buscar en las tiendas dietéticas y naturistas.
Para que esta conveniente oferta de productos
naturales, puros y sin aditivos, que tanta comodidad
nos representa, se mantenga en los supermercados
¡hay que pedirlos! Unas palabras sobre la
fruta, tan importante en la antidieta. Ahora, la
comercialización de este producto permite tener
durante casi todo el año frutas y variedades que
solían ser estacionales, con el enriquecimiento
consiguiente de la posibilidad de elección. Pero
esto no significa que quien esté satisfecho con lo
clásico, manzanas, naranjas y plátanos, deba
cambiar, sino sólo que aquel a quien le apetezca la
novedad dispone de una enorme variedad para probar.
Sólo hay que recordar que la fruta no se
debe cocinar jamás, porque la cocción la
transforma de alcalina en ácida. Dicho esto, a elegir
entre manzanas, plátanos, albaricoques, cerezas,
dátiles, higos, naranjas, pomelos y mandarinas,
melocotones y nectarinas, uvas, peras... sin
olvidarnos de frutas hace un tiempo poco comunes,
como las chirimoyas, kiwis, mangos y otras de origen
tropical que nos acerca la importación. Están también los
tomates, pepinos, pimientos y aguacates, a los que
se suele considerar como verduras, pero que
botánicamente son frutos, porque tienen semillas. Es
interesante saber que combinan bien, crudos, con
otras frutas: por ejemplo, el aguacate con plátano,
papaya o mango; el pepino con melocotones, naranjas
o nectarinas. Además van bien con todas las
verduras, crudas o cocidas, y con los carbohidratos
feculentos como el pan, el arroz, las pastas o las
patatas. Idealmente, estos son frutos que jamás deben
cocerse, aunque ocasionalmente hagamos una excepción
con los pimientos; pero el aguacate, el pepino y
especialmente el tomate jamás deben cocinarse. Estos
son frutos que deben comerse crudos y pueden ser una
alternativa interesante cuando se desea algo fresco y jugoso,
pero no dulce. Salvo el aguacate, que
permanece hasta una hora en el estómago, los demás
pueden combinarse con otras frutas sin tener que
esperar más tiempo. Las frutas secas
(pasas) son alimentos muy concentrados y hay que
comerlas en pequeñas cantidades: prefiera las que
han sido secadas al sol, sin adición de azufre. En cuanto a las
verduras, hay que comprarlas frescas siempre que sea
posible, y cuando no se las consiga frescas,
congeladas. Además de todo lo que nos viene
enseguida a la mente al pensar en verduras (lechuga,
zanahorias, apio, judías verdes, coles, calabacines,
berenjenas, calabaza, setas y champiñones, cebollas
y tantas otras), hay que tener en cuenta otras no
tan conocidas pero que empiezan ya desde hace
algunos años a frecuentar los mercados, como la col
china, de forma parecida a la acelga, con unas
pencas muy anchas, y de sabor más delicado que la
col común, ideal para ensaladas (deliciosa con un
aderezo de yogur y eneldo) y muy sabrosa guisada;
las algas (hiziki, nori, kombu, wakame) que se
encuentran en las tiendas naturistas y
macrobióticas; los brotes (generalmente de soya,
pero que también se pueden preparar con judías
azuki, lentejas, rábanos. alfalfa, trigo, etc.), que
pueden integrar ensaladas o, salteados, servir de
acompañamiento a otros platos. No nos olvidemos de las
nueces y semillas, que se han de comer crudas y en
pequeña cantidad, ya que son verdaderos concentrados
de proteínas. Claro que al decir nueces nos
referimos también a almendras, avellanas, pistachos,
nueces de Cajú, coco, y hemos de insistir en que
todos estos productos se deben consumir crudos, ya
que en este estado sus elementos nutritivos, sumamente concentrados,
son totalmente aprovechables para el organismo
humano. Siendo fuente de proteínas (aminoácidos de
alta calidad) y calcio, no dejan residuos tóxicos en
el cuerpo, al contrario de lo que sucede con los
productos lácteos y cárnicos. Hay que recordar, sin
embargo, que en cuanto fuente de proteínas las
nueces son más difíciles de descomponer que la fruta
y las verduras, debido a su elevada concentración. Hay que evitar
comerlas en exceso, y jamás comerlas tostadas,
ya que una vez sometidas a este proceso son
enormemente acidificantes. Las nueces crudas son una
fuente excelente de aceites naturales. Cuando se
incluyen frutos secos en una comida, no hay que
comer ningún otro alimento concentrado. Las mismas
observaciones valen para las semillas, entre las que
son bien conocidas las de girasol, amapola, calabaza
y sésamo. Una costumbre que
afortunadamente se va extendiendo es la de abandonar
el pan de harina blanca (es decir, desvitalizada y
desprovista de fibra, de minerales y de vitaminas
del complejo B) y reemplazarlo por panes elaborados
con harina de uno o más cereales enteros, o con
cereales germinados, y que en ocasiones cuentan con
el agregado de harina de soja y semillas de sésamo.
Naturalmente, también se elegirán cereales enteros y
harinas integrales para cualquier tipo de
preparación que se desee hacer en casa, lo mismo que
para galletas y pastas Y conviene recordar que, aquí
también, es la demanda lo que poco a poco va creando
la oferta. Respecto de las
legumbres (lentejas, garbanzos, judías diversas,
entre ellas las azuki, guisantes partidos, etc.) se
ha de recordar que son alimentos concentrados y
cuidar de no combinarlos con otros que también lo
sean. En lo tocante a carne y
pescado, y puesto que se han de evitar siempre las
grasas saturadas, el cerdo es la carne menos deseable,
seguida por el buey y el pato, en este orden. No se
recomienda ninguna carne ni pescado salado ni curado
(frankfurters,
embutidos, pescado ahumado) y siempre que sea
posible se ha de comprar carne que no provenga
de animales de criadero. Con los aceites, se
cuidará de que no sean refinados, sino sólo
prensados en frío, y con los aderezos preparados
para ensalada, hay que asegurarse de que no
contengan azúcar, vinagre ni aditivos. Las hierbas
aromáticas, recogidas personalmente en el campo o
compradas en una herboristería de confianza, mejor
que envasadas, se pueden usar para realzar y variar
el sabor y aroma de las comidas. 5 La ensalada como plato
inicial Uno de los aspectos más
novedosos e interesantes de esta manera de bajar de
peso y estar bien es hacer de la ensalada el plato
principal. Se trata de un recurso cómodo y
conveniente de tener a mano. Las personas con
quienes hemos trabajado en forma directa lo han
incorporado fácilmente a su estilo de vida, con
grandes beneficios. Como plato principal,
una ensalada puede satisfacer muchísimo, y una vez
entendido lo fácil que es prepararla comenzará a
resultar, además, divertida. La idea básica para la
preparación de este tipo de ensaladas es que con un
poco de ingenio, todos los ingredientes que entran
en una comida pueden formar parte de una gran
ensalada, bien combinada y con alto contenido
acuoso. Esta idea significa que la mayor proporción
de lo que se ingiere son verduras, frescas y
vivas... y eso es su mayor ventaja. No importa qué
sea lo que se agregue a las ensaladas; la mayor
parte de la comida seguirán siendo alimentos vivos.
Y lo que se le haya agregado se descompondrá más
fácilmente en el organismo, y será digerido con más
rapidez gracias a estar adecuadamente combinado y a
la presencia de todas esas verduras crudas. Desde hace años hemos
estado estudiando y perfeccionando por lo menos una
veintena de ideas, pensadas como plato principal, y
se nos siguen ocurriendo otras nuevas. Esta es una
de las ventajas que tiene esta idea, que sus
posibilidades son variadisímas. En las páginas
siguientes encontrarás, incluidas en la muestra de
menús, algunas que se cuentan entre nuestras
preferidas, y que pueden servir como base para que
puedas combinar, en el mismo estilo, otras ensaladas
abundantes, nutritivas y sabrosas que pueden
desempeñar perfectamente el papel de plato
principal. Atención, pues, a la Ensalada de arroz
estilo Mediterráneo (pág. 222) y a la Ensalada de
pollo al curry (pág. 228), ¡y a inspirarte en ellas!
Mientras no las hayas comido, no sabrás realmente lo
que puede ser una ensalada. Otra ventaja de este
tipo de comidas es que su preparación requiere muy
poco esfuerzo, y sin embargo, desde el punto de
vista del peso y de la salud, sus resultados son
excelentes. Y por si fuera poco, una ensalada como
plato principal siempre resulta barata. Te asombrará
el poco gasto con que puedes alimentarte, alimentar
a tu familia y quedar bien con tus amigos, adoptando
este sistema. Además, son ensaladas que en general
se pueden guardar de un día para el otro si queda
algún resto... cosa bastante rara. Durante el mes de
antidieta, que te permitirá bajar de peso y sentirte
bien al punto de que decidas convertirla en tu
estilo de vida, las ensaladas como plato principal
serán una parte vital de tus comidas. Por eso
incluimos dos de ellas en la muestra de menús para
una semana: están pensadas para ayudarte a perder
peso y a sentirte bien, rápida y cómodamente. Saca
partido de ellas y disfrútalas. Son fáciles de
hacer, y lo que te resultará más gratificante es que
te levantarás siempre de la mesa sintiéndote
completamente satisfecho. RECUERDA QUE PUEDES
SUSTITUIR CASI CUALQUIER COSA POR UNA ENSALADA COMO
PLATO PRINCIPAL; TAMBIÉN PUEDES SUSTITUIR CUALQUIERA
DE ESTAS ENSALADAS POR OTRA. 6 Orientaciones para un
estilo de vida - Recuerda que esta
muestra de menús no es más que un ejemplo de cómo se
puede comer de acuerdo con los principios. En las
recetas puedes cambiar los ingredientes, si
prefieres otros, o bien prescindir de los que no te
gusten. No siempre se especifican las cantidades,
porque lo que recomendamos es que cada uno coma lo
que necesite hasta quedar satisfecho. Hemos
confeccionado menús ideales sin dejar por ello de
estar seguros de que tu período de transición será
tan placentero como lo fue para nosotros el nuestro.
Los estupendos resultados que, como bien sabemos,
alcanzarás sin dejar por eso de disfrutar de la
comida, nos dan la seguridad de que no será
frecuente que quieras volver a un estilo de vida
menos saludable. - Siempre que puedas,
usa fruta y verduras frescas, y cuando no dispongas
de ellas, prefiere los congelados (es decir,
conservados sin azúcar ni salsas). - En la sección
siguiente, las recetas están pensadas para la
alimentación de una familia, no solamente para
quienes desean bajar de peso. Muchas han sido
probadas con niños. - EN CUALQUIER OCASIÓN
PUEDES SUSTITUIR EL MENÚ QUE SUGERIMOS (O QUE TÚ TE
HAYAS ORGANIZADO) PARA LA CENA POR UNA ENSALADA COMO
PLATO PRINCIPAL. - Si tienes hambre,
puedes comer fruta tres horas después del almuerzo. - Si tienes hambre,
puedes comer fruta tres horas después de la cena. - Usa aderezos y
condimentos preparados que no lleven aditivos ni
conservantes químicos, ni azúcar, ni glutamato, pues
estos sólo agregan
toxinas al cuerpo. - En los aderezos para
ensaladas, evita el vinagre. Es un fermento que
suspende la digestión salival y retarda la digestión
de los almidones (carbohidratos). Sustitúyelo por
zumo de limón. - Evita el consumo
excesivo de ajo y cebollas crudas, que pervierten
las papilas gustativas y son causa de que a uno le
apetezcan las comidas pesadas. - No consumas más que
pan hecho con harina integral. - Cualquier almuerzo
puede ser sustituido por fruta fresca o por una
ensalada de fruta fresca (sin azúcar). - Si restringes el
consumo de productos lácteos, recuerda que las
nueces crudas son una abundante fuente de calcio,
especialmente indicadas para las mujeres que quieran
contrarrestar la pérdida de calcio normal al
comienzo del ciclo menstrual. - No hay inconveniente
en que sustituyas los productos indicados por los
que tú elijas. Prefiere los productos regionales
frescos a los congelados. El programa es flexible
para dar cabida a las diferentes disponibilidades
debidas a razones geográficas. MIENTRAS SE SIGAN
RESPETANDO LOS PRINCIPIOS, CUALQUIER VARIACIÓN ES
ACEPTABLE Y DARÁ RESULTADO. - Siempre puedes hacer
una comida más liviana de lo que está indicado, pero
procura abstenerte de hacerlas más pesadas. Pero, si
siempre las haces más livianas, es posible que el
proceso de desintoxicación se acelere, con lo que
corres el riesgo de sufrir cierta incomodidad, de
manera que procura atenerte lo mejor posible a lo
que sugerimos. - Los tiempos de
preparación aproximados para cada receta incluyen el
tiempo de cocción. NO COMAS EN EXCESO! Aún los alimentos de más calidad y
más nutritivos se echarán a perder en tu organismo
si los comes en exceso, de manera que NO LO HAGAS.
Si tienes tendencia a comer en exceso, te será útil
entender cuáles son las razones fisiológicas que lo
explican. Dejando de lado las causas psicológicas,
hay dos razones fisiológicas principales para el
hábito de comer demasiado. Es importante conocerlas,
ya que en ocasiones son más fáciles de tratar y
corregir que las causas psicológicas. Además, es
frecuente que tras haberlas modificado se puedan
corregir más fácilmente las causas psicológicas. Una de las razones por las que con
frecuencia comemos excesivamente es que nuestro
cuerpo no absorbe sustancias nutritivas. Éstas son
absorbidas por los intestinos, pero, si las
diminutas cilias o filamentos que se encargan de la
absorción están obstruidos, por mucho que comamos,
nuestro cuerpo no estará bien nutrido. Las cilias
pueden quedar fácilmente obstruidas por los
productos de desecho de los alimentos que el cuerpo
es incapaz de metabolizar y utilizar eficazmente.
Cuando, como resultado de tal obstrucción, se
paraliza la absorción de sustancias nutritivas, el
cuerpo manda una señal de alarma, anunciando que no
lo han alimentado, y por más que hayamos acabado de
comer, sentimos deseos de comer más. Otra razón que lleva a comer en
exceso es el consumo de alimentos no nutritivos,
como las habituales conservas de mala calidad, los
cereales procesados para niños (y adultos), y otras
comidas excesivamente procesadas. También en este
caso el cuerpo da la señal de alarma y pide más
comida, porque DESDE EL PUNTO DE VISTA NUTRITIVO,
está literalmente muriéndose de hambre. No hay mejor
manera de estar mal nutrido que comer un exceso de
alimentos procesados y conservas. Un cuerpo mal
nutrido no dejará de clamar para que lo alimenten,
aunque el individuo esté comiendo en grandes
cantidades. Si esas grandes cantidades corresponden
a conservas, embutidos y otros alimentos
desnaturalizados y excesivamente procesados, el
cuerpo siente que se va muriendo lentamente de
hambre. Se podría decir que la razón de que más del
60 por ciento de la población de los Estados Unidos
esté excedida de peso es que en aquel país la gente
come demasiado, al tiempo que se va muriendo poco a
poco de hambre gracias a los alimentos
industrializados y desnaturalizados típicos de los
norteamericanos. Este nuevo estilo de vida te
ayudará a enfrentar esas dos causas del comer en
exceso. La gran cantidad de alimentos con elevado
contenido de agua ayudará a limpiar los intestinos y
a desatascar las cilias, de modo que el cuerpo podrá
empezar a absorber sustancias nutritivas. Como en
este programa no se incluyen más que alimentos sanos
y frescos, altamente nutritivos, tu cuerpo empezará
a sentirse nutrido por los alimentos que ingiere. En
pocas palabras, ya no necesitará sonar la señal de
alarma pidiendo más comida, puesto que recibirá
regularmente toda la que necesita para una limpieza
y una nutrición adecuadas. Si en un primer momento sigues
sintiendo necesidad de comer en exceso, no te
inquietes. Continúa con el programa y deja que tu
cuerpo se depure. Come frutas frescas y jugosas y
verduras crudas cuando sientas la tentación de comer
demasiado. Las verduras crudas te serán
especialmente útiles. Si continúas comiendo estos
alimentos, rebosantes de sustancias nutritivas, la
base fisiológica del hábito de comer en exceso
desaparecerá y, finalmente, como muchos otros,
podrás decir con satisfacción: «Hubo un tiempo en que yo solía
comer demasiado». III Parte Una semana de muestra
Menús: El rey
de los sándwiches
Por definición el sandwich típico
combina una proteína con un carbohidrato y, por
consiguiente, desperdicia gran cantidad de energía
digestiva. Los sándwiches bien combinados hechos con
pan de cereales integrales y rellenos de tomates,
aguacates y pepinos con lechuga o diversos brotes,
son deliciosos y proporcionan abundante energía.
Siempre es mejor tostar ligeramente el pan, porque
de esa manera el gluten resultará más digerible;
puedes usar cualquier condimento que desees para que
el bocadillo sea más gustoso. Si lo haces con
tomate, pero no lo vas a comer enseguida, debes
poner una capa de lechuga o de brotes entre el
tomate y el pan para que este último no se
humedezca. Detengámonos un momento a
considerar mejor qué es el aguacate. No hay porqué
privarse de este alimento tan peculiar como
delicioso. Su reputación de que engorda carece de
fundamento, puesto que se trata de una grasa
natural, que el cuerpo humano puede digerir con gran
facilidad, siempre y cuando esté adecuadamente
combinada. El aguacate combina bien con los
almidones, tales como el pan y las patatas, con
todas las verduras crudas o cocidas, y con frutas
como las papayas, mangos, plátanos y naranjas.
Mezclado con estas frutas y pasado por la licuadora
es un estupendo alimento natural para bebés. Incluso
he visto aderezar patatas al horno con aguacate, en
vez de crema ácida o mantequilla. El aguacate está maduro cuando cede
ligeramente a la presión del pulgar. Si está
demasiado blando, sus aceites se habrán tornado
rancios, de manera que no hay que comprar los que
están muy blandos por más que su precio sea menor.
La mejor manera de abrir un aguacate es cortarlo por
la mitad a lo largo, sacar el hueso y retirar la
carne con una cuchara. También so lo puede cortar en
rodajas y pelarlas por separado. Si se lo quiere
preparar en puré, pero no se lo va a usar de
inmediato, hay que dejar el hueso en el mismo tazón
o agregárle un poco de zumo de limón para que no se
oscurezca, taparlo bien y ponerlo en el
refrigerador. Si se guarda un aguacate cortado hay
que envolverlo bien en plástico, con el hueso
dentro, para que no se oscurezca. El aguacate es realmente exquisito,
y no es raro que cuando la gente descubre que puede
comerlo en la antidieta, se exceda y quiera comerse
varios por día. Recomendamos que no se coma más de
un aguacate por día (y mejor medio) y por persona,
porque mientras no se ha acostumbrado uno a
incluirlo en la dieta, es fácil excederse. Otro
punto importante referente al aguacate es que, por
más que botánicamente sea una fruta, no se lo ha de
combinar con proteínas, porque inhibe la digestión
de estas. Recordemos que se los puede combinar con
almidones, como el pan, para hacer un sandwich, o
con arroz, en una ensalada. Es importante señalar
que cualquier vinculación que se establezca entre el
aguacate y el aumento del nivel de colesterol está
totalmente infundada. El colesterol que debe
preocuparnos, y con razón, sólo se encuentra en los
productos animales, jamás en el reino vegetal. En
momentos en que muchas prestigiosas organizaciones
sanitarias, como el Instituto Nacional de la Salud y
la American Heart Association, en los Estados
Unidos, subrayan enérgicamente la extrema
importancia de disminuir el colesterol en la dieta
para reducir las afecciones cardíacas, eso es
precisamente lo que se consigue con el plan de
comidas de la ANTIDIETA... y con ayuda de los
aguacates. 2 rebanadas de pan integral
ligeramente tostado 2 o 3 rodajas gruesas de tomate 3 o 4 rodajas de pepino, cortadas a
lo largo Varias rodajas de aguacate Lechugas o brotes Mayonesa, mostaza o mantequilla Para hacer el sandwich, para una
persona, usa el pan, los condimentos y varias
rodajas gruesas de aguacate, tomate y pepino, solas
o en cualquier combinación, coronadas por un
generoso puñado de brotes de alfalfa, con o sin el
agregado de lechuga. Cuida de no comer más de uno de
estos sándwiches por día.
Leche de almendras frescas
1/4 taza de almendras crudas 1 taza de agua fría 2 cucharaditas de miel (optativo) Las leches de nueces y semillas se
usaron durante siglos en Europa y Asia. También las
usaban los indios norteamericanos, y aún hoy
constituyen, en el mundo entero, un sustituto
fácilmente digerible de la leche de vaca. La leche
preparada con almendras o semillas de sésamo es una
fuente excelente de calcio fácil de asimilar, y
además, es deliciosa. Blanquea las almendras echándolas
en una sartén grande con 2-3 cm de agua hirviendo y
dejándolas hervir durante unos 30 segundos, con lo
que la piel se aflojará visiblemente. Escúrrelas y
quítales la piel (con la presión de los dedos, la
almendra saltará). Pon las almendras blanqueadas en
la licuadora, con una taza de agua fría, y hazla
funcionar a gran velocidad durante 2 ó 3 minutos,
hasta que se forme una leche blanca y espesa. Si vas
a beberla sola, cuélala en un colador fino. Si ha
quedado mucha pulpa, es que no la has licuado el
tiempo suficiente. Si vas a usar la leche en un
batido, no hay necesidad de colarla. Los batidos son ideales para
terminar un día exclusivamente de fruta, pero no los
recomendamos en ninguna ocasión en que se haya
comido, además, alimentos cocidos. Conclusión Durante los últimos 15
años hemos hecho un enorme esfuerzo por perfeccionar
este sistema. Es obvio que no se trata de un régimen
para ir, alternativamente, tomando y dejando. Su
propósito es ponerte, lector, en armonía con tus
necesidades fisiológicas y con los ciclos naturales
de tu cuerpo, y enseñarte una manera de comer que
lleve a un óptimo funcionamiento de ambos. Con esta
información, siempre podrás controlar tu energía y
tu peso. Si no has alcanzado
todavía el peso que quieres tener, puedes estar
seguro de que lo conseguirás si sigues combinando
correctamente las comidas, cuidando de que tengan un
alto contenido acuoso y no comiendo nada más que
fruta durante la mañana. Sigue adelante, que estás
en el proceso de hacer de la antidieta un verdadero
estilo de vida. Si continúas haciendo lo que te
hemos enseñado, seguirás rebajando de peso, y esa
pérdida se mantendrá, porque dispondrás de mayor
energía y estarás más sano. Si quieres acelerar tus
progresos, modifica el programa y da preferencia a
los días en que sólo se come fruta durante toda la
jornada, y a la noche una ensalada como plato único;
esos son los días en que obtendrás un máximo de
pérdida de peso. Pero has de tener presente dos
indicaciones muy importantes: primero, que los
alimentos concentrados (proteínas y carbohidratos)
deben estar adecuadamente combinados y no superar el
30 % de la ingesta diaria de alimentos, en ningún
caso; segundo, que la fruta es, sin lugar a dudas,
tu mejor amiga en cuanto a la conservación y al
cuidado de tu cuerpo. Correctamente consumida, y en
la cantidad suficiente, la fruta te dará la
seguridad de que jamás volverás a tener un problema
de peso. El rasgo más importante
de esta manera de encarar la alimentación es el
hecho de que se trata de un estilo de vida, no de un
conjunto de reglas dogmáticas a las que hay que
adherirse memorizándolas. Y esto te da la
posibilidad de participar en la medida que te
interese a ti, personalmente. Puedes escoger los
aspectos de la antidieta que te parezcan más
atractivos; si hay algunos que te impresionan como
de sentido común, y crees que puedes utilizarlo sin
que te sientas presionado, comienza por ellos. Si
vas haciendo algo, sin perder de vista tu objetivo,
por más pequeño que sea ese algo, si lo haces todos
los días irá creando el impulso suficiente para
mantener la pelota en juego y, en última instancia
conseguirás tu objetivo, y te habrás convertido en
una persona feliz y más sana. Lo que importa es la
dirección, no la velocidad. Nos alegra haber podido
ayudarte a perder peso, y mucho más haber
contribuido a mejorar la duración y calidad de tu
vida. Estas páginas contienen
un sistema que es para toda la vida. Siempre puedes
volver a ellas en busca de ayuda. Aunque te hayas
apartado de la buena senda y hayas aumentado de
peso, o te sientas falto de energías, por más que
pase mucho tiempo dispondrás siempre de las
herramientas para modificar la situación y recuperar
tu vitalidad. Siempre se puede confiar en las leyes
naturales de la vida, y sobre ellas está construido
este sistema. Has asumido la
responsabilidad de tu propio cuerpo. Si te ves más
esbelto y te sientes mejor día a día, podrás
disfrutar de cada minuto de tu recién descubierta
energía. Con el esfuerzo que has hecho para
obtenerla, es indudable que te la mereces. LA SALUD
Y LA VITALIDAD CON TODOS SUS BENEFICIOS, SON PARTE
LEGÍTIMA DE TU HERENCIA HUMANA. QUE SEA LA SALUD
SIEMPRE TU OBJETIVO Y TU RECOMPENSA! 1.
1. Durante mi niñez, mi
padre era bioquímico en Bethesda, Maryland.
Posteriormente trabajó en microbiología y biología
molecular en la Facultad de Medicina de la
Universidad de Nueva York y en el Albert Einstein
College of Medicine. Actualmente es decano de la
Facultad de Graduados de Medicina de Cornell
University. Bajo su influencia, participé desde muy
joven en el estilo de vida de la profesión médica;
en las vacaciones de verano trabajaba en su
laboratorio, y luego estudié biología y química.
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